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Mi vecino casado coge muy rico
Hola a todos, soy Liseth. De piel blanca, pelo negro, labios carnosos y mamadores, ojos verdes, tetas grandes operadas talla 38DD, culo grande, duro, parado y apretado. Mis piernas son largas y bien torneadas, pues hago ejercicio y cuido mi alimentación. Mido 1,70 cm de altura. Por donde paso, siempre llamo la atención, sobre todo en los hombres, y la envidia de las mujeres.
Javier era un tipo de unos 27 años. Un poco de manos grandes, dedos gruesos y largos. Tiene una barba que a mí me encantaba. Siempre que pasaba cerca de él me morboseaba, me decía frases como: «Qué rico culo tienes», «qué ricas tetas tienes, todo eso me voy a comer». Eso me hacía sonrojar y solo me preguntaba cómo tendrá la verga. ¿Será gruesa, venosa y grande como a mí me gustaba? Pero él era casado. Su esposa se llamaba Andrea y ella me odiaba porque sabía la forma tan lujuriosa como me quedaba viendo Javier.
Cuando me lo encontraba, no perdía la oportunidad. Si nos cruzábamos, me tocaba el culo o las nalgas. Me dejaba con gusto. Siempre me vestía provocativa para que Javier me viera. Yo me fijaba en eso y siempre me desnudaba con la mirada. Eso me excitaba mucho.
Una noche, entre las 6 y 7 de la noche, salí de mi casa a la tienda. Cuando volvía, me encontré con Javier en la calle, que estaba oscura y es un poco estrecha. Yo iba vestida con apenas una licra y una blusa pegada a mi cuerpo, sin brasier. Se me notaban los pezones y se me realzaban las nalgas con la licra, que era cortica y bien pegadita. Se me notaban los labios vaginales y una tanguita pequeñita.
Me encontré con Javier. Me abrazó por la espalda, me dio un beso en la mejilla y yo pude sentir su verga en mi culo, lo dura que estaba. Me la restregó en el culo y yo hice mi culo hacia atrás para poder sentirla. Me dio la vuelta, me pegó de espaldas contra la pared y me comenzó a besar, a lo cual le correspondí. Sentía cómo mi vagina se ponía húmeda mientras me decía que lo quería meter. Yo le respondí que sí, que me lo metiera todo, que era lo que más deseaba.
De pronto metió su mano en mi vagina y con sus grandes y largos dedos me los metió. Con el pulgar me masajeaba el clítoris. Mi respiración se aceleró y yo gemía como una perra. Los gemidos de placer que me salían eran: «¡Ah, ah, ah! ¡Oh, oh! ¡Ummmm!». No podía gritar porque nos descubrían. Cuando por fuera de la licra y la tanga me empezó a frotar esa vergota, que vi que era como de 19 cm, estaba dispuesta a que me la metiera. Pero una vecina nos interrumpió y me tocó irme a mi casa con las ganas, y él meterse a la suya. La vecina no supo quiénes éramos.
Llegué a mi casa toda agitada, con la cara roja y las piernas me temblaban. Me sentía sin aliento. Mi mamá me dijo: «¿Qué te pasa?». Y le dije: «No, nada, solo que me encontré con un amigo». Ella se puso seria y dijo: «Ojalá no sea el vecino, sabes que es casado». Porque ella sabía lo coqueta que yo era con él y que me gustaba ser putica, que me iba a la cama con los hombres que me gustaban. Y ella sabía que el vecino me gustaba.
Al otro día me encontré con Javier. Me quedó mirando como siempre y yo lo vi fijamente a él. Me mordí los labios y le hice entender que quería tener sexo con él. Me preguntó: «¿Te gustó lo de anoche?». Le respondí: «Me encantó, lástima que no pudimos terminarlo. Lo deseaba muchísimo». Me dijo que lo terminábamos y me preguntó que podía el fin de semana, que se escapaba de la esposa. Le respondí que sí, que fuéramos a un motel.
Llegó el fin de semana. Me depilé la vagina, me puse ropa interior sexy. Pues antes de operarme era talla 36B, tenía buenas tetas, lo cual a Javier le gustaba. Me puse un brasier color rojo intenso y una tanga roja de encaje como en malla, una blusa roja que realzaba mis tetas y una minifalda negra, y unas botas de tacón hasta la rodilla color negro. Bien maquillada.
Me subió a su carro. Me saludó con un beso largo y apasionado, al cual le correspondí metiendo mi lengua en su boca. Me llevó primero a comer y luego a una tienda de ropa. Me dijo: «¿Quieres que te compre?». Y le respondí que ropa interior. Me compró un par de brasieres y tangas y me dijo que los usara solo con él. Lo que no sabía era que tenía muchos amantes, jajaja.
Luego de esto nos fuimos a un motel. Pero mientras íbamos en su carro, me metía la mano por debajo de la falda, me acariciaba la vagina e hizo que me mojara. Llegamos al motel, pidió una habitación, subimos, entramos. Sacó los condones y yo feliz porque era lo que siempre había querido. Ya estaba muy húmeda.
Me subió la blusa y el brasier. Me chupó las tetas, me hacía gemir. Me estremecían los piquetes de la barba de Javier mientras me las chupaba. Abrí las piernas, me metió la mano y empezó a meterme el dedo del corazón en mi vagina. Me hacía gemir como perra mientras me besaba.
De pronto me desnudó. Javier se desnudó también y sacó esa vergota gruesa y venosa. La agarré con mi mano derecha y sentí su palpitar y lo caliente que estaba. Comencé a mamársela, a pasarle la lengua por los huevos y luego por el grande, haciendo movimientos circulares y chupándosela. Me la llegaba hasta la garganta. Sentía cómo sus líquidos salían por los labios de mi boca.
Me tiró a la cama, abrió mis piernas, se puso el condón y me empezó a penetrar despacito. Yo gemía de placer, me dolía un poco, me sentía en las nubes. Me dio como por 10 minutos hasta que nos vinimos.
Luego comenzó a chuparme la vagina. Yo ya no sentía las piernas del orgasmo que me había hecho sentir. Quería que me siguiera penetrando, pero me comenzó a morder un poco el clítoris y a meter la lengua en la vagina haciendo movimientos circulares. Esa barba me hacía sentir placer, me picaba la vagina. Yo gemía y gemía como perra.
Me agarró, me volteó e hizo que me pusiera en cuatro patas. Me comenzó a penetrar la vagina con movimientos rápidos, con molinos circulares. Me hizo venir rápido. Se quitó el condón y se vino en mis nalgas. Luego hizo que le cabalgara la verga, yo encima de él. Me movía tan rápido que mis tetas se movían mucho, saltaban. Me vine mucho, mis jugos vaginales mojaron hasta su estómago. Él se chupaba los dedos de la emoción.
Terminamos. Me dijo que yo siempre había sido su fantasía sexual y que si quería ser su puta siempre. Le respondí que él era la mía, que ya la había cumplido. Lo hicimos como por una hora más, jajaja. Me dolía todo, las piernas, la vagina, pero estaba feliz. Nos despedimos con un beso. Me llevó a mi casa.
Este no fue nuestro único encuentro. Tuvimos muchos, hasta que la esposa casi nos descubre.
Llegué a mi casa y mi mamá me preguntó que si estaba con el vecino. Le respondí que sí, que me había llevado a un motel y que me había comprado ropa interior. Luego me preguntó que si era bueno en la cama. Le dije: «Ufff, el mejor», y que lo disfruté, que fue muy rico.
Mi mamá sabe que soy una golfa, que me gusta ser puta, ser coqueta, que soy ninfómana.


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