Noche con Eva en la piscina
TenÃa la sensación de que aquella noche iba a ser como cualquier otra. Mis amigos me habÃan convencido para ir a la playa, al parecer habÃa una fiesta. Otra, de hecho, como casi todos los dÃas de verano. Pero no tenÃa nada mejor que hacer, asà que fui. Quién sabe? A lo mejor hasta ligaba, que ya serÃa hora.
Asà que fui con él, y la fiesta se desarrolló como siempre, música, bailoteo pegado con alguna que otra chica que después del calentarme se iba a bailar con otro…
-Qué, te diviertes? -me preguntó mi amigo.
-No está mal -le contesté. Y era cierto, no estaba mal, pero por qué las chicas solo iban bailando y provocando al personal? Por que ninguna terminaba lo que empezaba?
-No te preocupes, le he dicho a Eva y sus amigas que estarÃamos aquÃ, seguro que vienen. -Y guiñándome el ojo, se fue sonriendo. Era un secreto a voces, todo el mundo sabÃa que me gustaba Eva. De hecho, a quién no le gustaba? Ahh…Eva…Rubia, atlética, ojos azules…Esta chica ocupaba mis pensamientos y mis pajas desde hacÃa tiempo, pero solo habÃamos charlado un poco. A ver si hoy habÃa suerte. Siempre que al final se atreviese a venir, claro.
Seguà a mi aire, bailando y bebiendo, rodeado de gente igual de sudorosa que yo. «Joder, menudo calor hace», pensé. Mientras iba a coger una cerveza helada, una mano me agarró del brazo. Me giré, y ahà estaba!
-Hola! Como estás? -le pregunté a Eva
-Bien, y tu? -contestó con una pregunta. Creo que iba un poco achispada, seguramente venÃa de otra fiesta.
-Bien también! Te apetece bailar un rato? -Dije haciendo de tripas corazón después de refrescarme el gaznate con un trago de cerveza.
-Claro! Para eso hemos venido, no? -Dijo risueña. Me llevó cerca de la música y empezamos a bailar. Primero normal, como lo harÃan dos amigos cualesquiera. Pero al cabo de poco, nos acercamos más y mas, y empezamos a rozarnos y a lanzarnos miradas intensas de deseo. Se puso de espaldas a mÃ, y empezó a fregarse contra mi bragueta, sentà sus nalgas subiendo y bajando en mis partes nobles. Aún estando por encima de la ropa, aquello provocó una reacción en mÃ. No solo fÃsica -mi polla empezó a crecer con el roce-, también interna. Me desinhibà del todo, y pasé mis manos por sus caderas, y las subà lentamente al ritmo de la música. Pasé por sus costados, provocándole un escalofrÃo, y llegué a los pechos. No los toqué directamente, pero las puntas de mis dedos pasaron justo por su lado. Bajé mi cabeza hacia su cuello y la besé.
Se giró y pasó sus brazos por mi cuello, abrazándome y con una sonrisa pÃcara en los labios. Me besó, suavemente, de forma dulce en los labios. Aquello para mÃ, fue demasiado.
-Ven, vamos a tomar un poco el aire, que aquà me estoy agobiando con tanta gente! -le dije con fuerza al oÃdo a causa del volumen de la canción que estaba sonando en aquél instante.
