LA MADRE DE LUCIA
Tras acabar el 4º año de carrera, decidà irme a Mallorca a trabajar de camarero para ganar algo de dinero, pues querÃa irme a Dinamarca al acabar la carrera para hacer el doctorado.
A los pocos dÃas empecé en un hotel, y todo iba muy bien, trabajo de dÃa, fiesta de noche, y encima a las dos semanas conocà a Lucia. Era de León y como yo también estaba sacándose unos durillos para sus estudios. TenÃa mi misma edad y era muy atractiva. Rubia, una talla 95 de pecho, 1,66 y unos 60 Kg. Muy simpática y muy dulce. A finales de Julio nos fuimos a vivir juntos, ya que asÃ, ahorrábamos dinero con el alquiler. En menos de una semana, empezamos a tontear y acabamos liados. Todos los dÃas follabamos al menos una vez, todo iba bien. Un dÃa le propuse hacer sexo oral, y se negó, yo estaba muy caliente aquel dÃa y cuando estábamos en plena acción le intenté meter un dedo por el culo. Paró y me dijo que no le iba.
Cada dÃa le proponÃa algo, pero ella a todo se negaba. No a sexo oral, no al anal, nada de correrme fuera, nada de masturbarnos juntos, nada de palabras mal sonantes� nada.
En septiembre me comento que venia su madre a pasar unos dÃas de vacaciones, y que se quedarÃa en casa, ya que tenÃamos un sofá cama en el salón y podrÃa dormir en el.
Como buen caballero me presté a dormir yo en el salón y que ellas durmiesen juntas.
Llegó septiembre y llego la madre. Laura se llamaba, 38 años, divorciada, rubia 1,75 cm. aprox., bien conservada y atractiva.
El primer dÃa que fuimos a la playa, descubrà que la señora estaba bastante bien sin ropa.
Llevaba una braga del bikini de su hija, que se le metÃa constantemente por el potente culo y la parte de arriba de otro, ya que tenia bastante mas pecho que Lucia. Esa tarde cayo la primera paja pensando en ella.
Toda la semana fue creciendo mi interés por Laura, acrecentado por la colección de tangas que iba colgando en el balcón y la falta de sexo con su hija. Dos polvos malos en diez dÃas.
El dÃa noveno de su estancia, yo trabaje por la mañana y Lucia por la tarde. Al llegar a casa habÃa un mensaje pegado de su madre a la nevera que decÃa:
Estoy en la playa, donde siempre, anÃmate y vente. Si no me ves llámame, llevo el móvil de Lucia.
Me cambie rápidamente y fui en su busca. Al llegar no la veÃa y la llame.
Laura no te veo ¿donde estas?- le pregunte.
Estoy a la derecha del puesto de alquiler de sombrillas, soy la de la braguita negra y el top amarillo � dijo mientras agitaba las manos para que la viese.
Baje y al llegar casi me caigo de la impresión. Las braguitas eran realmente unas braguitas que tenia Lucia de color negro. Tan flipado me quede mirando, que me dijo:
Si, son unas bragas, pero es que la del bikini la tengo toda mojada.
Me tumbe a su lado boca abajo, porque algo estaba creciendo dentro del bañador�
Estuvimos charlando de cosas intrascendentales durante un rato y de repente me dice que se va a poner boca a bajo y haber si le doy aceite en la espalda y en las piernas.
Se incorpora, saca el aceite del bolso, me lo da y zas, se quita el top. ¡Dios mÃo que pechos mas preciosos! Se tumba y yo intentando no me temblase la mano le fui dando el protector por la espalda, mientras ella iba dando pequeños gemidos de placer por el masaje. Yo estaba caliente y empalmado.
¿Ya has terminado? ¿Y las piernas? � me pregunto deseosa.
Empecé a extender el aceite por sus piernas, y ante mi asombro ella se mete la braguita por las nalgas y dice:
Dame también por el culete por favor.
Yo pensaba, por el culete te iba a dar�
Pasamos el resto de la tarde tumbados boca a bajo, yo con dolor de testÃculos, y ella sin parar de soltar frases que me sonaban muy eróticas, como «esta mañana con el calor estaba empapada», «mañana como tienes fiesta me aprovechare de ti, para salir un poco» o «creo que me he quemado la espalda, voy a estar un par de dÃas sin llevar sujetador»
Llegamos al apartamento sobre las ocho de la noche, y le cedà el cuarto de baño para que se duchase primero.
La mujer ni corta ni perezosa, se quita en la cocina ante mi asombro, el top, el pareo y me dice:
me voy a duchar que estoy ardiendo y muy sudadita�
y sin mas vestimenta que las pequeñas bragas de Lucia, que eran como dos tallas mas pequeñas de las que deberÃa usar, se paseo por todo el salón hasta el cuarto de baño. Solo tenÃa ojos para ese culo duro que habÃa palpado en la playa, que sobresalÃa de la braguita y que poco a poco iba tragándosela.
