Por
Papi viene a casa a cenar y a follar
PARTE 1
Era una noche de finales de noviembre cuando el coche negro de León aparcó delante del casoplón de Ross. Apagó la radio en la que estaba sonando Led Zeppelin y se apeó del coche siendo recibido por una brisa helada.
León era un chico de pelo marrón corto, bien peinado, de treinta y seis años bastante alto y fuerte.
Tocó el timbre y no tardaron en abrirle.
—¡Pero mira quién está aquí! —dijo Ross muy animado y León entró y entre risas se abrazaron—. ¡Dichosos los ojos! ¡Qué bien estás!
—Gracias, tío. Lo mismo digo.
—No tanto como tú. Se nota —dijo Ross— que algunos están más bendecidos genéticamente.
León evitó contestar para no decirle a su amigo que le daba toda la razón: Ross siempre había sido el normalito del grupo, mientras que él se llevaba a todas las nenas de calle. León era atractivo, con unos bonitos ojos verdes y buenos músculos. Y Ross nunca había sido de aguantar mucho en el gimnasio pero ahora se estaba poniendo fondón.
—Ven anda, pasa —le invitó Ross—. Hace poco nos instalaron el suelo radiante así que la casa esta a una temperatura perfecta tanto abajo como arriba —rió.
El vestíbulo era amplio de altos techos y suelos de mármol y la temperatura era agradable. Pasaron al salón, que era digno de una mansión; una televisión de plasma gigante frente sofá enorme y cómodo… también debía de ser el comedor por la enorme mesa que había detrás del sofá, al otro lado de la amplia sala. Junto a la mesa la chimenea de mármol a juego con el suelo estaba encendida.
«Suelo radiante y la chimenea encendida. Qué tontería» pensó León.
Todo fue muy rápido.
Captó un movimiento rápido y al gritó de «Papiiiii» Ben saltó sobre él, y tuvo el tiempo justo para cogerlo, al tiempo que sentía su peso contra su cuerpo, pero rió con ganas mientras daban unas vueltas tranquilas —sin hacer caso a Ross que reprendía a su hijo por su comportamiento— sin perder el equilibrio. El cabrón de Ben ya tenía dieciocho aunque por suerte era bastante menudo y pesaba unos veinte o treinta kilos menos que él. Y menos mal, o lo habría tirado al suelo. Menos mal que iba al gimnasio religiosamente.
«Papi». Sonrió, sintiendo el cuerpo del chico contra el suyo. Hacía tiempo que no le llamaban así.
Rió aun dando un par de vueltas cargando con Ben, notando calor que desprendía su cuerpo; el cabrón lo abrazaba con la piernas cerradas en tenaza a su cintura. Vivian, la madre de Ben, había aparecido por ahí al oír el jaleo y les observaba junto a su marido.
León fue reduciendo la velocidad de los giros, asegurándose de que al detenerse se quedaba a espaldas de sus padres, que los miraban entre expectantes y divertidos.
—Así que Papi, ¿eh? —le susurró a la oreja a Ben aprovechando para restregar su cara contra su mejilla y rascarle con la barba de un par de días—. ¿Quién te ha contado eso?
—A mi padre se le escapó una noche. Había bebido bastante —aclaró Ben en el mismo tono, con los ojos grandes y brillantes de la excitación, y empezando a restregar su paquete contra el duro abdomen de León.
Sus padres miraban sonrientes, sin imaginarse los sobeteos que se estaban metiendo delante de ellos porque solo veían la espalda de León y un trozo de la cabeza de Ben sobre su hombro mientras cuchicheaban.
—¿Sabes porque me llaman así? —preguntó él metiendo un dedo justo por debajo de la espina dorsal, por dentro del pantalón para acceder a la raja de ese culito…
Los restregones del chaval aumentaron, encantado con su saludo de bienvenida.
—Imagino que porque te las follabas a todas sin parar —ronroneó a en su oreja sin dejar de restregar su cuerpo contra el suyo mientras León metía una falange por dentro de la cintura del pantalón y masajeaba haciendo que soltara un suspiro de gusto—. ¡Oh!
Los padres seguían mirando y León, al que le habría encantado que aquello fuera más lejos y follarse al chaval ahí mismo, descargó a Ben y lo puso en el suelo dedicándole una sonrisa que Ben le devolvio.
Ben era un chico más bien menudo aunque musculoso, con rasgos finos y afilados y dedos largos de pianista. Su piel pálida resaltaba con la camiseta de manga corta negra que le resaltaba el pecho fuerte y lo brazos venosos. Su pelo castaño le caía en largos mechones por la frente; sus ojos eran marrones, y se lo estaba comiendo con la mirada.
León le sonrió antes de volverse hacia sus padres.
—Cualquier día de estos me tiras al suelo, colega —comentó, mirando a Ben que le respondió con una sonrisa divertida antes de centrarse en Ross y su mujer con una sonrisa.
—¿Así es como recibimos ahora a las visitas, hijo? ¿Saltándoles encima? —le recriminó su padre.
Ben le dedicó una mirada divertida a su padre.
—Solo es un crío, Ross —le sonrió León acercándose a él y a su mujer tranquilamente—. No pasa nada.
—Hola “Papi” —lo saludó Vivian, divertida, imitando a su hijo mientras lo abrazaba.
—Por favor, cariño… no le llames así —le avisó Ross visiblemente incómodo, ganándose una mirada curiosa de su mujer.
—Es el mote que me ponían las chicas —le explicó León. «Sobre todo mientras me chupaban la polla y me las follaba, como con tu hijo» añadió para sí ensanchando su sonrisa.
—Oh —exclamó ella con una sonrisa amistosa—. Bueno, lo siento.
De todas formas León no tenía ningún interés en ella, pero en sus tiempos de universidad, en más de una ocasión, Ross estaba justo en la habitación de al lado mientras él se follaba a la tía de turno, y las paredes eran muy finas, así que tenía un asiento en primera para oírlas llamarle “Papi” a gritos mientras gemían como perras. Los tíos también lo hacían, pero con ellos era más discreto.
Ross no tenía que preocuparse de que su mujer le pusiera los cuernos. Le interesaba más el cabroncete de su hijo que, desde luego le había dado una bienvenida de campeonato.
Diez sobre diez.
Una ovación para Ben, por favor.
—¿Cómo vas en el tema faldas, León? —preguntó Ross—. ¿Alguna te ha echado el lazo ya?
—No, que va —respondió él, todavía sintiendo la huella del calor del cuerpo de Ben contra el suyo—. Ya sabes. Aprecio demasiado la libertad como para perderla.
—Ya madurarás —dijo Vivian con una sonrisa.
«Y yo que lo dudo.»
—Ven a la cocina —dijo Ross—. ¿Te apetece una cerveza?
—Sí, claro.
Los padres se largaron a la cocina, que estaba pegada a ese gigantesco salón-comedor. León dejó que se fueran por delante —«Vaya, menuda casa tan enorme…»— fingiendo que estaba interesado en la casa de su amigo.
Cuando los padres entraron en la cocina se volvió hacia Ben, y este sin cortarse un pelo le agarró el paquete sobándole la entrepierna por encima de sus vaqueros.
—Cabroncete salido —sonrió León.
En lugar de contestar Ben se pegó más a él y le plantó un beso. Y León bebió de ese beso, aun consciente de que Ross, su amigo del instituto, y la madre de ese crio estaban a apenas unos metros, en la cocina. Mientras sus lenguas jugaban León metía la mano en ese pelo brillante y castaño; el chaval seguramente estaba ansioso por comerle los cojones.
Le costó separarse pero si no iba pronto su amigo se asomaría a ver que estaban tramando, y se llevaría una buena sorpresa si lo pillaba con la lengua metida en la boca de su hijo al que doblaba en edad.
Ben sonreía y sus pupilas tenían el tamaño de aceitunas de la excitación, deseando rabo, pidiéndolo con descaro… Y él quería complacerlo.
Joder.
—Que sepas —le avisó a Ben que lo miraba con una sonrisilla divertida— que esta noche vas a dormir muy poco. Tengo una sorpresita para ti, cabrón. —Y antes de que el chico pudiera preguntar se incorporó y se dirigió a la cocina—. ¡Ya voy!
Le divirtió dejar al cabroncete con las ganas.
*—-*
Unos minutos más tarde estaba con Ross tomando unas cervezas mientras se ponían al día hablando del trabajo y esas cosas.
—¿Seguro que no te importa que mi hermano se pase por aquí? —le preguntó León a su amigo aprovechando que Ben se había quedado en el salón—. Siento habértelo dicho a ultima hora, pero me ha dicho que iba a pasarse por aquí a ultima hora y… no quiero molestar y si ya me habéis puesto la mesa a mí…
—Claro que no molestas, tranquilo —rió Ross—. Pero tendrá que apañarse con el sofá, porque no nos quedan más habitaciones disponibles.
—Aunque podría haberse quedado en la habitación de invitados si alguien no la hubiera convertido en un gimnasio —intervino Vivian—. Uno que no usas casi nunca.
—El chaval le da un buen uso ¿no? —le dijo Ross a su mujer, que sonrió divertida.
León le dio un trago a su cerveza pensando que definitivamente el cabroncete le daba muy buen uso a ese gimnasio abandonado, al contrario que su padre.
—Se apañará, no te preocupes —replicó León refiriéndose a su hermano, llevándose el botellín a los labios y pensando que si estuviera a su bola, seguramente Nicolás ya se estaría follando a alguno en la habitación de motel hasta reventarlo, el muy maricón—. Y gracias otra vez.
—No hay de qué, tío. Por suerte no hemos empezado a preparar la casa para la Navidad porque con las luces del árbol sería imposible dormir en el salón…
León le sonrió y siguieron hablando de esos temas de adultos políticamente correctos: de la casa, dinero, trabajo…
Qué coñazo.
Esperaba que Nico no tardase mucho en llegar para no tener que aguantar ese coñazo de chachara él solo.
*—-*
A los veinte minutos, el timbre volvió a sonar.
—Ya voy yo —dijo León agradeciendo que los padres estuvieran ocupados con los fogones. Salió de la cocina y cruzando el salón le hizo señas a Ben, que estaba mirando la tele—. Ven, chaval —le dijo—. Voy a presentarte a alguien.
Curioso Ben se levantó del sofá y siguió a León hasta el vestíbulo sin decir palabra.
León abrió la puerta y otro hombre entró en la casa con una risotada.
—¡Hola! —bramó el recién llegado.
—¡Ey! —rió León abrazándolo—. Qué alegría que hayas venido.
Era más o menos de la misma altura que León aunque su complexión era un poco más ancha, tenía el pelo corto castaño como el de León. Llevaba una chaqueta para protegerse del frío.
—No me lo podía perder —dijo el recién llegado, separándose para examinar el vestíbulo, dando unos pasos—. Menudo sitio te has buscado.
—Te gustará. Tienen suelo radiante… —comentó León con sorna.
—¡Ja! —replicó él, despectivo—. Putos pijos…
—Que sepas que como eres el ultimo en llegar te vas a quedar en el sofá.
—Ya —replicó él sin interés—. Para el uso que le voy a dar… —Estaba analizando el vestíbulo, y entonces reparó en Ben que seguía cierta distancia, mirando. Le sonrió—. ¡Hola! Tú debes de ser el hijo ¿no?. León me ha hablado mucho de ti… —dijo, echándole una mirada a León—. O eso creo.
—Ven —le dijo León al chico haciéndole gestos para que se acercara.
Aún un poco reservado, Ben se acercó: no tenía la misma confianza con ese extraño que con León.
Los dos lo estaban mirando y vuando se acercó lo bastante León le puso la mano en el culo, para acercarlo más, con insistencia —«Vamos ven, acércate»—, pegándolo al recién llegado.
—Ven —le dijo León—, y dale el mismo recibimiento que me has dado a mí. No seas tímido —añadió sonriente, pegándolo un poco más—. Vamos.
Ben apoyó las manos en el pecho del recién llegado, examinándolo, mientras sentía como él le rodeaba con sus brazos, atrapándolo. Sentía su aliento contra su cara.
Sintió la mano de León en su hombro.
—Anda —le dijo con una sonrisa—. No te hagas el niño inocente ahora y demuéstrale lo que sabes hacer ¿No te parece guapo, eh? ¿A que sí? Venga…
El desconocido era guapo, con bonitos ojos verdes y una bonita y tranquila sonrisa. Se relamió cuando sus caras estaban a pocos centímetros, invitándolo a acercarse más, mientras su abrazo se cerraba sobre él para atosigarlo más.
—Vamos…
Y Ben lo besó. Al principio se sintió un poco raro porque no conocía de nada a ese tío, pero, estaba bueno, aunque le sorprendió la rapidez con la que metió la lengua en su boca y como se movía, como si lo conociera. Se dejó llevar, aun un poco sorprendido.
Mientras se besaban Ben sentía la cara de León al lateral, acariciándole la cabeza por detrás, metiendo sus dedos en esa mata caliente de pelo marrón, disfrutando del beso a escasos palmos de ellos.
—Eso es… buen chico. Demuéstrale lo que sabes.
Aún besándolo Ben deslizó una mano hasta la entrepierna del recién llegado y sintió un buen pedazo del carne caliente ahí dentro. Y parecía un buen trozo de carne.
—Muy bien… No seas tímido —dijo León con tranquilidad, sin perder detalle—. No te pega.
—Mmmm…
Ben siguió acariciando ese rabo con más ganas.
—Así. Muy bien. Conoceos bien… La primera toma de contacto es muy importante.
Cuando se separaron lo hicieron con tranquilidad y mirándose a los ojos. Los de el recién llegado eran de un verde muy bonito, como los de León.
—Mmmm…—masculló el hombre saboreando el beso que le acababa de dar con una sonrisa relajada—. No está mal. ¡Qué recibimiento más sabroso!
—Ben, este es Nicolás —les presentó León—, mi hermano.
—El hermano mayor —puntualizó él dedicándole a Ben una sonrisa picara.
—Solo por un par de años —admitió León—. Y Nico, este es Ben, el hijo de mi amigo.
—Y que pedazo de hijo —murmuró Nicolás, para luego elevar el tono para que lo oyeran los padres desde la cocina y añadir—: ¡Encantado de conocerte, Ben!
—Lo mismo digo —sonrió él mientras Nicolás le cogía la cara por la barbilla y luego le acariciaba el pecho que se marcaba debajo de su camiseta negra.
—Oh, sí. —Su mano bajó hasta su abdomen jugando con la parte baja de su camiseta—. Nos lo vamos a pasar bien esta noche.
—Ven —le dijo León a Nicolás—. Te presentaré a mi amigo.
—Vale. Una lastima no poder seguir conociendo a Ben más a fondo. Mucho más a fondo —añadió mirándolo con una sonrisilla.
Y antes de dirigirse a la cocina le revolvió el pelo a Ben que esta vez fue detrás de ellos con una sonrisa en la cara, pensando que esa noche pintaba muy interesante.
*—-*
Ben se mantuvo bastante al margen viendo como Nicolás se presentaba a sus padres y era todo sonrisas como si no hubiera metido la lengua hasta la garganta hacia apenas unos segundos.
—Vaya, hombre, Nicolás, cuanto tiempo sin verte —dijo Ross estrechándole la mano al recién llegado.
—Gracias por dejar que me quede esta noche.
—No hay problema, hombre. Eres el hermano de mi amigo.
—¿Y eráis amigos en la universidad? —preguntó Vivian.
—Emmm no —dijo Ross, buscando las palabras para explicarlo—. En realidad Nico no estudiaba allí, solo coincidimos un par de veces. Solo somos conocidos; no íbamos juntos por ahí, pero si mi amigo esta dispuesto a quedarse, y estaba por la zona… No podía decirle que no ¿entiendes?
—De verdad que te lo agradezco —dijo León.
—Por una noche no tendremos que cobrarte el alquiler —bromeó su madre.
Nicolás rió la broma y Ben pensó en como lo había tratado en la entrada. Era obvio que su hermano León se lo había contado todo, y no era que le importase demasiado, pero ¿Quién era el tío que le había metido la lengua en la boca? Por lo que Ben sacó de la conversación que estaban teniendo con sus padres aparentemente su padre había invitado a León a pasar la noche… pero luego resultaba que Nico también estaba por la zona y le daba pena no poder quedar con él o algo así, y su padre había invitado al hermano a cenar y a dormir también.
Ben se preguntó a que estarían jugando esos dos, porque era obvio que la noche iba a ser movidita, y estaba deseando que se acabase la cena, pero se preguntaba si que Nico estuviera por la zona fuera simplemente una casualidad. Una casualidad muy conveniente.
—Con que nos compres un par de cervezas para que nos las tomemos en el jardín de atrás estaremos en paz —le dijo su padre a Nico, con calma.
Esta vez Nicolás solo esbozó una sonrisa y volvió a girar la cabeza hacía donde estaba Ben mirándolos antes de contestar:
—Sí, claro, sin problemas.
Siguieron hablando y Nicolás giró la cabeza varias veces más pillándolo observándolos, pero Ben no disimuló ni apartó la mirada; cosas de que te saluden comiéndote los morros y metiéndote la lengua hasta la campanilla. La verdad era que Nico estaba bueno. Y sabía besar.
León intervino y la conversación se desvió hacia alguna anécdota de cuando eran jóvenes y se fueron de excursión a no sé donde; y Nicolás aprovechó que sus padres estaban pendientes de él para salir del grupito y acercarse a la esquina donde estaba Ben. Comprobó que nadie estaba mirando antes de inclinarse suavemente sobre el chico y susurrarle al oído:
—Si sigues mirándome así puede que te folle delante de tus padres antes de que empiece la cena de los cojones.
Al sentir la cara de Nicolás tan cerca de su oreja, su aliento caliente acariciándole la piel… a Ben le recorrió un hormigueo.
—No sé de que me hablas —sonrió Ben, pendiente de que ninguno de sus padres se girase y pillase al hermano de su amigo tan cerca de él.
—Tú y yo nos vamos a llevar bien —le dijo Nicolás.
—Te lo confirmaré cuando te bajes los pantalones.
—Cabrón —replicó él con una sonrisa—. Con la sobada de cojones que me has metido en la entrada…
—Las primeras impresiones son importantes, pero es mejor asegurarse para no llevarse un susto después.
—Ya verás lo que te doy después. Lo vamos a pasar bien, putito —le dijo incorporándose de nuevo con esa sonrisa en la cara.
Ben quería besarlo, volver a sentir su lengua dentro de su boca. Pero no había forma de que sus padres no se dieran cuanta de que se lo montaban; solo en su imaginación. Y en ella León también dejaba la chachara y cuando sus padres les pillaban morreándose y se escandalizaban él se ponía a su lado y le bajaba los pantalones de un tirón a Ben para después quitarle los suyos y meterle la polla por el culo mientras se morreaba con su hermano.
La polla no le cabía en los pantalones de las ganas.
Joder…
—Muy bien —dijo Ross, alzando la voz—. Vosotros, chicos, id al salón y poneros cómodos, mirad un poco la tele. Estáis en vuestra casa. Y tú, jovencito —le dijo a Ben—, pon la mesa. Vamos.
PARTE 2
Hace dos meses, finales de septiembre
Era por la tarde y el calor de verano aun se mantenía cuando hacía sol, aunque el frío iba ganando terreno, y León tenía algo de tiempo libre, así que decidió ir a dar una vuelta por los baños del centro comercial, a probar suerte. Solo sería una pasadita, para ver como estaba el mercado, y ver si había algo a lo que follarse. Solo un momento.
«Claro, sigue diciéndote eso…» se dijo, divertido.