La llevé del brazo y nos alejamos unos metros de la gente. Allà solos, en la playa, a la luz de la luna, con música y risas de fondo, y el sonido de las olas rompiéndose en la arena. El olor a mar inundó mis fosas nasales mientras me perdÃa en sus profundos ojos azules. Agarré su cintura y acerqué mis labios a los suyos. El roce del beso me erizó el vello de los brazos, aquél contacto, eléctrico, me puso a 1000. Seguimos besándonos suavemente, hasta que sentà su lengua presionando mis labios. Abrà los mÃos un poco, para dejar que su lengua entrase, y la mÃa salió a recibirla. Estuvimos un rato jugueteando, besándonos con pasión, explorando cada rincón de nuestras bocas. Mis manos no estaban quietas, y fueron moviéndose poco a poco, desde la cintura hasta sus nalgas, y empecé a manosearlas. Sus manos fueron a parar a mi cabeza, y sus dedos se enredaron a mi pelo, agarrándose a él con fuerza y empujándome hacia su cuerpo. Sentà sus pechos contra mi cuerpo, sus pezones se endurecieron. Mi miembro estaba bastante duro, prisionero en los pantalones, pero a pesar de ello, se notaba un bulto en mi bragueta. Bueno, de hecho se notarÃa si no estuviese apretado a Eva. Mi erección estaba apretándose contra su abdomen, y estaba seguro de que ella lo podÃa sentir igual que yo sentÃa sus pezones. Nos tumbamos en la arena, y seguimos asÃ, fundiéndonos en un arrebato de pasión. Sus manos se movÃan por mi espalda y mi culo, y las mÃas empezaron a masajear sus pechos, firmes, acorde con su cuerpo atlético. Sabiendo hacia dónde nos conducirÃa aquello y lo cerca que estábamos de las miradas de nuestros amigos, pensé rápidamente un sitio dónde ir.
-Aquà cerca hay un hotel, con una piscina, bastante apartado y tranquilo, te apetece ir? -le pregunté con la respiración acelerada.
-Claro -me dijo ella, respirando también con dificultad.
Nos fuimos corriendo, agarrados de la mano, y en seguida llegamos al hotel. Saltamos la pequeña verja que separaba el jardÃn con piscina de la calle. Nos reÃamos como crÃos que acaban de escribir una palabrota en la pizarra del colegio y se largan corriendo, conscientes de la vergüenza de ser descubiertos. Allanamiento de morada, escándalo público…Aquellas prohibiciones me revolvieron las tripas, pero no de miedo, de excitación. Cada vez la deseaba más, y por su mirada, estaba seguro de que la sensación era mutua. Rodeamos la piscina por el borde, y me tumbé en una de las hamacas. Ella se sentó sobre mÃ, con las piernas abiertas. Sobre mi bragueta, aplastando a mi erecta polla. Se mordió el labio inferior de forma super sexy, y se acercó lentamente a mi para besarme. Sus manos se colaron por debajo de mi camiseta, mientras las mÃas le tocaban las nalgas sin descanso y nos fusionábamos en un largo beso.
-Hmm..tengo calor, tu no? -le pregunté con una idea en mente.
-Jijiji, me tienes ardiendo, que te parece si..nos quitamos un poco de ropa?
-Sabes? Tengo una idea mejor -le contesté. Sin darle tiempo a pensar, la cogà en brazos y la tiré a la piscina, con la ropa puesta. Mientras estaba en el aire, soltó un grito de sorpresa, que por suerte no duró porqué en seguida cayó al agua y se sumergió. Sacó la cabeza y me gritó entre enfadada y emocionada:
-Pero que haces loco? Al menos…NOOO!
Antes si quiera que terminase la frase, me lancé al agua, a su lado, salpicando hacia todas direcciones.
Saqué la cabeza, con la boca llena de agua y se la tiré en la cara, como dos crÃos.
-Jajaja, te vas a enterar! -Me dijo tapándose con una mano mientras me salpicaba con la otra. Me acerqué más a ella, con los ojos entrecerrados por las salpicaduras, y le agarré el brazo con el que me atacaba. Nuestras corazones estaban desbocados, nuestras respiraciones aceleradas. Me fijé en su cuerpo, ahora empapado. Su pelo se le pegaba en la cabeza y los hombros, un mechón le pasaba por la frente. HabÃa un par de gotas suspendidas en sus pestañas, y un hilillo de agua bajaba por su mejilla y por el cuello hasta llegar a la piscina otra vez. Volvà a agarrarla y la llevé a una esquina de la piscina, donde los dos podÃamos tocar de pié. Al llegar ahÃ, pude ver su cuerpo. El top se le habÃa arrapado al cuerpo, bien apretado, marcando aún más si cabe sus formas. Sus pezones, no se si por la excitación o el frescor del agua, se marcaban con fuerza a través de la ropa. Subà mis manos por sus caderas, las metà dentro de su ropa y seguà subiendo hasta quitársela, pasando esta vez por sus pechos, calientes y firmes.
