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noviembre 25, 2022

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La inmoral madrastra lo pierde todo.

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Toda tu crueldad, algún día te alcanzará.

Una pareja de jóvenes mujeres camina en dirección del estacionamiento, ellas apenas pueden contener su entusiasmo, el cual, apenas supera a la cantidad de bolsas llenas de mercancía recién adquirida.

Otra exhaustiva tarde recorriendo las exclusivas tiendas departamentales de aquel concurrido centro comercial, había llegado a su fin.

Este ritual consumista, ha sido llevado a cabo religiosamente desde los últimos 6 meses, gracias a que la hermosa Lucrecia contrajo nupcias con el adinerado industrial; Niccoló  Sforza. Desde entonces, ella ha podido entregarse sin reservas al añejo romance, que desde muy joven inició deleitándose con la exhibición de los aparadores, que los grandes diseñadores de modas; tienen dispuestos en las prestigiadas tiendas departamentales, a donde solo acude la clase alta de la ciudad para realizar sus compras.

El generoso amparo que la tarjeta platino del señor Sforza, le brinda a su flamante y joven esposa, viene a reparar años de suspiros contemplando aquellas vitrinas.

Lucrecia, tiene 25 años de edad y gracias a su espectacular atractivo; le ha sido posible cautivar a un hombre de buen corazón, armado con una generosa chequera. ¡Que le dobla la edad!

Él, enviudó hace cinco años, quedándose con su único hijo; Tony, del cual, ahora Lucrecia es la sexy madrastra.

Puede sonar como algo proveniente de una absurda comedia: Una hermosa mujer de 25 años, es la madrastra de un chico de 18. Esto puede ocasionar cierta clase de ideas, principalmente en la imaginación de los adolescentes inquietos.

Tony es amigo de Alphonse, otro chico de su misma edad. Les une una gran amistad, ellos dos se han hecho compañía en el colegio, desde que ingresaron al jardín de niños.  Alphonse tiene una personalidad extrovertida y es un chico muy precoz para su edad, al igual que lo es Tony.

Ambos gustan de hacer gala de una exacerbada conducta en donde las bromas; forman parte de su cotidianidad. Alphonse continuamente felicita a Tony a modo de burla:

“No entiendo de que te quejas viejo; Tienes madrastras que cada vez, son más de nuestra edad. Sin mencionar que esta última; es la más ardiente y provocativa de todas.”

Tony considera que Lucrecia, puede ser una rutilante mujer con su exuberante figura y ese bello rostro angelical, de enormes ojos azules y labios sensualmente delineados. Con esos ajustados atuendos que estila vestir a diario, que hacen ver soberbias a sus piernas interminables; bien puede lucir como una diosa griega.

Pero resulta perturbador, el hecho que ella tiene una personalidad espantosa; es en extremo arrogante en su actitud. Él, encuentra despreciable; la odiosa forma que tiene esa mujer, para conducirse ante otras personas, en especial aborrece; ésa déspota manera en que trata a los camareros y a cualquier persona que provee un servicio.

“Nadie debe soportar esa clase de trato en su trabajo, mucho menos cuando una hueca mujer acomplejada, por vivir una infancia plena de carencias materiales, ahora que tiene acceso a ciertos lujos, ¡costeados por mi padre!; se siente superior a todo el mundo y se empeña en menospreciarlos.” –Eran las palabras de Tony, para justificar su aversión por Lucrecia.

Ese odio aumentó, por la forma despectiva en que Lucrecia trataba a Consuela, hasta que un día, ésta la echó de la casa, inventando el robo de algunas piezas de joyería, aprovechando que estaban a solas en casa esa mañana.

 Lucrecia había jugado muy bien sus fichas en esa ocasión; hizo una llamada a migración poco antes de montar su histriónico escándalo.

Esto hizo que la pobre mujer, huyera denigrada sintiéndose como un criminal, en cuanto Lucrecia le hizo saber, que las autoridades migratorias, ya se encontraban en camino, mientras continuaban las vejaciones verbales y las falsas acusaciones de un robo, que la buena de Consuela; era incapaz de cometer.

“Toda tu crueldad, algún día te alcanzará.” –Dijo indignada la nana.

“Tal vez, pero te garantizo; ¡Que tú no estarás ahí para verlo! y mucho menos serás quien venga a cobrar esas cuentas. ¡Ahora lárgate de aquí!” –Exclamó Lucrecia.

Consuela se vio forzada a no volver a esa casa, donde era muy apreciada y querida por la familia Sforza, en especial tenía un vínculo afectivo muy estrecho con Tony, quien cariñosamente la llamaba; “Nana Consuela.”  Esta mujer fue una pieza clave en la crianza del chico, y su papel cobró una mayor relevancia, cuando falleció Magda Sforza, a causa de una rara enfermedad que va degenerando el tejido nervioso mientras acaba con las células, hasta que llega al corazón y este deja de funcionar.

La familia Sforza quedó completamente devastada, ante la impotencia de ver como su madre y esposa, fue perdiendo la vitalidad, a causa de un raro padecimiento incurable. La nana Consuela, se encargó desde entonces de cuidar al chico y vio pasar un desfile de hermosas mujeres, que intentaron en vano, convertirse en madrastra de Tony.

El señor Sforza, no encontraba una forma de llenar el vacío dejado por su esposa, y eso lo llevó a una perjudicial búsqueda de afecto, en los brazos de seres fríos e interesados, cuyas malas actuaciones, siempre fueron puestas en evidencia por la sagacidad de la Nana Consuela, antes de que hubiera una propuesta matrimonial.

Lucrecia había escuchado historias respecto al sexto sentido que tenía la nana y su poderosa influencia con el señor Sforza, quien le tenía una inmensa consideración a esta mujer, gracias a la amorosa forma en que cuidaba de su hijo y una probada lealtad para su familia. Fue Consuela un fuerte apoyo emocional para la señora Magda, cuando esta agonizaba, siempre estuvo al lado de su cama desde que la distinguida mujer contrajo esa enfermedad.

Nadie podría atreverse a dudar de la bondadosa nana. Y esta, sería el primer objetivo a vencer y eliminar por Lucrecia.

De modo que la inteligencia de esta bella joven, supo jugar un papel determinante para lograr hacerse con el poder de manipular a su antojo, la voluntad del señor Sforza. Esta mantuvo una actitud de arcaico conservadurismo; se comportaba como una doncella esquiva, que no se entregaría a su pretendiente, hasta no haber un acta matrimonial y una ceremonia religiosa de por medio.

La obsesión del viejo Sforza para poseer todo cuanto deseara, lo hizo caer en esa vil artimaña y en cuestión de pocas semanas, una pieza de diamantes hecha por Bulgari, era el medio en que se expresaba la seriedad de sus intenciones con Lucrecia. Esta debió firmar, un estricto contrato pre nupcial que constaba de una serie de peculiares cláusulas.

Ella estaba segura de poder manipular a su nuevo esposo, mediante las artes que su imponente figura sabía ejercer y deseaba emascularlo, con los consejos que le prodigaba su tía Greta, una mujer de avanzada edad, en cuya juventud adquirió la destreza necesaria, que generaba la imperante necesidad de sobrevivir y escapar, de la crueldad acompañada de hambruna, que predominaba detrás de la ahora extinta cortina de hierro.

Su belleza y talento, la ayudaron a manipular a toda clase de poderosos oficiales que le facilitaron el camino, para escapar a la libertad que prometía occidente, junto a su entonces pequeña hermana; la abuela de Lucrecia.

Debido a ese absurdo complejo de superioridad, que sabe ocultar muy bien ante el viejo Niccoló, ella no ha encontrado el modo de simpatizar con su hijastro. Aunque siendo honestos, a Lucrecia no le interesa gran cosa el hacer amistad con el chico, mientras Niccoló siga entusiasmado por la jovialidad renovada que siente en la compañía de su nueva esposa, nada podría ir mal para ambos.

  A raíz de eso, Tony, ha visto crecer una brecha en la relación con su padre, esto aumentaría en cuanto él externó su opinión, al considerar que ella es una digger, una vulgar caza fortunas.

El precoz muchacho, no se equivoca al sospechar que ella; solo se aprovecha del viejo Sforza para ir de compras cada fin de semana y lucirse diariamente de un modo ridículamente forzado, en lugares exclusivos de una clase alta, a la cual; ella evidentemente no pertenece.

“Podrá ser hermosa en lo visual, está obsesionada en vestirse con prendas exclusivas e intenta lucir; como esas damas distinguidas con las que mi madre tenía amistad. Es demasiado palurda y su arrogancia le impide verlo, en pocas palabras: Ella quizás habrá escapado del ghetto, pero el ghetto se niega rotundamente a dejarla escapar.”

 La molestia aumenta para el chico, porque Lucrecia se presenta en sociedad usando el título de; “Señora Sforza.”  Lo cual considera como un severo agravio al buen nombre de su difunta madre.

Desde que se casó con el padre de Tony, ella dejó su trabajo y se dedica en exclusiva a la buena vida. Como ya se había mencionado; ahora ella cuando no está en compañía de algún instructor personal, se la pasa de compras y sale todas las tardes a tomar café con Nelly su mejor amiga.

Nelly es una chica de la misma edad de Lucrecia, las dos crecieron juntas en el mismo vecindario y lo han compartido todo desde la infancia, en especial; Su gusto por la moda y todo lo relacionado con lo que publican las revistas del corazón, acerca del estilo de vida de la gente del Jet Set.

Estas son tan unidas, que Lucrecia encontró el modo de acomodar a Nelly en casa de los Sforza, en cuanto se hubo celebrado su matrimonio con  Niccoló, el viejo aceptó de buen grado alojar a tan simpática chica, sin poner objeción alguna.

De ese modo, los últimos meses han sido peculiarmente molestos para Tony, al tener a estas dos extrañas metidas hasta el fondo, de lo que era su tranquilo y apacible núcleo familiar.

El padre de Tony, viaja con mucha frecuencia debido a sus negocios, algo que Lucrecia aprovecha para salir varias noches por semana y divertirse con sus amigas, a todos los sitios de moda.

Una de esas noches, Lucrecia y Nelly, oyeron hablar de la veracidad del casino secreto, que tienen lugar en una vieja fábrica ubicada en las orillas de la ciudad. Este casino es un secreto a voces, prácticamente se le considera una leyenda urbana.

Una de sus amigas de fiesta llamada Franciely, es quien les confirma la existencia y ubicación de dicho sitio.

