Por

Anónimo

julio 7, 2026

181 Vistas

julio 7, 2026

181 Vistas

Mi profesora de universidad me obligó a comerle el coño

0
(0)

Tenía 21 años y estaba en segundo año de carrera. La profesora de Literatura era una diosa: 30 años, cuerpo de infarto, tetas grandes, cintura estrecha y unas piernas largas que volvían loco a todo el salón. Siempre vestía blusas ajustadas y faldas que marcaban ese culo perfecto. Se llamaba Elena.

Yo era un alumno promedio, pero ella empezó a pedirme que me quedara después de clase para “hablar de mis trabajos”. Al principio pensé que era casualidad, pero pronto me di cuenta de que había algo más.

Un jueves por la tarde me pidió que fuera a su oficina a recoger unas correcciones. Cuando llegué, cerró la puerta con llave, se sentó en el borde del escritorio y me miró con una sonrisa peligrosa.

—Hoy no vamos a hablar de literatura —me dijo—. Me tienes loca desde hace semanas. Arrodíllate.

Me quedé congelado. Ella abrió las piernas lentamente, se subió la falda y me mostró que no traía bragas. Tenía el coño completamente depilado, rosado y ya mojado.

—No te lo estoy pidiendo —dijo con voz firme—. Te estoy ordenando que me comas el coño. Ahora.

Me arrodillé frente a ella como un idiota. Elena me agarró del pelo con fuerza y me empujó contra su coño. Empecé a lamerla despacio, pero ella quería más. Me apretaba la cabeza contra ella y movía las caderas, follándome la cara.

—Más rápido… usa la lengua en el clítoris —gemía—. Así, buen chico.

Estaba empapada. Me chorreaba por la barbilla mientras le comía el coño con ganas. Ella se mordía los labios para no hacer mucho ruido, pero gemía bajo y me insultaba suavemente:

—Eres mi puto alumno favorito… lámeme más adentro.

Después de unos minutos empezó a temblar, me apretó la cabeza con los muslos y se corrió fuerte en mi boca. Sentí cómo se contraía y me inundó con sus jugos. Me obligó a seguir lamiendo mientras se recuperaba.

Cuando terminó, me miró desde arriba todavía jadeando y sonrió:

—Buen trabajo. La próxima vez te voy a dejar follarme… si te portas bien.

Se bajó la falda, me limpió la cara con un pañuelo y me dijo que podía irme. Salí de esa oficina con la verga dura como piedra y el sabor de su coño todavía en la boca.

Desde ese día cada vez que tenía tutoría terminaba arrodillado comiéndole el coño en su oficina. A veces me dejaba masturbarme mientras lo hacía, pero ella siempre era la que mandaba.

¿Que te ha parecido este relato?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Deja un comentario

También te puede interesar

El Parque

anonimo

05/10/2018

El Parque

Una mamada rapida

querubinbalnco

04/03/2022

Una mamada rapida

El amigo de mi papá me enseñó a mamar

anonimo

19/08/2025

El amigo de mi papá me enseñó a mamar
Scroll al inicio