Tiré la camiseta fuera del agua y me acerqué a ella, cuerpo con cuerpo, mientras seguÃamos besándonos. Mis manos fueron directas a sus pechos, y empecé a tocárselos con suavidad, mientras los pulgares jugueteaban con sus erectos pezones como si fuesen un pequeño joystick. A pesar del agua, que nos quitó de encima el calor y el sudor de la noche, por dentro seguÃamos los dos ardiendo de pasión. Sus manos tampoco se estuvieron quietas y me bajó la cremallera del pantalón. Agarró mi pene, que con el agua frÃa se habÃa encogido un poco, y lo reanimó haciéndole mimos con sus delicadas manos. Bajé mis labios por su cuello lentamente, besando todo el recorrido hasta llegar a los pechos con la boca. Miré de cerca aquellos pezones, rosados, que pedÃan a gritos que alguien les calmase. Mi lengua subió por su pecho, y al llegar a su pezón, acerqué los labios hasta tenerlo dentro de la boca. Succioné mientras pasaba la lengua arriba y abajo por el pequeño pero agradecido pezón de Eva. La oà jadear y suspirar con fuerza mientras me agarraba de la cabeza con una mano. Con la otra, me estaba pajeando lentamente debajo del agua. Cambié de pecho, y repetà la acción. Succioné su pecho, y mordisqueé suavemente y con cuidado su pezón. Mientras tanto, bajé mis manos y las introduje en sus shorts, aprovechando para tocar su culo, redondo y firme. Levantó las piernas para que pudiese quitárselo del todo, y lo lancé con el top fuera del agua, que nos llegaba a los dos justo por debajo del pecho. Subà a Eva al borde de la piscina, y una vez sentada ahÃ, le besé el ombligo con delicadeza. Mi lengua toqueteó su piercing con cuidado mientras mis manos le masajeaban el culo. Seguà bajando la boca, y cuando iba a llegar a su vulva, hice un salto y dirigà mis atenciones en sus muslos. QuerÃa que suspirara de placer, que deseara que yo le comiese el conejillo. Pasé los labios por sus piernas, subiendo por los muslos a besos y mordisqueando con suavidad mientras me acercaba otra vez a su rajita.
-Hmmm…por favor, no lo alargues más ya -me dijo con los ojos entrecerrados, mirándome suplicante. Decidà no hacerla sufrir más, y la llevé con suavidad, cogiéndola con seguridad por las caderas al agua.
-Aún no estoy desnuda del todo…-me dijo con una mirada de deseo de esas que qualquier hombre desae recibir alguna vez.
Cogà aire y me sumergÃ, y le agarré el pequeño tanga. Se lo bajé y se lo quité sin salir del agua, y aprovechando que aún me quedaban unos segundos de aire, dirigà mi lengua a su vulva. Joder, que sensación, el agua fresca rodeaba mi lengua, pero en cuanto esta penetró ligeramente los pliegues de la vulva de mi amiga, entró en calor al instante. Eva estaba ardiendo, incluso metida en el agua como estaba, pude notar su sabor, el sabor de sus dulces jugos, que se disolvÃan en el agua alrededor de mi lengua. No tuve más remedio que salir del agua para coger aire, y aún con el tanga en la mano, la miré fijamente y le dije:
-Te voy a hacer mÃa.
