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Le cambie mi virginidad a mi abuelito por su casa
Hola soy Alejandra, tengo 27 años y quiero confesarles esto que pasó hace algunos años, lo he mantenido en secreto porque ya saben cómo es ser parte de una familia conservadora y de buenos principios, además, quiero aprovechar que hoy es el aniversario luctuoso de mi abuelito Manuel y quiero rendirle un pequeño tributo a su memoria.
Esto pasó cuando tenía 18 años, mi abuelito Manuel fue de visita una tarde y cogimos aprovechando que iba a su casa por las tardes, todo pasó sin poder evitarlo, él fue la unica persona normal en mi familia y me mostró un mundo lleno de placer que solo imaginaba en mis fantasías.
Como ya les dije, mi familia era súper conservadora, mi mamá no toleraba que nosotras anduviéramos como mis amigas con la ropa toda ajustada y enseñando de más, yo usaba faldas hasta la pantorrilla y blusas que parecían de señora, no usaba maquillaje más que un poco de rubor y si acaso, me ponía brillo labial, no podía ponerme sombras en los ojos ni enchinarme las pestañas, era inaceptable para mis padres.
A veces mis tíos nos visitaban y siempre nos hacían los típicos comentarios de que ya estábamos grandes, a mis hermanas y a mí nos chuleaban porque ya éramos unas mujercitas muy lindas, nosotras bajábamos la mirada y sonreíamos discretas, mi mamá nos miraba muy seria, y cuidado con decir algo o contestarles feo a mis tíos.
Mi abuelito materno era punto y aparte, siempre nos decia que parecíamos monjas al vestirnos de esa manera, regañaba a mi mamá porque las chicas de mi edad se vestían totalmente diferente y mi mamá las criticaba muy feo, casi siempre terminaban peleados y por alguna razón a nosotras nos castigaba sin salir por varias semanas.
Ya cuando cumplí los 18 años, mi abuelito nos dijo que ya era hora de rebelarnos, debíamos vivir la vida y no crecer de esa manera tan reprimida, claramente mi mamá nunca estuvo de acuerdo, nosotras no decíamos nada, ya sabíamos que si se enojaba, era no salir por varios días.
Una tarde, llegué de la escuela, mi abuelito estaba en el comedor platicando con mi mamá, lo saludé y mi mamá me dijo que me sentara a comer, él volvió a insistir, necesitaba que mi mamá fuera a ayudarle por las tardes a hacer sus terapias, ella le dijo que no podía porque apenas le alcanzaba el tiempo para hacer todas las cosas de la casa y debía atender la tienda de abarrotes que teníamos en la casa.
Yo comía callada escuchando la plática, mi mamá no toleraba que nos metiéramos en pláticas de adultos, mi abuelito se quedó callado unos minutos, le preguntó si alguna de nosotras podría ir a ayudarle, mi mamá soltó una carcajada y le dijo que ninguna de nosotras querría ir porque solo pensábamos en irnos con los muchachos.
En ese momento, no sé por qué, abrí la boca y les dije que yo iba sin problemas, mi mamá me echó su mirada intimidante y mi abuelito se emocionó, le dijo que me diera permiso, ya que a ella no le importaba su salud, mi mamá soltó un suspiro y me dijo que más me valia no salirle con que no entregaba las tareas por irme con el abuelo y que me quería en casa en punto de las 5 de la tarde.
Mi abuelito me dijo que me esperaba en su casa los martes y miércoles saliendo de la escuela, eran los días que su enfermera no podía ir, terminé de comer y subí a hacer mi tarea, unas horas más tarde, mi mamá subio a regañarme por andar de metiche.
Su carácter y su manera tan estricta de ser, me motivaban demasiado para aprovechar cualquier pretexto para salir de la casa, aunque casi siempre terminaba muy molesta por sus regaños, esta vez me sentí muy feliz porque por primera vez, no pudo hacer nada para evitar que me saliera con la mía.
Y llegó ese martes, salí de la escuela y me fui a la casa de mi abuelito, él vivía solito porque mi abuelita había muerto hace algunos años, todos mis tíos ya estaban grandes y lo visitaban cada que se acordaban de él, llegué y toqué a su puerta, salió a abrirme muy emocionado, entré a su casa que tenía un olor a medicamentos y colonia de señor.
Su terapia eran ejercicios en las piernas porque se cayó y se lastimó la cadera y la columna, a su edad ya le dolía todo, o al menos eso nos hacía pensar, él usaba un pants holgado y una playera muy grande, traía puestas sus pantuflas y tenía mojado el cabello, creo que había salido de bañarse.
