Nombre del autor:Marissa Roman

Sexo en grupo

Cogiendo con dos hermanos

¡Ay, qué noche con Mariano y Patricio! Esos hermanos me llevaron a su ático y me dieron por delante y por detrás a la vez. Me llenaron de placer y de su leche hasta que no pude más. ¡Una locura!

Control mental

Mi tiré al profesor de yoga

Mi instructor de yoga en Bali me dominó con la precisión de una postura perfecta. Contra la pared de bambú, su práctica se volvió carnal; cada movimiento, una lección de placer. Partí al amanecer, llevando entre mis piernas el recuerdo de su disciplina convertida en devoción.

Sexo en grupo

Mi primera tijereada

Seduje a un ricachón de primera clase, esperando conseguir un polvo rápido al llegar, pero el destino me tenía una sorpresa preparada. 2000$ por ser la tercera en un trío de lujo, no lo dudé dos veces y me lancé a la experiencia.

Sexo en grupo

El sabor caribeño

Dos venezolanos me dominaron en mi departamento. Sus vergas, grandes y expertas, me follaron por turnos durante horas, usándome cada agujero con una brutalidad deliciosa. Me rendí por completo al placer de ser su puta por una noche, acabando repetidas veces hasta el agotamiento.

Sexo oral

Servicio premium a bordo

En el baño premium de primera clase, convertí a un ejecutivo en mi esclavo con una garganta experta. Su esposa durmió mientras yo tragaba su orgasmo a 10,000 metros.

Sexo en grupo

Primera vez en Tokyo. Deseando volver…

Tokio me recibió con barrera lingüística… y salí con dos alemanes encima. En el Park Hyatt, Markus me cogió contra el ventanal mientras Lukas me hacía gritar en español. Champán, corbatas como sogas y gemidos en tres idiomas. Pero sigo soñando con probar sushi humano: un japonés que me desvele como sus mangas más calientes. Vuelo de regreso ya reservado.

Hetero: General

Mejorando el protocolo aéreo

En el baño de tripulación de Dubai, el capitán Carter me empujó contra el espejo. Once minutos de sexo brutal con mi uniforme desgarrado, sus manos marcando mis caderas mientras su verga rellenaba cada centímetro. Volé a Singapur con su semen escurriendo entre mis piernas y la sonrisa de quien sabe que romper las reglas siempre tiene recompensa.

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