“¡Ese lugar es como Disneylandia para adultos!  Toda la gente famosa estila ir a divertirse ahí. Es como esas fiestas secretas donde todo se permite cuando ingresas a ese casino… puedes ver; a todos los diseñadores, actores, las súper modelos, productores y muchos multimillonarios que han sido portada de la revista Fortuna. Las leyendas que hemos oído por años; ¡Son ciertas!

Solo que ese paraíso, no está al alcance de los simples mortales. Es necesario presentar una contraseña para poder entrar. Dicha contraseña, solo puede conseguirse; si eres rico y famoso.” –Dijo Franciely con cierta jactancia.

“¿Y cómo lograste ingresar? Si tú, no perteneces a la casta divina, y mucho menos eres parte de la realeza.” –Dijo intrigada Nelly.

Franciely se sonrojó un poco, no quería entrar en muchos detalles respecto al modo en que realizó dicha hazaña, pero luego de un par de cocteles; las palabras empezaron a brotar con orgullo al relatar algunos detalles de su reciente aventura.

“La otra noche fue el concierto de los New Romantics, Asistí con Bruna y luego de haber convencido al gerente de gira, mediante un suculento soborno; pudimos colarnos a los camerinos e irnos de fiesta con la banda.

 El tecladista quedó prendado con los encantadores talentos de Bruna, nos dijo; que si ambas hacíamos algo especial para él; podríamos acompañarlo a un sitio muy especial. Y para no hacerles el cuento largo, ¡Nos llevó a ese casino! Les advierto que ese lugar, solo admite gente; muy pero muy elegante. Estuvimos cerca de no poder ingresar.” –Dijo Franciely un tanto apenada y empezó a sentir remordimiento de haber dicho eso último.

“Un momento. ¡Hay algo que no quieres decirnos! De sobra se sabe que tú y Bruna, pueden ser muy bellas, juntas lucen muy sexys. Y discúlpame por decirlo de esta forma; pero ustedes distan mucho de ser un ejemplo de la elegancia. Dinos. ¿Qué diablos hicieron?” –Dijo Lucrecia intrigada.

Franciely no tuvo otro remedio que contar un detalle que habría preferido mantener en secreto.

“Bueno, es un poco vergonzoso al principio. Pero ya estábamos ahí, habíamos bebido alegremente desde el concierto y una tipa estirada que nos vio pasar por la puerta, se mostró indignada diciendo; que no podíamos ingresar, si lo hacíamos vestidas así.

Simón, sugirió sutilmente; que no vestíamos adecuadamente para la etiqueta de ese lugar. Que, si dejábamos todo lo que llevábamos puesto en la entrada, ¡Nos veríamos de fábula! Y nadie pondría objeción alguna por ello. Además, ¡Íbamos con una celebridad! Claro que hicimos lo necesario para no perdernos de semejante experiencia.

Confieso que sentí muy feo, cuando esa tipa odiosa; ¡Tiró toda nuestra ropa al incinerador!” –Dijo Franciely sonrojándose.

“¡Par de perras! De modo que prefirieron exhibirse desnudas en público, con tal de ingresar al casino.” –Dijo Nelly de forma burlona.

 “Oye, ¡No te burles así de nosotras! Estábamos tan ansiosas de poder entrar… si esa, era la condición de estar un par de horas en el paraíso; ¡Que así sea!  El pudor está sobrevaluado.

Estoy segura que ustedes dos, ¡Habrían hecho lo mismo! Aunque lo nieguen; ¡Ustedes dos son tan putas como nosotras! La única diferencia es que ahora; tienes marido millonario.

Al principio es una experiencia incómoda y algo surrealista; ¡Todos te están mirando! No es normal que alguien ingrese con dos chicas desnudas a ese lugar. Sin dudas; ¡Éramos el centro de atención! Al menos Bruna; consiguió un puesto en la gira de la banda, y yo, ¡Conseguí trabajo de actriz!

Un productor cinematográfico, quedó impactado por mi presencia, dijo que luzco perfecta y me prometió un papel pequeño en su película. Debo estar desnuda en todas mis escenas. ¡Pero por algo se empieza! De alguna manera; valió la pena estar enseñando el plumero toda la noche. ¡El rodaje empieza la próxima semana! “-Dijo emocionada Franciely.

Lucrecia y Nelly vieron que el júbilo de su amiga era auténtico, ellas mismas estaban viviendo su propia versión de un ascenso fantástico mediante el uso de sus encantos, y estaban agradecidas por no tener que haber llegado a esos extremos, para obtener lo que ahora tenían. Les mortificaba pensar que hace algunos meses; ellas mismas habrían caído todavía más bajo, con tal de poder cambiar su estatus.

Desde luego que los desayunos con champán y la seguridad financiera que les proporciona el reciente matrimonio de Nelly con ese magnate; las hacía olvidar rápidamente los duros comienzos que tuvieron y lo mal que llegaban a pasarla, con tal de vivir como lo habían soñado desde niñas.

“Si no fuera por las enseñanzas de mi tía Greta, nosotras estaríamos sometidas a cometer toda clase de bajezas por dinero. Con tal de no dejar la juventud, en un aburrido empleo de 9 a 5.” –Pensaba Lucrecia.

“Espero que el tal Simón, haya valido la pena. Al menos; ¿Las habrá llevado de compras? ¡Pero tengo mis dudas! Siquiera les habrá pagado el taxi para volver a casa. Me las imagino a ustedes dos caminando en pelotas por la calle, sin saber cómo sentirse; por haberse tirado al tecladista de los New Romantics.” –Dijo Nelly en forma burlona.

“Aunque te burles. ¡Estábamos ebrias de la felicidad! Él estaba muy agradecido con nosotras, porque le dimos mucha suerte esa noche. ¡Ganó una pequeña fortuna jugando a las cartas!  Y vaya que supo premiarnos por ello… ¡Él, es un dios en la cama!  Tuvimos todo un fin de semana para comprobarlo. ¿Quién va a pensar en ir de compras? cuando estás recibiendo; ¡La mamada de tu vida! Y claro que nos llevó a casa en su limosina el lunes siguiente.

 Ahora me da risa recordar, la peculiar experiencia de volver a nuestro apartamento. Hubieran visto la expresión de todos los vecinos; cuando nos vieron bajar de ese auto, todavía puedo seguir escuchando esos vulgares silbidos de lobo, que venían de todas partes. Bruna y yo estábamos en el cielo, no nos dimos cuenta que olvidábamos lo esencial para volver a la realidad.

 Estábamos despidiéndonos en la acera, sin otra cosa encima; ¡Que el aroma de nuestro perfume! 

Para ese momento, estábamos tan extasiadas de haber pasado los últimos días, viviendo ese maravilloso sueño. Ya había dejado de importarnos todo, en especial; la opinión ajena. SI, éramos unas libertinas, bastaron solo 3 días de lujuria y desenfreno con una celebridad; Que se nos olvidó, la necesidad de volver a vestirnos.  

Simón se había ido y el aire del mediodía nos acariciaba con total insolencia. ¡Nos veíamos regias! Y lejos de avergonzarnos; estábamos disfrutando de toda esa atención. Así que Bruna y yo nos tomamos de la mano y fuimos contoneándonos muy orgullosas, de estar en nuestra propia piel, hasta toparnos con el casero en el ascensor.  

El muy cachondo; nos propuso perdonarnos las rentas atrasadas que le debíamos. Solo bastó quedarnos en cueros y permitirle; ¡Hacerse una buena paja!  Mientras nos veía hacer la limpieza. “–Dijo entre risas Franciely.

“Más bien, Estaban tan imbuidas en los efectos del azúcar del diablo, qué; ¡Se les olvidó pedirle algo de ropa! Tanta fiesta blanca, no es buena para ustedes. ¡Qué vergüenza tener que pasar por eso!” –Exclamó Nelly sintiendo pena por ellas.

“No puedo creer que dos de mis mejores amigas; ¡Sean unas exhibicionistas! Yo me moriría si estuviera desnuda en público. ¡No soy tan descarada!” –Dijo Lucrecia entre risas.

“Querida; ¡Todas somos unas putas! La diferencia es que algunas; si sabemos admitirlo. ¡Búrlense cuanto quieran! Yo sé que se mueren por ingresar a ese lugar, en especial por la emoción de ver a todas esas celebridades y gente adinerada que suele acudir asiduamente.

Todos merecemos vivir al menos unos minutos; ¡En el mundo de los ricos y famosos! Solo para saber, que se siente ser como ellos. Por cierto; Vi a ese apetecible entrenador personal que te atiende en el gimnasio.

Él tiene un trabajo en el casino, quizás pueda ayudarlas a entrar, haciendo que sus nombres estén incluidos; en la selecta lista de invitados. Y con el dinero de tu esposo; Ustedes no tendrán que desnudarse… Como debieron hacerlo sus amigas las pobres, para poder vivir unas horas en el paraíso. A menos que ingresen a ese balcón, donde algunas celebridades, a veces; ¡Se ponen traviesas!

Vi que su amado Henry es muy aficionado de llevar mujeres hermosas a esa parte del casino.” –Dijo desafiante Franciely

La leyenda de aquel misterioso casino; rondaba desde hace años en la mente de Lucrecia y su amiga, ellas habían escuchado historias de las fuertes sumas monetarias que estaban en juego por todas las mesas.

En especial se sintieron atraídas al saber, como imperaba el glamour de algunas celebridades, que gustaban frecuentar ese mítico y oculto ambiente, que ya gozaba de una codiciable reputación; de rotunda exclusividad.

 Ellas coincidieron en que ya eran dignas de ingresar, a ese escaparate para lucirse por todo lo alto, con lo que denominaban como; La realeza contemporánea.

Ambas estaban ilusionadas por compartir mesa con las grandes estrellas de la pantalla grande y de la industria discográfica.

 Y quién sabe, tal vez la suerte y las habilidades numéricas de Nelly con las cartas, podrían obrar algún milagro que las ayude a salir de ahí; cargadas con una fuerte suma monetaria. O quizás podrían entrar en el radar del voraz apetito de Henry Flynn, el famoso actor de cine y estrella musical que además, tiene reputación de ser un jugador empedernido. Por lo cual, ambas irían ataviadas con sus mejores atuendos. Estaban ilusionadas por llegar a llamar su atención.

Fue gracias a lo dicho por Franciely  de aquel instructor del gimnasio, que casualmente, también se desempeña como croupier en ese misterioso casino. De quien se aprovecharían, para conseguir el acceso.

