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junio 8, 2026

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Los shorts cortos

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Me llamo María y tengo 23 años. Vivo con mamá y papá en la casa familiar. Mamá trabaja muchas horas y suele llegar tarde, así que la mayor parte del tiempo soy yo la que anda por la casa durante el día. Con el calor de estos meses, me he acostumbrado a estar cómoda: uso shorts cortos de algodón que apenas cubren lo necesario. Sé que son muy cortitos, pero en casa me siento segura… aunque últimamente eso está cambiando.

Esa tarde bajé a la cocina a buscar agua fría, descalza y con uno de mis shorts negros favoritos. Papá estaba frente al refrigerador. Cuando me acerqué, se dio vuelta de golpe y chocamos. Mi cadera rozó la suya con fuerza. Su mano, intentando evitar que me cayera, quedó apoyada en mi cintura, justo donde terminaba la tela del short.

—Perdón, María… —murmuró. Su voz sonó más grave de lo habitual. Mamá estaba en el living, pero desde la cocina no se veía.

Me aparté despacio. El short se me había subido y lo bajé rápidamente con las manos. Noté que su mirada bajó un segundo antes de volver a la nevera. Sentí calor en la cara y seguí como si nada.

Más tarde, por la noche, estaba tirada en el sofá del living viendo una serie. Mamá ya se había acostado. Tenía las piernas estiradas y el short se me ajustaba mucho. Papá entró a apagar las luces y tropezó suavemente con mis pies. Para no perder el equilibrio, apoyó una mano en mi muslo desnudo, bastante arriba. El contacto duró unos segundos más de lo normal.

—Estás muy grande ya… —dijo bajito, casi para sí mismo, mientras retiraba la mano despacio. Sus dedos rozaron mi piel al hacerlo.

Me senté mejor, cruzando las piernas. El short se tensó más. Papá se quedó parado un momento mirándome antes de apagar la luz y subir.

Al día siguiente, mientras yo me estiraba para alcanzar un vaso en la alacena alta, me puse en puntas de pie. El short se levantó bastante atrás. Papá entró justo en ese momento. Al bajar, choqué contra él: mi espalda contra su pecho. Sus manos se posaron en mis caderas para “estabilizarme”.

—Ten cuidado, hija —susurró cerca de mi oído. Su respiración me rozó la nuca.

Mamá estaba en el jardín regando las plantas, pero el momento en la cocina se sintió solo nuestro. Respondí con un “sí, papá” muy suave. Cuando me soltó, mi corazón latía fuerte.

Estos encontronazos empezaron a repetirse. En el pasillo estrecho cuando salía del baño, su cuerpo rozando el mío; su mano que “accidentalmente” se deslizaba por mi muslo al pasar junto al sofá; las miradas que duraban un segundo de más cuando mamá no estaba mirando… Nunca pasaba de roces, silencios cargados y esa electricidad extraña que flotaba en el aire cada vez que yo elegía los shorts más cortos.

Hubo una noche en que cuando salí de ducharme por error dejé un panty en el baño,cuando salío que entro a buscarlos no estaba,después de 2 días apareció en mí cama húmeda y con olor raro.

Aunque mamá vive con nosotros, esos momentos con papá se sentían cada vez más intensos y privados.

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Una respuesta

  1. Antonio Antonio

    Te gustaría que te cojiera tu papá?; a mi me encantaría cojerme a mi hija.

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