Función privada en la última fila
Aburrida en el cine, convertí la última fila en nuestro playground. Manos inquietas, falda sin bragas y final explosivo en el estacionamiento. ¡Qué noche!
Aburrida en el cine, convertí la última fila en nuestro playground. Manos inquietas, falda sin bragas y final explosivo en el estacionamiento. ¡Qué noche!
En el metro repleto, dos desconocidos me usaron como su puta personal. Mientras uno me penetraba con los dedos, el otro hizo que le diera una paja hasta venirme en mi mano. Obedecí a mi nuevo amo, limpiando su semen con mi lengua antes de correrme como una fuente en pleno vagón.
Me fui de mesera a un evento privado donde terminé en tanga. Tres tipos me comieron viva: uno me llenó la boca de verga, otro me dio por atrás y el tercero se vino en mi mano. Salí temblando y llena de plata, mojándome de solo recordarlo.
Engañé a mi ex con un francés en un hotel. En vez de cogerme, el muy loco me mamó el culo sudado después de mi jornada laboral durante 15 minutos intensos. Acabé temblando y luego me fui a casa a masturbarme como una animala mientras mi ex roncaba.
Mi ex ya no me cogía, así que me volví una zorra mentirosa. Me follé al de contabilidad en un motel, al delivery chino, hasta al profe de mi hermano. El mejor fue un monstro del gym que me reventó contra los lockers. Llegaba a casa con las piernas temblando y mi novio ni cuenta se daba.
Mi novio me dejó encerrada desnuda en su casa y aparecieron su papá y hermano. Don Roberto me hizo tragar su leche mientras Miguel me daba por el culo. Me dejaron llena de moretones y semen… y ganas de repetir.
Mi tío político me cogió el culo mientras mi viejo compraba hielo. Me abrió a dedos, me llenó de escupitajos y me folló como puta. Terminé de rodillas tragándome su leche. Ahora cuando visita, uso shorts más cortos… por si repite la jugada.
Desde que el papá de mi amiga me cogió como perra, necesito más. Kevin y Rodrigo del trabajo podrían darme lo que busco: que me castiguen, me humillen y me hagan sufrir. El problema es soltar el orgullo y pedirlo… o simplemente provocarlos hasta que no aguanten.
Engañé a mi novio cogiendo con el venezolano del trabajo en el baño. 1.83 vs 1.49, me levantó como muñeca y me reventó contra la pared. Ahora somos adictos a los quickies.
Holi, les cuento cómo Pao (mi prima de 18) y yo terminamos comiéndonos en una reunión familiar. Todo empezó con un «verdad o reto» que acabó con nosotras sin blusa, tetas al aire y dedeándonos hasta gemir como locas. Nadie sospechó, pero ese beso de despedida en la boca casi nos delata.