La noche que mi prima tocó las tetas de mi novia
Mi novia se llama Carla, 23 años, tremendo par de tetas. No es que ande presumiendo, pero cuando se pone una remera ajustada se le nota todo. Esta noche habíamos quedado en casa de mi prima Laura con mi primo Matías y mi amigo Lucas. Una juntada cualquiera, nada especial, pizza y birra.
Carla llegó tarde, como siempre. Se puso esa remera blanca de algodón que casi se le transparenta y un jean cortito. La primera mirada fue de mi primo. La clavó en sus tetas ni bien entró. Después disimuló.
Yo lo ví pero no dije nada. Total, es mi novia.
Nos sentamos en el sillón. Carla se apoyó en mí y puso mi mano en su pierna. Lucas estaba callado pero lo notaba inquieto. Mi prima Laura se reía de todo. La noche avanzó y empezaron los juegos. No sé cómo, alguien propuso verdad o reto. Siempre termina mal.
A Matías le tocó un reto. «Agarrá una teta de Carla». Se me heló la sangre un segundo. Pero Matías se rió, dijo «dale» y estiró la mano. Carla no se movió. Se quedó quieta, mirándolo. Él le tocó apenas la teta izquierda por encima de la remera. Un par de segundos. Todos rieron.
Carla sonrió. No dijo nada.
Siguió el juego. A Laura le tocó preguntarle a Carla algo que no quiso decir en voz alta. Carla le habló al oído y las dos se rieron después. Me quedé mirando. Mi amigo Lucas ya estaba más nervioso que yo.
Después vino el momento.
Le tocó el turno a Carla. Eligió reto. Laura pensó un segundo y dijo: «Mostrá una teta». La risa se cortó. Nadie se movió.
Yo esperaba que Carla dijera que no. Pero ella se quedó mirando a Laura. Después me miró a mí. Se encogió de hombros, se puso de pie y se sacó la remera. Así, de una. Se quedó en corpiño. Un corpiño negro de encaje que apenas le cubría los pezones.
Nadie respiró.
—El reto era una teta —dijo Laura con la voz medio cortada.
Carla se rió. Se metió la mano atrás, desabrochó el corpiño y lo dejó caer al piso.
Ahí estaban. Las dos tetas. Redondas, firmes, con los pezones claritos. Se le pararon al toque por el aire frío de la pieza. No le tembló la voz ni nada. Carla se quedó parada en medio del living con las tetas al aire como si nada.
Mi primo Matías abrió la boca y no dijo nada. Lucas se pasó la mano por la cara. Laura se reía como loca.
Yo no supe qué hacer. Me quedé mirándolas. Se movían un poquito con cada respiración de Carla.
Laura fue la primera en acercarse. Le tocó una teta con la punta de los dedos. Después la agarró entera. Carla cerró los ojos un momento.
—Están re lindas —dijo Laura en voz baja.
Matías se levantó del sillón. Se acercó también. Carla no se movió ni los apartó. Matías tocó la teta derecha. La apretó un poco, como para sentir el peso. Carla soltó un suspiro y mordió su labio de abajo.
—¿Te gusta? —preguntó Matías.
Carla asintió.
Lucas seguía en el sillón mirando. Tenía las manos apretadas en las rodillas.
—Venite —le dijo Carla.
Lucas se acercó despacio. Se quedó parado sin saber qué hacer. Carla agarró su mano y la puso sobre su teta izquierda. Lucas la apretó como si fuera la primera vez que tocaba una mujer. Y quizá era verdad.
—Sacá la otra mano —dijo Matías.
Carla levantó los brazos. Quedó con las tetas ofrecidas. Laura agarró una, Matías la otra, Lucas se quedó mirando. Entonces Carla me miró a mí.
—¿Vos no venís?
Yo no me movía. Me quemaba la sangre. No de bronca. De otra cosa.
Me paré y me puse detrás de ella. Le agarré las caderas mientras los otros tres le manoseaban las tetas. Laura se las chupó un rato. Matías las apretaba con las dos manos. Lucas seguía tocando como un boludo pero con ganas.
Carla gemía bajito. No disimulaba nada.
—Bajate los pantalones —me dijo Laura a mí.
Yo ya tenía la pija dura como piedra. Me la saqué por encima del pantalón. Carla se inclinó un poco hacia adelante y yo se la metí de atrás, así nomás, sin cuidar nada. Ella apoyó las manos en la mesa y yo la empecé a coger mientras mi prima le agarraba una teta y mi primo la otra y Lucas le pasaba los dedos por la boca.
La casa se llenó de ruidos. Los gemidos de Carla, el choque de mi chota entrando, las respiraciones de los demás.
Terminé rápido. No pude aguantar. Me salió adentro de ella y se me escurrió un poco por las piernas.
Carla se quedó ahí, inclinada, respirando hondo. Los pezones duros todavía. Laura le limpió la pierna con un pañuelo.
Después Carla se puso el corpiño, se calzó la remera y se sentó en mi falto como si no hubiera pasado nada.
—¿Alguien quiere más birra? —preguntó Matías.
Esa noche mi prima, mi primo y mi amigo conocieron las tetas de mi novia. Y yo conocí otra versión de mí mismo que no sabía que existía.


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