Lucrecia, conocía la manera de obtener todo cuanto quisiera, en especial cuando se trataba de un hombre cuyos galanteos, no habían pasado desapercibidos a su vanidad femenina. Ella consideró en un principio; que bastaría una breve insinuación de su parte, para obtener lo que buscaba.

Claus, el fornido entrenador, guardaba con celo el secreto que le fue encomendado por sus empleadores, respecto a ese exclusivo lugar, mientras tenía su habitual sesión de preparación física con Lucrecia y Nelly en el gimnasio.

Al principio, de una forma muy coqueta; se le ofreció una nada despreciable suma monetaria, a cambio de la codiciada información. Él, se mostraba firme en su negativa, hablaba de una exclusiva y muy cuidada lista de invitados, a la que era prácticamente imposible hacer adiciones.

Tan grande era el deseo que tenían por acudir, a un lugar reservado únicamente para una minúscula elite, Lucrecia sugirió de forma sensual; que ellas dos, podrían mostrar una especial gratitud con Claus, si las ayudaba incluyendo sus nombres en esa lista.

Las cosas no fluían como las dos amigas lo habían planeado en un principio. Tenían una hora suplicando de todas las formas que tenían a su alcance, bueno; solo faltaba un recurso que no querían utilizar. Ahora… estaban orilladas a poner en práctica sus costosas habilidades; El fin justificaba usar esos medios.

Lucrecia tuvo ese día; la excentricidad de alquilar en exclusiva el gimnasio para su sesión de entrenamiento. Por lo que no había un alma cerca de ahí, que pudiera atestiguar nada de lo que sucedería.

Nelly se pondría juguetona, al dirigir sus delicadas manos hasta la entrepierna de Claus, ella también sabía jugar en condiciones difíciles. Lucrecia aprovechó para desnudar a su amiga de la cintura para abajo, sin que nadie lo notara y de paso, dio un vistazo para cerciorarse de la incipiente firmeza de su entrenador.

Para el momento en que Claus pudo darse cuenta; la habilidad oral de Lucrecia ya se encontraba mimándolo en formas, que ni todo el dinero y atenciones del viejo Niccoló Sforza, habían logrado conseguir de su esposa.

Nelly se despojó del ajustado top de forma muy insinuante frente a Claus, luego de buscar sus labios, le susurraba al oído; como podrían divertirse ellos tres, todo el tiempo que él quisiera, si tan solo accedía a la modesta petición de dos damas ardientes, que se encargarían de darle una experiencia inolvidable.

Lucrecia se divertía jugueteando a su antojo, con esa endurecida masa de carne que colmaba su paladar, le entusiasma notar que conforme pasaban los segundos; esta obtenía la firmeza de los fuertes brazos del atractivo Claus.

  Ante una felación que complacería a los mismos dioses; Claus finalmente accedió a poner sus nombres en la lista de invitados de la siguiente semana, con 2 únicas condiciones; Ellas dos, no podrían retractarse de la suma ofrecida en un principio, esta debía cubrirse de inmediato.

 Mucho menos, podrían negar sus intenciones de saciar su lujuria, hasta satisfacerlo por completo.  Ellas no sabían en lo que se metieron, cuando se cumplió su petición.

De inmediato, se trasladaron a la suite presidencial del Cristel Doré Cuatro Estaciones. Un exclusivo hotel en cuyas lujosas instalaciones, los tres podrían entregarse con total desenfreno a mitigar sus pasiones y complacer sin reservas, cualquiera de sus antojos.

Cada una de ellas, debió esforzase en sus empeños durante todo un día, intentando saciar el exótico apetito de aquel atlético e incansable hombre, que aprovechó para hacer de todo con la ardiente pareja de amigas.

 Al paso de algunas horas; ¡Ellas estaban prácticamente exhaustas! Sin poder explicarse, ¿de dónde sacaba ese hombre?  Todo ese derroche de vigor, para poder penetrarlas continuamente… ¡Durante horas enteras!

Para ese momento, a ellas les intrigaba que un pene de tamaño promedio. ¡Aumentara su tamaño de esa forma! Con cada arremetida de ese hombre, este podía sentirse enorme dentro de ellas. No podían llegar a negar; cuanto les calentaba estar siendo folladas sin descanso por ese ejemplar, que sin problemas podría enloquecer a cualquier mujer con esa potente virilidad.

Esta impresión perdió todo el atractivo que complacía en un principio a sus lujuriosas ansias, cuando luego de varias horas follando; Claus colocaría a Lucrecia contra el comedor de la suite y le abrió con cierta dulzura, aquellas redondas nalgas. Le vació un frasco de lubricante que era gentilmente esparcido, por los hábiles dedos del fornido Claus y enseguida; la hermosa trigueña sintió un terremoto al estar siendo atravesada, por un miembro que no dejaba de crecer dentro de ella.

Lucrecia soltó un grito, cuando tuvo inmersa en su totalidad aquella polla, le estremecía cuando esta empezaba a retroceder lentamente, para ir tomando ritmo en lo que ella describió más tarde como; “Una experiencia extra ultra grande”

Habían pasado algunas horas desde que había amanecido, Nelly estaba temerosa de alojar entre sus nalgas; las bestiales intenciones de Claus por desvirgarla en esa zona. De algún modo estaba encontrando cierta fascinación, al observar cómo su mejor amiga estaba llevando al extremo, toda su resistencia física, hasta que empezó a suplicar por una pausa.

Debido a la fatiga en sus cuerpos. Fue menester para ellas, el realizar un acuerdo para ir tomando turnos y poder descansar. Nelly lo sugirió al momento en que vio a su amiga contra la mesa intentando reponerse y empezaba a masturbar a Claus con cierta desesperación, para que este finalmente se corriera.

Nadie objetaría aquello, en especial Lucrecia, que estaba frustrada por no lograr que Claus eyaculara. Ella solo quería irse a dormir, al sentir como todas sus fuerzas desfallecían, y aprovechó para tomar un descanso, mientras su amiga estaba siendo embestida sin piedad, hasta lo profundo de sus entrañas.

Nelly sentía por momentos que la rompían desde adentro, no dejaba de decirle a Claus; que ese día, ella estaba siendo desvirgada por él. Ella estaba muy caliente y tan cansada al mismo tiempo, de pronto, una cálida y húmeda sensación se impregnaba dentro de ella. Las embestidas salvajes de Claus comenzaron a ralentizarse, hasta que se detuvieron por completo.

Nelly sintió de pronto, todo el peso de Claus sobre su espalda. Al parecer su cuerpo; ya necesitaba descansar y súbitamente, se quedó dormido, apenas unos segundos después de haber eyaculado. Ella también necesitaba ir a la cama y dormir, creyó que sería cosa de un momento para que el pene de Claus, comenzara a perder firmeza y ponerse flácido, para así poder liberarse.

Que equivocada estaba al esperar semejante cosa. Ella estaba contra la mesa, atrapada con un fornido hombre encima de ella y que, para colmo, este; ¡Tenia priapismo!

Sus gritos pidiéndole ayuda a Lucrecia, fueron rotundamente ignorados durante horas, su amiga dormía a pierna suelta y no despertaría, sino hasta el día siguiente. Lo mismo pasaría con Claus, por lo que la pobre Nelly; estaba atrapada sin posibilidad alguna de poder liberarse.

Ella ardía por dentro, tanto por la lujuria que estaba creciendo en su interior con el semen de Claus, así como por su enojo ante lo ocurrido. Nelly estaba tan furiosa, él se detuvo justo cuando ella estaba también por correrse, y alcanzar su enésimo orgasmo desde que todo había comenzado en aquella suite.

Ese había sido hasta entonces: ¡El momento más humillante de su vida!

Una extraña compulsión la invadía sin remedio. Cansada de intentar quitarse a Claus de encima, seguía sintiendo el ímpetu de esa polla erguida e inmóvil dentro de ella, que estaba haciendo un raro y afrodisiaco efecto. Ella empezó a masturbarse lentamente, deseaba correrse con desesperación, no podía entender la razón por la que estaba sintiéndose así, pero ¡Estaba tan caliente!

Tiempo después, Lucrecia despertaba y le pareció escuchar unos sollozos. Era Nelly que estaba todavía debajo de Claus, que la tenía; ¡Atravesada del culo!

Después de las obligadas bromas a la bochornosa situación de Nelly, fue necesario el esfuerzo de las dos, para ponerle remedio a eso. Una vez que fueron separados, aquella inmensa erección fue menguándose hasta quedar como un pene promedio en reposo. Ahora lucía tan inofensivo, mientras Claus era acomodado en la alfombra, para continuar durmiendo hasta el día siguiente.

 La pobre Nelly lloraba avergonzada y estaba temerosa respecto a lo dilatada que se encontraba, Lucrecia cariñosamente enjugaba sus lágrimas. Enseguida, ambas tomaron un largo baño de tina y volvieron a dormir después de haber almorzado.

Les llevaría 3 días y una visita al spa de ese hotel donde estaban alojadas, el poder reponerse de aquel extenuante encuentro, que hubo menguado notoriamente las energías de las dos amigas, cuyas cavidades. ¡Jamás habían estado tan activas!

Ambas pensaron, que eso únicamente había sido un medio, para que pudieran figurar en la exclusiva lista de invitados, así como la ubicación exacta y la codiciada contraseña requerida para poder ingresar. Solo bastaría una sutil caricia a la chequera del viejo Sforza, para que ellas tuvieran a la mano, las 10 mil coronas necesarias, que cada jugador, debe tener para garantizarse el acceso a las mesas.

Llegada la gran noche, ellas están listas para aventurarse en aquel idealizado ambiente, ambas habían pasado la tarde en el salón de Johan, su estilista el cual; se había esmerado en peinarlas con el mismo glamour, que una estrella de cine luce al llegar a la alfombra roja de la ceremonia del Oscar.    

Una vez que se ataviaron con piezas de autor de alta costura, ambas estaban listas para una velada inolvidable. Juntas entran a ese sitio para mezclarse con la aristocracia local. Se deleitaron al poder estar cerca, de muchas de las celebridades, que han acaparado su admiración desde hace años.

Después de tomar un par de cocteles en la barra, ambas deciden probar suerte en el black Jack, aprovechando los talentos matemáticos de Nelly; ella es muy hábil contando cartas y desde un principio; tenían planeado explotar esa posibilidad.