No era la primera vez que iba solo a echar una ojeada y acababa pasando ahí más de una hora. Estaba bueno y no solía tener problemas a la hora de echar un polvo, pero muchas veces no había nadie a quien follarse, de su estilo, solo abuelos mayores y poco más.
En cuanto entró en el centro comercial buscó el camino más directo a las escaleras del parking donde estaban los baños —no fue difícil, lo había hecho cientos de veces— y fue para allá a pasos amplios y acelerados, como si tuviera muchas ganas de mear, aunque no tenía ninguna.
Y llegó al baño.
La estancia era bastante ancha, las cabinas estaban delante de los lavamanos y los espejos, con sus paredes finas que no llegaban al techo y que dejaban un buen palmo antes de llegar al suelo así podías ver los pies de quien estaba dentro y saber si estaban ocupadas o no. Entre los lavamanos y las cabinas se formaba un pasillo que llevaba al fondo de la estancia donde había cuatro urinarios; había un par de hombres se estaban lavando las manos y León recorrió el pasillo pasando junto a ellos —aprovechando para echarse un repaso en el espejo casi sin detenerse— y cogió el segundo urinario. No se le escapó la mirada que le lanzaba uno de los tíos que se estaban lavando las manos a través del espejo, con una sonrisita. Probablemente también estaba buscando un culo al que follarse o una polla para comer. O las dos cosas.
Se hizo el silencio. De una de las cabinas León creyó oír un sonido suave, y supo al instante que ahí había alguien follando. Con una sonrisa y un suspiro se desabrochó la bragueta para sacarse la polla y empezar a sacudírsela mientras miraba a la pared que tenía delante y se la sacudía con suavidad, pensando que tenía todo el tiempo del mundo. Puede que se quedase un poco más de lo que había pensado.
No tardó mucho en abrirse la puerta y alguien más entró en los baños; León habría girado la cabeza para comprobar las pintas del recién llegado, pero se contuvo y siguió mirando la pared, masajeándose la polla como si nada, hasta que sintió un movimiento a su izquierda cuando el recién llegado se colocó en el urinario de al lado y volvió a mirar a la pared.
La cadena del urinario volvió a saltar pero ambos siguieron ahí plantados, como si siguieran meando.
Otro suspiró salió de una de las cabinas. Fue claramente audible esta vez, aunque nadie comentó ni dijo nada; los dos del lavamanos siguieron frotando las manos bajo los grifos como si nada y dentro de las cabinas sonó una especie de golpe sordo; era obvio que esos de la cabina se lo estaban pasando bien.
León sonrió y aprovechó la ocasión para girar la cabeza y mirar al recién llegado, que lo estaba mirando sin titubear, sin disimular, y le sonrió. Era un chico de ojos azules y pelo corto rizado. Tenía algo de perilla, y calzaba una buena polla. Debía de tener unos veinticinco o veintisiete años.
León le devolvió la sonrisa. Era una buena pieza. Se echó un poco hacia atrás para comprobar que, en efecto, parecía tener un buen culo. No le importaría echarle un buen quiqui junto a esos dos que se estaban divirtiendo tanto… añadir más gemidos y suspiros a la sinfonía. En una barbacoa cuantas más salchichas mejor, ¿no?
—¡Ooooh! —gimió el chico dentro de cabina.
León sonrió al chico de ojos azules y este se giró el cuerpo ligeramente hacia él, para que pudiera cogerle la polla con la mano y sacudírsela un poco. Los dos que se estaban lavando las manos los estaban mirando a través del espejo, comiéndoselos con la mirada, probablemente deseando unirse a la fiesta. León cogió la polla del chico con suavidad y él le cogió la suya, para empezar a masajearse las pollas el uno al otro. La de León era bastante más grande, pero entraría muy bien por ese culazo al nene de ojos azules cuando se la metiera hasta el fondo.
Por supuesto convenía estar atentos por si la puerta se abría y entraba algún cliente despistado que no esperaba encontrarse ahí a un montón de tíos follando y con las pollas fuera.
—¡AAAAAH! —aulló uno de los chavales que había dentro de las cabinas y León supuso que mejor que mejor, a ver si se iban y su nuevo amigo y él podían ocupar la cabina.
«Además —pensó aun sonriéndole al de los ojos azules—, si esos de la cabina siguen dándose con tantas ganas alguien acabará llamando a los de seguridad.»
Poco después de ese ultimo aullido se oyó que el papel del rollo de la cabina rodaba, la cadena del retrete, y unos segundos más tarde se oyó como se despasaba el cerrojo de la cabina.
León giró la cabeza un segundo más tarde, pero vio a un chico alto con la parte trasera de su cabeza rapada, saliendo por la puerta que se cerró tras él con un chirrido. De nuevo volvió a oírse el chasquido del cerrojo cuando se cerró la cabina en la que ahora solo quedaba un ocupante.
Volvió a centrarse en los ojos azules y la polla de su nuevo “amigo”, que ya estaba dura en su mano. Ya tenía ganas de que el segundo desalojara el retrete para poder entrar y ocuparlo ellos, aunque había otras tres cabinas más para elegir. Pensaba darle por culo a base de bien. Ambos tenían las pollas duras a esas alturas, grandes y venosas.
Los dos tios de los lavamanos por fin dejaron de hacerse los difíciles y se animaron a acercarse con sonrisas para ocupar los otros dos urinarios junto a ellos para tener mejores vistas de lo que hacían, y ver sus pollas más de cerca. Pero ellos apenas les prestaron atención, y por él podían cascársela todo lo que quisieran. Iba a follarse a ese tío. No sabía ni su nombre, y seguramente le sacaba más de diez años. Y cuando terminase de follárselo se largaría y seguiría sin saber nada de él. E iba a follárselo a pelo, sin condones ni nada.
Sonó otro chasquido y la puerta del retrete volvió a abrirse… Y al ver quien salía del retrete y como el chico se ponía delante del espejo le hizo olvidarse por completo del chico de ojos azules y de su polla.
A ese sí que lo conocía.
Joder.
Ese era…
Al principio se negó a creer que era él; pensó que tal vez estaba viendo visiones. Tal vez estaba mirándolo desde un ángulo tenía cierto parecido y la vista le estaba gastando una mala pasada.
Pero era él. Entendió que era él que había estado gimiendo como un animal hacia unos segundos. Desde que había entrado en ese puto baño. Y a saber cuanto tiempo llevaba ahí comiendo polla y ofreciendo su culo para que se lo follaran.
Jodeeerr…
Era… el hijo de Ross.
Hostia puta…
No pensó antes de actuar; era el hijo de su amigo, sí, y él había estado escuchando como follaba.
Se subió los pantalones quitándole la polla de la mano a su desconocido de ojos azules, y le ofreció una mirada de disculpa antes de apartarse. Esbozando una de sus sonrisas de ligoteo se acercó al hijo de uno de sus amigos de secundaria, agradeciendo a Ross que tuviera puesta en la foto de perfil en la mitad de sus redes sociales una foto suya con su mujer y su hijo; al ver la foto había pensado que el hijo tenía un buen polvo, y viéndolo en persona, desde luego que lo tenía.
El chaval estaba bebiendo agua para lavarse la boca de la corrida que seguramente le habían descargado en la garganta, pensó. Y de solo pensarlo la polla pareció endurecerse más. Estaba a tope, sí señor.
Y el chico estaba al alcance de la mano y a punto de caramelo.
Era guapo. El pelo marrón bastante largo le enmarcaba la cara y le caía por los hombros en mechones que hacían unos graciosos rizos brillantes. Su piel era pálida. Tenía unos brazos fuertes y sin tatuajes. Los músculos le resaltaban aun más por la camiseta granate que llevaba puesta, marcándole un buen pecho. Era algo menudo, pero fuerte.
Debería haber dudado, y en parte sabía que aquello no estaba bien, pero seguia oyendo sus gemidos. Los gemidos y suspiros que había estado oyendo desde que había llegado.
«Soy un asaltacunas» pensó, más divertido y cachondo que otra cosa. No sabía si el crio tendría más de diecisiete. Ni si quiera se acordaba de su nombre, a pesar de que Ross se lo había dicho más de una vez, en las pocas veces que habían hablado con él desde que dejaron de ser compañeros de piso. Y en esos momentos cualquiera de esas cosas le había importado una mierda con nata.
Y de todas formas su nombre no era importante.
Iba a follárselo. Si iba a esos sitios buscando polla ¿por qué no iba él a ofrecerle la suya para bajarle el calentón? Él tenía una que seguro que le gustaría: nunca había tenido quejas.
Tranquilamente, como si nada, se plantó justo a su lado mientras el crio estaba centrado en enjuagarse la boca con agua.
Esperó a que escupiera antes de hablar:
—¿Qué tal la follada? ¿Todo bien?
El chico se volvió hacia él, tenía buena cara, angulosa, de rasgos afilados. Unos bonitos ojos marrones que lo miraron con alegremente. La clase de felicidad que viene después de echar un buen polvo.
Aunque él pensaba darle uno mejor. Mil veces mejor.
—Genial —respondió él.
No estaba nervioso, ¿y por qué iba a estarlo? León no era un segurata, y todos los hombres —o casi todos— que iban ahí, iban pensando en lo mismo: en echar un polvo. Algunos con suerte lo conseguían, y otros no.
El chico no sabía quien era, comprendió, o no estaría tan tranquilo.
«No pasa nada. Enseguida haré que te acuerdes de mí todas las noches antes de dormirte —se dijo—. Te harás mil pajas pensando en mí, acordándote de lo que va a pasar. Del polvo que te voy a echar.»
—¿Cómo esta el viejo Ross? —preguntó con una sonrisa chulesca—. ¿Cómo le van las cosas?
En los siguientes segundos ocurrieron una serie de cosas: Ben lo miró confundido, y la sonrisa se le borró de la cara a medida que León acentuaba más la suya, mirándolo con los ojos ligeramente entrecerrados en una expresión que pretendía decir «te tengo cogido por los cojones». León se acercó más a él, tranquilamente, un paso más, con esa sonrisa en la cara, la cara del que en el póker sabe que tiene la mano ganadora, y que se va a llevar el premio.
Ahora estaba lo bastante cerca como para estar pegado a él. Ambos se estaban mirando mutuamente.
—¿Qué tal —dijo León, insinuante— si me enseñas que era eso que estabas haciendo ahí dentro?
Entonces el chico pareció entender lo que le estaba pidiendo y su expresión de preocupación dio paso a una sonrisa tranquila y deslizó un dedo por el paquete de León hasta alcanzar la cintura de sus pantalones.
—Encantado de la vida —le respondió.
—Bien.
Se encaminaron hacia las cabinas, la misma de la que Ben había salido hacia un minuto. Ben estaba ya empujando la puerta del cubículo cuando León sintió un fogonazo, un presentimiento; probó suerte y empujó la puerta de la cabina de al lado, la cabina de los discapacitados, el triple de grande que la normal. La puerta se movió un par de centímetros, y al ver la oportunidad León cogió al chaval del brazo —«puestos a elegir, mejor la suite nupcial ¿no?»— y entró detrás de él, cerrando la puerta y pasando el pestillo.
Y apenas sonó el chasquido del pestillo se giró y se abalanzó contra el chico arrinconándolo contra la pared y sujetándolo por el cuello con firmeza. Miró esos ojos marrones un segundo, y le dio un buen morreo, metiendo la lengua en su boca, saboreando a ese cabrón chupapollas.
—Mmmm… mmmm…
Estuvo bien, y lo disfrutó, aunque notó que el chaval vacilaba en un primer momento acabó dejándose llevar y cediendo ante el beso, frotando la lengua contra la suya, disfrutándolo. León le pasó la mano por el pecho, notándolo grande y duro… Desde luego el chico estaba para comérselo. Un buen banquete…
Profundizó con el beso con más ganas, diciéndose que desde luego iba a follarle el culo al hijo de su amigo.
«Mejor yo que otro desconocido ¿no, Ross? Lo que sea por los amigos».
Y sería mejor acelerar, antes de que llegara el guardia de seguridad o la pesada de la limpiadora de turno; en esos sitios nunca sabías cuando podían interrumpirte.
Se apartó interrumpiendo el beso con bastante brusquedad, aunque le sonrió al chico para no parecer un capullo.
—Mejor vamos al asunto —dijo llevándose la mano a la bragueta para desabrocharse lo botones.
—Vale.
Ben se puso de rodillas y cuando terminó de abrirse la bragueta echó mano a sus bóxer y se los bajó y su polla salió, dura como una piedra, apuntando al frente, lista para jugar. Ben la engulló en el acto y León suspiró del gusto, mientras sentía como su polla entraba en esa boquita caliente y húmeda. Y esa lengua…—«¡Ooooh!»—. Desde luego el crio tenía técnica. Debía de haber practicado mogollón en los baños. Y fuera de ellos.
Sonó una especie de cañonazo y León apenas entendió que era la puerta de las cabinas que había al lado, amplificado por el eco de los baños. Apenas un poco después se oyó como bajaban la tapa del retrete y un sonido más. Y León giró la cabeza a tiempo para ver al chico de ojos azules asomándose por encima de la fina tabla de plástico duro que separaba los cubiles para mirar el espectáculo.
Cuando volvió a mirar a Ben captó que él también se había dado cuenta de que tenían un espectador. No creía que fuera problema para él, después de todo tenía que estar curado de espanto, el chavalín, sobre todo si se dedicaba a ir de cruising tan joven.
Comprobó que el chico no hacía nada, tan solo se limitaba a mirar. Mientras no sacase el móvil y se pusiera a grabarlos —nunca se sabía donde podían acabar esas mierdas— por él podía cascársela hasta reventar.
—Solo quiere mirar —le dijo León a Ben—. Sigue chupándomela, encanto. Démosle un buen espectáculo. —Hizo presión sobre su cabeza para que siguiera mamando y él obedeció—. Eso es… buen chico… joder ¡Sí! ¡Traga! ¡Ooooh…!
—Mmmmmm… ¡Aaaah!
Ben se había sacado su polla de la boca y León miró complacido como lo miraba mientras el chico sacaba la lengua y le lamía la polla desde la base hasta la punta, mirándolo con esos ojos de cabrón en celo, adorando la polla que se estaba comiendo… esa carita de putito feliz… como si no hubiera nada que le hiciera tan feliz como tener una polla dura y caliente para mamar, a la que sacarle la leche… le ponía a cien.
Ese chico tenía recorrido, un recorrido largo. Muchos kilómetros, eso seguro. Y su padre pensaría que era un angelito… casi podría sacarle una foto y mandársela para que viera lo que hacia su chavalín…
Esa idea lo puso a tope, y sujetó la cabeza del chaval con ternura, mirándose mutuamente, guiándolo con delicadeza hacia su polla para que se volviera a metérsela en la boca, y metérsela hasta el fondo de la garganta, con delicadeza. Lo más difícil fue contenerse y no follárselo a saco, viendo como el chaval se la metía con toda tranquilidad entera en la boca, joder… Le encantaba un buen putito.
—Buen chico… —masculló, aun sujetándole la cabeza—. ¡Oooh! Genial.
—Mmmm… mmmmm… mmmm…
Al principio le dejó ir a su ritmo y comerle la polla sin prisas, para que conociera mejor el terreno, un poco más. Pero cuanto más se la chupaba con más fuerza le sujetaba la cabeza, presionando, negándole la posibilidad de sacársela de la boca. Y luego apretó un poco más.
Gimió con suavidad. Desde luego ese crio era todo un puto.
—¡Oooooh, putito! —gimió.
Joder…
Y el gemido se convirtió en un gruñido suave.
Le apretó la cabeza con más fuerza, metiéndosela entera en la boca con bastante brusquedad, oyendo como le daba una arcada pero negándose a dejarle salir.
—¡DAAAGH! MMM… MMM… MMMM…
—¡Ooooh! Eso es… —gruñó—. Muy bien… vamos… tú puedes…
Y empezó a mover la cadera, con bastante velocidad, y fue subiendo más y más la intensidad, follandole la boca con ganas, oyendo como el chaval le daban más arcadas.
—¡MMMM! ¡AAG! ¡UMPH!
León gimió.
—¡Daaa! —exclamó—. Muy bien.
—¡MMM…! ¡MMMM! ¡MMMM…!
—Vamos…—León movió la cadera con más ganas—. Vamos…
Al cabrón le daban arcadas, pero no intentaba apartarse, de hecho León apenas notaba que se resistiera.
«Cabrón», sonrió: Lo estaba disfrutando.
Los que estaban ahí fuera sabían muy bien lo que estaban haciendo… y el mirón de ojos azules los miraba desde arriba haciéndose un buen pajote. Y todavía no había entrado nadie nuevo en los baños desde que él había llegado. Tenía carta blanca para hacer todo el jaleo que quisiera.
—¡Ah! —gimió sin cortarse, apretando más la cabeza del chico.
—¡Ahg! ¡MMMPH!
León gruñó del gusto sintiendo como le comía la polla, apretándole la cabeza con ganas, contrayendo la cara y mostrando los dientes.
—¡MMMPH! ¡MMMMMPH! ¡MMMMPH!
—¡Mmmm! ¡Joder! —masculló y se convirtió en un gruñido.
Y le soltó la cabeza.
—MMM… ¡AAAH!
El chaval sacó la cabeza. Su polla estaba toda llena de babas, completamente embadurnada, uniéndose por hilos de saliva a esa carita mientras respiraba agitadamente y sus propias babas le embadurnaban la cara. Le sonrió feliz, y León le devolvió la sonrisa.
Ese día le había tocado el gordo. Y con el hijo de su compañero de instituto, nada menos.
Le tendió la mano.
León le ayudó a levantarse, y cuando el chico se levantó le plantó un beso en toda la boca. Fue salvaje, y el crio respondió con ganas, aunque aun no se había recuperado del todo de la follada de boca que acababa de darle.
Cuando se separaron León sonreía.
—Oh, sí… Mucho mejor. Ahora te sabe la boca a rabo del bueno ¡Bravo! —dijo con orgullo y le pasó el brazo por la espalda para pegarle más a él—. Ven aquí. ¡Mmmmm!
Lo besó una vez más, metiendo la lengua en su boca. Esta vez la respuesta de Ben fue total y absoluta, y frotó su lengua contra la de él con ganas, lamiéndose mutuamente, como cerdos, acariciando el cuerpo del otro con las manos, disfrutándolo.
—¡Mmmmmm…!
—¡Mmmmm…! —mascullaban los dos, con los ojos ligeramente cerrados, mientras sus lengua jugaban, buscándose la una a la otra, restregándose la una contra la otra.
—¡Mmmm…!
Apenas recordaban al chico de ojos azules que miraba la escena con los ojos enormes, excitado, sin perderse detalle, con un sonido rápido y acelerado que venía a indicar que el cabrón se la estaba cascando disfrutando del espectáculo, viendo como se besaban.
Al terminar León le dio la vuelta al chaval y lo puso contra la pared; el chico puso el culo en pompa y él lo masajeó con una mano; notó lo firme y duro que era ese culo… ¡Dios! Los chicos cada vez salían mejor.
«Y más putos —añadió con una sonrisa, dándole un firme cachete en el culo y soltando un bufido, cachondo—. Ya lo creo».
El azote sonó firme, como el de una fruta bien madura, lista, en su punto para comerla. ¡Joder! Ese culo estaba hecho para que se lo follaran. Pedía guerra a gritos. Ese chico había nacido para dar culo. Para que se lo llenaran de pollas calientes, y que se lo llenaran de leche. Cremosa y rica leche de polla.
Le dio otro cachete en el culo. ¡Joder que sí! ¡Qué maravilla de culo se iba a follar, joder!