-Hazme tuya -respondió respirando como como si hubiese acabado de correr un sprint, mirándome con fuego en los ojos. Me abalancé sobre ella, poseÃdo por la pasión y la lujuria y la besé mientras le metÃa un par de dedos en la vagina. Estábamos los dos a punto. La volteé, dejándola de espaldas a mi. Pasé una mano por su cintura y la acerqué a mi, mientras con la otra mano dirigÃa mi verga a su agujero. Entré rápidamente, pero sin brusquedad, y con el miembro dentro de ella, pude usar la mano para pellizcar con suavidad sus pezones. Giró la cabeza y me besó, y yo empecé a mover las caderas, penetrándola hasta el fondo con cada embestida. Dirigà mi otra mano hacia su clÃtoris, que estaba siendo desatendido, y lo aprisioné entre mis dedos, haciéndole un pequeño masaje circular. Eva dejó de besarme para gemir, a cada embestida mÃa, cada pellizco que sufrÃan sus pezones, su tono aumentaba. Y yo tampoco estaba callado, mis jadeos y bufidos se intensificaban por momentos. Nuestros cuerpos calientes, en contacto el uno con el otro, dándonos calor dentro del agua fresca estaban lo más unidos que pueden estar dos cuerpos. Su brazo agarró mi cabeza por detrás de la suya, y su otra mano se fue a mis nalgas, agarrándolas con fuerza y marcando el ritmo de la penetración. A cada embestida, a cada vuelta al interior de su vagina, estaba más cerca de correrme, y a juzgar por sus gemidos, ella también parecÃa estar a punto de tener un orgasmo. SentÃa mi polla dentro de ella, caliente, rodeada de agua, y cada vez que la sacaba, el contraste de temperaturas con el agua me estremecÃa. Eva inició una serie de gemidos que indicaban que se iba a correr en segundos, asà que aceleré el ritmo. Empezó a correrse, sus músculos vaginales se contrajeron, apretando mi polla como si quisieran ordeñarla y sacarle toda la leche. Y lo consiguieron, las contracciones que tuvo con el orgasmo fueron mi detonante. La apreté con fuerza contra mi cuerpo, y le mordà el hombro para evitar gritar de placer. A pesar de ello, mis gruturales gruñidos de placer que acompañaban cada chorro de semen, se oyeron perfectamente, junto a sus gemidos sensuales de mujer. Mi polla se ensanchaba con cada chorro de lefa que expulsaba al interior de Eva, y estaba seguro de que ella lo podÃa sentir, estaba convencido de que podÃa notar como mi polla se contraÃa igual que su vagina mientras la llenaba de mi semilla. Después de vaciarme, me quedé abrazado a ella, que seguÃa agarrándome la cabeza. Los dos en el borde de la piscina, recuperándonos. A medida que nuestras respiraciones volvÃan a la normalidad, mi pene menguó y se salió de su interior. Le besé el cuello, justo debajo de la oreja, provocándole un escalofrÃo.
-Esto ha sido…ha sido fantástico Eva -le dije con toda la sinceridad del mundo
-Lo se. Pocas veces me he corrido como hoy, esto tendremos que repetirlo.
-Cuando quieras, estoy a tu entera disposición.
Sonrió con una mezcla de satisfacción y vergüenza. En aquél momento, vimos como se encendÃa una luz en la ventana de una de las habitaciones.
-Mierda corre corre! -Le dije en voz baja mientras la sacaba de la piscina y salÃa yo. Le acerqué la ropa. A medida que se subÃa los pantaloncitos, me di cuenta de que aún tenÃa su tanga enrollado en la muñeca.
-Joder, toma, tu tanga.
Me miró fijamente con el top a medio poner. Sus labios se curvaron en una sonrisa pÃcara.
-Si lo tuvieses tu…tendrÃas que traérmelo a casa, no es cierto? -Dijo mientras corrÃa hacia la verja y yo me quedaba en el sitio como un tonto, con la pieza de ropa en la mano.
-Jaja, cierto! -Respondà corriendo detrás suyo y saltando la verja.
Inspirado por y para Eva Christensen
2 respuestas
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