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noviembre 5, 2026

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Mi primo Mateo

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Me llamo Valeria, tengo 23 años, y mi primo Mateo tiene 20. Siempre fuimos cercanos, nos queremos como hermanos , pero desde que él cumplió los 18 empezó a mirarme diferente.

Al principio eran solo miradas largas. Después empezaron los comentarios.

— Estás más buena cada día, prima…

Yo me reía y le cambiaba el tema. Hasta que un día, a solas en casa de unos tios, me lo dijo directo:

— Valeria quiero cogerte.

Me quedé helada.

— Estás loco Mateo!!. Somos primos. Eso no se hace, y me hice la indignada.

Él no se ofendió, solo sonrió y insistió otra vez. Una y otra vez.

Cada vez que nos quedábamos solos me lo recordaba. Yo le decía que no, que estaba enfermo, que se buscara una novia. Pero algo dentro de mí empezó a cambiar.

Empecé a provocarlo sin darme cuenta al principio… y después lo hacía a propósito.

Usaba minivestidos cortos cuando sabía que él iba a estar, minifaldas que se me subían si me agachaba, me sentaba frente a él con las piernas entreabiertas “sin querer”. Él se ponía duro y yo fingía no darme cuenta, aunque por dentro me mojaba.

Los días pasaban y la tensión se volvió insoportable.

Una tarde de lluvia nos quedamos otra vez solos. Yo llevaba un vestidito negro que apenas me cubría el culo. Mateo me miró de arriba abajo y repitió lo de siempre:

— Dejame cogerte, Valeria. Solo una vez, por favor!

Esta vez no dije que no de inmediato. Me mordí el labio, lo miré a los ojos y le contesté en voz baja:

—…Está bien. Pero solo esta vez.

No hizo falta más, me empujó contra la pared y me besó con hambre. Le subí la remera, le bajé el pantalón y saqué su pija. Estaba gruesa, dura, latiendo.

Me arrodillé y me la metí en la boca, se la lamí de la cabeza a la base, dándole chupones. Él gruñó y me agarró del pelo mientras yo se la chupaba con ganas, saliva por todos lados.

Me levantó, me subió el vestido, me apartó la tanga y me metió dos dedos en la concha. Estaba empapada.

Me cargó hasta el sofá, me puso de espaldas, me sacó la tanga y se colocó entre mis piernas y me penetró.

La cabeza gruesa me abrió la concha y solté un gemido largo, me la metió hasta el fondo de un solo movimiento.

Empezó a cogerme fuerte, el sofá se movía, yo le clavaba las uñas en la espalda y le pedía más duro. Me puso en cuatro, me nalgueó, y me volvió a meter la pija en la concha, me la embistió todavía más profundo. Después se acostó y me hizo montarlo. Me senté sobre su pija y reboté como loca, las tetas fuera del vestido, mientras él me las apretaba y me embestía hacia arriba.

— Siempre quisiste esto, ¿verdad?, jadeó.

— Callate y cogeme, le contesté.

Me volteó otra vez, me abrió las nalgas y me escupió el culo, rozando mi agujero con su pija, la empujó despacio, grité cuando la cabeza entró, pero no le dije que parara.

Me la metió completa y empezó a cogerme por el culo con ganas mientras me frotaba el clítoris. Me corrí apretándolo, temblando. Él no aguantó mucho más, se salió y eyaculo sobre mi espalda y mis nalgas.

Nos quedamos tirados en el sofá, sudados, jadeando. El vestido hecho un desastre, su pija todavía semi-dura y brillante.

Mateo me miró con una sonrisa de triunfo.

—¿Solo esta vez, ?

Yo me limpié el semen con los dedos, me los chupé y le contesté, todavía recuperando el aliento:

— Tal vez pueda ser otra vez…

Otra día, mientras usabamos la piscina, salimos del agua justo cuando el sol empezaba a bajar. Los dos solos en la casa de los tío otra vez. Yo llevaba solo la parte de abajo del bikini, las tetas al aire, los pezones duros por el agua fría. Mateo no disimulaba la erección que le marcaba el short mojado.

Ni siquiera llegamos a la toalla, me empujó contra la pared de la casa, me bajó el bikini de un tirón y me levantó una pierna, se sacó la pija y me la metió de un solo golpe. Estaba tan mojada que entró fácil, pero igual me sacó un grito.

—¡Ah, Carajo…!

Empezó a cogerme ahí mismo, de pie, fuerte, sin piedad, cada embestida me hacía rebotar contra la pared. Yo ya no me aguantaba: gemía y gritaba sin cuidarme de si alguien podía escucharnos.

—¡Más duro, Mateo! ¡Reventame la concha!

