septiembre 23, 2025

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Mi vecino llamó a mi puerta para "pedir un poco de azúcar"

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Una semana después de la «competencia», un golpe resonó en mi apartamento. No esperaba a nadie. Miré por la mirilla y el corazón dio un vuelco. Era él. El vecino. Aquel de la voz grave que había contestado mis gritos.

Abrí la puerta de golpe, apoyándome en el marco. Estaba hecha un desastre: el cabello húmedo recogido en un moño desarreglado, una camiseta vieja y fina pegada a la piel por la limpieza, y unos shorts minúsculos. Sus ojos hicieron un recorrido lento y deliberado por mi cuerpo, de arriba abajo, y vi cómo se le tensaba la garganta.

—Hola —dijo, con la voz un tono más grave de lo normal—. Esto es súper incómodo, pero… ¿no tendrías por casualidad una taza de azúcar?

¿Una taza de azúcar? En serio, ¿quién hace eso? ¿En esta década? Casi me río. En vez de eso, esbocé una sonrisa pícara. —¿Haciendo un pastel a medianoche? —pregunté, haciéndome a un lado para que entrara—. Pasa.

Se quedó en la sala, y su presencia hizo que el aire se volviera espeso. La conversación fue un baile delicado de charla trivial y pausas cargadas de significado. Mencionó las «paredes delgadas». Yo mencioné que «el sonido viaja mucho en este edificio, ¿verdad?». Nuestras miradas se encontraron, ambos recordando la sinfonía de aquella noche. Estaba poniendo a prueba el terreno, viendo si yo mordía el anzuelo.

Antes de irse, con el azúcar olvidado, sacó su teléfono. —Por si hay una verdadera emergencia de azúcar —dijo, con un destello de audacia en la mirada—. ¿Cuál es tu número?

En cuanto la puerta se cerró, el calor que había despertado en mí estalló. Fui directo a mi habitación, me tiré sobre la cama y dejé que mis manos vagaran. Pensé en su sonrisa pícara, sus hombros anchos, la forma en que me había mirado. Fui ruidosa, desinhibida, gritando cuando un orgasmo poderoso me recorrió, mis gemidos haciendo eco contra su pared.

Cuando por fin recuperé el aliento, busqué mi teléfono. Y allí estaba. Un mensaje nuevo de un número desconocido.

Yo también escuché eso 😉

Mi piel se sonrojó con una nueva oleada de deseo. Ya no estaba solo probando el terreno. Se había lanzado de lleno. Y sé, sin duda alguna, que es solo cuestión de tiempo antes de que monte a ese hombre sobre el colchón. La pregunta es… ¿y qué pasa con su novia?

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