Le bajó los pantalones hasta poco más debajo de las rodillas de un tirón y se acuclilló detrás de el para meter la cara en ese culo, pasando la lengua y provocando que Ben soltara un gemido del gusto, mientras él cataba el culo que se iba a follar, lamiéndolo y preparándolo para su polla y usarlo como tocaba… ese culito lo llamaba. Y el chico respondía con gemidos del gusto.
—¡Ooooh! —gimió el chico mientras el lamía ese culo con ganas, disfrutando—. ¡Ooooh!
No se entretuvo mucho ahí, como mucho un minuto, antes de volver a ponerse de pie.
—Coge aire, chico —le dijo poniendo la mano en su hombro.
Puso la polla contra ese culo, y apretó.
—¡Aaaah! —gimió Ben mientras su culo se abría para su polla.
—¡Oh, sí! —celebró León sintiendo como la polla entraba—. Este sí que es uno de los buenos. Síiii… ¡Aaaah…! —gimió.
La polla entró entera hasta el fondo; León la sentía ese culo caliente y fuerte abrazando su polla, toda su polla, hasta los cojones.
Y empezó a follárselo con ganas, desde luego ese chico le encendía. Y el chavalín no era virgen para nada. Sonrió.
«Mejor» pensó. Así podía jugar en serio sin mariconadas
Empezó a bombear con ganas.
El chico volvió a gemir.
—¡Aaaah joder! ¡AAAAH!
León tenía una sonrisa de oreja a oreja. Ese culo se tragaba su polla de puta madre. Se sentía tan bien… ¡Joder sí! Y él estaba supercachondo…
Joder…
—¡Hostia puta! — masculló por lo bajo, sonriente, mientras Ben gemía, pasándole el brazo por delante para atraer el cuerpo del chico y pegarlo más al suyo, para sentirlo cerca, metérsela hasta el fondo y seguir embistiéndolo—. ¡Síiii!
—¡Aaaaah! ¡Me encanta! —exclamó—. ¡Aaaah!
Lo embestía con fuerza y sin miramientos, y ese culito no defraudaba. Joder…
—¡Aaaah! —gimió Ben y él respondió con un gruñido y volvió a metérsela hasta fondo de una embestida.
Oyó un bufido de excitación a su izquierda y miró al desconocido. Se sintió tentado de abrirle la puerta e invitarle a acercarse más, pero no sería capaz de dejar de taladrar ese culo, de separarse de él, ni queriendo. Se estaba tan bien…
—¡Ooooh!
Soltó otro gruñido que hizo que el chico gimiera más alto. Eso le puso más cachondo aún.
«Bien —pensó sin dejar de darle a ese culo—. Sigue así, cabroncete. Sigue así ¡Vamos! ¡Te lo vas a tragar todo! ¡Puedes con todo, joder! ¡RECIBELO!».
—Aaaah…—gimió León.
Oyó otro suspiró del mirón —«Baaah»—. Y se dio cuenta de que, mientras el pajillero estuviera ahí no tenían de que preocuparse y podían hacer bastante ruido, porque no había peligro de que los pillaran. Así que siguió imprimiéndole fuerza a las embestidas para seguir follándose ese culo sin piedad.
Por lo menos hasta que se corriera, se dijo. Aunque era una pena, porque ese culo le gustaba, sería mejor hacerlo lo más rápido posible, antes de que les cortasen el rollo. Habría preferido pasar un buen rato con él, tomarse su tiempo para jugar y darle bien a la zambomba pero… ¿que coño? Aquello era mejor que nada. Y se estaba muy bien…
—¡Aaaaah! —gimió Ben sin contenerse, sin cortarse un pelo.
León sonrió, reduciendo la follada a una más lenta y tranquila y el chico gimió del gusto, más relajado. Oh, sí. Ahí dentro se estaba muuuuy bien.
—Aaaah… —gimió Ben—. Aaaah…
«Gime por mí, nene» pensó mientras movía la cadera ahora despacio como si fuera un baile sensual.
—¡Aaaah…!
—¡Mmmmph! ¡Mmmmph!
Y volvió a imprimirle fuerza a la follada notando como el cuerpo del chaval se volvía a tensar mientras lo taladraba.
—¡Aaaaah! —gimió Ben, con intensidad—. ¡Joder! ¡Aaaaah! ¡La hostia!
—¡Aaaah! —replicó León y bufó mientras le zumbaba el culo sin parar.
Así que durante un buen rato estuvo follándose ese culo y oyendo los gemidos del chaval y respondiéndolo con gruñidos mientras el mirón de ojos azules se la cascaba mirándolos…
León solo pensaba en ese culo que se estaba follando, disfrutando de los gemidos y sintiendo como ese chico aceptaba su polla y la adoraba, cada centímetro de ella, como un perfecto equilibrio, él quería darle polla a ese rico culito, y el chico abrazaba a su polla pidiendo más, berreando como una zorra y disfrutándolo mientras él le daba sin parar, mientras le alimentaba con carne en barra de primera.
—¡Ooooh!, joder —gritó sin dejar de bombear ese culo—. ¡Joder!… ¡Sí…! Traga polla, nene ¡Mmmph!
Ben gimió sin control.
—¡Aaaah! ¡MÁAAS!
León imprimió algo más de velocidad a la follada, dispuesto a complacerle.
—¡AAAAAH! —gruñó, respirando por la boca sin dejar de bombear.
El mirón se la cascaba sin parar, con frenesí, y casi sin pestañear.
Ben soltó un gemido un poco más suave, con una expresión de absoluto placer en la cara.
Sonó un chirrido, alto y audible, un chirrido muy familiar —y justo en el peor momento— y León fue consciente de que el mirón se escabullía y abandonaba su posición.
Era el chirrido de la puerta de entrada a los baños.
Una de las manos del chaval abandonó la pared para taparse la boca y evitar gemir, y que le oyera quien coño fuera el hijo de la gran puta que acababa de entrar.
Se oyeron un par de «FAP FAP» y luego otro chirrido con un golpe amortiguado al final cuando la puerta de los baños volvió a cerrarse. León giró la cabeza apenas lo necesario para mirar y como un par de pies se arrastraban por al otro lado de la pared azul que separaba los cubículos, recorriendo el pasillo y haciendo ese ruido a cada paso….
(FAP FAP FAP)
Por lo menos no era uno de los agentes de seguridad o una limpiadora —eso era un suave alivio—, solo era un viejo que había entrado a cambiarle el agua al canario o a ver si tenía suerte y pescaba a algún jovencito. Lo vio pasar por delante de la puerta del cubículo donde estaban ellos y pasar al cubículo de al lado en el que estaba su espectador particular —que por ahora se había escondido— para intentar abrir la puerta y al ver que no se abría probó en el de al lado.
Mientras le oían arrastrar los pies León se acordó de que tenía un buen trozo de polla fuera de ese culito, y no podía parar.
Ahora no.
La metió toda dentro, despacio, pegando su cuerpo al de Ben y tapándole la boca con una de sus manazas enormes, con firmeza, apretando la mano del chico contra su propia boca, para asegurarse de que no pudiera escapar ni un solo sonido, ni un murmullo. Si ese puto viejo sospechaba algo podía joderle el polvo.
Tenían que mantener el silencio, pero… Tenía que seguir. Tenía que hacerlo.
No podía parar ahora. Ni de coña.
Volvió a mover la cadera, con suavidad, sacando un trozo bien grande de polla y volviendo a meterla. Una vez. Y luego otra. Le pareció que el chico hacia ruidos, pero apenas se podían oír con las dos manos tapándole la boca, y ese puñetero hilo musical que resonaba en la habitación.
Así. Muy suave… pero sin parar.
Aun escuchó los pasos del viejo entrando en el ultimo cubículo —«FAP FAP»— seguido de el cierre de la puerta y el pasar del cierre.
«FAP FAP»
¡Qué lento era, joder!
Volvió a meter y sacar la polla de ese culo, notando el cuerpo duro y firme del chaval contra el suyo. Tan caliente…
Aprovechó para besarle el cuello follandose ese culo con suavidad, a un ritmo que resultaba tortuosamente lento, lejos de lo que se merecía un culazo como ese. Se la metía y se la sacaba sin parar pero sin acelerar.
En el otro cubículo oyó que el viejo molesto se ponía a mear; mientras probablemente en los urinarios estarían cascándose las pollas. Captó un movimiento en el lateral y vio como su mirón particular asomaba la cabeza con precaución para seguir mirando sonriéndoles. León se la devolvió mientras se apartaba un poco para que pudiera ver como su polla grande y gorda entraba y salía de ese culo, mientras le tapaba la boca el chaval.
El mirón no pudo resistirse y sacó un poco más la cabeza, con cuidado de no hacer ruido para que el viejo no se enterase.
En el otro retrete el viejo meaba; y se tomaba su tiempo. Ojalá se largase cagando leches para poder seguir dándole al chico a fondo. Y que no entrase ningún otro petardo inoportuno.
Joder…
Se la metió hasta el fondo (¡MMMPH!) soltando un gruñido suave, pegando su cuerpo contra su espalda y poniendo la cara junto a la de él.
—Puto cerdo… ¡tragapollas! —le susurró junto a la oreja sin dejar de follárselo—… puto… ¡Cabrón! ¡Mmmmmm…! ¡grrrr..!
Y mientras apretaba la propia mano del chaval con la suya cubriéndole la boca; sabía que cada vez que hablaba la sombra de barba rascaba la suave piel de ese putito, mientras le susurraba guarrerias al oído y gruñía por lo bajo como un animal follandole el culito a ese cabrón…
Joder… follárselo a esa lentitud lo estaba matando.
—Te voy a reventar como nadie lo ha hecho en tu vida, cabrón —le siguió diciendo tras gruñirle en la oreja mientras el viejo terminaba de mear.
El mirón ya no se molestaba en disimular que estaba mirando, demasiado concentrado en esos dos follando como para preocuparse por el viejo que estaba a menos de medio metro de él, subiéndose la bragueta.
—Traga. Este culo es una maravilla… sí, señor —le decía León a Ben, notando como se estremecía—. Buen cabrón…
—¡Mmmm!
León notó que el chico hacía fuerza con su mano para intentar sacarse su propia mano de debajo de la de él y decidió correr el riesgo confiando en que el hilo musical estuviera lo bastante alto como para cubrir cualquier sonido que se le pudiera escapar. O puede que el viejo fuera duro de oído y no se enterase de nada. O que se hiciera el sordo. ¿A quien coño le importaba?
—¡Mmph! —masculló metiéndosela hasta el fondo.
En cuanto dejó de presionar un poco y le dio espacio al chico para retirar su mano este sacó su mano y la puso en la pared para apoyarse mejor y Leon volvió a taparle la boca. Escuchó el chasquido del pestillo al despasarse; el viejo salía arrastrando lo pies con su puto fap fap. Hizo el esfuerzo de bajar el volumen de la fiesta todo lo posible, aunque sin dejar de darle a ese culo.
—¡Mmmmph!
León empezó a sentir la lengua caliente y húmeda lamiéndole la palma de la mano, y levantó un poco la mano para darle un espacio para maniobrar y sintió la lengua del chico pasando por sus dedos, pringándolo de babas.
—Puto. Puto…putoooo —exclamó en un susurró pegando la boca a su oreja y pasando la lengua por su mandíbula mientras sentía la lengua del chaval lamiéndole la mano sin parar, excitado, y emitía amortiguados jadeos que quedaban amortiguados por su mano y el hilo musical que había en el baño.
FAP FAP FAP
Empezó a acelerar la penetración. No debería, pero él tampoco aguantaba más. Estaba tan cachondo frotando su polla dentro de ese culito caliente…¡Ooooh!
Empezó a respirar más rápido sobre la oreja de Ben, frotandole la cara con la suya y rascándole con la barba.
Tras otro portazo y más arrastre de pies escuchó el agua de los lavamanos y como no podía ser de otra forma el viejo tenía que parar a lavarse las manos ¿Quién coño hacia eso? Ningún tío; Solo sí habían follado, o pretendían lavárselas para ver si había alguien a quien poder follarse.
Giró la cabeza pero su mirón había vuelto a desaparecer, para que el abuelo no lo viera en el espejo de los lavamanos.
«Vamos, lárgate ya, viejo —pensó respirando contra el cuello de Ben—. La gente quiere seguir disfrutando del espectáculo. Y yo quiero oír cantar a este nene mientras le doy a la zambomba con ritmo y ganas, como él se merece».
—Mmmmmph —masculló Ben—. ¡Aaah…! ¡Mmmm!
—Shhhh…
León presionó la mano contra su boca y lo acalló antes de que pudiera alcanzar un nivel peligroso. Joder, que cachondo estaba…
—No te emociones aún, cabrón.
—¡Mmmm…! —Volvió a sentir la lengua del chico lamiéndole la mano y siguió aumentando el ritmo de la follada, incapaz de contenerse más. Iba a preñar a ese crio. Desde luego que sí… con viejo o sin él. Con mirón o sin mirón. Podían llamar a los federales si querían. No iba a parar hasta que terminase esa rica follada. E iba a descargar toda su lefa ahí dentro.
Estaba demasiado cachondo como para parar.
—Buen puto —le dijo—. Buen putito. Buen putito. Sigue así, vamos….
—¡Mmmmmph!
Separó un poco la mano y la lengua del chico empezó a lamer sus dedos mientras León se mantenía alerta por si se pasaba de ruidoso. Sintió su lengua recorriéndole los dedos, pasando entre ellos, caliente y húmeda. Y metió los dos dedos más largos en esa boquita chupapollas. Parecía pequeña, pero tenía una increíble capacidad. Desde luego que sí.
Sonrió.
—¡Daah! —berreaba el crio, lamiéndole los dedos que le metía en la boca—. ¡Daaah! Mmmm…
—Eres un puto genial. —León lo besó en la mejilla oyendo como el chico disfrutaba—. Así, muy bien… ¡Aaah!
Escuchó otro sonido ahí fuera que debía de ser el expendedor de papel y el viejo se secaba las manos para largarse por fin y dejarlos seguir… seguir follando con toda tranquilidad. Iba a preñar a ese putito. Aceleró un poco más la follada, intentando no hacer ruido y sujetando bien al chico, respirando agitadamente… y conteniéndose para no darle a plena potencia, porque entonces sí que les pillarían.
Podía oír el sonido de su cadera chocando contra ese culo, aunque el hilo musical del baño lo tapaba bastante bien.
El que arrastraba los pies se acercaba —Dios, sí que era lento— y pareció que tardaba una eternidad en llegar a la puerta. Y mientras tanto León le follaba el culo con exasperante calma mientras le tapaba la boca al chico para que sus gemidos no resonasen por todo el puto baño.
«Ya falta poco, nene. Pronto te dejaré cantar a plena potencia. Aguanta un poquito más…»
—Mmmmm…mmmm…mmmm.
—¡Mmmph! —masculló León, metiéndosela hasta el fondo y pegándose a él.
FAP FAP… FAP FAP… FAP…
Mientras tanto él tenía la boca del chaval bien sujeta, con su espalda pegada a su cuerpo, moviendo la cadera sin parar.
—Tú…puto cabrón chupapollas…
—Mmmmm…
—Cabrón comemierda…
—Mmmmmmmm…
FAP FAP… FAP FAP….
—Te encanta tener mi polla en tu culo —aseguró León en un susurro, y le lamió el cuello hasta llegar a su oreja para atrapar el lóbulo y morderlo juguetonamente—. Puto mamón. Oooh, nene…
Ben seguía gimiendo con su mano sobre la boca; el hijoputa se moría por berrear como un perro en celo y que todos supieran la follada de primera que le estaban metiendo, anunciarlo bien alto, a los cuatro vientos, como buen cabrón. Síiiii…
Apartó un poco la mano de su boca y le permitió soltar un suave gemido de gusto:
—Aaaaah…
Al fin el viejo llegó a la puerta. Sonó el chirrido de la puerta al abrirse y tras unos putos fap fap más por fin la puerta se cerró sonando como un cañón y el sonido de los pies del viejo arrastrándose dejaron de oírse.
Por fin. Algo de tranquilidad.
Ahora la fiesta podía seguir.
Le quitó la mano de la boca del chico que se puso a berrear mientras él ponía las manos en sus caderas y aceleraba la follada sintiendo como la polla se ponía como una piedra después de tanta puta calma para follarse ese culito. Reventarlo.
Puso la directa y aumentó la velocidad de la follada con un gruñido impaciente y victorioso que le sonó a gloria.
—Aaaah —gimió Ben ante sus embestidas—. ¡Aaaaah! ¡AAAAAH!
Gimió como un cabrón mientras León lo sujetaba por cintura, taladrándole ese culo sin piedad para desfogarse a gusto después de tanta contención. Gruñó del gusto.
—¡AAAAAAH!
Ese sonido le puso a mil y agarró con tanta fuerza esas caderas como si lo fuera a reventar, apretando los dientes y achinando los ojos, dispuesto a reventar ese culo, rugiendo como el animal que su propio nombre representaba.
—¡AAAAAAH!
—CÓMETELO TODO, JODEEEER… —gritó sin poder contenerse—. ¡AAAAH! CABRÓN TRAGÓN.
—¡AAAAAH! JODEEEEER AAAAAH.
—¡¡TOMA POLLA, JODER!! —rugió él.
Mientras seguía follándoselo sin parar, haciéndole gemir como si no hubiera un mañana, León sintió que la polla le hormigueaba y que estaba a punto de correrse. Se la sacó del culo al chico y cogiéndolo del brazo le obligó a volverse para luego ponerló de rodillas mientras se la cascaba a lo bestia entre rugidos y bufidos mientras el chaval abría la boca, dispuesto a recibir su corrida y comérsela.
—¡AAAAAH! —gimió León con la cara contraída, enseñando los dientes, cascándosela como un mono en celo.
Estaba a punto de correrse, lo notaba. Y ver la cara de gato en celo que ese cabrón… deseando polla —«¡OOOH!»—. Polla y leche.
—¡AAAAAAAAAAAAAAH!
Con ese ultimo grito cogió al chico por detrás de la cabeza y le metió la polla hasta los cojones, enterrándosela hasta el fondo —«Mmmmm…»—, viendo como este abría los ojos de par en par, y sintiendo como descargaba directamente en su garganta con un «Ooooh» de gusto, relajando los músculos de la cara y los ojos entrecerrados, sintiendo como descargaba los trallazos de lefa en esa garganta.
Y la carita de ese cabrón mientras se tragaba su corrida caliente, disfrutándola
—¡Ooooooh….! —rugió, relajado, sintiendo como la lefa salía disparada en trallazos y se le vaciaban los cojones en su garganta—. Joder… ¡Oooh! Hostia puta…
—Mmmmmm… —masculló Ben mientras León sentía su lengua lamiendo el tronco de su polla.
Con un ultimo gemido terminó de vaciar sus cojones y con un ultimo suspiro relajado —«Aaaah» dejó de presionar su cabeza para que pudiera sacarse su polla de la boca; y cuando se la sacó el nene lo miró complacido y lamio su capullo para limpiárselo. Luego le cogió la polla llena de babas y empezó a restregarse su polla por toda la cara llenándosela de babas y cualquier resto de semen y fluido de rabo que pudiera quedar.
«¡Pero qué encanto de chico…!»
León suspiró, y sonrió. Ver como se llenaba la cara de babas y luego volvía a engullir toda su polla como un campeón hizo que León sonriera satisfecho.
Cuando se la sacó de la boca, —y su polla estaba perfectamente limpia y sin babas— se acuclilló hasta que sus caras quedaron a la misma altura y le puso los dedos debajo de la barbilla para que lo mirase a los ojos.