Tienen una muy buena racha durante las primeras horas, al estar realizando apuestas menores. Cada media hora; hacen una pausa y alternan su actividad con la ruleta, con la intención de no despertar sospechas.

 Por momentos, Lucrecia se pone algo nerviosa, en cuanto percibe cierta sensación de estar siendo observadas, pero esta, va cediendo; conforme los tragos siguen llegando y sus ganancias aumentan.

 Ya pasa de la media noche, todo es como un sueño hecho realidad para ellas. Lucrecia y Nelly se han emborrachado al ritmo en que las fichas, fluyen continuamente a su favor. Los montos de las apuestas, aumentan debido al crecimiento de su confianza y las constantes sonrisas, provenientes de los rostros de quienes las circundan, deseosos de acompañarlas y adquirir algo de suerte. Ellas sienten estar en éxtasis y piensan que su buena racha, no puede tener fin.

Desde hace unas horas, esto ha llamado poderosamente la atención del personal encargado del casino. De inmediato el jefe de piso, ordena un cambio de croupier en esa mesa y observa cuidadosamente a la distancia, el extrovertido comportamiento de aquellas mujeres que, sin reserva alguna, se muestran engolosinadas con el continuo flujo de fichas a su favor.

“¡Nadie puede ganar tantas veces consecutivas al blackJack!” –Pensó el jefe de piso.

De inmediato, les hizo señas a dos de los empleados, indicándoles cierto procedimiento, con las dos mujeres de la misteriosa buena racha.

Aquel empleado entendió al instante, lo que debía hacer a continuación, caminó lentamente por aquella mesa con intención de aproximarse a Nelly, este la rozó con una barra que llevaba oculta en la manga de su chaqueta. Una misteriosa descarga eléctrica, recorrió intempestiva la columna de Nelly, esta parecía sufrir un ataque y de inmediato, caería al suelo inconsciente.

Lucrecia enmudeció al ver esto, en cuestión de segundos, la seguridad del casino ya se encontraba levantando a Nelly para conducirla a un lugar apartado, en donde pudiera recibir atención médica.

El jefe de piso, se dirigió a Lucrecia. Con total solemnidad y cortesía, le dijo que sus ganancias serían llevadas de inmediato a una sala privada, para que ella pudiera contarlas cómodamente, el hombre recalcó la importancia de que ella tuviera resuelto ese aspecto y recibiría toda la ayuda para cambiarlas por efectivo, para así poder estar acompañando a su amiga, en el caso de que fuera necesario llevarla en ambulancia hasta el hospital.

Nelly es conducida con rapidez a una sala apartada de toda la actividad de aquel casino, el sitio parecía la húmeda bodega de lo que había sido una vieja fábrica. Enseguida, ella empieza a volver en sí, mientras dos hombres la acomodaban en una silla y esposaban sus manos a la espalda. Se le indicó guardar silencio.

 Se sentía tan asustada por lo que sucedía frente a ella, que fue incapaz de emitir sonido alguno, mientras pensaba en lo que estaría haciendo Lucrecia, en ese preciso momento.

Ellas no tenían idea de que este casino clandestino, es manejado por Gabrielle Robutti, la hija mayor de una prominente familia que era conocida, por sus íntimas conexiones con actividades un tanto turbias, y que gozaba de cierto prestigio en el mundo empresarial. Estas últimas, les llegaban a servir de fachada a varias familias; de la Cosa Nostra, y funcionaban como un peculiar y eficiente servicio de lavandería, que los Robutti, proporcionaban a las familias que integraban esta organización.

Gabrielle poseía una gran inteligencia e intuición para los negocios. Desde muy joven, ella supo aprovechar las conexiones de su familia, para abrirse paso como una talentosa emprendedora y poner en práctica sus ideas empresariales, le enorgullecía haber amasado una fortuna por su propio esfuerzo.

Ella desarrolló en el camino; cierta inclinación a los placeres que le proporciona impartir un poco de dolor, mediante el uso de la fuerza, sobre cualquiera que intente pasarse de listo con ella. Por lo cual, en sus noches de casino, goza con la desgracia de quienes han quebrado y no pueden cubrir el monto de lo que han apostado, y llega a ser especialmente cruel, con aquellos que llegan a ser sorprendidos haciendo trampa en las mesas de juego.

Lucrecia apareció instantes después, estaba muy preocupada por su amiga. Le escandalizó encontrarla en una silla. Había sido despojada de su vestido y se encontraba esposada con las manos en la espalda, su cabello era un completo desastre. La pobre Nelly estaba sollozando aterrada, por la situación en que se encontraba y la sobrecogía; el terrible espectáculo que se estaba llevando a cabo, justo frente a ella.

 Enseguida ellas verán crecer todos sus miedos, ante la muestra de crueldad que la empresaria tiene con una pareja de bellas mujeres, que fueron pilladas haciendo trampa, apenas una hora antes, de que Nelly recibiera aquella descarga.

Estas ya habían sido hechas desnudar, era evidente que no fue con la misma gentileza utilizada para quitarle a Nelly su vestido, el cual colgaba de un gancho al otro extremo del lugar. Podían verse pedazos de tela desgarrada tirados muy cerca de la puerta. Era imaginable el modo en que les fueron arrancados aquellos elegantes vestidos. Una vez que ellas estuvieron en el suelo; aquellas diminutas y frágiles tangas de encaje, eran fácilmente desgarradas al igual, que sus relucientes medias.

Era escalofriante el ver que sus bocas, estaban amordazadas. Esto fue con el propósito de que no pudieran decir nada para protestar, debido a ese tratamiento abusivo del que eran objeto.

 En ese momento, Gabrielle se encontraba afeitando el pubis de una de esas dos mujeres, por momentos, esta, se detenía para abofetear a esa llorosa rubia, para que dejara de hacer ruido y no se moviera mientras la filosa navaja, se desplazaba lentamente sobre su tersa piel.

 Al finalizar la afeitada, estas fueron atadas de piernas y brazos, de modo que parecieran estar sentadas en el aire y les fuera imposible moverse; mientras pendían en una especie de columpio, se les veía completamente humilladas, con sus relucientes vulvas en exposición.

La impresión ocasionada por aquella imagen, rebasaba por mucho lo degradante que alguien encontrara en algunas escenas del cine de explotación. Un mórbido género que el hermano de Nelly, gustaba ver en compañía de sus amigos, cuando eran estudiantes.

Aquellas mujeres, pronto estaban siendo azotadas por la misma Gabrielle, con una gruesa paleta de madera. Lucrecia encontró aterrador, el modo en que la madera sonaba golpeando las nalgas de la infortunada y hermosa rubia que recibía aquel azote, mientras un callado grito se alcanzaba a escuchar, con todo y la mordaza que silenciaba su boca.

Esta perversa mujer lucía extasiada, por la forma en que las dos amordazadas mujeres, no dejaban de intentar suplicarle que se detuviera, podía leerse el doloroso terror que proyectaban sus azules miradas, ante la expectativa de que aquel sádico tratamiento que estaban recibiendo, parecía apenas estar comenzando.

 Gabrielle se dirigió a una mesa, en donde había un despliegue de toda clase de juguetes, que iban desde fuetes de caballería, látigos, paletas de madera en toda clase de tamaños y presentaciones.

Del otro extremo de la mesa, se encontraban una serie de dispositivos eléctricos; máquinas rasuradoras y un enorme aparato que Gabrielle, estaba conectando para divertirse, con la reacción de sus invitadas.

Se trataba de un enorme y potente vibrador de fabricación casera, Gabrielle se deleitaba introduciéndolo en la vagina de la rubia ubicada a su izquierda; cuyos gritos de dolor, habían sido los que se escuchaban con mayor fuerza, durante la violenta ronda de azotes. Era notorio el modo en que la violencia de esta mujer, se ensañaba con aquella víctima en específico.

No fue nada agradable para Lucrecia y Nelly contemplar el modo, en el que esa pobre mujer se retorcía gimiendo. En ese instante, no era posible distinguir el dolor del placer manifestándose en ese cuerpo que pendía frente a la extasiada empresaria, que abofeteaba a su víctima conforme aumentaba la potencia de aquel aparato.

En el piso, era tangible una serie de húmedas manchas. No se necesitaba ser ningún genio, para asumir la procedencia, de los fluidos que estaban ahí. En pocos minutos, el aparato condujo a la jadeante víctima a chorrearse, para esto; el cuerpo de su compañera, ya estaba dispuesto para que ella colgara boca abajo y fuera bañada, directamente en el rostro con la eyaculación de la otra chica.

Gabrielle retiraba la mordaza de su boca, le ordenó a esa chica que empezara a limpiar con la lengua, todo lo que estaba escurriendo entre las piernas de su compañera, mientras la cruel empresaria estaba azotando las enrojecidas nalgas de aquella llorosa mujer, que resignada estaba obedeciendo aquella degradante indicación.

Después de una dolorosa ronda de golpes, el vibrador cambiaba de rubia, ahora estaba siendo masturbada aquella que fue obligada a lamer la chorreante eyaculación de su compañera. Todo el proceso se repitió con la finalidad de brindarles a ambas; el mismo tratamiento especial.

“¿Pueden creer que este par de imbéciles eran tan arrogantes hace apenas unos minutos?” –Dijo Gabrielle señalando a esa pareja amordazada, que colgaba siendo denigrada por ella. Con la única finalidad, de alimentar su propio placer personal.

“¿En dónde están tus influencias políticas? ¡Perra insufrible! Sigo esperando que aparezcan las fuerzas especiales, para clausurar mi establecimiento. ¡Pendeja de mierda!” –Exclamó Gabrielle mientras abofeteaba a la llorosa rubia, cuyos genitales continuaban goteando de forma vergonzosa.

“Estas cabronas llegaron jactándose de poseer tanto poder, ahora ni siquiera son capaces de controlar sus esfínteres.” –Agregó de forma en extremo burlona.

 Gabrielle señalaba el piso, que evidentemente delataba, lo que un cuerpo humano puede emitir cuando este llega a ser sometido por la fuerza, con intención de quebrantar la voluntad de una persona.

“Me place ver que mi personal, se ha asegurado de que ustedes se sientan cómodas. Quiero darles la bienvenida; a la sala donde se le brinda un trato especial, a los visitantes distinguidos de mi casino, cuando estos pretenden jugar al sabihondo conmigo.” –Dijo Gabrielle dirigiéndose a las dos recién llegadas.

Lucrecia, no era capaz de creer la flagrante violencia de la que aquella mujer de inocente apariencia, estaba ejerciendo con una cínica sonrisa en su rostro.

