agosto 8, 2026

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Mi primera vez anal

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Más joven le tenía algo de miedo al sexo anal, pero la primera vez que lo probé… simplemente no pude dejarlo.

​Tenía mucho tiempo sin ver a un amigo con el que en su momento fui «con derechos», así que nos fuimos a un bar a ponernos al día. Estuvimos tomando y hablando durante la noche, pero conforme avanzaban los tragos, las ganas nos ganaron. Decidimos irnos a un motel a seguir la fiesta. Compramos más bebidas en el camino y yo iba manoseándolo sobre la ropa mientras manejaba.

​Al llegar fuimos directo al grano. A mí me encanta tomar y fumar durante el sexo; me pongo mil veces más caliente, sensible y puerca. Después del primer tiempo yo estaba muuuuy drogada y acelerada, sentía todo el cuerpo vibrando. Él empezó a acariciarme suavemente con la yema de los dedos por el cuello, bajando por mis pechos, mi abdomen y entre mis piernas… no para calentarme, sino como para relajarme, pero yo estaba full encendida. Todo se sentía demasiado intenso y no pude evitar gemir.

​Al escucharme, empezó a besarme el cuello, apretarme los pezones y pasar sus dedos sobre mi clítoris. No me masturbaba bien, solo me paseaba los dedos llevándome al límite. Seguimos así un rato hasta que yo ya no podía más; estaba empapada y con el corazón a mil.

​Me puse de lado y le agarré la verga para metérmela, pero en el intento de buscar mi vagina, la cabeza rozó mi ano… ¡y no mames! Fue la sensación más perra y rica que he sentido en la vida, así que continué. A él eso lo puso a mil; nunca me lo había pedido, pero en ese segundo descubrí que se moría por hacérmelo.

​Ese hombre tiene una verga gorda, así que con la pura cabeza de su pito me estuvo acariciando y empujando suave. Cuando empezó a abrirse paso y entrar, diablos… de verdad me estaba muriendo de placer. Es delicioso sentir cómo semejante pito va presionando poco a poco y cómo tu culo se va abriendo para él. Después me puse boca abajo, él se acomodó sobre mis nalgas y siguió abriéndome.

​Estaba tan caliente que ni siquiera necesitamos lubricante de bote: agarró toda la babita y humedad que me salía de la vagina, se la untó en toda su verga gorda y me la dejó ir de golpe.

​En ese momento pegué un grito y empezó a darme durísimo. Yo estaba temblando de lo excitada que estaba. Sentir sus huevos rebotar contra mi vulva hinchada, sensible y empapada, mientras me reventaba el culo a estocadas y me daba nalgadas, fue demasiado para mí.

​Metí la mano entre mi cuerpo y el colchón para sobármelo. En el primer roce con mi clítoris quedé al borde, y a los pocos segundos me vine con un orgasmo muuuuy fuerte y rico. Él no me dio tregua; ver cómo me venía lo puso peor y me empezó a dar todavía más fuerte, nalgueándome hasta dejarme las nalgas rojas mientras me seguía rellenando el culo.

​Entre los espasmos de mi orgasmo y el placer de que me estuvieran rompiendo el culo deliciosamente, él terminó adentro llenándome completamente de su semen.

​No dejé que me la sacara hasta después de un buen rato… porque ¡verga!, qué sensación tan deliciosa es tener un pito así de enorme metido en el culo mientras la vagina te palpita de lo mojada.

​Fue una primera vez inolvidable y, desde ese día, no he dejado de hacerlo.

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