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Una santurrona me llamaba puta así que me cogí a su marido
Hay una chica que siempre fue muy agrandada y santurrona. Constantemente iba al bar donde trabajo y hacía comentarios fuera de lugar insinuando que yo era una puta por llevar una vida sexual activa (y sí lo soy, pero a ella qué le importa, jaja). Me tenía harta presumiendo que ella sí era una «mujer de valor» y tonterías de ese tipo, así que un día me cansé y decidí que me iba a coger a su marido.
Aprovechando que él va seguido con sus amigos, comencé a usar ropa bastante más sugerente en mis turnos y a sacarle plática cada vez que iba. Buscaba cualquier pretexto para acercarme a su mesa y notaba cómo al tipo le costaba trabajo disimular las miradas. La verdad, no se hizo mucho del rogar.
La oportunidad se dio una noche de una fiesta que se organizó en el bar. Él andaba con sus amigos, yo traía un outfit bastante coqueto con falda corta, medias, botas y camisa. Él iba con unas copas encima y, cuando terminó el evento, se ofreció a llevarme a mi casa. Seguimos tomando en el camino y, entre la plática, me preguntó en tono de juego si no era muy difícil ir al baño con todo lo que traía puesto.
Le dije que no, abrí las piernas y le enseñé que las medias tenían una abertura en la entrepierna (obviamente traía una tanga diminuta). El tipo se sorprendió y me dijo: «Mira qué útil… y sirve para otras cosas también». Le respondí: «Sí, ¿quieres ver?». Me acomodé, abrí las piernas y me comencé a tocar frente a él.
Fue muy rico ver cómo no podía quitarme la mirada de encima mientras me acariciaba el clítoris y me metía los dedos. Yo estaba súper mojada y me preguntó si él podía hacerlo. Le dije que sí, me giré apoyando la espalda en la puerta del copiloto, con una pierna en su regazo y la otra recargada en el asiento, dejándole todo completamente expuesto.
Me desabroché la camisa, me saqué las tetas y él comenzó a dedearme. Era increíblemente excitante: sus dedos entrando y saliendo, yo gimiendo sin disimular, el sonido de mi vagina húmeda y, mientras él me metía los dedos, yo me acariciaba el clítoris hasta que me vine muy rico. Cuando terminaron mis espasmos, sacó sus dedos y se los chupó despacio.
Me encantó esa imagen: el esposo de la morra que me llama puta lamiendo mi lubricante de sus dedos.
Él estaba muy caliente y claramente no se iba a quedar así. Se estacionó en una calle medio oscura, se sacó la verga y me dijo que se la chupara. Obvio obedecí. Me acerqué, le iba a lamer despacio, pero él estaba muy impaciente y me empujó la cabeza para metérmela completa; me sostuvo la cabeza y comenzó a cogerme la boca fuerte. Cuando notaba que me estaba ahogando, me dejaba respirar unos segundos y seguía hasta que terminó en mi boca y me tragué su semen. La verdad no duró mucho.
Me levanté y él estaba bastante agitado, y me dijo: «Perdón, tenía mucho que no me la chupaban». Le dije que si fulanita no lo hacía y me dijo que no, que le daba asco, así que le dije: «Bueno, cuando quieras una buena mamada y coger rico, ya sabes dónde encontrarme».
Actualmente nos vemos bastante seguido y sinceramente me gusta, el sexo es bueno y me encanta saber que la chica a la que llamó puta le saca la leche mucho mejor que ella.


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