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La noche que me comí a mi tía
Pues verán, esto pasó hace como tres meses. Mi tía materna, la hermana menor de mi mamá, se separó de su esposo y andaba en una temporada de desmadre. Ella siempre ha estado buenísima, o sea, no es modelo pero tiene lo suyo: culote, cintura, y unas piernas que no mames. El pedo es que es mi tía, ¿no? Uno no se mete ahí. O bueno, eso creía.
El jueves pasado llegó a mi depa bien pasada de copas. Había salido con sus amigas y como vivía cerca, me cayó a las dos de la mañana tocando el puto timbre como loca. La abro y la veo toda despeinada, con la blusa medio desabotonada, los ojos vidriosos y un olor a tequila que tumbaba. «Ay, sobrino, déjame dormir aquí», me dice con esa voz arrastrada. Normalmente la acomodo en el sofá y ya, pero esa noche algo me hirvió adentro.
Se fue directo a mi cama, porque la mía es más grande, según ella. Yo me quedé en la sala viendo la tele, pero no podía dejar de imaginarla ahí, en mi sábanas, con esa falda cortita que traía. Me tomé una cerveza para calmarme, pero no funcionó. Al rato escucho que me llama desde el cuarto: «Oye, ¿me traes agua?». Voy con el vaso, y cuando entro, la veo recostada boca abajo, con el culo para arriba, casi sin ropa porque se había quitado la falda y solo traía una tanga negra.
Ahí valió madres. Me acerqué a darle el agua y ella medio dormida me agarró de la mano. «Quédate tantito», susurró. Yo sentí que se me paró el corazón y la verga al mismo tiempo. Me recosté a su lado y empecé a acariciarle la pierna despacio. Ni siquiera se movió para quitarme, al contrario, se pegó más. Una cosa llevó a la otra… y pues sí, me la cogí. Bien rico, bien sabroso, como si hubiera estado esperando ese momento años.
Lo mejor es que al día siguiente solo se despertó, pidió café y me dijo: «Eso no vuelve a pasar, ¿eh?». Pero yo sé que miente. Desde entonces me he quedado con las ganas de repetir… y también se me metió otra idea a la cabeza. Porque mi mamá se parece un chingo a ella, y mis otras dos tías, las hermanas más grandes, también están bien cuidadas. Ahora cada que las veo en las reuniones familiares, no puedo evitar imaginármelas igual. Solo falta una oportunidad más, y pues ya saben… ya llevo una. La siguiente puede ser cualquiera de ellas.


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