Me explicó los ejercicios que tenía que hacer y de qué manera debía ayudarlo, en la sala tenía un tapete, dejé mi mochila en uno de los sillones en lo que él se acomodaba, me miró y me dijo que me quitara el suéter porque iba a empezar a sudar, yo solo sonreí y le dije que así estaba bien, mi negativa le dio lo mismo, me pidió acomodarme frente a él y levantar sus piernas poco a poco.
Me puse de rodillas frente a él y tomé sus tobillos, fui siguiendo sus indicaciones, tuve que ser muy cuidadosa porque empezó a gemir por el dolor, de pronto empezó a hablar de mi mamá, no entendía cómo es que era tan disciplinada con nosotras, yo le dije que nadie lo entendía, estuvimos viboreándola mientras hacíamos las diferentes rutinas.
Después de unos minutos, el sudor bajaba de mi frente, empecé a agitarme y me volvió a decir que me quitara el suéter, sentí que me iba a sofocar y me lo quité, pero al salir, se llevó el broche de mi cabello, al verme con el pelo suelto, se levantó de inmediato, me miraba muy serio, se acercó y me dijo que era el vivo retrato de mi abuelita.
Yo me quedé quieta, al verlo acercarse no supe qué hacer, estaba como ido, me abrazó y sin decir nada me dio un beso, traté de gritar, pero sus labios se abrieron para jugar con los mios, de a poco, esa sensación me gustó y correspondí, él me apretaba hacia su cuerpo, lo abracé y nos besamos como en las peliculas.
Pasaron unos minutos, no nos despegábamos, su lengua y la mía se entrelazaban, sus manos se aferraban a mi cintura y me pegaba su erección en el vientre, eso provocó que un delicioso calor empezara a recorrer mi cuerpo.
Sentí sus manos bajar a mi trasero para sobar mis nalgas, hasta ese momento solo mi novio me había tocado de esa manera, claro que se llevó una buena cachetada al hacerlo, pero con mi abuelito fue distinto, su manera de tocarme me gustó mucho.
Amasaba mis nalgas con cuidado, como si las fuera a romper, yo estaba parada de puntitas porque él era más alto, en ese momento, sentí que empezó a levantar mi falda, un mar de emociones me inundó la cabeza, quería pedirle que parara, pero no me salían las palabras.
Mi falda subio y sus manos tomaron mi culito envuelto en esas pantaletas de señora que mi mamá me obligaba a usar, sentir mi piel lo hizo levantarme, yo perdí cualquier impulso de detenerlo, me aferré a su cuerpo con manos y piernas, sentí sus dedos llegar a donde nadie me había tocado antes, mientras me pegaba a su bulto firme y duro.
Como pudo se sentó en un sillón, yo no me apartaba de su boca, sentí sus manos desabrochar mi blusa, instintivamente empecé a jalar su playera, nos quitamos las prendas casi al mismo tiempo, vi su pecho lleno de pelos plateados, mientras dejaba caer mi blusa.
Sus manos viejas tomaron mis tetas sobre el sujetador, nos mirábamos sin decir nada, pero al empezar a sobar mis pechos, empecé a jadear y pude ver ese fuego en sus ojos, no esperó y me quitó el brasier, mis pechos firmes brincaron liberados y nuevamente los atrapó con sus manos, el amplio suéter y mi blusa ocultaban mis tetas copa C.
Sus manos apretaban muy fuerte mis pechos, se acercó a mis pezones y empezó a chuparlos como un bebé recién nacido, yo cerré los ojos porque sentí como si por dentro, me conectaran unos cables por todo el cuerpo, para ese instante, mis pantaletas ya parecían un tobogán por todo el fluido que empapaba mi panocha.
Mi abuelo se estaba dando un festín con mis grandes tetas, yo no tenía idea de qué hacer, eso era lo más loco que había hecho hasta el momento, en medio de ese placer delicioso, mi celular empezó a sonar, volteé a la mesita y era mi mamá, sentí que me había descubierto, me levanté asustada sin decir nada, tomé mi ropa y corrí al baño a vestirme, no contesté la llamada.
Me puse la ropa y me miraba al espejo, me sentía culpable y empecé a juzgarme, en eso volvió a sonar mi celular, nuevamente era mi mamá, ahora sí contesté, empezó a regañarme porque no había contestado, yo quería llorar, pero me contuve, me dijo que no quería que llegara tarde y me pidió pasarle a mi abuelo, salí del baño y se lo pasé, de inmediato supuse que solo quería confirmar que estaba en su casa y que no me había ido de loca como solía decir.
Mi abuelito la regañó y colgó, me pidió sentarme con él en la sala, se sentó a mi lado y paternalmente me dijo que lo disculpara, perdió el control al verme con el cabello suelto, realmente sintió que yo era mi abuelita, me prometió que no iba a volver a pasar y me dijo que ya no tenía que ir a ayudarle, yo lo detuve y le dije que ambos habíamos cedido a nuestros impulsos y que de cierta manera, había gozado el momento.