Gabrielle, tenía a primera vista una cándida e inofensiva expresión, su rostro se componía por unas bellas facciones, típicas de las vírgenes renacentistas que adornaban las capillas del vaticano. El cabello y los ojos negros, una estilizada figura que se encontraba ataviada; con un mono de mecánico, el cual se puso con la finalidad de no ensuciar el hermoso vestido, que usaba al inicio de la noche cuando recibía a los distinguidos invitados a su casino.

En otras circunstancias, Lucrecia y Nelly se desharían en halagos por los hermosos zapatos con tacón de aguja, que la empresaria estaba usando, estos hacían un peculiar contraste con la rudeza de su masculina indumentaria de faenas.

En pocos minutos, Lucrecia y Nelly escucharon por parte de la propia Gabrielle; la historia de ese par de llorosas y humilladas mujeres.

“Este par de estúpidas, encontró muy divertido hacer trampa en la mesa de Texas Hol’dem, y no teniendo suficiente con ello. Quisieron jugar con este curioso dispositivo electro magnético, para alterar a su favor; el funcionamiento de la ruleta.” – Dijo Gabrielle antes de volver a propinarle una serie de azotes a sus distinguidas y rubias huéspedes especiales.

Era escalofriante el oír sus gritos de dolor, que eran seguidos por un llanto ensordecedor en cuanto les fueron retiradas las mordazas, con la finalidad de que estas pudieran suplicar algo de clemencia mientras balbuceaban, unos huecos remedos de disculpas por sus actos.

 Nelly recordó haber visto con admiración, a una glamorosa pareja de hermosas mujeres, que estaba gozando de una magnífica racha en la ruleta unas horas atrás. Sintió como se le helaba la sangre, al ver que se trataba; de Penélope y Arantxa Andazola Toledo.

Ellas eran consideradas la crema de la alta sociedad en todo el país. Era común verlas acaparando las portadas, de aquellas superfluas publicaciones que le daban cobertura a las actividades del Jet Set, a las que Lucrecia y Nelly eran asiduas lectoras desde su infancia.

 Esas bellas hermanas, parecían un soplo divino del espíritu que iluminaba cualquier lugar al que llegaran. Su epatante apariencia; parecía haber sido conspirada en el mismo olimpo, también gozaban de una inmensa influencia social y política, además, ¡Tenían todo el dinero del mundo!

 No era posible que teniéndolo todo en esta vida, Arantxa y Penélope buscaran meterse en esa clase de problemas, solo por sentir el sabor de la aventura mientras podían incrementarle, un par de ceros a su ya rebosante cuenta bancaria.

También eran famosas por sus odiosos desplantes y hacer gala de una caprichosa conducta, que les era tolerada; gracias a su privilegiada posición, además de sus múltiples influencias políticas.

Ambas eran sobrinas del senador parlamentario; Fernando Toledo de Ayamonte. Nombre que ambas invocaron, en cuanto fueron llevadas a esa apartada sala, luego de ser pilladas haciendo trampa en la ruleta.

Su insolencia, al proferir amenazas de usar toda la influencia política de su familia, para cerrar ese garito clandestino y su intención de arruinarle la vida, a cualquiera que les impidiera salir de ahí; ¡Seria inmediatamente usado en su contra!

Debido al enorme monto de las apuestas que ellas hicieron de forma fraudulenta; de inmediato les fueron retiradas sus ganancias. Y para que no olvidaran la gravedad del abuso cometido en contra de la casa; fueron violentamente hechas desnudar, para luego ser inmovilizadas en unas sillas especialmente dispuestas para ello.

Gabrielle gozó realizándoles un “Lifting de belleza.” Que comenzó por afeitar sus dorados coños, antes de proceder a la habitual tanda de azotes, que se aplicaba en esos casos. Debido a la irreverente y procaz actitud de estas hermanas; fue necesario utilizar el columpio especial, del cual, ellas pendían atadas como fue antes mencionado.

“Hacemos esto para que las chicas mimadas, puedan aprender el valor de la humildad. Un atributo algo subestimado, en estos tiempos que corren.” –Declaraba Gabrielle cada cierto tiempo en que se detenía para hacer una pausa y cambiar de juguete, antes de continuar mimando; a sus invitadas de honor.

Los lamentos de aquellas aristócratas, se tornaban insoportables. Lucrecia y Nelly sospechaban: ¡Que podría sucederles lo peor! La sola idea de imaginarse ahí colgadas recibiendo una tunda de palos, hasta que sus cuerpos fueran una incontrolable fuente de fluidos, les resultaba escalofriante y en extremo lúgubre.

Gabrielle dio indicaciones a su personal, para que Arantxa y Penélope fueran cambiadas de posición, de ese modo; estas pudieran estar de pie, mientras continuaban atadas a ese columpio. De inmediato, se dirigió hasta Lucrecia, mientras con una mirada, le indicaba a una de sus ayudantes; lo que debía hacer a continuación.

“Veo que les fue muy bien en la mesa de blackJack, a pesar de no disponer de un buen sistema para contar cartas. Dime, ¿Cuánto ganaste?” –Dijo Gabrielle mientras la recorría de arriba hacia abajo, con esa escalofriante mirada, que contrastaba con ese tono amable en su voz.

“No conté muy bien. ¡Ya sabes! Las prisas causadas por la angustia, cuando mi amiga se desmayó. Pero creo que ganamos; unos 350 mil.” –Respondió Lucrecia de forma nerviosa.

Gabrielle, musitó una sonrisa al momento de acercarse a Lucrecia, su mirada reparaba en cada centímetro de la asustada trigueña, sus manos parecían deleitarse en aquella estilizada y fina prenda de alta costura, con la que aquella nerviosa mujer, se encontraba ataviada.

“Imagino que Manolo Blahnik, Valentino Garavani, Balenciaga y el viejo Christian Dior, podrán sentirse muy complacidos, cuando ustedes dos, acudan mañana a las tiendas, listas para despilfarrar ilusionadas, esa cuantiosa suma, que llevas celosamente guardada en tu bolso de fino cuero italiano. ¡Parece un Fendi!” –Dijo Gabrielle llena de ironía.

El nerviosismo de Lucrecia, era patente conforme aumentaba su intensidad, ella solo atinó a esbozar una tímida sonrisa para afirmar aquello.

“Es una pena que tan distinguidas casas de moda, se quedarán esperando la llegada de sus dos más imbéciles y pretensiosas acólitas. Ya que éstas, no podrán ir para echarse encima, todo lo que esta noche me estaban estafando.” –Dijo Gabrielle.

Una fuerte bofetada, sacudió el hermoso rostro de Lucrecia en ese instante.

“¡Eres tan estúpida y codiciosa! No supiste aprovechar la oportunidad que acabo de brindarte. Solo tenías que decir la verdad y devolverme el dinero, para que ustedes dos pudieran volver a casa con una pequeña advertencia. ¡Pero elegiste el modo difícil!” –Exclamó enfurecida Gabrielle.

Ahora serían dos fuertes bofetadas, las que cruzaban el rostro de la atónita Lucrecia.

“Pero, dije la verdad.” –Replicó ella sollozando indignada.

El rostro amable de Gabrielle, se tornó de repente en una oscura y atemorizante expresión que llegó a helarle la sangre, tanto a Nelly como a Lucrecia.

“¡No pretendas venir a insultar mi inteligencia! Recogiste 480 mil en la caja del casino. ¡Te recuerdo quien lleva el control de este lugar!” Respondió Gabrielle iracunda.

En ese momento, Lucrecia vio como le arrebataban su bolso de mano y eran puestos sobre la mesa; 480 mil coronas en billetes de varias denominaciones.

“Ustedes. ¡Par de piojos resucitados! ¿Crees que no sé quiénes son los que ingresan a mi casino? Por gracia divina; tuviste a bien, abrirle esas hermosas piernas a un hombre adinerado, que te sacó del ghetto. Y ahora te sientes parte del Jet Set, presentándote ataviada con esos trapos tan costosos en mi establecimiento. ¡Como si fueras una adinerada y respetable dama! Encima de todo, has pretendido mentirme a la cara. ¡Pagarás por tu osadía y descaro!” –Exclamó Gabrielle.

 “No son necesarios tantos insultos hacia mi persona, simplemente; ¡No conté bien el dinero que cobré en la caja! Ahí está, ya lo han contado todo. Ahora, serían tan amables de regresarle a mi amiga su vestido. ¿Saben? Ella y yo, quisiéramos poder retirarnos.” –Replicó Lucrecia sintiéndose ofendida.

“¿Por qué tanta prisa? Tu amiga luce tan encantadora con esa elegante lencería que lleva puesta. Me pregunto; ¿Tú también usas prendas tan lindas bajo tu vestido? Sería una pena que este se ensuciara o se salpicara, por culpa de estas miserables zorras. Será mejor que te lo quites.” –Dijo Gabrielle con un tono parsimonioso y burlón.

Lucrecia sintió un hueco nefasto abriéndose paso en el interior de su vientre. Su corazón se aceleraba con ritmo frenético. Supo entonces, que no tenía escapatoria alguna de la maldad, que aquella perversa criatura; disfrutaba ejercer.

“No me digas. ¡Te da vergüenza desvestirte frente a gente desconocida!” –Dijo Gabrielle con tono irónico.

“Claro, en este mundo; ¡La apariencia lo es todo! Dependo por completo de mi indumentaria, si deseo ser glamorosa. Además, la gente de mi posición tiende a juzgarlo todo, ellos podrían pensar que soy una descarada buscona; si cometiera semejante inmoralidad en público. ¡No soy ninguna Stripper! Es muy importante mantener cierta compostura y recato para brillar en sociedad.” –Respondió ofendida Lucrecia.

“Oh, ¡Ya veo! De pronto resultaste ser muy digna. Dime. ¿No te pareció un descaro venir esta noche a mi casa y hacer trampa?  Sally. ¿Qué opinas de este par? Aconséjame qué hacer con ellas.”

“Debes reconocer que son audaces. Muy pocas han logrado tanto en unas cuantas horas. Considerando que ya han devuelto el dinero de buena manera. Opino que seas benévola con ellas, pero su belleza y valentía ameritan ser elogiadas. Lo mejor sería liberarlas, pero. ¡Que se vayan desnudas! Se merecen una noche inolvidable.” –Respondió Sally.

“¡No puedes estar hablando en serio!” –Exclamó Lucrecia aferrándose a su vestido, temerosa de que pudieran arrancarlo de su cuerpo.