—Los chicos de hoy en día sois la leche.
Y le besó saboreando su propia corrida de la boca de ese chico. Era una cerdada, y le encantaba.
Ayudó al chico a levantarse y cuando estuvieron frente a frente el cabroncete se abalanzó sobre él y le plantó un beso, un buen morreo. León respondió a ese beso con ganas, cachondo por haber vaciado su lefa ahí dentro y que la lengua le sabía a polla. Su lengua jugueteó, sintiendo en su boca el sabor de su propia corrida y polla.
«Joder —pensó mientras lo besaba—. Me cago en la puta con el chavalín de Ross. Menudo chupapollas nato, colega»
Al separarse ambos se miraron, deseándose con la mirada, bastante cansados por semejante follada, incrédulos de la suerte de que en todo ese rato que llevaban follando solo hubiera entrado el viejo arrastrapiés.
—¡Aaah! —A ese sonido le siguio una especie de gruñido extrangulado les hizo volverse.
Al girarse León vio al chico repeinado de ojos azules, que por las caras que ponía acababa de correrse del gusto en la pared de la cabina de al lado. «Bueno —pensó León, divertido—, el próximo que entre ahí se llevará una buena sorpresa».
Esos ojos azules los miraban a ambos como si no hubiera mejor espectáculo en el mundo y les sonreía ampliamente a ambos; León estaba demasiado cachondo reventándole el culo al chico como para que le importase demasiado si tenía o no buenas vistas. Le sonrió esperando que hubiera disfrutado del espectáculo.
Ben también sonrió al mirón, todo tranquilidad. Y algo en esa sonrisa le hizo pensar que desde luego el muy hijo de puta ya tenía bastante kilometraje en ese baño.
«Pequeño cabrón», pensó echándole una nueva mirada.
No tardaron mucho en asearse antes de salir y nadie más entró; debía de ser hora de poca pesca en los baños.
Como imaginaba, cuando ambos salieron de la cabina —no había motivo para disimular después de todo ese jaleo— los que estaban fingiendo que se lavaban las manos cuando había entrado y que ahora estaban en los urinarios, los miraron con sonrisas cómplices y ellos se las devolvieron. Joder, les habían dado un buen espectáculo. Al menos habían podido oírlo.
Uno de los hombres se volvió hacia ellos con la polla en la mano, como felicitándolos por la follada mientras ambos iban a los lavamanos para asearse un poco.
El chico de ojos azules salió de su cabina y sin mediar palabra se puso a lavarse las manos al lado de Ben, con una sonrisa de oreja a oreja. Se sonrieron mutuamente mientras se lavaban las manos y al verlos juntos León casi se arrepintió de no haberlos puesto a los dos de rodillas para que le chupasen la polla y le comieran la polla como buenos cabritillos que eran.
«O puede que en una ducha», se le ocurrió de pronto, como un rayo. Podía imaginárselo: esos dos enjabonándose mutuamente y enjabonándolo a él para luego comerse su polla como un buen par de potrillos hambrientos, de rodillas, a su salud, mientras el agua caía, y ellos se ponían a mamar…
Imaginarse eso casi hizo que tuviera otra erección.
Ya casi habían terminado de lavarse cuando León le cogió la cara a Ben con suavidad y le obligó a mirarlo para pasarle el dedo mojado por la zona y hacer como que le limpiaba algún resto de corrida de la cara aunque el cabrón ya estaba bien limpio.
—Por cierto, cariño —le dijo mientras le pasaba el dedo mojado por la mandíbula— ¿Cómo decías que te llamabas?
Él le sonrió, divertido, pensando que la gente ahí no solía preguntarse el nombre, no solían hablar en absoluto. Iban directos al tema: follar a saco. Y luego se iban.
—Ben —respondió el chaval—. Me llamo Ben.
—Bien, Ben —dijo él—. ¿Vienes mucho por aquí?
—No lo sé —respondió, y se volvió hacia el chaval de ojos azules con esa sonrisa juguetona—. ¿Vengo mucho por aquí?
—Bastante —respondió el chico con total seguridad, devolviéndole la sonrisa.
Y luego se metieron un morreo delante de él. Fue un buen filete. Uno de los que estaba en los urinarios y que se la estaba cascando completamente vuelto hacia ellos sin disimular lo más mínimo aceleró la paja.
Así que esos dos se conocían… Joder. Ahora sí que empezaba a arrepentirse de no habérselos follado a los dos ahí dentro.
Cuando se separaron ambos sonrieran y ambos miraron a León para ver como reaccionaba.
«Joder, esto sí que es suerte de la buena; dos cabritos con culitos para follarse a saco… la vida es bella».
—Pues igual deberíamos…
Iba a decir que deberían quedar los tres, así podrían comerle la polla entre los dos. Podrían compartirla. Y él les daría religiosamente rabo por el culo, primero a uno y después al otro. Ya estaba viendo a Ben montado encima del otro chico mientras él los hacia berrear a los dos metiéndoles la polla por el culo. Hasta el fondo.
Joder…
Pero entonces sonó el teléfono de Ben y este se lo sacó del bolsillo del pantalón, preocupado.
—Mierda… —masculló pasando junto a León—. Lo siento… Tengo que irme.
Y con pasos acelerados salió del baño.
*—-*
Minutos más tarde Ben se reunía con su padre en uno de los pasillos abarrotados de gente del centro comercial, con total normalidad, como si no hubiera estado comiéndole el rabo a dos tíos hacia un momento.
—Perdona —dijo Ben mientras llegaba junto a su padre—. Estaba en la librería y no he visto la hora. Estaba mirando, por si me interesaba algún libro.
—Vaya, pues sería mejor que te centrases en los libros de tus estudios, ¿no te parece?
Normalmente ese cambio de tema habría molestado a Ben, pero estaba de tan buen humor por la follada que le acababan de meter que lo dejó pasar.
—Solo estaba mirando —se defendió él sin dejar de sonreír—. Venga, vámonos.
—De acuerdo.
Pero apenas estaban llegando al final del pasillo cuando una voz habló y se detuvieron.
—¡Madre mía! ¡No puede ser…! ¿Ross?
—¿Pero que ven mis ojos? ¿León? Pero…¡Hola! ¡A mis brazos, tío!
León avanzó hacia ellos y de pronto él y su padre se estaban dando la mano y los dos se sonreían.
Empezaron a hablar preguntandose las cosas habituales de los que no se ven en una buena temporada y Ben les dejó hacer mientras se ponían más o menos al día aunque no se le escapó que León le echaba más de una mirada entre preguntas y respuestas.
Cuando Ross se dio cuenta interrumpió lo que estaba diciendo.
—Este de aquí es mi hijo, Ben.
—Encantado —le dijo León estrechándolo la mano—. ¿Qué tal, chico? Soy León.
—Bien —respondió él, estrechándosela—. Yo soy Ben. Un placer.
«Y además, de verdad. Un gran placer».
—¿Es tu hijo? ¿Seguro? —le preguntó a Ross aun sujetando la mano de Ben—. ¡Vaya, como pasa el tiempo! Y míralo… si ya es todo un hombre.
—Bueno, yo no diría tanto —dijo Ross con una sonrisa—. Como mucho un chavalín.
—No tan chavalín —le replicó él—. Tengo dieciocho, papá.
—Para mí eres un chavalín —dijo su padre—. Eres un pipiolo enano. Aunque tiene muy buena planta, eso te lo concedo ¿no crees, León?
—Ya lo creo, ya —dijo León echándole una mirada a Ben, muy parecidas a como lo había mirado a cuando se lo había follado en los baños, repasándolo, devorándolo—. Todo un chavalín.
—Pues sí —rió su padre.
León le soltó la mano echándole una ultima mirada para mirar a su amigo.
—Oíd, ¿os apetece tomar algo? Para charlar y ponernos al día. Yo invito.
—Pues… sí, claro ¿Por qué no?
—Ha pasado mucho tiempo —comentó León.
—Ya lo creo. León y yo éramos compañeros de piso cuando yo iba a la universidad y fuimos juntos al instituto… —le dijo Ross a su hijo.
Fueron a una de las cafeterías del centro comercial y pidieron algo mientras hablaban de los viejos tiempos. Ben se tomó una Coca-Cola con un bocadillo, que León insistió en pagarle.
Estuvieron un buen rato hablando. Y mientras lo hacían Ben se dedicaba a comerse su tercera merienda del día —contando las dos pollas que se había zampado hacia poco— tranquilamente, sin intervenir, y repasando las probabilidades de que León pasase justo por allí mientras su padre y él se dirigían a la salida.
«Será cabrón», pensó divertido mientras se comía su bocadillo.
—Pues yo me dedicó a viajar —le decía León a Ross tranquilamente—, ya sabes, transportando mercancías de aquí para allá. Tantos años de universidad para esto…
—Bueno, si es lo que te gusta —dijo Ross.
—Sí, bueno —replicó León con una sonrisilla igualita a la que le había echado a Ben mientras se lo follaba en el baño—. No sé yo si “me gusta” lo define bien, pero desde luego también tiene sus cosas buenas.
—Sí, seguro —rió su padre.
«Adultos…» pensó Ben mientras miraba el teléfono sin enterarse demasiado de lo que decían. Aunque se alegraba de que su padre se divirtiera. A los dieciocho años Ben ya comprendía que su padre también merecía alguna diversión de vez en cuando. Además, la merienda le había salido gratis.
«O casi» añadió con una sonrisilla, pensando en la follada que le habían metido hacía un rato.
Aguantó un rato más, mientras ellos hablaban de sus cosas, mirando el teléfono, sin prisas antes de levantarse:
—Voy a buscar un baño —anunció, atrayendo la atención de los dos adultos.
—¿Quieres que te acompañe? —se ofreció León para luego mirar a Ross—. No, yo… justo he ido antes de que nos encontrásemos. Esta medio escondido —le explicó con una sonrisilla—; puede pasar por delante de él veinte veces y no lo verá. Y además, a mí también me hace falta cambiarle el agua al canario. —Luego miró a Ben—. Si a ti no te importa, claro.
Ben se limitó a encogerse de hombros y mirar a su padre a ver que decía.
—No, para nada. Id, yo os espero aquí.
—Vale, ahora volvemos, papá.
—No tardamos nada —le aseguró León, levantándose.
Por supuesto no fueron al baño, sino al aparcamiento del centro comercial, donde empezaron a comerse los morros con ganas. Se morrearon con ansia en un rincón del parking por el que no iba nadie, entre los coches.
León también lo besaba con ganas después de todo ese rollo de chachara con su padre.
—Oh, joder —celebró él estrechando a Ben entre sus brazos—. Eres un cabroncete de oro.
Ben sonrió. Y volvieron a morrearse con ganas, sabiendo que solo tenían unos minutos antes de tener que volver con su padre. No había un segundo que perder. Tenían que aprovechar el tiempo al máximo.
También aprovecharon para pasarse los móviles y mientras volvían por los pasillos del centro comercial León comentó que iba a pasarse a visitar a su amigo Ross cualquier día de estos.
Al volver aun estuvieron hablando durante un buen rato sentados en la mesa, hablando, y al final cuando se despidieron estaban muy animados.
—Mantendremos el contacto —dijo el padre.
—Puedes apostar que sí —«Sobre todo ahora que me he follado a tu hijo. Y pienso repetir»—. Ya lo creo.
Y vio como se iban antes de darse la vuelta y echar a andar por un pasillo, buscando otra salida. Apenas llegaba al final de uno de los pasillo cuando sacó el móvil para llamar a Nico, pero como de costumbre no le cogió el teléfono, así que abrió el WhatsApp y empezó a grabar un audio.
—Ey, tío, no te vas a creer el polvazo que acabo de echar en uno de los baños del centro comercial —bufó, emocionado—. Ha sido… Creo que acabo de conocer a un puto con mucho potencial.
Nico no era de los que contestaba a los cinco minutos; a veces podía costarle días responderle a un solo mensaje… a menos que se tratase de sexo, claro.
Apenas llegó a la calle cuando su móvil sonó, y era la respuesta de su hermano pidiéndole más detalles.
Y León sonrió, dispuesto a contarle más.
—Un chavalín de unos dieciocho, tío. Y la chupa como Dios. Y no veas que culito tragapollas tiene… Es de los que te pide más y más. De los que nunca tienen suficiente…
Por supuesto no entró en detalles, quería calentar a Nico para que le llamase pidiéndole más, y cuando lo hizo se encargó de darle lo bastante para asegurarse de que se hacía una paja pensado en ello, pero no se lo contó todo. Quería que pidiera más, para que cuando le propusiera dormir en casa de Ross no tuviera otra alternativa que decirle que sí.
Y no pudo negarse cuando se lo pidió.
*—–*
En las siguientes semanas León y Ben hablaron por WhatsApp; no demasiado, ni tampoco mucho más que mandarse algunas fotos de sus pollas y del culo de Ben con unos cuantos comentarios para ponerse cachondos. No era pesado ni nada de cinco mil mensajes al día.
Una noche León le dijo que pronto pasaría por su casa para probar otra vez su precioso culito y darle una buena ración de rabo para comer, aunque no le mencionó que pensaba invitar a su hermano a la fiesta, y no le costó nada inventarse una excusa para conseguir que Ross lo invitase también a él a pasar la noche en su casa.
PARTE 3
Ben suspiró mientras ponía la mesa, un poco molesto por tener que hacer la tarea mientras esos dos cabrones se relajaban en el sofá.
Ambos estaban delante de él. Nicolás, aun de pie, se quitó la chaqueta con un bufido revelando que debajo llevaba una camiseta sin mangas y un buen par de brazos musculosos, mientras León se dejaba caer en el sofá con un suspiró.
—A ver si echan algo que merezca la pena… —masculló León cambiando de un canal a otro.
Nicolás se giró hacia a Ben y lo pilló mirándolo otra vez y con una sonrisa se puso de lado y flexionó el brazo con una sonrisa chulesca para que viera como sacaba músculo. Ben sin vergüenza se llevó la mano al paquete y se lo sobó. Desde luego tenía un buen bíceps.
Nicolás le guiñó un ojo, rodeó el sofá y se dejó caer junto a su hermano delante de la tele, como si estuviera en su propia casa.
Ben pensó que, si sus padres vieran lo en serio se tomaban esos dos lo de “estar como en su casa”, seguramente se ganaría algún comentario hiriente de su madre, que no era precisamente muy fan de ese tipo de comportamientos.
Y eso sin mencionar que se habían morreado con su hijo y que pensaban follárselo en su propia casa. Y a él le parecía una gran idea. Había que reconocer que esos dos tenían cojones.
Terminó rápido de poner la mesa y entró a la cocina para decírselo a sus padres.
—Bueno, pues ya he terminado de poner la mesa.
—No ha sido para tanto ¿verdad? —preguntó su madre.
—¿Queréis pedirme que pinte una pared, que arregle las goteras del tejado o puedo irme a ver la tele ya?
—Sí, vete —dijo su padre—. Y compórtate con los invitados.
—Vale —accedió él, al tiempo que salía de la cocina pensando que si tan bien se tenía que comportar podía quitarse los pantalones delante de ellos y pasarles los gayumbos. Podía imaginarse a León y a su hermano pasándoselos para ponérselos contra la cara y olerlos con ganas.
Seguro que eso les haría sentirse la mar de cómodos.
Al salir al salón se quedó mirando el respaldo del sofá y la nuca de León. Ahora en la tele había una especie de película de acción y un calvo estaba hablando con una especie de traficante.
Respiró hondo y avanzó, listo para jugar.
Cuando rodeó el sofá, vio que León seguía sentado con los pies sobre la mesita de centro, mientras que Nicolás estaba más apartado, tumbado con la cabeza apoyada en el reposabrazos. Al detectar su presencia ambos giraron la cabeza para mirarlo y Nicolás se incorporó con tranquilidad, tendiéndole la mano para que cogiera el sitio que había entre ellos. De modo que ahora los tres estaban sentados: los hermanos despatarrados con las piernas bien abiertas y Ben entre ellos. Nicolás no perdió la oportunidad de pasarle la mano por los hombros, mientras que León centraba toda su atención en él y empezaba a sobarle el tórax y el abdomen.
—¿Cómo va esa cena? —le preguntó, casi como si fueran los clientes de un restaurante y Ben fuera el camarero.
—Bien —respondió él sin vacilar al amigo de su padre—. Aún tardará un poco más.
—Que mal está el servicio —comentó León con una sonrisa pícara, acariciando el cuerpo de Ben—. ¿Al menos es algo que nos vaya a gustar comer?
—Ni lo sé ni me importa.
León rió divertido.
—Bocazas —dijo—. Eso me gusta. Voy a disfrutar metiéndote en cintura.
—Lo que tú digas… Papi.
Nicolás, que estaba acariciando el pecho, le puso el dedo en la barbilla con suavidad para hacerle girar la cabeza. Ambos hermanos tenían los mismos ojos verdes.
—¿Y tú qué? —preguntó con suavidad—. ¿Hay algo que te gustaría… saborear? ¿mmmm?
Y le besó.
Sus lenguas se pusieron a jugar entre babas, la una y la otra, acariciándose. Y mientras se besaban León los miraba sin la menor vergüenza, en primera fila, sin perder detalle.
—Eso es…—sonrió León—. Dáselo todo, hermano. —Y colocó la mano en la entrepierna del chaval, para sobársela mientras se besaban—. Vamos a calentarte hasta que estes como una piedra, puto cabrón salido…
Aún besándose Nicolás le cogió la mano de Ben y se la colocó sobre su entrepierna. Ben sintió algo grande dentro de esos pantalones, algo muy, muy grande.
León empezó a besarle el cuello con suavidad, mientras él besaba a su hermano.
—Podríamos follarte delante de tus putos padres —le susurró pasándole la lengua por su lóbulo de la oreja—. Y te encantaría, ¿verdad? Berrearías como todo un cabrón pidiendo polla a saco. Joder… como me pones…—gruñó, excitado—. Puedo sentir como se te pone dura la polla, cabrón —dijo y luego comentó a nadie en concreto—: Se volvería loco del gusto si nos lo follásemos delante de sus padres. Puto cabroncete salido.
—Mmmm….
Ben no podía hablar porque tenía la boca ocupada morreándose con Nicolás, pero que se lo follaran encima de la mesa del comedor mientras sus padres miraban horrorizados, por algún motivo le ponía a mil. Sentía como la polla se le despertaba dentro de los pantalones ante los sobeteos de León mientras él le sobaba la polla a su hermano.
—Mmmmmm….
—Mmmmm…
—Sigue así, cabrón —le susurró León acariciándole la entrepierna—. Disfrútalo…
—Mmmmm….
Al separarse ambos, Nicolás y Ben estaban sin aliento, aunque sonreían. León se apartó un poco, llevó la mano a la cintura y se bajó los pantalones de un tirón. Ben vio como su polla se balanceaba entre sus piernas, erecta, al volver a sentarse en el sofá.
—Mira esto. Mira como me tienes, potrillo —dijo sonriente cogiéndose la polla venosa con la mano—. Todo duro y cachondo. Se acuerda de ti.
Ben no pudo sino relamerse al ver esa polla grande y dura como una piedra con el capullo rosado y supurante de precum.
—Y parece que tú también la recuerdas —comentó León, disfrutando de como le comía la polla con la mirada, como si no hubiera otra cosa en el mundo, excitado.
Ben no pudo ni contestar; solo tenía ojos para esa polla, venosa, caliente y jugosa. Sintió que un hormigueo le recorría el culo, de solo pensar en como le había dado polla en los baños del centro comercial, los sonidos que hacía mientras se lo follaba como un animal.
