La culpa y el morbo
Le mando nudes a mi mejor amigo a escondidas de mi novio. Me odio por hacerlo, pero me encanta sentirme deseada y no puedo parar.
Le mando nudes a mi mejor amigo a escondidas de mi novio. Me odio por hacerlo, pero me encanta sentirme deseada y no puedo parar.
Mi novio quería mostrarme a sus amigos. Cuando se descuidó, tres de ellos me cogieron en el pasillo. Todavía siento sus vergas cuando me acuerdo.
Lo engañé cinco veces con exnovios. Me prometí parar, pero volvía a hacerlo. Nunca lo supo. Me arrepiento, pero sé que podría repetirlo.
Salí a tirar la basura en tanga, mi vecino venezolano se me acercó. Le dije que me toque y me abrió el culo en la calle, metiéndome un dedo. Fue una locura.
El amigo de mi papá me manoseaba en la combi hacia cole. Un día me llevó a mi casa y me cogió contra la pared con el uniforme puesto. Fue brutal.
Me cogí a Leo, el amigo de mi ex, porque tenía una verga gigante que siempre quise probar. No solo era grande, el huevón sabía usarla. Tremendo.
En un hotel, escuché a mis papás (padrasto de turno y mami) coger en la cama de al lado. Me prendió tanto que me masturbé al mismo ritmo que ellos. Fue una locura.
Mi novio me amarró y me dejó que su papá me cogiera. Me encanta que me dé por el culo, pero mi hija nos pilló y ahora no sé qué hacer.
Quiero grabarme una película porno con la cara cubierta. El morbo de que nadie sepa que soy yo mientras me folle toda me vuelve loca.
Mi cuarto está al lado del de mi mamá y las paredes son delgadas. Me masturbo con mi consolador mientras la escucho coger, y creo que ella me escucha también.