Gabrielle sonrió de forma perversa, deseaba demostrarles a esas dos tramposas, cuan en serio estaba hablando.

“Oye Sally. ¡Ya sabes que hacer!” –Exclamó Gabrielle.

Sally era una leal asistente de Gabrielle, podría considerarse una mujer de gran personalidad y con un moderado atractivo físico. Ella compartía el gusto de realizar aquellas declaraciones que demostraban; quien era la voz de mando en ese lugar. Enseguida sacó de su bolso unas tijeras, se acercó a Nelly, que ya se encontraba esposada con los brazos extendidos hacia arriba en uno de los postes del columpio, la habían ubicado muy cerca de las hermanas Andazola Toledo.

Lucrecia, se escandalizó al observar el modo en que Sally, utilizaba las tijeras sobre la brevedad que componían las prendas de encajes que Nelly llevaba puestas, parecía estar cortando mantequilla, bastarían, un par de movimientos para que aquella delicada lencería; cayera hecha añicos al suelo.

Enseguida, Nelly estaría llorando desnuda, mientras que Sally se recreaba palmeando sus redondas nalgas y la manoseaba en forma descarada, cuando hacía una pausa entre los azotes, luego de eso, Sally empezó a recorrer aquella tersa piel deteniéndose en aquel rizado parche de vello púbico. Le abrió las piernas a la aterrada mujer y empezó a recortarlo cuidadosamente.

“Por favor, ¡No le hagan daño! Ya hemos devuelto el dinero. ¿Qué más quieren de nosotras? No es necesario llegar a estos extremos. –Dijo Lucrecia intentando mantener la compostura, mientras observaba el coño de su amiga siendo peluqueado.

“No has entendido como funcionan las cosas aquí. Fuimos muy claras desde un principio, pero eres muy terca y pretenciosa.

 Debes saber, que estoy enterada por muy buenas fuentes, respecto a la clase de sátrapas que son ustedes dos. Toda esa ropa elegante con la que ustedes llegaron, es un privilegio que un par de vulgares sabandijas como ustedes; ¡No pueden costear por sí mismas! Tampoco son dignas de ingresar a mi establecimiento y eso no les importó en lo absoluto, para venir a meterse y hacer lo que hicieron.”

Puedes continuar agravando la situación para ustedes dos. Ahora; ¡Vas a quitarte cada prenda que tienes puesta! Es parte del precio que debes pagar por tu insolencia, al pretender venir a robarme y ensuciar mi casino; con tu despliegue de vulgaridad.” –Dijo Gabrielle.

 “Pero… ¡Necesitamos nuestros vestidos! Debe haber otra forma en que podamos resolver todo esto. Por favor, ¡Estamos muy arrepentidas! Luego de haberles entregado todo el dinero que teníamos. ¡Ya no podemos pagar un taxi!” –Dijo Lucrecia.

“Esas hermosas piernas que tienen, sirven para caminar. Les vendría muy bien hacerlo; ¡El ejercicio es salud! ” –Respondió cínicamente Gabrielle.

 “Pero, ¡Vivimos muy lejos de aquí! Piensen en lo inconveniente, lo inapropiado y riesgoso, que puede ser para dos mujeres como nosotras; el tener que caminar desnudas, hasta el valle. En verdad; ¡No es necesario hacernos pasar por semejante vergüenza!” –Dijo Lucrecia sollozando.

No te dio vergüenza el venir a robarme. No entiendo; ¿Por qué razón debes avergonzarte de tu cuerpo? Si ustedes dos, quieren volver a casa, podrán volver exactamente por donde entraron. Pero; ¡Deben hacerlo en cueros! Quiero lo que me pertenece, ¡Ahora mismo! Todas esas joyas, también se quedan aquí. ¡Ya no las van a necesitar!”-Dijo Gabrielle mientras acariciaba aquel bello vestido que llevaba puesto Lucrecia.

Sally se aproximó hasta donde se encontraba Nelly, llevaba en la mano las herramientas que un barbero profesional, utiliza para realizar una afeitada. Lucrecia adivinaba lo que estaba por suceder, le aterraba que su necedad a entregar su ropa, afectara el destino de la aterrada Nelly.

“Te recuerdo cómo les ha ido a dos aristócratas, que si tienen; poder e influencia política. Imagina que le depara a una advenediza como tú, que carece de linaje, poder y buen gusto. ¡Desnúdate ahora mismo! Antes que de verdad me enoje contigo.” –Dijo Gabrielle en forma burlona.

Lucrecia debió desechar su renuencia. De muy mala gana, comenzó a salir de su elegante y costoso vestido, de inmediato se lo estaba entregando a Gabrielle, esta se mostraba complacida por el reciente sometimiento de aquella sensual trigueña, que procedió a desvestirse, tal como se le había indicado, mientras el coño de su amiga estaba siendo afeitado en su totalidad.

Nelly sollozaba aterrorizada, mientras aquella filosa navaja se desplazaba sobre su terso pubis, ella intentaba contener su desesperación, al momento en que esta fue cambiada de posición, de modo que su cuerpo estaba apoyado sobre sus rodillas, el pecho se encontraba contra el respaldo de la silla y sus piernas estaban abiertas, dejándola en una bochornosa y completa exposición. Sally le acariciaba las nalgas, al momento de prometerle; ser muy gentil con ella.

Sally mencionó, que ese apetecible durazno; ¡Merecía un trato especial! Por lo que empezó a aplicar con una pala, una viscosa cera, esta se encontraba caliente. Fue en extremo doloroso para Nelly, recibir aquel depilado brasileño. Todo fue muy rápido, ahora podía sentirse realmente desnuda, al haber sido desprovista, no solo de toda su ropa, también la despojaron; ¡De todo su vello púbico!

Lucrecia, sintió un profundo hueco en su pecho al observar las vejaciones realizadas sobre su amiga, en cierto modo la estaba carcomiendo la culpa. Pensó que todo eso pudo evitarse, si tan solo hubiera entregado todo el dinero desde el principio.

“Miren nada más a esta sofisticada y glamorosa dama, la misma que hace unos minutos; despotricaba desde lo más alto de su virtud, respecto al noble oficio de saciar los apetitos sexuales de las personas.

Ha bastado hacerla que se saque el vestido, para dejar en evidencia que lleva puesto; ¡Un vulgar calzón de puta! Si es que, a esa obscena cursilería de hilos, puede considerársele como una prenda digna de lencería, que una recatada aristócrata, como ella presumía ser; usaría bajo su vestido.

Dime. ¿Qué más pretendías hacer esta noche? Se nota que pensabas encontrar aquí, lo que no te dan en casa. ¡Eres muy estúpida! Teniendo un hijastro tan lindo como ese. Si así luce a los 18, ¡muero por verlo cuando tenga 30!

No sabes que esos chicos, son tan apasionados y están listos para venerarnos con ciega devoción, si los tratas como el semental, que pueden llegar a ser. ¡Te llenan de besos y caricias! Solo es cuestión de enseñarles bien a complacerte. Bueno, si lo tuviera tan cerca como tú lo tienes, ¡Yo me lo estaría tirando al menos unas 3 veces al día!” –Exclamó Gabrielle mientras le mostraba a todos, una fotografía de Tony Sforza.

A Lucrecia le incomodaba estar a merced de aquellas perversas mafiosas, odiaba que la obligaran a entregar su vestido nuevo, encontraba en extremo perturbador; la forma en que se mostraban burlonas respecto a la escasa cobertura, que le daba aquella minúscula tanga de mariposa, en la cual destacaba; una pícara apertura en su vulva.

Ella se puso esas bragas, en caso de que Henry Flynn; llegara a fijarse en ellas. Debido a eso; esta era la única prenda que Lucrecia tenía bajo su vestido.

Gabrielle encontró muy entretenido; arrancar con una de sus manos, aquella frágil prenda. Unas fuertes carcajadas y silbidos, se hicieron escuchar en ese momento. Lucrecia no pudo contener un grito a raíz de aquello. No podía soportar todo el dolor y la vergüenza, que le producía el tener que encontrarse expuesta en esa denigrante forma, lo que estaba causando; ¡Un insoportable ardor en toda su piel!

“¿Qué les parece esta hermosa Venus? Véanla muy bien y díganme. ¿Creen que se hizo las tetas en algún quirófano? O ¿Realmente son obra de la naturaleza? No entiendo esa compulsión de tu parte para intentar cubrirlas con tus manos. ¡Tienes unas tetas geniales! Veo que cuidas con especial esmero tus herramientas de trabajo.” –Dijo burlona Gabrielle mientras ponía en exhibición a Lucrecia, ahora que estaba completamente desnuda.

Fue aborrecible para la expuesta trigueña; sentir como esa despiadada mujer le manoseaba morbosamente los senos, por momentos ese molesto toqueteo se tornaba en fuertes pellizcos en el incipiente endurecimiento de sus rozados pezones. 

Y luego esos insolentes dedos; jugueteaban con total perversidad en la raja entre sus mejillas. Parecía como si Gabrielle, estuviera hurgando para hallar algo en específico en esa zona, o simplemente deseaba profanar dactilarmente; el punto de mayor privacidad en la anatomía de su avergonzada víctima. Lucrecia, aún se encontraba muy sensible, después de aquel prolongado encuentro con Claus.

El terror que le causaba la patente crueldad de Gabrielle; era superior a cualquier residuo de recato que Lucrecia pudiera tener. Ya era difícil de soportar; el modo tan obsceno en que se le recordó la posición de su origen dentro de la sociedad.

Ahora estaba asimilando la situación, solo era necesario resistir las burlas de las que estaba siendo objeto. Se resignaba a la idea de salir de ahí; completamente desnuda y humillada, pero sin haber recibido una paliza. O peor aún; compartir la suerte de las hermanas Andazola Toledo.

Sally no dudó en mostrar su desilusión, al ver que Lucrecia estaba completamente depilada al momento en que Gabrielle, hizo que esta se mostrara por todos los ángulos y caminara cerca de todos los ahí presentes, para que pudieran verla y tocar su cuerpo con detenimiento.

“¿Están satisfechas ahora? Ya que todos aquí, han constatado que mis senos son naturales. ¿Podrían quitarle esas esposas a Nelly? En vista de que ustedes, ya nos han desplumado por completo. Quisiéramos poder retirarnos en silencio. ¿Existe alguna puerta trasera? Les aseguro que no volveremos a ocasionarles molestias.” –Dijo Lucrecia al momento de tomar de la mano a Nelly.