No le importaba que sus padres estuvieran ahí al lado, en la cocina. Quería polla. Ya.
—Venga —dijo León y tirando de él para obligarlo a bajar del sofá par ponerlo entre sus piernas, delante de esa polla gorda y venosa—. Demuéstrale a mi hermano lo bien que se te da, y empieza a mamar.
Y lo amorró a su polla.
—Mmmmm…
—¡Aaaaah! —aulló por lo bajo él, disfrutando mientras Ben empezaba a chupar—. Pero que buen chico eres…
Nicolás para no quedarse atrás también se abrió la bragueta del pantalón y metió los dedos para sacarse la polla, y otra polla grande dura y venosa se unió a la fiesta. Se la empezó a masajear con tranquilidad mientras el chaval se la chupaba a su hermano.
—Mmmmm… mmmmm… mmmm…
—Oooh, pero qué bien lo haces, putito… —masculló León encantado de la vida, poniendo la mano detrás de su cabeza—. Ooooh, que bien… buen chico.
—Parece que tiene mucha practica —señaló Nicolás mientras se masajeaba la polla con tranquilidad, disfrutando del espectáculo y del morbo de que los padres del chaval estuvieran en la habitación de al lado.
—No tienes ni idea ¡Buaaaah! ¿Sabes, putito? Todavía no le he contado a mi hermano los detalles de como “intimamos” en los baños. Y que por eso sé que eres un chupapollas de primera… mmmm… joder… —suspiró y tiró del pelo para sacarle la polla de la boca, inclinándose sobre él, acercando mucho su cara a la de Ben, para que sintiera su respiración y León podía sentir su aliento en su cara—. ¿Qué me dices? ¿Le contamos a mi hermano la clase de puto que eres con todo lujo de detalles? ¿eh? ¿Lo hacemos antes de la cena y de la follada que te espera esta noche?
—Vamos —pidió Nico—. Ha sido mi tema de charla favorito desde que me lo contó.
Nicolás no podía apartar la mirada, él chico respirándole en la cara a su hermano, tirándole el aliento después de comerle el rabo. Le había contado por mensajes que había conocido a un puto de primera en los baños, y que le había follado el culo a tope, pero aunque le había pedido detalles el cabrón no había soltado prenda. Desvió la mirada —apenas un segundo— para lanzar un salivazo sobre su propia polla y siguió masajeándosela.
—Venga —le pidió—. Contadme la historia completa de una vez, vamos.
—¿Qué me dices? —le preguntó León a Ben—. ¿Se lo contamos?
—…Aja —respondió este y lanzó un lametón al aire. No llegó a tocar la cara de León pero este respondió también con otro lametón juguetón, y tras varios intentos sus lenguas estaban entrelazadas frotándose la una contra la otra, lamiéndose las bocas y la cara el uno al otro.
—Eres tan cabrón… —sonrió León cuando pararon, aun sujetándolo por el pelo—. Y tan cerdo… —sonrió—. Sigue comiéndomela, puta.
Y volvió a amorrarlo a su polla.
—Mmmmm…
—¡Aaaah! Joder…
Nicolás aceleró un poco el ritmo de su paja, y tuvo que contenerse para no decirle a su hermano que dejara de acaparar al hijo de sus anfitriones y se lo pasara para que también le chupase la polla a él. Quería comprobar si tenía tanto talento para hacerle gozar tanto como a él.
León se dejó caer hacia atrás en el sofá, con un suspiro relajado y colocó el brazo en el respaldo mientras dejaba la otra mano sobre la cabeza del chico chupapollas que seguía tragándose su polla con ganas, metiendo los dedos en esa mata de pelo castaño, masajeándolo con suavidad.
—Mmmmm….
—Pues… —empezó León, apartando la mirada de Ben para centrarse en Nicolás— fui al centro comercial de la ciudad, una buena zona de cruising donde los tíos van a follar. Y llegué allí, me puse a hacerme un pajote en los urinarios y veo a este fierecilla saliendo de uno de los cubículos después de comerse un buen rabo…
Nicolás rió de buena gana.
—Vaya, vaya, un habitual.
—Este pequeño cabrón salía de una de las cabinas —siguió León, orgulloso—. Salió con una sonrisa en la cara, como un buen puto, sonriente de que se le hubieran corrido en la boca, de haber tomado una rica ración de nutritiva corrida recién ordeñada. Como si fuera el puto amo del cotarro.
—Mmmmm…
—Ja.
—¡Pero si era el hijo de mi querido amigo…! El buen chavalín….
—Todo un chupapollas de los bajos fondos —comentó Nicolás, viendo como el chaval le chupaba el rabo a su hermano mientras él seguía masturbándose con suavidad.
—En cuanto lo vi mirándose en el espejo supe que necesitaba… un buen repaso. Que le enseñaran lo que era echar un buen polvo. Uno con mayúsculas —puntualizó León mientras Nicolás reía de muy buena gana mientras el chico seguía mamando—. Los putitos como este nunca tienen suficiente, ya sabes.
—Mmmmmm…
—Así… —dijo León atrayendo la atención de su hermano que estaba cachondo perdido y había acelerado su paja— que tras saludarlo lo metí en una de las cabinas, le follé la boca y le revente el culo como nunca se lo habían reventado. Para enseñarle quien manda a este cabrón. Deberías haber oído como gemía, el muy cabrito.
»Y luego resulta que me encuentro con mi amigo del instituto, su padre, y nos hacemos los tontos —dijo mientras se la sacaba de la boca para dejar la cara muy cerca de la de Ben—. Y les invité a merendar, ¿a que sí, cerdito? Después de darte rabo del bueno la necesitabas para recuperar energía.
Y se besaron.
—¡Joder! —exclamó Nicolás acelerando el ritmo de su paja y abriendo los ojos a más no poder mientras ellos se besaban—. Oye, ya esta bien; pásame a ese cabrón —intervino Nicolás mientras ellos seguían a lo suyo—. Para eso me has hecho venir a este barrio pijo de mierda ¿no? Para darle rabo y comprobar si es tan bueno como dices.
Ambos se separaron sin aliento y León le dedicó una sonrisa a su hermano.
—No —dijo—. Te he traído para que veas como me lo follo por el culo antes de la cena.
—¡Vete a la mierda! —rió su hermano—. Y pasa a ese putito para que compruebe lo bueno que es. O tendré que follármelo delante de sus padres durante la cena.
—¿Tú qué dices, putito? —le preguntó León a Ben—. ¿Te gustaría que mi hermano te follase el culo encima de la mesa mientras cenamos y que te rellenase el culo con polla y lefa?
—Polla —musitó Ben, implorante—. Quiero polla…
Eso hizo que Nicolás afilase aun más su sonrisa y sacó la lengua, chulo, y ansioso porque se pusiera a mamársela. Desde luego era un buen puto.
—Seguro que sí, cariño —le dijo León tranquilamente y luego se dirigió a su hermano—: Toma. Disfrútalo.
—Lo haré —dijo Nicolás cogiéndolo del pelo con suavidad para guiarlo hasta su polla.
León se acomodó en el sofá masajeándose la polla recubierta de babas de ese crío, mientras su hermano lo imitaba y lo ponía frente a la suya.
—¿Qué dices, chico? —le preguntó Nico—. ¿Eres un chupapollas de tanto calibre como dice mi hermano?
—Aja —le respondió Ben con una sonrisa, feliz de poder mamar polla.
Nicolás lo miraba sonriente y cachondo.
—Te vamos a reventar entre los dos, cabrón.
Ben le devolvió la sonrisa y se irguió un poco hasta situar su cara frente a la de Nicolás, respirando el uno en la cara del otro. Trató de acercarse, con intención de besarlo, pero Nicolás no lo permitió y se echó ligeramente hacia atrás, y le puso la mano sobre la cabeza.
—Ahora trabájate a mi polla, putito —dijo Nicolás
Y amorró a Ben contra su polla para que se la tragara entera, hasta los cojones.
–¡¡MMMMM…!!
—Ooooh, cabrón —masculló apretándolo contra sus cojones—. ¡Que boquita! ¡Ooooh, nene!
—Mmmmm —respondió Ben, mientras se la chupaba, haciendo suspirar a Nicolás.
—Joder —sonrió León mientras se la cascaba, encantado de ver como le chupaba a su hermano—. Dáselo todo, hermanito.
—Mmmm…
—Genial.
Ben chupaba la polla con ganas, que era un poco más grande que la de León, más gorda, y aun así no tenía problema para tragarla toda sin tener ni una arcada; tenía un talento natural. Y oírlos hablar así de él, llamándolo puta, cerdo y cabrón, le ponía aun más cachondo.
—Mmmmm… —masculló encantado
Nicolás lo sujetó con fuerza por la cabeza y con un gruñido empezó a mover la cadera y empezar a follarle la boca con ganas.
—¡Eres un chupapollas, joder! —gruñó—. ¡Aaaah!
—Tiene un gran talento —comentó León pasándose la lengua por los labios.
—Ooooh…
—Mmmm…
—Espera a que pruebes ese culo, Nico —sonrió León acomodándose en el sofá y pasando un brazo por el respaldo—. Te va a encantar.
—MMMM…
—Estas hecho para esto, joder… ¡Aaah!
Nicolás lo volvió a coger del pelo para sacarle la polla de la boca y acercarlo de nuevo a su cara.
—¿Quieres eso, cabrón? —le preguntó—. ¿Mi polla en tu culo?
—Síiiii…
—Ja —dijo León—. Chupapollas.
—Te follaré el culo. Te lo reventaré —le aseguró Nicolás a Ben—. Ahora chupa…
Y volvió a amorrarlo a su polla, pero esta vez sin hacer presión, para que se la chupara a su aire, recostándose en el sofá, despatarrándose y acariciándole la cabeza al chico para que mamase a su aire.
—¡MMMMPH!
—Oooooh —aulló Nicolás justo cuando Ross entraba en el salón con una fuente de comida—. ¡Jodeeer!
Eso llamó la atención de Ross.
—Eemmm, chicos…
—¿Sí? —preguntó León incorporándose un poco y girando la cabeza, para mirar a su amigo por encima del respaldo del sofá.
—La cena casi esta lista ¿Dónde…
—Oooooh…—aulló Nicolás.
—Jeje ¿Dónde está Ben?
—Ah, pues… —improvisó León mientras escuchaba como el chico se tragaba la polla de su hermano— ha dicho que iba a por algo a su habitación, su cargador de móvil, cascos o algo así. Bajará enseguida. Los chicos de hoy en día no pueden vivir sin la tecnología, ya sabes —rió—. Están enganchados.
Nicolás se incorporó un poco y se inclinó sobre Ben todo lo que pudo para susurrarle sin que le oyera el remilgado de su padre.
—Te voy a reventar el culo, joder.
—Mmmm…
—Bien —dijo Ross—. ¿Podéis ayudarnos a poner los platos en la mesa? Vamos a cenar ya.
—Sí, claro —dijo León oyendo como Ben mamaba rabo—. Sin problema.
Por suerte a Ross no se le ocurrió acercarse, o habría visto el pedazo de cena que se estaba zampando su hijo por adelantado.
En cuanto Ross se largó a la cocina Nicolás dejó que Ben se sacara su polla de la boca, para que pudiera hablar por fin. Ambos hermanos se levantaron para meterse las pollas en los pantalones mientras Ben los miraba todavía de rodillas.
—Puta cena —masculló Nicolás mirando a Ben guardándose la polla en la bragueta como podía—. Iba a reventarte el culo aquí mismo, nene. Me muero de ganas por probarlo.
—Te encantará —le aseguró su hermano cerrándose la bragueta.
Ben les sonrió de rodillas en el suelo y fijándose en que ambos hermanos marcaban buenos paquetes con esas pollas calientes y duras como rocas en sus pantalones.
León le tendió la mano y le ayudó a levantarse.
—Deja algo para luego, Nico —le dijo poniendo un dedo bajo la barbilla del chaval para mirarle a los ojos—. Lo mejor estar por llegar.
—Y más vale que no nos haga esperar mucho —dijo Nicolás, muy chulo—. O habrá que dárselo todo sin importar que los padres se enteren del puto que tienen en casa.
Ben se dio la vuelta poniendo las manos sobre esas pollas duras y acariciarlas por encima de los pantalones.
—Estoy deseando jugar con vosotros dos y poder repetir.
—Joder…—masculló Nicolás.
—Mmmm.. —dijo León mirando cómplice a su hermano mientras el chico les sobaba las pollas. «Ya ves lo puto que es».
León cogió a Ben y se pegó más a él después de ese sobeteo.
—Este crio es un maquina —le dijo a Nicolás.
Y lo besó.
Ambos bebieron de ese beso y aunque Nicolás torció el gesto no pudo evitar sobarse la polla viendo como se comían los morros.
—Te voy a reventar, puto chupapollas —le prometió Nicolás.
Ben sonrió encantado y sin aliento después de semejante morreo.
—Eso espero.
—Venga —dijo León—. Vamos a ayudar a terminar de poner la mesa.
Y cuando Nicolás pasó junto a Ben aprovechó para darle un buen repaso a ese culo al que se iba a follar.
—Pero qué buenos invitados —dijo el adolescente, burlón.
—Putos modales —dijo Nicolás ganándose una sonrisa de Ben.
León y Nicolás fueron a la cocina y Ben se quedó en él sofá; ambos padres les agradecieron la ayuda. A Nicolás le dieron una jarra de agua y cuando salió de la cocina Ross se llevó a León hasta un rincón de la estancia para que no les oyera su mujer que estaba a los fogones.
—Oye, dile a tu hermano que controle un poco lo que dice ¿vale? —le dijo Ross con todo el tacto que pudo—. Tenemos un adolescente en casa y es un buen chico. Y no queremos que piense que los adultos hablan así.
León pensó en el berrido que había pegado su hermano justo cuando Ross había entrado en el salón. «No ha podido evitarlo, tío —pensó—. Tu chico de oro le estaba comiendo la polla, y tiene mucho talento. Le pone mucha pasión y dedicación al folleteo».
—Sí, claro —respondió León, todo cortés, aguantándose las ganas de decirle a su amigo el pedazo de chupapollas que era su hijo—. Perdónalo, es que no se le puede sacar de casa —rió—. Le diré que se controle, no te preocupes.
—Gracias.
—No hay de qué —dijo mientras salía de la cocina pensando en como se había follado a su hijito perfecto y en como comía polla, por la boca y por el culo, el muy hijoputa. «Anda qué… tu niñito se quitó la correa hace tiempo y come pollas como tú bebes agua, puto santurrón».
—¿Pero…? —masculló Nicolás un rato más tarde cuando lo apartó a un rincón del salón para transmitirle el mensaje de Ross—. ¿Qué yo me controle? Si es un chupapollas salido, ¡joder…!
—Lo sé.
—Lo va pidiendo —insistió Nico, irritado.
—Lo sé —repitió León—, pero ¿qué quieres qué te diga? Si nos echan no podremos follárnoslo.
Nico miró por encima del hombro de su hermano y León no tenía que ser adivino para saber que estaba mirando al sofá, donde estaba Ben viendo la tele, tan pancho.
—Será…
—Compórtate ¿vale?
Nico gruñó, irritado: no le gustaba que le dijeran lo que tenía que hacer.
—O podríamos follárnoslo delante de ellos y que les den por el culo a esos putos pijos —sugirió, resentido—. El hijo esta más salido que un mono, y los padres son unos gilipollas lameculos. Y no en el buen sentido.
—Anda, gilipollas, no me des esas ideas. Tú solo… intenta no follarte al cabrón delante de sus padres, y comete la jodida cena —le dijo León—. Luego tendremos toda la noche para que nos coma la polla.
Nicolás lo miró, y bufó molesto.
—Venga, vamos a cenar antes de que se me acabe la paciencia. Me cago en todo —refunfuñó dirigiéndose de nuevo a la cocina.
—Bueno, Nicolás —dijo Ross unos minutos más tarde cuando todos estaban sentados a la mesa y con los platos llenos de comida—. ¿Cómo te trata la vida en la carretera?
—Bien —respondió él esbozando una sonrisa—. Cada día es como una aventura.
—Oh, qué bien, ¿y cómo piensas pasar las navidades…?
León conocía lo bastante a su hermano como para reconocer que esa sonrisa que estaba poniendo era la de «no te parto la cara porque no puedo». Y Ben también parecía entenderlo, porque sonreía travieso mientras se llevaba el tenedor a la boca.
León pensó que para ser tan joven ese chico tenía que tener un cuentakilómetros impresionante.
«Tu chavalín de oro es un cabroncete de oro, Ross —pensó—. Y esta noche va a recibir por todos sus agujeros».
Esa noche se iba a enterar.
Tragó el bocado que tenía en la boca antes de unirse a la conversación:
—Bueno, pues hasta ahora la cosa…
*—-*
Después de la cena su padre había entrado en el salón con mantas para Nicolás que pasaría la noche en el sofá y les había ofrecido los pijamas; ambos habían dicho que no hacia falta, pero él había insistido.
—No seáis tontos, sois nuestros invitados. No vais a dormir con ropa de calle —había dicho su padre.
Ben había pensado, aguantándose la risa, que probablemente sus invitados preferirían dormir desnudos —y con las pelotas al aire, y las pollas metidas en el culo de su hijo— antes que llevar eso puesto.
Así que, para tener la fiesta en paz, habían aceptado los pijamas y tras ir al baño habían vuelto vestidos con dos pijamas idénticos de color azul claro que obviamente les venían grandes, con camisas perfectamente abotonadas y mangas anchas y pantalones que casi podrían usar como tiendas de campaña. Y por sus caras no querrían que los vieran con eso puesto en la vida; Ben sonrió divertido.
—Deberíamos sacar una foto —comentó de pie junto al sofá—. Para recordar el momento. Ya casi es Navidad. Podríamos usarla en alguna postal; mandarla a algunos grupos de WhatsApp —sugirió.
—¡Es una gran idea! —exclamó su padre—. Muy buena idea.
—No, oye tío yo te mandaré…
Mientras León acaparaba la atención de sus padres Nicolás se acercó a Ben disimuladamente y le dijo:
—¿Qué tal unas fotos de nuestras pollas en tu culo? —le dijo en un tono más bajo para que no pudieran oírlos—. O uno follándote el culo y el otro la boca, cabrón.
—Sería una postal navideña preciosa —le replicó Ben que no dejaba de vigilar a sus padres mientras hablaban con León sin poder contener la sonrisa de lo bien que se lo estaba pasando. Nicolás se colocó detrás de él acariciándole el cuello para deslizarlas sobre los hombros—. Y sin ropa, además.
Nicolás se inclinó hacia adelante para haberle al oído.
—Una buena foto que capte bien lo mucho que a su adorado hijito le molan las pollas grandes y gordas, y lo cabrón y chupapollas que es.
Nicolás se sacó la polla empezó a mover su entrepierna contra el culo del chico, restregándose contra él, y Ben deseó ponerse de rodillas para poder encargarse de ese pedazo de rabo que calzaba el cabrón de Nico.
Miró a sus padres que en ese momento estaban de espaldas a él hablando con León —«Pues seria buena idea quedar y que nos viéramos todos. Podríamos…» le estaba diciendo su padre—, que desvió la mirada un segundo para mirarlos y ver como Ben se mantenía de pie mientras su hermano lo trajinaba por detrás y lo sobaba a placer. Ben esbozó una sonrisa relajada para que supiera, que fuera lo que fuera que hacia su hermano le hacía sentirse muy bien. Sentía el rabo duro de Nicolás dándole restregones contra su culo por encima de los pantalones y su respiración contra su oreja, mientras este movía la cadera con la boca ligeramente abierta y los ojos cerrados, disfrutando del momento.