Cuando salio del baño envuelta en una toalla, entre yo para ducharme. Empalmado, caliente, y deseoso de calmar todos mis calenturas.
Lo primero que hice al entrar a la ducha, fue empezar a cascarme una tremenda paja, cuando de repente se abrió la puerta.
-¡Huy! como no oÃa la ducha, pensé que aun no habÃas entrado. Es que me he dejado las braguitas. ¿Luego me las recoges y las traes para meterlas en la lavadora?- pregunto desde el quicio de la puerta.
Yo para entonces ya no sabia si salir y violarla, seguir con la paja mientras hablaba o terminarla cuando se fuera.
Opte por la última opción.
Tras vestirme y salir del baño, lleve la dichosa prenda a la cocina, y allà estaba ella, con una camiseta que le llegaba hasta medio muslo, como única prenda de vestir visible, y por lo que parecÃa como mucho llevarÃa bragas, porque sus pechos se adivinaban libres por debajo.
Mientras ella preparaba la cena, y seguÃa diciendo frases que mi cerebro convertÃa en pornografÃa, me senté en el salón a ver la televisión.
Al rato apareció por allÃ, y empezó a poner la mesa para cenar mientras veÃamos una pelÃcula que habÃa alquilado.
Se agacho para poner el mantel y la holgada camiseta dejo ver sus pechos voluminosos, intentaba disimular y no mirar, pero no podÃa.
Cuando ya se harto de enseñarme esas dos tetas sublimes, se puso de puntillas e intento coger una fuente que habÃa en la parte alta del armario del salón, y al estirarse, aparecieron sus dos nalgas, se giro ligeramente, y pillándome in fraganti me dijo si le ayudaba.
Baje la fuente y me quede con la duda de si llevaba ropa interior.
No tardé mucho en descubrirlo. En mitad de la cena y con el pretexto de ir a por una coca cola a la cocina se levanto, y la camiseta se le quedo ligeramente subida, y mire descaradamente. Llevaba un tanga blanco.
Acabamos de cenar y recogà la mesa mientras ella sentada con las piernas cruzadas encima del sofá, me dejaba ver sus muslos jamoneros, que me incitaban al sexo.
El resto de la velada siguió con normalidad, aunque yo no podÃa parar de pensar en el polvo que le podrÃa echar si me dejase.
A eso de las once y media viendo un programa que trataba sobre la edad de iniciación de los jóvenes al sexo, me empezó a contar como empezó ella, y lo poco que disfruto en su matrimonio. Lo liberal que era desde su divorcio y lo tonta que habÃa sido, palabras textuales, de no haber follado más. Que su primera felación la hizo con 36 años cuando se separó y que el único hombre que le habÃa echo bien sexo oral, habÃa sido un ligue de dos meses que tuvo hace un año�
La conversación unida a lo expresivo de sus gestos, me iba poniendo cada vez mas caliente, pero aguantaba el tipo.
En esto que llegó Lucia, y nos dejo a solas. No me lo pensé dos veces, le metà las manos por debajo de la falda y le baje el tanga. Empecé a sobarle y a decirle que la iba a follar. Pero ella reacciono diciendo que no, que estaba su madre y ¿que iba a decir? Que si se dormÃa pronto Laura, que igual se levantaba y si no hacÃamos mucho ruido que lo harÃamos�
Yo estaba para explotar, y aguante con paciencia despierto hasta las dos y veinte, que oà como se abrÃa su puerta, y salÃa alguien al baño.
Fui hacia él e intente abrir la puerta, estaba cerrada. Desde fuera le dije:
Lucia ¿eres tú?
No contesto nadie.
déjame entrar- le susurre.
voy – me contesto una voz medio dormida que parecÃa la de Lucia.
Quiero follarte � le dije.
Espera en la sala � contesto.
Fui a la sala, me tumbe, me quite el bóxer, y empecé a acariciarme la polla.
Se abrió la puerta, y a oscuras fue avanzando hasta el sofá.
Al llegar me dijo «sssss» y obedecÃ. Se sentó en mi cara poniéndome su coño desnudo en mi boca y empezó a comerme la polla con una maestrÃa y una ansiedad tremenda. Yo flipaba, y no paraba de comerle el coño.
A los pocos minutos sentà que estaba apunto de correrme, y le avise, a lo que me respondió con otro «sssss», y empezó entonces a hacerme una paja dando lametones de vez en cuando.
Me corrÃ, y solté todo lo que tenia entre su cara y el sofá. Se levanto, y se fue a la habitación.
Al dÃa siguiente en cuanto me quede a solas con Lucia, le dije:
Ayer estuviste fenomenal, menuda corrida me pegue, hay que repetir.
Estas enfermo, vaya sueños tienes, yo ayer no me levante para nada, estaba rendida.
Allà me quedé en la cocina pensando que tenÃa que ser mentira, que era ella, porque yo no lo habÃa soñado, y si no era ella� tenia que ser su madre, y eso era demasiado fuerte hasta para mi
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