“¡No tan rápido sanguijuelas! Primero debemos resolver ciertos asuntos, que tenemos pendientes entre nosotras.

“¡Pero si hemos hecho todo lo que ustedes nos pidieron! Ya hemos devuelto el dinero, tienen dos finos vestidos nuevos, un par de divinos bolsos de cuero italiano, además de las pocas joyas que teníamos. ¡Ya tienen lo que deseaban! Dijeron que íbamos a irnos desnudas de aquí.  ¿Ahora cuál es el problema? –Dijo Lucrecia.

“Su ofensa inicial, Ha sido muy grave. Todo lo que voluntariamente han entregado, compensa en cierto modo lo material, odio recordarles; que deben dejar una utilidad para la casa, además, de que hacemos esto, para conservar el atributo más importante del mundo; ¡El respeto! Algo que todas ustedes requieren aprender con imperiosa urgencia.” –Respondió Gabrielle.

“Está bien. Si las cosas tienen que ser de esa manera; ¡Tú dispones! No queremos tener problemas con ustedes. ¿Qué debemos hacer?” –Dijo Nelly resignada. Para ella era preferible trabajar, así fuera limpiando pisos y lavando baños, con tal de no recibir una golpiza como la que había presenciado esa noche.

“Por lo pronto harán algunos trabajos.” –Respondió Sally.

Lucrecia no encontraba para nada agradable lo que se estaba presentando para ellas. Pero estaba muy claro que otra negativa de su parte, podría empeorar notablemente las cosas, algo que debía evitar a toda costa, si deseaban salir ilesas de ahí. A esas alturas ella debía cuidar muy bien sus palabras, odiaba tener que mostrarse sumisa por temor a ser maltratada.

“¿Tendremos que usar algún uniforme?” –Preguntó Lucrecia.

 “Aprecio su docilidad, Me complace verlas con tan buena disposición. No hay uniformes disponibles, el trabajo que espera por ustedes, deben realizarlo en bolas.” –Dijo burlona Sally.

 “No podemos mostrarnos desnudas en público. La gente que nos vea, podría pensar; que mi amiga y yo, ¡somos unas libertinas! No queremos ser consideradas como unas putas descaradas.” –Dijo aterrada Lucrecia.

Gabrielle y su equipo rompieron a reír, encontraban sumamente divertida la recatada actitud que presentaban ese par de tramposas, en especial cuando empezó a proyectarse en una pantalla; un video filmado día antes, donde ellas; están retozando alegremente con Claus de todas las maneras conocidas por un experto aficionado al porno duro.

Las carcajadas aumentaron su fuerza, en cuanto vieron a Nelly masturbándose compulsivamente, teniendo dormido encima de ella a Claus.

“Después de que hemos visto esto… ¿Te preocupa ser vista como una golfa? Cariño. ¡Eres una mujerzuela de la peor clase! Solo tú esposo; es el único que no se ha enterado de ello. Claro que puedes resistirte a mis peticiones, incluso puedes indignarte y defender apasionadamente tus derechos humanos.” –Dijo Gabrielle con parsimonia.

En ese momento, una de las asistentes de Gabrielle, apareció con una máquina de peluquero dirigiéndose hasta donde se encontraban Arantxa y Penélope. Enseguida, aquel zumbido de la maquina empezaba a recorrer el cráneo de la llorosa Arantxa, esto no cesaría, hasta que su bella cabellera rubia y la de su hermana, fueron cortadas en su totalidad.

De inmediato se prepararon toallas calientes, mientras se les aplicaba jabón con una brocha de barbero. A pesar de sus gritos suplicando clemencia, sus cabezas fueron afeitadas en su totalidad. Sally fue muy cuidadosa de aplicar una loción para después de afeitar, en aquellas relucientes pieles.

“¡Dejen de llorar par de estúpidas! Deberían agradecerme por el tratamiento rejuvenecedor que les acabamos de dar. Ahora se ven como un par de hermosas recién nacidas.” –Dijo Gabrielle al momento de romper a reír.

Tanto Lucrecia como Nelly vieron aterradas, la suerte que corrieron esas dos bellas aristócratas. Arantxa y Penélope, eran muy conocidas por sus escándalos y aprovecharse de sus influencias para clausurar lugares, donde ellas no se sintieran a gusto con el servicio. Ahora no podrían quejarse de una mala atención, con el esmerado trabajo de afeitado que ambas recibieron.

Las dos hermanas lloraban destrozadas en el piso, estaban a gatas levantando los rubios mechones que les habían sido quitados, les dolía en lo más profundo el que su belleza fuera mancillada de esa forma.

Gabrielle, ordenó a Lucrecia y a Nelly, que tomaran unos cubos con agua y lavaran el piso que esas despreciables hermanas, habían ensuciado. Al terminar, se les ordenó darles un baño a las llorosas Arantxa y Penélope.

El agua estaba helada, no era para nada placentero estar recibiendo un baño de esa forma tan degradante, ninguna de las cuatro mujeres encontraba agrado alguno en aquella situación.  En especial cuando Gabrielle, indicó que era menester aplicar un exhaustivo aseo, en las cavidades de las ahora calvas hermanas, cuyo espíritu había sido doblegado.

Pese a las amenazas realizadas por ellas, una vez que fueron hechas desnudar, Gabrielle les hizo saber que el senador, se encontraba en la nómina de; La familia. Le llamó por teléfono en ese momento, para ponerlo al tanto de la situación de sus sobrinas. Le aclaró de forma tajante, que no le convenía hacer ningún movimiento para responder o siquiera protestar por lo que estaba ocurriendo. Ya que eso lo enemistaría con la familia Robutti.

Sin mencionar, que podría costarle su puesto en el parlamento en cuanto se dieran a conocer, ciertas grabaciones comprometedoras, lo que acarrearía la ruina de todos los negocios que ha hecho su familia, aprovechándose de su puesto en la cámara parlamentaria en las últimas décadas.

Las dos aristócratas calvas, una vez que fueron aseadas y secadas por Lucrecia y Nelly. Estas habían sido conducidas hasta la puerta que daba a la parte más activa del casino, se vieron obligadas a recorrer todo el lugar, sufriendo la vejación de ser reconocidas e incluso; estaban siendo azotadas, por la gente que se encontraba en las mesas.

Se suscitó un gran alboroto mientras Arantxa y Penélope, caminaban llorosas siendo escoltadas por Sally, hasta volver a esa lúgubre bodega

 Luego de eso, ambas fueron llevadas a dar un paseo a otras instalaciones de; La familia. Se les mantuvo desnudas todo el tiempo ante la vista de toda la concurrencia, que encontraba hilarante y al mismo tiempo aterrador, la clase de suerte que le depara, a quienes llegan a ser sorprendidos haciendo trampa en cualquier establecimiento de los Robutti.

Semanas después de un arduo escarmiento, las hermanas Penélope y Arantxa fueron puestas en libertad en la plaza principal de la ciudad, justo frente a donde se encuentra el parlamento. Estaban completamente desnudas y desesperadas por volver a casa, era una hora del día en el que mucha gente se encontraba caminando por aquel sitio.

Fue ineludible el escarnio que se suscitó entre quienes lograron reconocerlas, muchas cámaras empezaron a captar frenéticamente cada movimiento de las dos avergonzadas bellezas calvas, cuyas hermosas piernas no eran lo suficientemente rápidas, para sacarlas de ahí.

Después de un buen sermón por parte de Gabrielle, se les continuaba infundiendo el terror a Lucrecia y Nelly, por lo que habían visto. Ninguna deseaba recibir una afeitada de cuerpo completo, para ese momento la charla se interrumpía, en cuanto ingresaron a otra pareja de mujeres.

“Hoy parece ser mi día de suerte. ¿Qué hicieron estás dos?” –Preguntó Gabrielle a su empleado.

“Señorita Robutti, Este par de mujeres estaban haciendo trampa en los dados, las sorprendimos usando estos que se encuentran cargados. ¡Son muy hábiles para cambiarlos!” –Dijo aquel asistente antes de retirarse.

La condición de Lucrecia y Nelly, les dio rápidamente una idea a las dos recién llegadas sobre lo que les esperaba.

“De modo que les gusta el dinero fácil, díganme ¿Cuánto lograron ganar con ese viejo truco?” –Preguntó Gabrielle a una de ellas.

“No mucho señorita, mire; ¡Es todo lo que habíamos ganado!” –Dijo aquella que parecía ser el cerebro de la operación.

Gabrielle siempre atacaba al punto más doloroso de sus víctimas. Para ello reunía cuidadosamente la información relativa a todo aquel que figurara en la lista de invitados. Le fue llevado un expediente con la información de esas dos mujeres, estás eran; Yelena y Katya, dos empresarias de 30 y 32 años que eran adictas a la adrenalina, ya habían probado el paracaidismo, el surfing y toda clase de actividades de riesgo extremo.

 Estas ya habían sido despojadas vergonzosamente, de todo cuanto llevaran puesto, para el momento en que Gabrielle terminaba de leer sus expedientes.

Ellas llegaron ataviadas con prendas de autor, contaban con accesorios de alta gama; como sus bolsos y zapatos, mismos que estaban resignadas a dejar atrás, con tal de poder salir de aquel lugar, conservando sus cabelleras y algo de su dignidad.

“Veo que les encantan las actividades riesgosas. ¡Han llegado con la persona indicada! Yo les proporcionaré; una emocionante experiencia que jamás podrán olvidar.” –Dijo extasiada Gabrielle.

Las cuatro mujeres fueron obligadas a recorrer desnudas el casino para ser vistas por todos, como un sutil recordatorio a quienes conocían a fondo el funcionamiento del lugar; demostrando que le ocurre a quienes quieren pasarse de listos. Para la mayoría, esto resultaba un grato espectáculo visual y los hacía pensar; que se trataba de algo que le ocurre, a quienes no controlan sus ansias por hacer apuestas que rebasaban su capacidad económica.

Estas debieron pasar cierto tiempo deteniéndose en cada una de las mesas, para que la gente pudiera verlas con calma. A los altos apostadores se les permitía manosearlas, incluso los más entendidos en la forma que opera Gabrielle Robutti; Negociaban mediante cierta cantidad, el poder disfrutar de un encuentro privado con alguna de estas hembras apetecibles que estaban siendo puestas en exhibición.