—Eso sería genial…—le replicó León a su padre, centrándose de nuevo en él—. Podríamos volver más adelante y…
Nicolás se pegó más a él y siguió restregándole el rabo por el culo un poco más y Ben tuvo que contenerse para no morrearse con él ahí mismo; dudaba que sus padres no fueran a darse cuenta de que su invitado y él se comían los morros como animales en celo.
Al final Nicolás se apartó dejándole a Ben el culo bien caliente, y al chico con ganas de sentir esa polla en su culo. Pero cuando se apartó vio que Nico calzaba una autentica tienda de campaña dentro de los pantalones del pijama, y se preguntó como se la iba a esconder a sus padres hasta que se fueran al piso de arriba, donde dormían. Sorprendentemente se las apañó para sentarse en el sofá y ponerse la manta todavía doblada sobre las piernas para disimular ese pedazo de rabo enorme y duro ahí debajo.
—Veré la tele un poco antes de dormir —le dijo Nicolás cuando sus padres se despidieron de sus invitados—. A ver que echan.
—Bien, pues todos a la cama —dijo Ross—. Y que paséis una buena noche.
Normalmente puede que Ben hubiera protestado o le hubiera dicho a su padre que quería ver un poco la tele, pero esa noche se calló para no discutir y subió con ellos mientras León los acompañaba al vestíbulo, que le pillaba de paso para ir a su habitación, y les deseaba una buena noche a sus anfitriones; la habitación para invitados estaba en la de abajo; León dormiría allí y Nico en el sofá.
Ben empezó a subir las escaleras detrás de sus padres y cuando giró la cabeza para mirarlo vio como León se llevaba el puño a la boca y lo movía adelante y atrás haciendo una mamada invisible y lenta; la mejilla que se inflaba como si estuviera recibiendo un capullo enorme y duro, para luego señalarle a él y al final sobarse su propio paquete.
Ben no pudo sino sonreír y desear que sus padres pusieran el turbo y se metieran en la cama más rápido de lo que jamás lo habían hecho en su vida, y que cerraran la puerta de su habitación para que él pudiera salir a jugar.
Joder. Qué ganas…
Estuvo esperando en su habitación cerca de quince minutos, mientras sus padres, en la habitación del fondo del pasillo se aseaban y se preparaban para dormir, y cuando el reloj dio las diez salió, listo para la autentica diversión, cerrando la puerta de su propia habitación.
Iba descalzo para hacer menos ruido, y notaba el suelo de mármol caliente bajo sus pies y el ambiente era cálido, lo bastante para que la ropa casi resultase molesta.
Recorrió el pasillo y llegó a las escaleras, no le sorprendió ver que la luz de la tele asomaba por la puerta doble del salón, mientras oía a Wyoming desde lo alto de las escaleras.
Solo había bajado tres escalones cuando Nicolás salió tranquilamente del salón y se lo quedó mirando desde la parte baja de las escaleras. Se había desabrochado todos los botones de la camisa de forma que ahora la prenda parcia bailar a su alrededor de lo grande que le venía, y su abdomen fuerte y musculoso estaba a la vista. Duro como una piedra.
Y por cómo se lo estaba comiendo con la mirada, Ben supo que la fiesta estaba a punto de empezar.
*—-*
Nicolás se unió a él al pie de las escaleras. Con la única luz de la tele del salón, ese abdomen duro y esos pectorales hacían que se le hiciera la boca agua.
—Ya pensaba que iba a tener que subir a buscarte —dijo Nico cuando Ben llegó al pie de la escalera, pasando la mano por su cintura para pegarlo a él con una sonrisa—. Ven con papá.
Y lo besó.
Fue un beso fuerte, pasional, con ganas, después de todo lo que le había hecho esperar. Sus lenguas jugaban mientras las manos de Nicolás se pasaban por su pecho bien marcado y fuerte y Ben deslizaba la suya por la entrepierna de esos pantalones de pijama para agarrar esa polla dura como el acero, ahí dentro, sin calzoncillos, levantando esa enorme tienda de campaña.
Los labios de Nicolás se movían sobre los suyos… sus manos sobre los hombros mientras sus lenguas se frotaban la una a la otra, lamiéndose mutuamente. Los dedos de Nicolás se metían en esa mata de pelo caliente. Y Ben podía notar como su propia polla iba endureciéndose otra vez, a cada refrote, poniéndose dura y firme; lista para la acción.
Cuando se separaron podía sentir el aliento de Nico en su cara. Ben acarició aquella tienda de campaña y agarró esa polla dura y caliente con suavidad. Había una mancha húmeda en los pantalones, de todo el precum que estaba tirando. Ese rabo exigía ser ordeñado.
—Diría que alguien tiene muchas ganas —dijo con una sonrisa—. ¿Vas a follarme antes de que tu hermano pueda participar?
—Él puede follarte después. Todavía estamos uno a cero; me lleva un polvo de ventaja —dijo Nicolás divertido, quitándose distraídamente de la camisa del pijama y dejándola caer al suelo y mostrando sus brazos fuertes y su abdomen y espalda fuertes y anchos—. Pero eso no es lo que tú quieres ¿verdad, putito? No. Tú quieres que te follemos entre los dos, que te demos rabo a la vez ¿a que sí? Los dos hermanos a la vez… Pequeño cabroncete salido —suspiró—. Anda, vamos a ver a León. Llevo toda la puta cena queriendo follarte delante de tus padres.
—No lo había notado —replicó él, divertido—. Podrías habérmelo dicho y haberte tirado el agua en los pantalones —añadió él con una sonrisa mientras echaba a andar, por el pasillo que comunicaba con el vestíbulo. Nicolás lo siguió—. No me habría importado ayudar a limpiarte en el baño.
—Seguro que no —afirmó él—. Cabrito hijo de puta.
Con esa sonrisa y sin dejar de andar Ben volvió a acariciar esa tienda de campaña que calzaba el hermano mayor.
—Con los invitados doy un servicio VIP —bromeó mientras le masajeaba ese enorme paquete.
—Como debe ser —rió Nicolás—. Hasta ahora eres lo único que me ha gustado de toda esta experiencia de pijos inaguantables.
—¡Oooh! ¿La cena no te ha gustado?
—Tú eres mi cena, encanto.
Ben sonrió, travieso.
—Que sepas que esa critica a la cocina de mi madre la ofendería mucho.
—Bueno —replicó Nicolás avispado—, no es que me importe lo que pueda pensar tu madre, pero a ti también te ha cocinado ella, y a ti sí que pienso disfrutarte a fondo.
Ben rió divertido mientras llegaban al final del pasillo.
—Enserio —sonrió Nico—, hasta podría dejar una reseña: “La comida es una mierda, pero el hijo que su madre cocinó en sus entrañas, es la HOSTIA. Tiene una boquita… Chupa pollas como nadie, todo un profesional del oficio. Y el culito… ¡que no pase hambre! ¡buah! Diez estrellas”.
Ben rió, divertido.
PARTE 4
Entraron en la habitación de invitados sin llamar. Y se llevaron una sorpresa.
La habitación de invitados era bastante simple, apenas una estancia cuadrada con una cama doble que ocupaba la mayor parte de la estancia y un par de muebles decorativos.
León estaba tumbado del revés en la cama, con los pies sobre la cabecera, y ya estaba completamente desnudo. Y se estaba cascando un pajote con toda tranquilidad. Tenía un cuerpo fuerte, como el de Nicolás aunque un poco más delgado, era fuerte y musculoso. Los pantalones del pijama estaban tirados en el suelo y la camisa colgaba de cualquier forma de la cabecera de la cama.
—Por fin llegáis —dijo girando la cabeza para mirarlos mientras Nicolás cerraba la puerta de la habitación—. Empezaba a pensar que os habríais puesto a jugar en el salón y que tendría que salir a buscaros, en pelota picada, como Dios me trajo al mundo, desnudito.
—Pues por mí puedes seguir cascándotela —dijo Nicolás bajándose los pantalones de un tirón quedándose completamente desnudo; su polla salió tiesa, dispuesta a un buen bombardeo—. Nosotros vamos a lo nuestro.
—Ya te gustaría —le replicó su hermano bajando las piernas de la cabecera, sentándose en la cama.
Ben no desaprovechó la ocasión para sobar la polla dura de Nicolás, grande y gorda; todavía estaba cachondo del jugueteo del vestibulo.
—Hola, cabrito —lo saludó León reuniéndose con ellos—. ¿Me has echado de menos? —le preguntó, y se inclinó para plantarle un beso en la boca, metiendo la lengua dentro y jugueteando con él, lamiéndose mutuamente.
Aquello era genial.
Nicolás se mantuvo al margen y se cascó la polla viendo como se besaban, sin intervenir, masajeándosela tranquilamente. Dejó que el beso se prolongara y, cuando vio que ya había durado bastante, cogió la parte baja de la camiseta de Ben y empezó a subírsela para quitársela. Ambos interrumpieron el beso y se separaron lo justo para que pudiera sacarle la camiseta por la cabeza.
—Ya está —dijo Nicolás, tirando el molesto trapo a un lado—. Mucho mejor.
Ben se giró a mirarlo. Sus pupilas eran del tamaño de aceitunas de la excitación, sonriente y cachondo.
—Menudo pecho lobo gastas, chavalín —dijo Nicolás sobándole los pectorales con una de sus manazas. El chico sacó pecho, con orgullo y Nico le pellizco el pezón con suavidad—. Llevo toda la puta noche queriendo hacer esto.
—¿Te gusta? —preguntó Ben.
—Mucho —respondió él, acercando su cara a la suya y plantandole otro morreo—. Mmmmm…
—Mmmmmm…
León se relamió mirándolos, y luego se acuclilló y le bajó los pantalones a Ben para sacárselos lanzarlos como Nico había hecho con la camiseta, y en lugar de incorporarse agarró ese culo firme con las manos y lo masajeó… esos cachetes jugosos…
—¡Mmmmm! —masculló mientras ellos se morreaban. Gruñó del gusto mientras masajeaba ese culo encantador, abriéndolo con los dedos—. Cómo he echado de menos este culito…
Escupió en esa raja y se abalanzó sobre él, metiendo la cara y empezar a lubricar ese culo con la lengua, disfrutando del cerdeo y sintiendo como el chaval daba un suave respingo mientras seguía comiéndose los morros con su hermano. Sacó la lengua de ese culo lo justo para relamerse y darle un cachete, disfrutando de su firmeza, antes de volver a ponerse a trabajarse ese culo, usando la lengua a fondo. Y con el morbo añadido de que Ross, el padre del chaval, estaba durmiendo en la habitación del piso de arriba. Estaban en una puta mansión pero, si ponían el volumen al máximo…, papá y mamá sabrían lo putito que era su chico. Y puede que León perdiera un amigo, pero ganaría un cabrón chupapollas de primera. El riesgo merecía la pena.
Y a Nico los padres del chaval directamente se la soplaban. Probablemente podrían entrar y él seguiría a lo suyo, estaba hasta los cojones de jugar a ser el buen samaritano delante de esos pijos. Y León no podía culparle: era un coñazo.
Volvió a meter la boca en ese culo, con un gruñido, devorándolo mientras Nicolás y el chico se comían los morros. Al separase se miraron mutuamente, completamente relajados y cachondos, con ganas de desfogar, muchas ganas. Ben podía sentir como León le comía el culo.
—Mmmm… —masculló antes de hacer un sonido de succión y luego sacar la lengua para darle unos lametones a esa raja con la cara pringada de sus propias babas—. ¡¡Daaagh!!
—Es la hora de jugar —dijo Nicolás con voz tranquila acariciándole la cara a Ben—. Llevo toda la noche esperando esto.
—Sí —dijo León, dándole un cachete, poniéndose de pie—. Vamos a ponernos con esto de una vez. Venga.
Nicolás le puso la mano en el hombro a Ben.
—Hora de volver a chupar, chaval. Sé que te encanta.
Ben no se resistió y con una sonrisa se puso de rodillas mientras León se ponía junto a su hermano.
Ambos hermanos se colocaron frente a Ben poniéndolo entre ellos con las pollas duras y listas para la acción, y él les sonrió y cogió ambas pollas masajeándolas, disfrutando de su calor. Ambas tenían un olor fuerte y penetrante que le ponía a cien.
Lamió la polla de León listo para engullirla, y León sonrió con suficiencia, listo para que se la chupase, pero en el ultimo segundo Nicolás le sujetó la cabeza con suavidad echándole la cabeza hacia atrás, impidiendo que se pusiera a mamar.
—Eh, eh… Ahora me toca a mí ser el primero —dijo.
León sonreía divertido.
—¿Qué pasa? ¿Te molesta ser el segundo? Obviamente el chico sabe donde esta la calidad…
—Oye, hijo de puta, a ti ya te la ha chupado antes.
—¿Y a ti no? —le replicó León—. Yo era el que estaba de chachara con sus padres mientras tú casi te lo follas en el salón, so cabrón.
—Como tú mismo has dicho, la palabra «casi» hace que eso no cuente, so mamón, porque no me ha comido la polla.
—Si llego a llevarme a los padres a la cocina se la habrías metido en el sofá —replicó León con una sonrisilla, como si encontrase divertida la idea.
—Pues haberlo hecho. Le habría echado, un polvo exprés de la hostia… Además —añadió con una sonrisa de suficiencia—, yo soy el mayor.
—Y el que más arrugas tiene, joder. ¿Qué tienes cinco años? Seguro que sus padres os habrían pillado y habrían llamado a la policía.
—O no y…
—¿¡Quieres dejar de hacer el idiota, joder!? —rugió León—. Sabia que no tenía que haberte contado nada de esto.
—Como si me hicieras un favor… —bufó Nicolás—. Solo lo hiciste para darte aires, como siempre. Cabrón presumido. No necesito que me hagas favores para follar. Puedo arreglármelas yo solito.
Ben aun estaba entre sus piernas, y no podía negar que estaba disfrutando con la discusión, miraba a cada hermano cuando hablaba para replicarle al otro mientras masajeaba ambas pollas con suavidad, aunque ambos estaban empezando a subir el tono, y si seguían así sus padres los pillarían antes de que lo bueno hubiera empezado.
—Oye, hijo de puta… —dijo Nicolás.
—La misma que te parió a ti, joder —le replicó su hermano, elevando aun más el tono.
Ben agarró la polla de Nicolás y la engulló, disfrutando de lo grande y dura que estaba y del sabor de tener esa cosa caliente en la garganta.
—Que sepas que…
Lo que fuera a decir Nicolás terminó en un gemido y ambos miraron hacia abajo y se encontraron a Ben mamando.
—¡Aaaah! —gimió Nicolás poniéndole la mano con suavidad detrás de la cabeza del chaval, metiendo los dedos en esa mata de pelo castaño—. Buen chico…—Y luego miró a su hermano, bastante chulito—. Parece que ya ha solucionado él el problema. Y Me gusta —añadió—. Tiene iniciativa.
—Cabrón —ladró León poniéndole mala cara, aunque no hizo nada por detener a Ben, que seguía chupándole la polla a su hermano.
Nicolás simplemente sonrió y se limitó a disfrutar de la mamada, centrándose en Ben mientras León se puso a cascársela mientras veía como se la chupaba a su hermano.
—Eso es, cariño… —le decía Nicolás, disfrutando—. Buen chico…
—Mmmmm….joder —dijo Ben, sacándosela lo justo para darle un beso a ese capullo enorme y rosado.
—Sigue chupando, cielito… eso es…
—¡Mmmmm!
—¡Ooooh! ¡Muy bien! —gimió Nicolás con cara de felicidad—. ¡Aaaaah! ¡De lujo!
León se la cascaba, cabreado con su hermano, pero también excitado de que estuviera disfrutando de la mamada del chaval. Como decían la polla y la cabeza eran independientes la una de la otra: podía estar cabreado con su hermano, pero seguía estando cachondo.
—¡Joder, Nico, eso es… dáselo todo! —dijo cascándosela con ganas—. Fóllate esa boca, joder…
—¡Mmmmm…!
Nicolás rió aunque no pinchó más a su hermano, sabía donde estaba la línea. Y estaba disfrutando de una muy buena mamada de ese chico.
—¿Has oído eso, cabrito? —le dijo a Ben—. León nos da su bendición. A que te gusta eso, ¿eh? —E hizo presión para meterle la polla entera en la boca, hasta los cojones.
—¡Mmmmm!
—¡Aaaah! —gruñó León, cascándosela—. Joder…
Siguieron follando con tranquilidad, dándole polla al chaval y León mirando y cascándosela con ganas, musitando guarradas, evidentemente lo disfrutaba. Hasta se acercó a cascársela junto a la cara de Ben, pasándole la polla por la mejilla con total tranquilidad mientras este seguía chupándosela a su hermano.
—Mmmmmm…
—¡Ooooh! —aulló Nico, feliz, con los ojos entrecerrados.
—Deja de acapararlo, cabrón —le ladró León.
Nicolás abrió los ojos y le sonrió a su hermano y viendo por donde iban los tiros apretó la cabeza a Ben contra su polla, obligándole a comérsela entera y moviendo la cadera follándole la boca…
—¡MMMMMM! —decía Ben mientras le sujetaba con fuerza la cabeza—. ¡MMMMM!
Nicolás le folló la boca durante unos segundos más con una sonrisa antes de soltarle la cabeza y dejar que Ben se la sacase de la boca dejándole la polla toda llena de babas que le goteaban por los cojones.
—Buen chico —le dijo a Ben que respiraba agitadamente.
Le sonrió.
—Si no estás demasiado ocupado —intervino León colocándose delante de él y dándole unos golpecitos en la cara con su polla dura—. Mi turno, por favor.
Ben se dio la vuelta y se puso a mamársela con tranquilidad y Nicolás miró a León con una sonrisa.
—Que egoísta te has vuelto, hermanito —le dijo burlón mientras se cascaba la polla llena de babas de Ben—. ¿Ya se te ha olvidado lo que es compartir?
León lo miró bastante cabreado, pero aun así no contestó, y se centró en Ben, que le estaba chupando la polla.
Nicolás se paso un rato cascándosela viendo como su hermano le daba polla, y luego se puso de rodillas detrás de Ben y pego su cuerpo a la espalda dura del chaval, tan caliente que casi quemaba, para besarle el cuello y la zona de la mandíbula y acariciando ese cuerpo joven y fuerte, notando su propia polla acariciando la espalda del chaval.
—Mmmm…
—Eso es campeón —le susurró Nicolás dándole un beso en el cuello—. Sigue chupando. —Otro beso en la mandíbula, justo debajo de la oreja—. Eres un mamador nato, si señor —dijo pasándole las manos por el cuello, sintiendo su garganta mientras le chupaba la tranca a León que movía la cadera con suavidad—. Y vas a disfrutar un montón de esto. Y nosotros también…
Nicolás fue acariciando ese cuerpo joven, ese pecho de lobo musculoso y bien trabajado en el gimnasio y esa tableta bastante bien definida hasta llegar a la polla del chaval y empezar a masturbarlo desde atrás.
—Mmmm…
—Eso es —le dijo Nicolás, masturbándolo—. Sigue así. Vamos…
León gimió del gusto mientras le sujetaba la cabeza.
—¡Aaaah! ¡Joder!
—¡Mmmm…!
—¡Aaah!
—Eso es —le susurraba Nicolás lamiéndole la oreja—. Trágatela toda, nene. Disfrútala. ¡Mmmm! ¡Traga, joder! ¡Hasta el fondo! —rugió.
Puso la mano sobre la de León para obligarle a metérsela hasta el fondo… Y Ben abrió los ojos, enormes y excitados.
