Veinte años escondido
Hola, gracias por dejarme escribir esto. Encontré este lugar por casualidad y siento que puedo soltarlo sin que me juzguen tanto.
Tengo 43 años. Casado. Con hijos. Una vida armada, como se dice. Laburo, casa, auto, vacaciones en familia. Nadie sospecharía nada. Ni mi mujer, ni mis amigos, ni nadie.
Pero la verdad es que hace años que me masturbo mirando de todo. Videos gays, lesbianas, trans, femboys, heteros también. Ya no sé ni qué soy. Bi, gay, un viejo confundido. Lo único que sé es que me prende ver penes. Ver culos. Ver cómo se la meten a un tipo o cómo se la chupan.
De pibe tuve algunas experiencias. Solo con tres chicos. Fue rápido, escondido, con miedo a que nos descubrieran. Pero me gustó. Me gustó mucho agarrar un pene ajeno. La textura. La suavidad de la piel. El calor que tenía en la mano. Y en la boca. Sentirlo latir, palpitar, mientras lo chupaba. Hasta que largaba ese chorro caliente y espeso. Tragármelo, sentirlo bajar por la garganta. Era rico. Muy rico.
También me gustó penetrar. Meterla en un culo apretado, cerrado, que me recibía temblando. Sentir cómo me apretaba, cómo no quería soltarme. Terminar adentro, llenándolo.
Eso fue hace más de veinte años. Veinte años sin tocar a otro hombre. Veinte años fingiendo, mirando porno a escondidas, esperando que mi mujer se duerma para poder jalármela pensando en vergas.
Ahora siento una necesidad enorme. Física. Como un hormigueo en la boca, en las manos, en la verga. Necesito volver a sentir eso. Chupar una verga de verdad. Que me la metan. O meterla yo. No sé. Cualquiera de las dos. O las dos.
No sé si está mal. La sociedad diría que sí. Mi familia diría que sí. Pero adentro mío, cuando cierro los ojos y me imagino a un tipo, a un femboy con su tanga, o a una trans con su pija parada… se me para al toque. Y me siento vivo. No sé qué voy a hacer. Pero esto ya no se calma solo con videos.


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