Un rapidito con un primo
El jueves estábamos en mi casa viendo el partido de México contra Corea del Norte. Toda mi familia alrededor, mi mamá con sus gritos, mi hermano con sus cervezas, mi tía haciendo comentarios tontos. Mi primo se había sentado al lado mío en el sillón, como si nada.
Primero fueron las piernas. Las suyas tocando las mías. Después su mano en mi rodilla, subiendo despacio. Yo miraba la tele como si no pasara nada, pero ya estaba mojada. México metió un gol y todos saltaron. Aproveché ese momento para agarrarlo del brazo y llevarlo al baño.
Cerré la puerta con llave. No dijo nada. Me apoyó contra la pared del baño y me levantó la falda. Me sacó la bombacha de un tirón y me metió los dedos. Yo mordía mi mano para no hacer ruido. El ruido de la tele afuera tapaba todo.
Me dio vuelta. Me puso en cuatro en el piso del baño, contra la bañera. Me entró de una vez, sin cuidado. Me cogió duro, muy duro. Me agarraba de la cadera y me clavaba toda adentro. Yo apoyaba la frente en el borde de la bañera y sentía cada embestida. La porcelana estaba fría, pero yo estaba ardiendo.
Me puso de rodillas y me metió la pija en la boca. Me agarró el pelo desde atrás y me la metía hasta el fondo. Yo casi me ahogaba pero me gustaba. Ahí mismo, en el piso del baño, con mi familia viendo el partido a dos metros.
Después me levantó y me puso contra la pared. Una pierna arriba, la otra en el piso. Me volvió a entrar y me tapó la boca con la mano mientras me daba. Yo gemía contra su palma y él apretaba más fuerte.
Terminó adentro mío y se quedó apoyado en mí un segundo. Me besó el cuello. Me acomodé la falda y me sequé rápido con papel. Salí primero, me senté en el sillón como si nada. Él salió un minuto después. Nadie notó nada. O tal vez sí, pero nadie dijo nada.


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