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agosto 14, 2025

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Mi casi aventura con la ex tía política

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No sé qué demonios me pasó por la cabeza, pero ahí estaba, sudando frío mientras miraba el celular esperando su respuesta. Todo había empezado como un juego estúpido, un perfil falso, un «adivina quién soy» y unos mensajes cada vez más calientes. Nunca pensé que terminaría así, con mi ex tía política (bueno, ex de mi tío, para ser exactos) mandándome fotos de ese culo que me volvía loco desde los 15 años.

La cosa es que M siempre fue esa mujer que todos mirábamos en las reuniones familiares. Morena clara, pelo negro como azabache, y ese par de nalgas que se marcaban bajo el vestido como dos lunas llenas. Cuando se separó de mi tío, empecé a ver sus fotos en redes -puros escotes y shorts que dejaban poco a la imaginación- y una noche de borrachera y pajas seguidas, me creé el perfil falso.

Al principio fue un juego. Le escribí ese «adivina quién soy» y ella, la muy puta, siguió el rollo. Para el tercer día ya le estaba describiendo cómo le chuparía ese culo que siempre quise morder. Y ella, en vez de bloquearme, me mandó una foto en tanga diciendo «¿así te gusta, bebé?». Casi me corro ahí mismo.

Pero el punto de no retorno fue cuando le dije: «¿Y si te hablo de mi perfil real? ¿No te asustas?». El minuto que tardó en responder se me hizo eterno. Cuando le mandé el mensaje desde mi cuenta verdadera y vi los «…» de que estaba escribiendo, el corazón se me quería salir del pecho.

«Noooooo no es cierto en mi vida me imaginaba que fueras tú, estoy en shock».

Pensé: «Ya valió madres, se arruinó todo». Pero al día siguiente, el mensaje que nunca olvidaré: «Hola corazón, pensé mucho en ti y mis sentimientos siguen siendo los mismos, quiero que me cojas bien rico». Si supieran lo que se me paró en ese momento.

Los días siguientes fueron una mezcla de terror y excitación. Le mandé videos jalándomela pensando en ella (algo que nunca había hecho con nadie) y ella me describía cómo me montaría. Hasta acordamos vernos en un motel cerca de su trabajo.

El día llegó. Yo, todo nervioso, llegué primero. Cuando tocaron la puerta y la vi entrar con esos jeans ajustados y escote, se me secó la boca. «Hola, sobrino», me dijo con una sonrisa que me dejó claro quién llevaba los pantalones aquí.

Nos besamos como si no hubiera un mañana. Sus manos me desabrocharon el pantalón mientras yo le apretaba ese culo que tantas pajas me había sacado. Cuando por fin la tocó, sentí que estaba mojada como nunca. «Te gusta esto, ¿verdad? Tu tía toda mojada por ti», me susurró al oído mientras me masturbaba con su mano.

Pero justo cuando iba a bajarle el pantalón, sonó su celular. Era mi prima (su hija) diciendo que había salido temprano de la escuela. M se puso pálida. «Tengo que irme», dijo, arreglándose la ropa a toda prisa.

«¿Y esto?», pregunté señalando mi verga dura como piedra.

Ella, la muy cabrona, se agachó, me la sacó y con una mamada rápida pero intensa que me dejó viendo estrellas, me dijo: «Para la próxima, papi», y se fue dejándome ahí, con los huevos azules y la moral por los suelos.

Nunca hubo próxima vez. A la semana se reconcilió con mi tío y me bloqueó de todos lados.

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