—¡OOOOH! —bufó León y apretó con ganas la cabeza del chaval obligándolo a tragar polla y provocándole una arcada pero sin ceder—. ¡JODER! ¡AAAAAH!
Y empezó a follarle la boca como había hecho su hermano, moviendo la cadera mientras Ben hacía lo posible por engullirla toda y babeando esa polla enorme. León lo miraba desde arriba, excitado y disfrutando, y Nicolás tenía toda su atención centrada en Ben, y lo masturbaba mientras se relamía viendo como se las apañaba con la polla de su hermano, presionando su cabeza para que la engullera toda. Sonreía mientras se relamía.
—¡BUAAAH! —bramó León, sin dejar de bombear—. ¡JODER!
—La hostia… —sonrió Nicolás—. Sigue tragando, cabrón.
—¡MMMMM!
León rugió y echó la cabeza hacia atrás, encantado y excitado, follandole la boca al chaval a plena potencia.
Lanzó otro «¡Buah!» aun más prologado y alto que el anterior disfrutándolo, follándose esa boca, mientras Nicolás masturbaba con ganas esa polla joven y dura, agarrándola con fuerza y besando al chico en la cara, en el cuello, sus hombros desnudos… abrazándolo por detrás mientras el chico se la chupaba a su hermano, susurrándole guarradas.
—Eso es…sigue chupando… —Le besó en la mejilla sin dejar de masturbarlo—. Puto guarro, cabrón…
—Mmmmm…
—Muy bien…
—¡OOOH! —aulló León follándole la boca—. ¡Hostia puta!
—Puto cabrón.
—Mmmmm…
Nicolás retiró el abrazo y llevo las manos hacia abajo para agarrarle el culo al chico y anunció:
—¡Joder! ¡Me voy a follar este culo hasta reventártelo!
León dejó de prestarle atención a Ben para mirar a Nicolás, mosqueado.
—¡Eh! ¿Por qué tienes que ser el primero en metérsela? He sido yo el que a preparado ese culo.
—¿Ah, sí? Pues yo paso de cascármela y que tú seas el único que se lo folla. Aprende a compartir, joder.
—No, yo soy…—empezó a replicarle León.
—¡Estoy harto de tus gilipolleces, joder! Tú usas su boca y yo le doy por el culo —le replicó Nicolás, subiendo el tono—. Es lo que yo entiendo por justo, puto acaparador.
—No, yo…
Pero Ben ya veía que la cosa iba subiendo cada vez más y se sacó la polla de la boca —por suerte León estaba más centrado en Nicolás que en su mamada así que no pudo sujetarlo— y exclamó un «¡Aaah!» mientras respiraba agitadamente.
—¿Y si dejáis de discutir y me folláis cómo os dé la gana? —sugirió con una sonrisa cansada y babas cayéndole por la barbilla—. Soy todo vuestro, chicos. Solo folladme y dadme polla. Los dos. Folladme. Es lo que quiero.
Ambos hermanos no pudieron rebatir eso y sonrieron mutuamente.
—¡Oooh! —dijo Nicolás besándole la espalda, y subiendo por su espalda para besarle el cuello—. Pero qué putito tan cachondo…
Ben se giró hacia Nicolás mientras este le daba un beso en el cuello, pero León se inclinó cogiéndolo de la barbilla y mirándole directamente a los ojos.
—Eres nuestro puto —afirmó León y la sonrisa de Ben se acentuó mientras Nicolás le besaba la oreja antes de meterle la lengua con suavidad—. ¿Eso es lo que quieres, cabrito, eh? ¿Nuestras dos pollas dentro?
Nicolás aún lamiéndole la oreja, hizo un sonido que pretendía decir «Aja, eso el lo que quiere, hermanito. Dos pollas grandes, dándole a fondo.»
—Sí —respondió Ben mientras Nicolás no paraba de darle besos por su cuello—. Folladme entre los dos, joder. Reventadme, cabrones.
León le sonrió y arrugas aparecieron alrededor de los ojos. Y le plantó un beso salvaje metiendo la lengua en su boca y saboreando esa boca que le había comido la polla a él y a su hermano, disfrutando del morbo.
Cuando se separaron León le dio una suave lamida a esos labios.
—Muy bien —dijo—. Vamos a la cama, putito, después de todo para eso está. Y te daremos lo tuyo.
*—-*
Fueron a la cama; las rodillas de Ben lo agradecieron.
Nicolás se tumbó boca arriba y Ben se subió encima de él, sobre su cadera, entre sus piernas, listo para que empezara la follada. Nicolás le dio azotes en ambos cachetes, ayudándole a tomar posición sobre su polla, y León se subió sobre la cama, listo para darle a ese chico la follada con letras mayúsculas que tanto quería.
—Sí, joder —celebró Nico feliz—. Hora de reventar este culito, sí señor.
—Los dos —puntualizó León detrás de Ben—. Eso es lo que el pichón quiere ¿verdad, pichón?
—Aja —asintió él.
—Pues claro —dijo Nicolás todo sonrisas—. Me chiflan los culos. He estado esperando esto toda la puta noche.
—Y todo el día también —añadió León palmeando con suavidad la fuerte espalda desnuda del chico—. Lleva queriendo conocerte desde que le hablé de ti.
Ben giró la cabeza dedicándole a León una sonrisa traviesa.
—Con que querías que la cosa quedara en privado ¿eh?
—Solo le conté detalles, lo justo para dejarle con ganas —replicó León con una sonrisa y Nico hizo un sonido que venía a decir «lo sabía»—. Y es mi hermano ¿cómo voy a tener secretos con él?
Nicolás soltó una risita bajo el cuerpo de Ben, con su polla tanteándole el culo.
—En cuanto os pirasteis del centro comercial me lo contó —dijo, con los ojos achinados y una amplia sonrisa, divertido—. Creo que tenía miedo de que se le olvidase algún detalle importante.
—Solo fue para hacerle la boca agua y que chorrease por ti, ricura —le dijo León a Ben.
—Aja… —sonrió Ben, notando como la polla de Nicolás entraba dentro de su culo haciéndole soltar un gemido—: ¡Ah!
—Tómalo todo, nene —sonrió Nicolás—. Vamos, que tú puedes. Y quieres. Eres un putito excepcional. Muy bien… —gimió—. Hasta el fondo. Como un buen puto. Muy bien.
Nico dejó escapar un gruñido mientras su polla iba entrando en ese culo y Ben soltó otro gemido:
—¡Aaah!
Ben tenía que admitir que ese cabrón tenía una polla enorme, joder. Sintió como le llenaba por dentro. Estaba tan concentrado en la tranca de Nico que casi se había olvidado de León, que estaba de él tenía una mano sobre su hombro.
—Eh, yo también entro aquí —dijo él con una sonrisa.
—No… —murmuró, «espera un segundo» quería decir, pero seguía sin habla. Apenas se fijó. en la sonrisa de Nicolás.
—Venga —León sonreía traviesamente—, donde caben dos caben tres ¿No?
Ben gimió. Eso era lo que siempre se decía en las porno, pero era imposible tener esos dos rabos dentro… lo iban a reventar, joder… Sin embargo León pareció encontrar una entrada, y apoyándose más contra su espalda y gruñendo sintió como la polla de León le iba entrando en el culo, deslizándose, como si tuviera el culo cubierto de mantequilla.
—¡Aaah! —gimió León metiéndosela, mientras su polla se deslizaba dentro de él con toda tranquilidad, deslizándose junto a la de su hermano.
—¡AAAAH…! ¡AAAAAAAH!
El gemido de Ben fue más bien un grito al sentir esas dos pollas perforándolo por dentro, llenándolo a más no poder, sintiendo como ahora las pollas enormes de esos dos estaban dentro de él, apretándose entre ellas, duras como piedras, y rellenándolo a más no poder, como si fuera a explotar. Y esta vez nadie le tapó la boca para amortiguar el ruido.
León rugió mientras Nico lo miraba disfrutando de las caras que ponían los dos, pero sobre todo Ben, esperando a que la polla de su hermano terminase de entrar del todo.
Ben ahogó un grito como pudo. Podía sentir como ambos sonreían y disfrutaban de estar rellenándolo como un puto pavo de Navidad. Un pavo de Navidad que estaba a punto de reventar, joder… Esas dos polla lo estaban rellenando a base de bien…
Volvió a gemir, sin poder contenerse, con León bufándole en la espalda.
—Cuidado, putito —sonrió León—. O tus padres podrían pillarnos.
—Sí —concordó Nicolás—. Tus padres podrían oír tus berridos y bajar a ver que pasa… Y se encontrarían esta preciosa estampa: a su hijito querido siendo nuestra puta particular y con nuestras dos pollas en su culo, como todo un profesional del oficio. Una buena foto para la postal de Navidad ¿no crees, chiquitín?
León gimió , un gemido que acabó en un gruñido mientras terminaba de meterle toda su polla dentro.
—Todo un puto de oro. ¡Me encanta!
—¡Joder, sí! —bramó Nicolás y le dio otro azote—. Verás como tu culito tragón enseguida se acostumbra a nuestros rabos. Los putos tenéis un talento natural.
—Pronto berrearás como un animal pidiendo más —aseguró León con confianza—. Y lo disfrutarás. Ya lo verás. —Y con una sonrisa añadió—: Y no irás a rajarte ahora que estas en esta situación ¿verdad?
—Venga, empieza a moverte —le presionó Nicolás con otro azote—. No querrás que empecemos nosotros, créeme.
—Venga —le animó León, detrás de él.
Ben solo pudo gemir. Joder, nunca le habían llenado tanto…
Esos dos cabrones iban a reventarlo. Sus pollas estaban dentro de su culo. Las podía sentir ahí dentro, duras y apretadas la una contra la otra, demasiado duras para aplastarse mutuamente.
Empezó a moverse con suavidad, sintiendo como esas pollas se movían a cada centímetro, apoyando las manos sobre los pectorales de Nicolás mientras esas dos pollas se movían.
—Muy bien… —dijo León—. Eso es… Sabia que podías hacerlo…¡Oooh, nene!
—Eres un puto de oro —sonrió Nicolás—. Una maravilla…
—¡Aaaaah!
Ben se movía entre gemidos, al principio con cuidado, aunque ellos tampoco le dieron mucho tiempo para habituarse, y en cuanto apenas empezaba a acostumbrarse empezó a sentir que León se movía a su espalda con el vaivén de la cama, metiéndole y sacándole la polla con suavidad.
—¡Aaaaah! —gimió Ben sin poder contenerse.
—Eso es —sonrió Nico empezando a moverse también—. Este crio tiene cojones.
—Y los tiene como balones de futbol —concordó Nico—. ¡Venga!
Y al poco los tres se estaban moviendo y Ben sentía que el placer le recorría el cuerpo mientras esas pollas iban ganando terreno y los dos hermanos empezaban a moverse más rápido, haciéndole sentir descargas de placer, a medida que esas pollas lo perforaban y aumentaban el tamaño de su culo hasta hacerlo del tamaño de un túnel.
—¡Aaaah!
—Eso es —le dijo León al oído—. Muy bien…
Nicolás miraba a Ben con una amplia sonrisa y la mirada llena de excitación agarrándose con sus manos a la cintura.
—¡Vamos a comenzar la fiesta! —proclamó, empezando a meter caña de verdad y haciendo que el chico respondiera con un gemido bastante alto y León gruñía junto a su oreja.
Rió feliz, y sujetándose bien empezó a bombear, determinado a reventar ese culo.
El chico volvió a gemir y él gruñó en respuesta excitado de ver su cara de placer… y dispuesto a saciar esa hambre de polla que solo podía tener un putito como ese.
—¡Aaaaah! —gimió Ben mientras él gruñía y lo taladraba con la polla y la mirada.
Las dos pollas se movían, entrando y saliendo sin parar de ese culo… perforándolo y agrandándolo.
Los tres berreaban y gemían y Ben era el que más alto lo hacía, pero León no tenía intención de acallarlo esta vez. No. Los tres estaban gimiendo, berreando y gruñendo. León y Nicolás se lo follaban y la cama se tambaleaba sin para como si estuviera en un terremoto frenético, mientras le daban polla sin parar.
Podía sentir el pecho de Nicolás bajo sus manos; y la mano de León agarrándose a su hombro.
—¡Aaaah!
—¡Aah!
—¡AAAAAAH! —respondió Ben a los dos hermanos, el más alto, mientras le daban por culo.
Las caderas de los dos hermanos se movían contra ese culo, follándoselo sin parar y sintiendo como la polla de su hermano se restregaba contra la suya.
—¡AAAAH! —gimió Ben.
Los dos hermanos se sonrieron mutuamente, victoriosos, sin dejar de follarse ese culo, mirándose por encima del los hombros del chico. Nicolás disfrutaba viendo las caras que ponía mientras se lo follaban entre los dos.
—¿Te mola que te follemos entre los dos, nene? —rugió Nicolás sin dejar de follárselo, desafiante—. ¿Entre los dos hermanos? ¿Eso te pone, cabrón calentorro? ¿eh? —Ben sonrió y León detrás de él también—. ¡Contesta, joder!
—¡Síiii!
—¿Sí, qué?
Nicolás se la metió hasta el fondo de una estocada y León la metió un par de veces más antes de metérsela hasta el fondo y dejarla ahí, llenándolo completamente entre los dos. Con sus pollas duras y gordas.
Nicolás miró a Ben que respiraba con agitación, devolviéndole la mirada a Nicolás, con esfuerzo, le sonrió.
—Sí —bufó sonriente—. Me encanta que me folléis entre los dos —dijo y León empezó a besarle el cuello pegándose a él—. Me pone muy cachondo.
—Eres un crio muy puto, cabrón —replicó Nicolás con una sonrisa.
—¡Aaaaah! ¡Sois muy bestias!
León sonrió, divertido y dijo tras besarle el cuello:
—Ya te había avisado que este cabrón tenía calle, ¿eh, Nico?
—¡Joder si la tiene! Desde luego no exagerabas —sonrió Nicolás—. Venga, hermanito, vamos a darle caña.
Y volvieron a follárselo entre los dos sin contenerse, tratándolo como un objeto que estuviera ahí para satisfacerlos a los dos, mientras lo sujetaban. Mientras lo reventaban a pollazos Ben podía sentir sus miradas taladrándole, como sus pollas le estaban taladrando por dentro, hasta el fondo. Esos dos estaban dispuestos a destrozarlo… Y eso aún le ponía más cachondo.
Mientras se lo follaban como un puto sándwich, mientras la cama se tambaleaba como loca, sin parar.
—¡AAAAAH! ¡JODEEER! —aulló Ben sin contenerse—. ¡AAAAAAH!
Aun estuvieron así un buen rato, follándoselo al máximo, los dos a tope, a la vez, durante unos segundos que a Ben le parecían minutos, haciéndolo gemir sin parar, y luego reducían el ritmo, descansando para volver a sorprenderlo cuando volvían a meterle caña, haciéndolo gemir como a un animal en celo; dejando claro que desde luego tenían practica con eso de que ambos se follasen el mismo culo.
Ben gemía, los hermanos gruñían, gruñían mientras lo sujetaban por la cintura y el hombro, piel contra piel caliente, sudados; gozando de su culo.
—¡Aaaah! —aulló León y cuando Nicolás paró de bombear él también lo hizo—. Eso ha estado muy bien. —Pegó su boca junto a su oreja besándolo—. ¿Qué te ha parecido? —le preguntó con un beso—. ¿Te ha gustado? ¿Eh?
Ben estaba exhausto, sin aliento ni fuerzas de tanto gemir y gritar mientras lo reventaban. De alguna forma encontró fuerzas para contestar.
—…Aja… Síiii —contestó con un hilo de voz.
León sonrió complacido.
—Buen cabrón. Sabía que podías con esto —le volvió a besar el cuello, restregando su cara contra la de él para rascarle con la barba—. Yo me bajo aquí —dijo, y un segundo después Ben gimió sintiendo como la polla de León salía de su culo, dejando la polla de su hermano completamente metida hasta los cojones.
—Mmmm… vaya así se esta mejor —suspiró Nicolás—. Más espacio.
Ben se desplomó sobre el pecho desnudo de Nico y este sonrió satisfecho.
Los tres estaban sudados y cansados, y aun así León consiguió ponerse de pie sobre la cama y le revolvió el pelo a Ben al pasar por su lado. Se plantó delante de él, encañonándolo con su polla dura y gorda.
—Ahora por los dos lados —dijo León con una sonrisa cansada y cogió a Ben por la nuca para levantarlo con suavidad y acercarlo a su polla—. Vamos, chico. Hora de poner esa lengua a trabajar, que ya has descansado lo suficiente.
—Mmmm…
—Eso es…muy bien… —dijo León acariciándole la cabeza mientras le comía la polla—. ¡Aaaah, joder! ¡Pero que bien la chupas, nene! Dale tú también, Nico —le dijo—. Si es que no estas demasiado viejo para seguir bombeando ese culo, “hermano mayor” —añadió burlón.
Nicolás sonrió, volviendo a sujetar al chico por la cadera.
—Vete a la mierda —replicó, y empezó a bombear otra vez—. ¡Ooooh!
—¡Mmmmm!
—¡Aaaah! Eso es —suspiró León—. Jodidamente genial. Traga.. Así… muy bien ¡Aaah!
Ben podía sentir la polla de León follándole la boca, y la de Nicolás el culo, dándole cada uno por su lado. Durante un rato estuvieron bastante tranquilos, hasta que pusieron otra vez el turbo.
—¡Traga, joder! ¡Aaaah! —bufó León cogiéndole de la cabeza con fuerza—. ¡Cabrón!
—Mmmmm ¡Daaahg! —masculló Ben soltando una arcada—. ¡Daaag!
—¡Eso es! —sonrió León—. Muy bien… ¡Aaaaah! Me encanta.
Viendo que su hermano empezaba a subir el nivel Nicolás se agarró a la cintura con más fuerza y empezó a aumentar el ritmo de las embestidas, mientras su culo rebotaba sobre la cama y empezaba a subir el nivel de las embestidas también para follarle el culo al chaval.
Ambos hermanos gemían y gruñían follándole el culo al chaval mientras lo follaban por el culo y la boca, haciéndolo cabalgar y moviendo la cama sin parar.
—¡Buah! —bramó León—. Eso es… Trágatela toda, joder.
—¿¡Te gusta esto cabrón!? —preguntó Nicolás follándole el culo con ganas—. ¡Aaah!
—¡Mmmmmmm!
—¡Le encanta! —aseguró Nico—. ¡Oooooh!
Y Ben no podía hacer otra cosa más que dejar que se lo follarán hasta hartarse, disfrutándolo, sintiendo como lo sujetaban entre los dos para follárselo como les diera la gana. Eso le gustaba; que a pesar de que ellos eran los invitados, ellos eran los que mandaban y los que tenían la sartén por el mango. Y podían hacer lo que les diera la gana con él, follárselo hasta el fondo.
Y le encantaba.
—¡MMMM! ¡Daaahg!
León lanzó un gemido alto y Ben pensó que ya estaría a punto de correrse. Echó la cabeza hacia atrás con un gruñido salvaje… pero luego lo miró y su cara se relajó y le sonrió.
—Eres un puto de oro, chico —le dijo. Y se la sacó de la boca.
Nada más sacarle la polla de la boca, León se acuchilló poniendo su cara frente a la de él, respirándose mutuamente a la cara, mirándose mutuamente, sonriéndose el uno al otro, durante un momento.
León le cogió por la barbilla y le plantó un beso en la boca, metiéndole la lengua en la boca, esa boquita de puto húmeda y caliente, saboreando sus labios, y lamiendo su lengua, la misma lengua con la que le había estado comiendo la polla. Y Nicolás pudo verlo todo en primera fila, desde abajo.