Me giró, me puso las manos en la pared y me la metió desde atrás, embistiéndome con intensidad, me nalgueaba fuerte, el sonido de las palmadas mezclado con el chapoteo de su pija entrando y saliendo de mi concha. Gritaba su nombre, pedía que me de más duro, que me llenara.

Me bajó al piso de césped todavía mojado, me puso en cuatro y se montó encima, me penetró y me cogió como animal, profundo, rápido, tirándome del pelo. Yo gritaba sin ningún pudor, el culo en alto, las tetas colgando y sacudiéndose.

—¡Así… así… me voy a correr!

Él no paró, cuando sentí que me venía, me apretó más fuerte contra el césped y me embistió todavía más rápido. Me corrí gritando, contrayéndome alrededor de su pija.

Él se salió, me dio la vuelta y me la metió en la boca de un empujón, eyaculando enseguida, llenándome la garganta de leche caliente. Me lo tragué casi todo, aunque parte se me escapó por la comisura de los labios y me cayó en las tetas.

Nos quedamos tirados en el pasto, jadeando, el cuerpo lleno de agua de piscina, saliva y semen. Yo me reía entre respiraciones agitadas, sin ninguna vergüenza.

—Que nos descubran si quieren…

Total, ya me cogiste como puta en el jardín.

Mateo, todavía con la pija semi-dura y brillante, me miró y sonrió.

— La próxima vez lo hacemos en la cama de la Tía Rosa, con las luces prendidas.

Me lamí el semen que me había quedado en un pezón y contesté, todavía con la voz ronca:

—Cuando quieras, primo.

Pero esta vez yo elijo la posición.

Ya no podía disimularlo, estaba adicta a la pija de mi primo. Cada vez que lo veía se me mojaba la concha y solo pensaba en tenerla dentro otra vez.

Esa tarde, apenas nos quedamos un momento a solas, lo agarré de la mano y lo arrastré al baño.

Cerré con seguro, me arrodillé y le bajé el short de un tirón. Su pija ya estaba semi dura, me la metí en la boca con hambre, lamiendolo todo, chupando profundo, babeando, mirándolo a los ojos mientras se la tragaba casi entera. Mateo gruñó y me agarró del pelo.

No me dejó terminar. Me levantó, me pegó contra el azulejo frío de la ducha y me levantó una pierna, me la metió de un solo golpe en la concha y empezó a cogerme duro, salvaje.

Cada embestida me hacía golpear la espalda contra la pared, la cortina de la ducha se vino abajo de tanto que nos movíamos, cayó al piso hecha un montón.

— Más fuerte… cógeme , le pedí entre gemidos.

Me bajó, me puso en cuatro sobre la cortina tirada y me abrió las nalgas. Escupió y empujó. La cabeza gruesa de su pija me abrió el culo de a poco.

Grité cuando entró completa, Mateo no esperó, empezó a cogerme por el culo con ganas, profundo, mientras me frotaba el clítoris con los dedos. Yo empujaba hacia atrás y gemía sin control.

Cuando ya no aguantaba más el ardor y el placer, lo tumbe al piso, me monté sobre su pija y me la clavé en la concha hasta el fondo. Empecé a cabalgarlo como una loca, rebotando, las tetas sacudiéndole en la cara.

— Qué rica pija primo… me tenés adicta, hijo de puta… reventame la concha… llename…

Gritaba groserías sin filtro, gemía su nombre, le pedía que me cogiera más duro. Él me nalgueaba y me embestía hacia arriba con fuerza.

De pronto se escuchó el golpe fuerte en la puerta.

— ¡¿Qué está pasando ahí?! ¡Abran!

¡Valeria! ¡Mateo!

Era la tía Rosa. Estaba del otro lado, golpeando fuerte. Nosotros no paramos, yo seguí rebotando sobre su pija, tapándome la boca a medias, pero los gemidos igual se filtraban.

Mateo me miró, sudado, y me embistió todavía más fuerte, como desafiando a que nos descubrieran.

La tía seguía golpeando.

—¡Escucho ruidos, carajo! ¡Abran ahora mismo!

Yo me corrí en ese momento, apretando la pija de mi primo, mordiéndome el labio para no gritar demasiado. Él se tensó y eyaculo dentro de mí, llenándome la concha otra vez.

Nos quedamos quietos un segundo, jadeando, su leche escurriéndome entre las piernas mientras la tía seguía del otro lado:

—¡¿Qué carajos están haciendo en ese baño?!

Me bajé despacio de su pija, me limpié un poco con la cortina tirada y le susurré, todavía sin aliento:

—Inventá algo primo…porque yo no pienso parar después de esto.

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