¿Recuerdas? - (H25) (M24) Publicado por anónimo el 15/09/2022 en Poesía erótica

"Nuestras lenguas en armonía, y la mezcla de salivas con tu sabor durazno, provocaron una erección inmediata."

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Mi puerta abierta, ¿Recuerdas?

Verte ahí de pie, con los brazos estirados… Me orillaste a recibirte con los míos.

Clavaste tus pupilas a las mías.

Reconocer tu seguridad; la que te avisaba que ni siquiera tenías que recurrir al maquillaje, era algo que me volvía loco, pero aún así decidiste ruborizar ligeramente tus mejillas y endulzar tus labios.

Nuestras lenguas en armonía, y la mezcla de salivas con tu sabor durazno, provocaron una erección inmediata.

Sabías que tu falda amarilla; esa que permitía notar el vaivén de tu retaguardia, hipnotizaba a mis manos… Sabías que mis palmas emprenderían viaje hacia el sur.

Las tersas notas de vainilla que brotaban de tu cuello levantaban todavía más el ímpetu dentro de mi pantalón.

Y lograste tú cometido, ¿Recuerdas?

Bien conocías mi lascivia. Estabas al tanto de lo que pasaría después y permitiste que la razón se disipara rápidamente.

El estruendo de la puerta fue ahuyentado por nuestras entrecortadas respiraciones.

Ya no era yo mismo. Provocaste que mi sangre llegará al punto de ebullición.

Tu pequeño cuerpo era tan fácil de manipular. En segundos, tu rostro se encontró aprisionado contra la pared y mi silueta. Tus manos, paralelas a tus hombros, hacían resaltar la delicadeza de tu arqueada espalda.

Te sabías a mi disposición y conocías mis debilidades.

La suave oscilación de tus dos trozos de carne sobre mi verga, notar tu mirada tratando de ubicar la mía, mis manos en tus caderas… No me dejaste alternativa.

Tu garganta confundía al placer y el dolor al escuchar el ruido de mis palmas colisionando contra cada uno de tus glúteos, pero tu frágil voluntad quería más.

¿Recuerdas tu cabello tirado hacia atrás?

¿Recuerdas mi lengua en tu oreja izquierda?

¿Recuerdas mis dientes en tus hombros?

¿Recuerdas lo que me provocaste hacer?

Me tenías arrodillado, con tu culo cómo techo de mi nuevo refugio.

Tus pantorrillas fueron marcadas por mi mandíbula y la luz se reflejaba en la saliva de tus muslos.

Éramos espiados por la tanga negra enfriándose en el piso.

Podía oler tu alcalinidad. Tus músculos se contraían con cada una de mis exhalaciones.

La vellosidad de mi mentón en tus posaderas lograba que tus poros se exaltaran.

¡Uno! Sólo un lento recorrido sobre tu carne expuesta fue necesario para orillarte a arquear todavía más tu delgada silueta.

El sabor de tu miel me tenía a su merced; sólo existíamos ella y yo, y de fondo la sinfonía de tu agitación.

Y desde dentro, ¿Recuerdas?

Quise incrustar la longitud de mi lengua, y lo logré.

Quise medir el tamaño de tu circunferencia, y lo logré.

Quise reconocer tu rugosidad con mis papilas, y lo logré.

Me sabía rehén de tu exposición.

Los viajes geométricamente calculados; firmes, suaves, lentos, rápidos… Los confusos recorridos llegaron a su destino…

De adelante hacia atrás, estimulando tu centro de lujuria con la punta de mi lengua.

La irracionalidad de tus jadeos y la contracción de tus músculos me avisaron de lo que se venía.

¡Eras tú! ¡Eras tú lo que se venía!

Y nos perdimos, ¿Recuerdas?

¡Si! Habías girado en 180 grados.

La desesperación de nuestros labios se sentía irradiar en el ambiente.

Parecíamos pelear con nuestros cuerpos. Estrujando cada uno de nuestros centímetros.

Y comí de tus tetas.

Y probé la humedad de tu sal.

Y me habías convertido en un puto animal.

Y lo deseabas, ¿Recuerdas?

Atrapada en la esquina entre la puerta y la pared.

Ahora tus rodillas sostenían tu peso.

Mi verga escurría en cantidades.

No había escapatoria, pero tampoco la buscabas. Era demasiada la necesidad que sentías en los labios y yo lo sabía.

La calidez y viscosidad de tu boca abrazando mi tronco provocó un fallo eléctrico en mis piernas.

Te sabías sumisa ante mis arremetidas.

Poco te importaban las lágrimas en tus ojos, o la falta de aire, o las arcadas, o las finas líneas rojas coloreadas en tus ojos… Mucho menos te importaba que destruyera tu peinado.

Solo te importaba ver tu saliva chorrear por mis huevos, qué golpearan tu barbilla, qué tus pezones rozaran mis muslos.

Advertías la necesidad de aire, pero sólo para volver a mamar nuevamente.

¡Lo notaste! Sabías que estaba a punto de explotar en tu garganta y no lo ibas a impedir, pero ese no era mi plan.

Y nos ganamos, ¿Recuerdas?

Rebobinamos casi al principio, pero ahora tus tetas desnudas chocaban contra el frío de la pared.

Los dedos de tus pies levantaban tu peso.

La manera en que yo mezclaba nuestra hirviente lubricación obligaba a tus manos a contraerse contra el muro.

Esperabas mi entrada triunfal y yo no iba a hacerte esperar…

¡Sentiste que te rompían el alma!

¡Me hiciste saber de la dureza que te atravesaba!

Tuve que detener y esperar por tu confirmación.

El viaje a tu interior comenzó; suave y lento, al unísono de nuestros jadeos.

Exclamabas el dolor y placer desde el pecho, pero nos importó tan poco que pactamos elevar la profundidad en silencio.

Las embestidas entre tus nalgas provocaban a tus tetas brincar de felicidad y regocijo. La carne de tu culo iba y venía en hipnotizantes ondas.

Chupabas, mordías y lamías los dedos de mi mano derecha.

Tu rostro elevaba la mirada hacia el techo al tirar hacia atrás.

Tus manos abrían el camino para que ni un solo centímetro quedara afuera.

Se formaban más y más y más marcas rojas en tu nalga izquierda.

Tus pupilas se iban al cielo, al igual que las mías cada vez que mi verga se hundía más en tu poco profundo ser.

Y nos faltamos, ¿Recuerdas?

¿Qué soy?

¡Qué eres mi puta!

¡Qué eres mi zorra!

¡Qué te encanta la verga que te destruye!

¡La erupción era inminente!

¡La fuerza que ejercían mis dedos sobre tu cuello te avisaba lo que se venía!

¡Ahora era yo! ¡Era yo lo que se venía!

De mi pecho brotaron turbulencias cuando mi verga se sintió envuelta en un calor infernal.

Las embestidas se comportaban cada vez más erráticas.

Me ayudabas con la lujuria exclamada desde tu boca al sentir la manera en la que tu vacío me succionaba la vida.

Nuestros poros se habían convertido en un mar de exaltación…

Y nos soltamos, ¿Recuerdas?

Te sabías más que llena.

Nuestros pulmones no podían más con tanto ajetreo.

Palpitabas de mí, y yo de ti.

Y un último, violento y desalineado acuerdo fue cerrado por nuestros labios…

Y el día no había acabado, ¿Recuerdas?

Porque yo sí recuerdo.

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Acerca de este relato

Autor anónimo
Categoría Poesía erótica
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