Pudo ver como ambos bebían de ese beso, como dos putos cerdos salidos, a base de bien…¡Joder! Pudo ver sus sonrisas cuando se separaron.
—¡Uuuhg! —exclamó con una mueca de disgusto—. Pero que puto asco, tío.
—¿Qué? —le preguntó León con una sonrisa mientras ellos le sonreían.
—¿Cómo puedes hacer eso? Morrearte con él así cuando hace un segundo tenía tu polla metida hasta la puta tráquea ¡Joder! Eso… eso es asqueroso.
—Usted perdone, señor clérigo —le sonrió Ben, divertido.
—Hace un segundo la tenía metida en su garganta, y antes también me la ha chupado a mí, joder. Eso es una cerdada de la hostia.
—Eso mejora el sabor —replicó León sonriente.
—Como intentes morrearte conmigo después de comer polla te cruzo la cara —le avisó Nicolás captando la mirada de Ben, aunque también sonreía. Desde luego no era la primera vez que veía a León hacer eso, pero lo dijo más por hacerle hablar que otra cosa.
Los tres sonreían.
—¿Qué te parece? —le dijo León a Ben—. Al cerdo de mi hermano mayor se le revuelven las tripas con mucha facilidad, putito.
—Ya lo veo, ya.
—Qué delicado nos ha salido.
—Putos cerdos —declaró Nicolás.
León volvió a sujetar a Ben por la barbilla y volvió a morrearse con él, como si así desafiasen a Nicolás, que todavía tenía su polla metida en el culo de Ben, a decir algo más, pero él se limitó a mirar sonriente, cachondo por tanto cerdeo, viendo como sus lenguas jugueteaban.
León y Ben se sonrieron mutuamente.
—Hoy has hecho un buen trabajo y te has portado ¡joder! —dijo León—.Sí, señor. Como buen cabrón. Con el culo bien relleno, como debe ser. Vamos a ocuparnos de ti, putito. Venga échate para atrás con la polla de mi hermano en tu culo. Quiero ver como te corres.
Siguiendo sus indicaciones Nicolás se acomodó contra la cabecera de la cama, sobre los almohadones y Ben se arrodilló sobre su polla y dejar su polla al alcance de León. Con un gemido Nico empezó a mover la cadera, follandole el culo al chico, mientras León miraba sentado a su lado mirando la polla erecta de Ben.
—¡Síii! Fóllale el culo, hermanito ¿¡Te gusta esto, nene!? ¿Qué te follen el culo dos hermanos? —le preguntó León alzando la voz, agarrando con fuerza su polla que estaba dura como una roca—. ¡¿Eh?! ¡¿Te gusta?!
—¡Aja! —bufó Ben en el mismo tono, cachondo perdido, sintiendo como Nico le follaba el culo—. ¡Siiiii!
—Por supuesto que sí —concordó León masturbando esa tranca joven y dura, tan dura como una piedra, mientras le sonreía. Lanzó un escupitajo contra esa polla para lubricarla bien—. ¡Te encanta! ¡Puto guarro! ¡Cabrón! —rió, disfrutándolo.
Ben gimió en respuesta.
León acercó su cara su cuello y empezó a besarlo, Ben gemía, mientras la mano de León apretaba con fuerza la polla y se la machacaba en un pajote y Nico se lo follaba por el culo con suavidad.
Nico le murmuraba cosas recostado mientras le follaba el culo y veía como su hermano lo masturbaba:
—Puto… cerdo…cabrón…
—Aja —respondía él entre besos y gemidos—. Lo soy. ¡Folladme entre los dos, cabrones! ¡Hijos de puta! ¡Aaaah! ¡Folladme, joder! —pidió—. ¡Reventadme! ¡Aaaah!
León gruñó cachondo, apretando esa polla dura como una piedra y cascándosela, mientras Nico movía la cadera con suavidad, follándoselo mientras su hermano masturbaba al cachorro, haciéndole la mejor paja que se había hecho en su vida.
—¡Puto puto puto! ¡Aaaah!…—León lo miraba sin pestañear, acercando su cara a la de él, y enseñando los dientes—. ¡Te encanta esto!
—¡Aaaah! ¡Síiii! —Ben gimió del gusto, viendo la cara de León justo delante de la suya, mirándolo furioso y cachondo, y apenas se apartó un segundo para echar un escupitajo sobre su polla, para lubricarla y seguir masajeándola. Ben sintió una descarga en su polla y gimió más alto—. ¡AAAAAH!
—Pídemelo, puto —le ordenó pegando su cara a la de él, frente con frente, echándole el aliento en la cara. Al sacar la lengua Ben sintió que acariciaba sus labios…Se besaron y León lo miró, cachondo y extrañamente cabreado—. Pídemelo.
Ben gimió. Sentía la polla de Nico entrando y saliendo, rellenándole su culo, pero León estaba sobre él besándolo, echándole el aliento a la cara, mirándolo, piel con piel. Su mano en su polla mientras lo masturbaba. Sentía su respiración y sus gruñidos acariciándole la cara mientras se lo follaban.
—¡Aaaah! ¡Haz que me corra, Papiiiii! —gimió—. Y que tu hermano me folle el culo como nunca me lo han follado. ¡Reventadme, joder! ¡PAPIIII! —gritó y soltó un gemido.
Eso hizo sonreír a los dos hermanos.
—A tu servicio —dijo Nico.
—Pero que putito tan adorable… Y tan cerdo…—sonrió León como si le estuviera dedicando un piropo, acercando su boca a la suya para lamerle la cara y pringarse mutuamente de babas, hasta que sus labios se encontraron y volvieron a besarse.
—Mmmmmm….
—Mmmmmmmm…
León masturbó al chaval a un ritmo muy rápido, mientras su hermano le follaba el culo por el contrario a un ritmo muy tranquilo, aunque sin dejar de mirar como se lo montaban.
—¡Aaaah, joder! —gimió Ben mientras un hermano se lo follaba y otro lo pajeaba y lo besaba—. ¡Aaaah! ¡Hostia puta!
—Cabrón —le soltó León sin dejar de masturbarlo, acelerando el ritmo.
—Sigue berrando, nene —sonrió Nico, poniendo una mano detrás de su cabeza, disfrutando de las vistas, mientras movía la cadera tranquilamente, metiendo y sacando la polla de su culo—. ¡Ooooh!
Ben le respondió con otro gemido, y León rugió con suavidad sintiendo como esa polla empezaba a palpitar en su mano. Y luego soltó otro gemido que fue más intenso. Y el tercero más animal que de persona mientras se la cascaba a toda pastilla.
—¡AAAAAAH! —gimió Ben, y su polla empezó a soltar chorros de lefa que fueron hacia arriba, hacia el pecho del chico, pringando la mano de León, mientras su polla escupía los demás trallazos de lefa sobre el abdomen y el pecho de su hermano—. ¡Aaaaah! ¡AAAAAH! ¡PAPIIII!
—Ooooh… —rugió Nico bajo él sin dejar de follárselo, oyendo sus berridos.
La corrida impactó contra el pecho de Ben y su abdomen pálido, cubriéndolo de corrida translucida y blancuzca. Los ojos parecían el doble de grandes de la excitación.
Con otro gemido le metió toda la polla en el culo, hasta los cojones, mientras el chico terminaba de correrse, hasta que los trallazos de lefa disminuyeron y luego cesaron, Para entonces ya tenía el pecho y el abdomen cubiertos de lefa.
León lo miraba con ojos brillantes, relamiéndose, y Ben le dedicó una sonrisa cansada y vio como León se llevaba el pulgar pringado de lefa a los labios y se lo metía en la boca, saboreándola, mirándolo fijamente, con los ojos verdes lanzando chispas, como si lo estuviera retando. Luego acercó su cara a la suya, dispuesto a besarlo.
—Bien hecho, chico —le dijo León echándole el aliento cálido a la cara—. Bravo.
Y lo besó.
Nico se incorporó pegándose a él para besarle el cuello mientras el chico se besaba con su hermano.
Ben jugueteó con su lengua mientras sentía como Nico le besaba los hombros y el cuello. Ambos hermanos lo besaban, y él lo disfrutó. La verdad es que era muy agradable estar en medio de esos dos.
Al separarse, Nico le pareció que ya podía continuar, y siguió follándoselo con tranquilidad mientras ellos dos jugueteaban.
León metiéndole el pulgar en la boca para que el chico probara su propia corrida, besándose y devorándose con la mirada, dedicándose guarradas. Aquella situación era mil veces más fuerte que estar follando en un baño publico, dos hermanos dándole rabo a tope, y follándoselo en la habitación de invitados de la casa de sus padres.
—Soy el rey de los putos, chaval.
Hasta que Nicolás lanzó un gemido bastante alargado.
—¡Ooooh! León, yo ya estoy casi apunto…
—¿Ya? Pues venga, como hicimos con el capitán del equipo de futbol en el instituto ¿te acuerdas, Nico?
Nicolás sonrió de oreja a oreja.
—Sí, ya lo creo. Bien, vamos allá. Quita de encima, cabrón —dijo y antes de que Ben pudiera reaccionar estaba en el colchón con la cara de Nico a escasos centímetros de la suya—. ¿Listo para recibir tu premio?
Ben tuvo que contenerse para no morrearse con él en ese momento. Morrearse con los dos habría sido una gozada… Los ojos de Nico estaban fijos en los suyos.
—Ya lo creo —respondió.
—Pues vamos —zanjó él y con un gemido le sacó la polla del culo y se incorporó poniéndose de pie sobre el colchón, mientras León hacía lo mismo para ponerse junto a su hermano, aunque sin tocarlo. Ambos estaban de pie delante de él, con sus pollas duras mirándolo con aire autoritario.
—Ponte en posición —le ordenó León—. De rodillas, nene.
Y eso hizo Ben. Los dos hermanos estaban delante de él, agarrándose sus pollas.
—¡Muy bien, cariño! —le dijo León al chico sacudiéndosela junto a su hermano ambos con idénticas sonrisas, con esos dos rabacos enormes apuntando hacia su cara—. ¡Ha llegado la hora de bautizarte!
—Y con leche de primera —añadió Nicolás con una sonrisa—. Te lo has ganado, chavalín.
—Claro que sí, hermanito —dijo León, sonriente—. Se lo ha ganado.
*—*
Ross se levantó de la cama porque tenía sed. Su mujer estaba dormida.
Bajó al piso de abajo y se sorprendió de no ver al hermano de su amigo en el sofá. Y además, la camisa del pijama que le había dado estaba en el suelo.
Y entonces oyó algo parecido a un berrido de un animal que llegaba del pasillo.
¿Pero que estaban haciendo esos dos?
Apenas había dado unos pasos cuando oyó la voz de León amortiguada desde dentro de la habitación:
—¡Muy bien, cariñó! ¡Ha llegado la hora de bautizarte!
Se acercó con cuidado oyendo como Nico contestaba…
*—–*
León soltó una especie de gemido, Nicolás rugió, echando la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados con fuerza, León tenía la boca ligeramente abierta; Nico tenía los dientes apretados. Ambos con pollas duras, gordas y venosas, apuntaban a la cara de Ben, cascándosela con fuerza, gruñendo como animales.
—¡OOOOOH…!
—¡GRRRRR…!
Ambas empezaron a escupir lefa casi al mismo tiempo, como si estuvieran compenetradas.
Los chorros de lefa caliente y viscosa aterrizaron sobre la cara y el pecho de Ben, que disfrutaba sintiendo como lo bañaban en lefa mientras los sonidos que los otros dos que gruñían y bufaban, mientras sus pollas iban escupiendo lefa caliente sobre él. Trallazos de lefa de esos dos rabos duros impactaron en su cuerpo y la cara y luego caía sobre las sabanas y su cuerpo desnudo mientras la lefa dejaba de salir y fluir y los hermanos bajaban el ritmo de la paja hasta detenerse con suavidad.
Ben sonriente, se pasó la lengua por los labios y saboreó la lefa de esos dos en su boca. Tragó, satisfecho. Los hermanos habían dejado de masturbarse; León se sujetaba la suya con una mano mientras que Nicolás apenas se la sujetaba con un dedo, y ambos lo estaban mirando. Ben sabía lo que estaban esperando y se amorró a la polla de León para limpiársela, y se la chupo con calma mientras el suspiraba, metiéndosela hasta los cojones. Luego se la sacó de la boca y se pasó a la de Nicolás que le puso la mano sobre la cabeza con delicadeza.
—Aaaah. Eso es… déjamela bien limpia, bebé.
—Mmmm…
—Buen chico…
León se limitó a mirar como le limpiaba la polla a su hermano.
Cuando se sacó la polla de la boca, Nicolás cogió a Ben del cuello para guiarlo con delicadeza hasta ponerlo delante de su cara. Miró al chico que tenía la cara cubierta de corrida de él y su hermano.
—Ha sido un autentico placer conocerte, chaval.
—Un placer de la hostia —respondió él con una sonrisa de oreja a oreja.
—Da gusto ver lo cabroncetes que se están volviendo las nuevas generaciones —comentó León.
—Sí —dijo Nicolás sonriente sin apartar la mirada de Ben—. Van por muy buen camino.
Nicolás seguía teniendo la cara muy cerca de la de Ben, un poco demasiado cerca. Casi como si fuera a…
Ben se preguntó si le besaría, ahora que estaba completamente pringado de lefa suya y de su hermano. Después de todo los dos eran bastante cerdos. Los tres mejor dicho. Estaba tan cerca….
Nunca lo sabría.
Justo entonces la puerta de la habitación se abrió. Los tres miraron a la vez. Y Ben reconoció la voz de su padre antes incluso de que se asomase por la puerta.
—Chicos, ¿estáis aquí los dos? Nicolás se ha…
«…Dejado la tele encendida», Ben estaba seguro de que era eso lo que iba a decir, porque a él le había echado el mismo sermón un millón de veces «Ben, te has dejado la tele encendida…».
Pero entonces los vio. La cara de su padre apareció por la puerta. y la frase quedó cortada limpiamente.
Por un segundo Ross no supo lo que estaba viendo —no quería saberlo—, aunque sí que lo sabía: Estaba viéndolos a los tres en la cama, en el centro estaba su hijo a la izquierda León y a la derecha Nicolás. Ellos lo miraban a él y él a ellos. Y estaban completamente desnudos y con las pollas fuera. Y su hijo estaba cubierto de una sustancia blanca que debía de ser…
Hubo un segundo de silencio.
—¿¡Pero qué!? ¿¡Qué estáis haciendo!?
Ambos hermanos se miraron entre ellos y esbozaron sendas sonrisas, para después mirar de nuevo al padre y decir al mismo tiempo:
—¡Feliz Navidad!
El padre tenía los ojos abiertos de par en par, arrepintiéndose de haberse asomado por ahí y ver como su hijo se relamía con toda la cara pringada de lefa, bañado el lefa fresca mientras Nico lo sujetaba por el cuello.
—Qué conste que no estoy diciendo que me guste —dijo Nico al tiempo que se pegaba más a Ben, y aun con la cara pringada de lefa, y su padre delante viendo la escena le plantó un morreó; al principio sorprendió al chico pero luego respondió y jugó con la lengua de Nicolás con ganas, disfrutando de la boca del hermano mayor todavía pringado de toda su lefa en la cara.
Cuando se separaron Nicolás lo miró y Ben le sonrió de lo más divertido.
—¿Y bien? —le preguntó como quien pregunta si te mola el sabor de la ultima horneada de galletas.
Al principio Nico no dijo nada aunque sonreía, luego frunció el ceño dijo tajante:
—Nada —dictaminó—. Esto no me gusta. Es una guarrada asquerosa —y tras un sonido rasposo escupió un gapo al otro lado de la habitación.
Ben no pudo hacer otra cosa más que reírse.
—Qué delicadito eres, hermanito mayor —le pinchó León, mientras Nico exclamaba «¡Que asco!» con una mueca.
Para rematar Nicolás cogió la chaqueta de León que estaba colgando sobre la cabecera de la cama. y haciéndole un gesto a Ross mientras decía «Un pijama cojonudo» lo usó para pasárselo con calma por la cara de su hijo para limpiarle la corrida en la que estaba bañado.
—Pero me encanta… —le dijo Nico a Ben mientras le limpiaba la corrida de su cara— que seas tan puto.
Ben no podía hacer otra cosa que sonreír, quería a su padre, pero en esos momentos se sentía demasiado bien como para que le importase, después de la follada que le habían metido esos dos.
El padre no hizo mucho más aparte de quedarse ahí paralizado y temblando viendo como el hermano mayor de su amigo le limpiaba la corrida de la cara; soltando algún gemido ocasional de espanto.
—Creo que me quedaré a dormir aquí —le comentó Nicolás a Ross como si tal cosa sonriéndole a Ben—. La compañía es mucho mejor.
—¿Te importaría irte, colega? —le dijo León a su anfitrión que parecía no saber donde esconderse—. Tenerte ahí después de follarle el culo y la boca a tu hijo es bastante incómodo.
—Para ti seguro —rió Nicolás, sin cortarse, dejando todo el rollo de los modales.
Ben pensó que tenía que hacer algo, igual defender a su padre de esos dos, pero la verdad era que se le hacia más cómodo ahí en la cama quedarse a dormir ahí con los tíos que se lo habían follado.
Finalmente, con un sonido lastimero Ross salió de la habitación, cerrando la puerta, pálido, apenas capaz de sostenerse en pie de la impresión de ver a su hijo completamente cubierto de la corrida de su amigo de universidad y su hermano mayor. Se dejó caer en el suelo incapaz de procesar lo que acababa de ver, temblando como un flan, y los ojos como platos.
En la habitación los tres se dejaron caer sobre el colchón, uno a cada lado de Ben, dejando al chico en el centro, entre esos cuerpos calientes. Ben suponía que la relación de su padre con León se había terminado después de pillarlo follándoselo, pero estaba encantado de tener dos nuevos amigos tan atractivos y con tantas ganas de darle rabo a tope.
Había sido una follada de la hostia.
León paso la mano por el pelo de Ben y le acarició la cara que lo mirase. Lo besó, como si quisiera restregarle a si hermano, que a él si que le molaba comerle los morros con total tranquilidad, y haciendo un «¡Buaj!» de asco Nico dijo «Creo que me quedo con su culo» y le metió la polla morcillona en ese culo que él y su hermano habían follado a la vez y que estaba abierto como un túnel después de recibir sus dos pollas a la vez. Ben todavía morreándose con León exclamó un sonido de sorpresa mientras la polla de Nico entraba en su culo.
—Así… —dijo Nico metiéndosela hasta el fondo, y pegando su cadera al culo del chico—. Mucho mejor. Voy a dormir cómodo y calentito dentro de este culito.
León y Ben se miraron, sonrientes y con los ojos brillantes.
—¿Qué te ha parecido la fiesta, colega?
—Ha estado genial… Papi —dijo él con una sonrisa.
—Así me llaman mis putas, nene.
Y León lo volvió a besar.
Los tres durmieron de lujo esa noche, abrazándole. Ya se preocuparían por sus padres más tarde.
FIN
Bueno ¿Qué te ha parecido? ¿Quién no ha querido tener una visita así en casa? Y si encima viene acompañada pues… Me divertí mucho escribiendo este y nada, espero que te haya gustado.
Como siempre comentarios y valoraciones son bien recibidas y mi correo electrónico es [email protected], y gracias a los que me habéis escrito estos meses. Espero que te gusten el resto de mis trabajos, o que alguno de ellos te guste.
Gracias.


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