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Anónimo

junio 12, 2026

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Mi esposa borracha es mi perdición

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Confieso que cuando mi esposa llega borracha me la follo con unas ganas que no me explico. No sé si es verla toda inconsistente, tambaleándose, con los ojos vidriosos y esa sonrisa tonta que se le pone cuando ya pasó de copas. Pero me prende muchísimo. Me excita sentirla indefensa, aunque suene feo decirlo. Ella confía en mí al cien, y eso es lo que hace que se me pare la verga como loco.

La otra noche llegó pasada las doce, con olor a tequila y esa risita que me mata. Apenas podía sostenerse en los tacones. La senté en la cama, la desvestí despacio mientras ella balbuceaba incoherencias. Para cuando le quité el pantalón, ya traía el calzón mojado. Esa es otra cosa: cuando está borracha se le encharca la vagina, como si su cuerpo pidiera verga sin que ella pudiera controlarlo.

La acosté boca arriba, separé sus piernas y empecé a chuparle todo: los pezones, el ombligo, los muslos. Cuando llegué a su culo, le abrí las nalgas y le metí la lengua directo en el asterisco. Gemía borracha, moviéndose apenas. Ahí supe que esa noche quería más.

Saqué el consolador que tenemos guardado, uno rosado de unos veinte centímetros. Se lo fui metiendo despacio mientras ella decía «ay, ay» con la voz rota. Luego me puse encima y metí mi verga también. Sí, al mismo tiempo: el consolador en su vagina y mi pito en su culo. No sé cómo le cabe, pero a ella le encanta cuando está así. Me apretaba los brazos, me clavaba las uñas sin fuerza. Se sentía su culo bien caliente y apretado alrededor de mi verga, mientras el consolador zumbaba dentro de su conejo.

Estuvimos así un buen rato. Yo empujaba duro, sin miedo a lastimarla porque ella ya estaba en otro planeta. En un momento saqué el celular y le tomé fotos: su cara desencajada, los labios hinchados, el consolador asomando entre sus piernas mientras mi verga entraba y salía de su culo. También grabé unos videos cortos donde se escucha cómo gime y cómo le digo cosas sucias. A ella le gusta verme después, cuando está sobria, y se ríe de lo puta que se ve.

Terminé viniéndome en su espalda. La leche le cayó entre los omoplatos y ella ni se movió, solo sonrió dormida. La limpié, la tapé y me acosté a su lado bien satisfecho.

Lo importante es que ella sabe todo esto. Me dio su consentimiento desde la primera vez. No es abuso, es un juego entre los dos. Ella confía en mí y yo en ella. Pero no miento: verla borracha y sumisa me vuelve loco. Me la follo con más rabia, más profundidad, más todo. Y a la mañana siguiente, cuando me ve los videos, se ríe y me dice: «Otra vez esta noche».

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