Para dicho fin, estaba dispuesta un área apartada de la zona de juego, esta era un tanto lúgubre, había un corredor con puertas en ambos lados. Al final de ese corredor, estaban dispuestas algunas sillas alrededor de una pista con un tubo, que iba del piso al techo, este se encontraba ubicado justo al centro.

Aquel paseo nudista, era un exhorto al público en general para disfrutar de un espectáculo extra, que no siempre estaba disponible todas las noches. Lucrecia y Nelly estuvieron ocupadas utilizando sus talentos con muchos de los apostadores que pudieron reconocerlas, gracias a su amistad con el viejo Niccoló. Ambas habían logrado despertar las ansias de muchos hombres y mujeres de la alta sociedad, durante el último semestre.

Muchas de las sofisticadas damas presentes, gozaron al ver a esas dos odiosas arribistas paseándose desnudas por todo el casino, y encontraban un deleite al poder verlas follar como perras, luego de haber pagado la tarifa especial que la casa, tenía dispuesta para esa clase de capricho. Las adineradas señoras; hicieron que sus choferes pudieran disfrutar de tirarse a una señora de la alta sociedad, para de ese modo, poder observar en primera fila; toda la degradación de aquellas arrogantes nuevas ricas, que cayeron en picada hasta la ignominia.

Yelena y Katya debieron realizar un show de baile al desnudo para un creciente grupo de lujuriosos, las propinas obtenidas de esto, fueron de inmediato retiradas por Gabrielle y sus asistentes, con el pretexto de que eso compensaba el daño; que ellas habían hecho a su establecimiento y las exoneraba de ser azotadas, y perder su cabello. Tal como había sucedido con una pareja que ellas vieron pasear por todo el casino, minutos antes de ser sorprendidas por el personal de seguridad.

Llegadas las 3 de la tarde, ya era hora del cambio de turno en el casino. Gabrielle deseaba retirarse a descansar, se encontraba contando los ingresos generados por el escarmiento aplicado a esas cuatro tramposas mujeres. Mismas que al terminar de atender a todos los ansiosos clientes; fueron llevadas ante ella.

“Veo con satisfacción que han logrado compensar la falta de respeto que cometieron a mi negocio. Ahora pueden irse. “–Dijo Gabrielle.

“¿Podrías darnos algo para cubrirnos? Ya es de día, y es un largo camino de regreso a casa. ¡Estamos exhaustas! Al menos, merecemos que la casa nos pague el taxi de regreso. Luego de todo lo que has ganado con lo que nuestros culos han trabajado.”-Dijo Lucrecia indignada.

“Nosotras ya nos retiramos.” –Dijeron Katya y Yelena.

A ellas, no les faltaron ofrecimientos para llevarlas a casa y había dos amigas suyas aguardando en la puerta a que salieran. Estaban urgidas por irse de ahí, en especial cuando esa estúpida de Lucrecia empezó con sus exigencias.

Las dos empresarias, salieron rápidamente. No les gustó el haber tenido que prostituirse, pero días después admitirían, que esa experiencia; les recordó cómo eran las cosas en tiempos menos civilizados de la humanidad.

“¿Y para que querrías cubrirte? Si todo aquel que es alguien en este país, ya las ha visto desnudas, incluso muchos de ellos, ya follaron con ustedes. Lo siento chicas, perdieron el privilegio de poder vestirse mientras estén en mis dominios, mejor váyanse y no me hagan enfadar.” –Dijo Gabrielle.

“¿Y si nos viera la policía? sabes muy bien que ellos, se rigen por las apariencias. No queremos ser arrestadas, por conducirnos con impudicia en la calle. ¡Tengo un esposo muy respetable! No puedo permitirme semejante escándalo.” –Respondió Lucrecia al mostrar su intención de obtener algo para cubrirse.

“Si las viera la policía y quiere llevarlas a pasear, díganles que me llamen. Aprendan de Katya y Yelena, se fueron desnudas y sin protestar. ¡Ahora saquen a este insoportable par de putas de mi establecimiento!” –Exclamó enfurecida Gabrielle.

De nada sirvieron las súplicas de Nelly, ambas fueron lanzadas a la calle con las manos atadas a la espalda.

En la calle, ambas pelearon culpándose mutuamente por lo ocurrido, estaban tan avergonzadas por la forma en que habían sido tratadas, ahora toda la aristocracia en la ciudad; las había visto desnudas y follando por dinero. Eso era terrible para Lucrecia, esas viejas arpías; no tardarían en esparcir lo que vieron, en sus habituales cotilleos.

Lucrecia y Nelly coincidieron en la necesidad de quitarse las sogas para liberar sus brazos y así poder volver a casa lo antes posible. De ese modo caminaron por algunas calles, sin dejar de discutir. Aborrecían cada paso que debieron dar en aquellas aceras llenas de gente que no dejaba de verlas fijamente, encontraban perturbador los silbidos de lobo que llegaban a escuchar, ya fuera a la distancia o en sus propias caras cuando pasaban entre las personas.

Les frustraba no tener como cubrirse, sus enormes senos quedaban al descubierto si ahuecaban las manos sobre el coño y hacer un 7, no les ayudaba en lo absoluto. Debieron llevarse las manos al rostro, y a pesar de ello. No faltaría quien llegara a reconocerlas luego de verlas en la sección de sociales, donde se publicaban semanalmente a las codiciables y glamorosas chicas de sociedad, que se divertían en los clubes de moda.

“¿Esas no eran las fiesteras mejor vestidas de la ciudad? Así habrá estado de animoso ese club.” –Dijo una linda rubia a su amiga en cuanto logró reconocer a Lucrecia y a Nelly en la revista que llevaba.

“Mira nada más, ahora querrán poner de moda eso de salir a la calle; hasta sin calzones. Tal parece que, a esas dos presumidas, finalmente; alguien las ha puesto en su lugar.” –Respondió la otra chica al momento de romper a reír.

No faltaron las chicas que armadas de singular insolencia, llegaron a darles una fuerte palmada en el culo para felicitarlas por su valerosa forma de salir a la calle. ¡Si tan solo supieran!

Sus rostros enrojecidos, ardían por la vergüenza que les ocasionaba tener que caminar por la avenida principal de la ciudad, sus cuerpos eran objeto; tanto de burlas como de algunos galantes elogios.

Una anciana que esperaba el autobús, no dejó de mostrarles la indignación que le ocasionaba el descaro con el que se exhibían; ese par de golfas impúdicas. Lamentaba la pérdida de valores que padecía esta sociedad, luego de que la desnudez pública fuera despenalizada un par de años antes.

Un grupo de chicos, las estuvo siguiendo muy de cerca durante varias calles, no podían dejar de contemplar el modo en que aquellos pollitos tan sabrosos; iban moviendo sus culos desnudos al caminar. Al menos esos muchachos, les pagaron el pasaje del autobús, para seguir contemplándolas.

En el casino, Gabrielle se disponía a subir a su auto y entregaba un paquete a una mujer.

“Toma Nana, asegúrate que estos videos lleguen a la familia Sforza y sus abogados. Tengo entendido que una de las cláusulas de su contrato prenupcial, estipulan que esta pendeja; no tendrá derecho a nada si le es demostrado un adulterio consumado.”

“¡Te agradezco tanto mi niña! No sabía a quién recurrir, luego de que esta meretriz, me echara de la casa Sforza y me apartara de mi niño cuando más me necesitaba.” –Dijo la nana Consuela, llena de gratitud con Gabrielle.

“Sabes que siempre tendrás un lugar en la casa Robutti, no olvidamos tus amorosos cuidados Nana, me encargaré de que ningún abogado en la ciudad, quiera tomar este caso. ¡Dale un beso a Tony de mi parte!”

Las dos mujeres se abrazaron con mucho afecto al despedirse. La nana subió a un auto que la llevaría a la casa Sforza, en donde Tony se alegró mucho de ver volver a su Nana, esta le mostró aquellos videos que demostraban la clase de sátrapas que eran la odiosa Lucrecia y su amiga.

 El chico enloqueció de la emoción, no tardaría en hacer varias copias de las mejores escenas, una de estas copias; fue hecha llegar de inmediato al apoderado legal de Niccoló.

Lucrecia y Nelly aparecieron horas después, odiaban cada minuto que había pasado para que pudieran llegar. En especial estaban enardecidas por la falta de empatía que primaba en la ciudad, ya que nadie quiso ayudarlas, más allá de facilitarles unas monedas para el autobús.

Al no poder conseguir ni un mísero trapo con el cual cubrirse; las dos iban desnudas y estaban furiosas con la servidumbre, exigiéndoles que las dejaran entrar, minutos después apareció en la puerta; una chica de aspecto frágil, estaba ataviada con un traje negro y sostenía un portafolio. Ella le entregó un papel a Lucrecia en su mano.

Se trataba de una orden de restricción, que la firma legal encargada de llevar los asuntos del viejo Niccoló, solicitó a un juez que la emitiera, al haber demostrado hace apenas unas horas; la violación a la cláusula de mayor importancia en el contrato prenupcial, el cual anulaba de inmediato el matrimonio de Niccoló con Lucrecia y la dejaba completamente desposeída de cualquier bien adquirido, durante la duración de esa unión. Según la última parte de esa cláusula:

“La señorita Lucrecia debe retirarse; llevando únicamente lo puesto, únicamente le es permitido llevarse cualquier cosa que ella haya adquirido por sus propios medios, antes de haber sido celebrado el matrimonio.”

Lucrecia y Nelly nunca esperaron que esa insignificante cláusula fuera a llegarse hacer efectiva, todas sus pertenencias relacionadas a su vida anterior; fueron desechadas y se repartieron entre sus amigas de fiesta, apenas volvieron de su primer viaje de compras. Por lo tanto, lo único que llevaban puesto en ese momento; era su propio aroma femenino, acompañado de la frustración y la ira; En cuanto la policía llegó y las invitó a retirarse de la propiedad.

Finalmente, Lucrecia; ¡Fue alcanzada por su propia maldad!  Fueron solo unos pocos meses de lujos y fiestas, ahora ella y Nelly habían sido lanzadas desnudas a la calle, quedaron expulsadas de forma permanente de su glamorosa y otrora envidiable vida.  Lucrecia y Nelly, entre lágrimas caminarían hasta casa de Bruna y Franciely, suplicando que la vida fuera piadosa con ellas.

Tony y la nana Consuela, encontraron muy divertido como a la nefasta madrastra, literalmente; Le dieron por culo.

Fin.

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Una respuesta

  1. helenx

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