Por
Anónimo
Mi tarde en la cabina, salí chorreando leche y temblando
Un martes entré temblando a uno de esos lugares discretos del centro. Pagué, me metí en la cabina pequeña, cerré y me senté. El olor a sexo y la luz tenue me pusieron la piel de gallina.
A los pocos minutos escuché el primer golpe suave en la pared. Bajé la mirada y vi el agujero. Por ahí asomó despacio la primera verga.
Era mediana, como 15 cm, pero bien gruesa y venosa, con una cabeza grande y morada. Olía rico a hombre. Me arrodillé, nerviosa, y le di una lamida lenta. Estaba caliente y palpitaba. Abrí la boca y la metí. Me llenaba bien la boca. Empecé a chupar despacio, saboreando cada centímetro, pasando la lengua por las venas marcadas. La saliva me chorreaba mientras subía y bajaba la cabeza. El tipo gemía y empujaba. No tardó mucho: explotó fuerte, llenándome la boca de leche espesa y caliente. Tragué todo, saboreándolo.
Apenas terminé de limpiarme los labios, apareció la segunda.
Esta era larga y delgada, como 18-19 cm, recta como una flecha, con una cabeza rosada y puntiaguda. Parecía más fácil, pero era perfecta para garganta profunda. La agarré con la mano y la metí entera hasta que mi nariz tocó la pared. Sentí cómo me abría la garganta. La chupé con ganas, rápido, haciendo ruidos mojados y obscenos, babeando muchísimo. La sacaba completamente, le escupía y la volvía a tragar hasta el fondo. Mis ojos lagrimeaban pero no paraba. Se corrió directo en mi garganta, un chorro largo y líquido que me bajó calentito sin casi saborearlo.
La tercera me sorprendió.
Era más corta, pero muchísimo más gruesa. Una verga corta y gorda, como un antebrazo, oscura, con venas gruesas y una cabeza enorme e hinchada. Apenas cabía en mi boca. Tuve que abrir bien grande, casi me dolía la mandíbula. La chupé con dificultad, lamiendo y succionando esa cabeza tan ancha, masturbándola con las dos manos al mismo tiempo porque no entraba toda. La saliva me corría por el cuello y entre mis tetitas. Me sentía tan puta… El tipo gruñó fuerte y me inundó la boca con semen espeso y abundante, tanto que me salió por las comisuras y me chorreó por el mentón. Lo lamí todo como gata hambrienta.
Para el cuarto ya estaba empapada y sin vergüenza alguna.
Este era un monstruo. Largo como 28 cm y muy grueso, con una cabeza gigantesca y brillante. Pesada, curvada ligeramente hacia arriba, venas marcadas por todos lados. Me costó trabajo incluso meter la cabeza. Tuve arcadas fuertes cuando intenté tragarla profundo, lágrimas me corrían por las mejillas, pero estaba tan excitada que no podía parar. La chupaba con desesperación: profundo, baboso, ruidoso, girando la lengua, apretando los huevos pesados y peludos con una mano mientras con la otra la masturbaba en la base. Mi coño estaba chorreando, me tocaba por encima de la tanga mientras la mamaba como loca.
Cuando se corrió fue una explosión. Chorros fuertes, calientes y abundantes que me llenaron la boca y se me escaparon por los labios. Tragué lo que pude, el resto me cayó en la barbilla, el cuello y las tetas.
Salí de la cabina con las piernas temblando, los labios hinchados y rojos, la cara y el pecho manchados de semen, la tanga empapada… y una sonrisa enorme.
Fui solo por curiosidad y ahora quiero más..
De todos los tamaños.


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