Me miró sonriente, le dije que iría todo el tiempo a ayudarle, continuamos con los ejercicios y me fui a casa, todo el tiempo estuve recordando sus besos y sus caricias, que rico me hizo sentir al chuparme las tetas, mi hermana mayor llegó a casa del trabajo y fui a su recámara para pedirle consejo, ella era mi confidente y le tenía toda la confianza que a mi mamá no, obviamente, no podría ni siquiera mencionarle estos temas a mi mamá porque de inmediato supondría que ya andaba de puta.
Mi hermana me dijo que aún no debía tener relaciones porque estaba muy chica, pero si la situación se complicaba y no podía evitarlo, solo debía usar protección y gozar del momento, claramente, sin decirle nada a mi mamá porque me encerraría en mi recamara hasta los 40, sus palabras me dieron confianza y volví a mi recamara, me costó mucho trabajo dormir porque me puse muy caliente al recordar las caricias de mi abuelo.
Al día siguiente, llegué apurada a su casa, al entrar dejé mis cosas en el sillón, me quité el suéter y le pregunté si haríamos los mismos ejercicios, me dijo que ésta vez tocaba hacer otra rutina muy diferente, tenía una colchoneta sobre el piso en medio de la sala, se recostó y me indicó todo lo que debía hacer, pero lo sentí muy frío, como si estuviera evitándome.
Estaba segura de que ya no haríamos nada, al hacer los ejercicios pujaba y se quejaba, yo estaba de pie sosteniendo sus piernas y de vez en cuando me miraba, pude notar como su erección creció y de inmediato me pidió parar, yo me sonrojé y le dije que no se preocupara, me dijo que no estaba bien y trató de levantarse, pero su espalda le dolía y solo se lastimó al moverse rápido.
Le dije que no se moviera de esa manera porque solo se iba a lastimar, como le dolía mucho, le dije que se pusiera boca abajo y le ayudé a acomodarse.
Después me acomodé sobre de él y empecé a sobar su espalda, él no quería, pero al sentir mis manos frotar con cuidado su espalda, se relajó y me dejó hacerlo, de a poquito lo hice sentir mejor, al estar sobre de él, recordé como me tocaba y sin decir nada me quité la blusa y el sostén, él estaba totalmente relajado y no se dio cuenta.
Yo empecé a mover mi cadera por la calentura que ya me desbordaba, al sentir mis movimientos volteo y al verme con las tetas al aire trató de girar, pero tuvo que hacerlo con cuidado, tomé un cojín y lo puse bajo su cabeza, al tenerlo boca arriba, continúe frotando mi cadera sintiendo su bulto en mi cuquita, él me decía que no debíamos hacer eso, pero yo ya estaba fuera de control.
Tomé sus manos y las puse en mis tetas, empecé a dar brinquitos sobre su erección que ya estaba dura como piedra, él sobaba mis tetas tan rico que no resistí más y me levanté para jalar su pants hasta los tobillos, me quité las pantaletas y volví a montarlo, él tomó su miembro y lo acomodó en la entrada de mi concha que ya babeaba hambrienta.
Me fui dejando caer de a poco hasta que me penetró completamente, sentí su miembro abrirse paso dentro de mi cuquita apretada y virgen, al romper mi pureza se me salieron algunas lagrimitas, pero me quedé así hasta que el dolor pasó, empecé a moverme con cuidado, él me decía como hacerlo, tuve que ser cuidadosa, aunque el placer que sentía me incitaba a brincar sobre su miembro.
Empecé a gemir y a moverme más rápido, como si quisiera destrozar su cadera a sentones, ambos nos entregamos completamente y unos minutos después me llenó con su leche espesa, yo me sentí más mujer que nunca, como mi abuelito ya tenía la vasectomía no había problema en que se viniera dentro de mí.
Al terminar me levanté y corrí al baño a enjuagarme, esa tarde cogimos por primera vez, fue de una manera tranquila y sin poder alocarnos, pero cada semana iba a su casa y hacíamos cosas diferentes, él me enseñó a ser una buena mujer y aprendí a complacer a los hombres de muchas maneras, yo siempre fui obediente a sus enseñanzas, cogimos tantas veces que al entrar a la universidad ya era una experta y pude pasarla rico con muchos chicos.
Mi abuelito murió años después y me heredó su casa, ahora estoy felizmente casada y cada año le hago una misa para celebrar su vida y su memoria, mi mamá sigue siendo la misma señora santurrona y persignada de toda la vida, creo que nunca se enteró que cogí muchas veces con su papá, mi hijo mayor se llama Manuel en honor a mi abuelito, el primer hombre en mi vida.


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