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La experiencia de haber cogido con mi primo
Ay, es que tengo que contar esto porque si no, me exploto hahaha. Resulta que mi primo Juan, el que es como dos años mayor que yo, siempre ha sido super chévere, pero hace un tiempo empecé a notar algo diferente, como que me miraba de una forma que no era normal, ¿saben? Con esa miradita que te recorre todo el cuerpo y se queda en los labios, o en el escote. Yo, la verdad, siempre lo he visto guapo, tiene esos ojos verdes que te desarman y un cuerpo que se nota que juega fútbol, todo duro y delgado. Pero nunca, nunca había pensado en eso, hasta que un día me di cuenta de que cuando nos abrazábamos en las reuniones familiares, él me apretaba un poquito más de lo necesario y su mano bajaba hasta casi tocar mi culo hahaha. Y yo, la muy tonta, me ponía nerviosa y me gustaba, ¿qué gonorrea, no?
La cosa se puso más heavy cuando empezamos a salir solos, con la excusa de ir a comer algo o a tomar un café. Siempre era super caballeroso, me abría la puerta del carro, me pagaba todo, pero sus miradas eran cada vez más intensas. Una vez, en el cine, cuando estaba oscuro, sentí su mano rozar la mía y yo, en vez de apartarme, la dejé ahí, y al ratito él me agarró los dedos y los entrelazó con los suyos. Mi corazón latía tan fuerte que creí que se iba a salir del pecho, y toda la película no pude concentrarme en nada, solo en el calor de su mano y en lo prohibido que se sentía todo hahaha.
Pero el día clave fue hace como un mes. Quedamos en ir a un concierto de un grupo que nos gusta a los dos. Yo me puse un vestidito negro super corto, que se me subía cuando me sentaba, y unos tacones que me hacían ver las piernas mucho más largas. Desde el momento en que me recogió, sentí su mirada en mis muslos, y cuando me abroché el cinturón, él se quedó viendo mis manos, y luego mis labios, con una expresión que ya no disimulaba nada. En el concierto, con la música a todo volumen y la gente empujando, él me puso las manos en la cintura para protegerme, pero después las bajó a mis caderas y me apretó contra él. Yo podía sentir su verga dura a través del pantalón, presionando contra mi culo, y ufff, marica, me mojé toda al instante hahaha.
Cuando terminó el concierto, los dos estábamos como electrizados. Subimos al carro y él puso música, no la del radio, sino una playlist suya con reggaetón y cosas bien sexosas. El ambiente estaba cargado, se podía cortar la tensión con un cuchillo. Yo me reía nerviosa, hablando de cualquier bobada, hasta que en un semáforo, él puso su mano derecha en mi pierna, justo arriba de la rodilla. Mi piel erizó toda. Su mano era grande, caliente, y empezó a subir muy despacio, rozando mi piel, mientras él miraba al frente como si nada.
“¿Te molesta?” preguntó, con una voz ronca que no le conocía.
Yo negué con la cabeza, sin poder hablar. Su mano subió más, metiéndose bajo mi vestido, hasta llegar a mi entrepierna. Yo llevaba una tanga de encaje negra, y pude sentir como sus dedos la rozaron. “Estás mojadísima,” murmuró, y yo solo gemí un “sí”. En ese momento, algo se apoderó de mí. No lo pensé dos veces. Me desabroché el cinturón de seguridad y me incliné hacia él, bajando su cierre del pantalón mientras él seguía manejando, con la mano izquierda en el volante. Él me ayudó a sacarle la verga, y ahí estaba, dura, gruesa, con la cabeza bien rosadita y un poquito de humedad en la punta. Olía a él, a hombre, a algo que me volvía loca. Me la metí toda en la boca, sin importarme nada, sintiendo cómo palpitaba en mi lengua. Él jadeaba, diciendo mi nombre entre dientes, “Nei, Nei, así, chúpamela, mi niña”. Yo me ahogaba, pero me encantaba, me encantaba la sensación de poder, de estar haciendo algo tan sucio y tan rico con mi primo, en su carro, mientras manejábamos por la ciudad hahaha.
Él puso dirección a un lugar que conocía, una calle oscura cerca de un parque que estaba vacío a esa hora. Apenas estacionó, se desabrochó el cinturón y me jaló hacia él, dándome un beso que me dejó sin aire. Sabía a mí, a mi saliva mezclada con su sabor. Sus manos me subieron el vestido hasta la cintura y me bajó la tanga, no se la quitó, solo la hizo a un lado. “Quiero sentirte toda,” dijo, y me puso sobre su regazo, de espaldas a él. Sentí la punta de su verga en mi entrada, y luego, con un empujón, me la metió toda. Grité, pero él me tapó la boca con su mano. “Cállate, mi amor, que alguien nos puede oír,” me susurró al oído, mientras empezaba a moverme sobre él. Yo me movía arriba y abajo, sintiendo cómo me llenaba, cómo rozaba mi punto más sensible con cada movimiento. Él me ayudaba, agarrándome de las caderas y subiéndome y bajándome, mientras me mordía el cuello y me decía cosas al oído. “Eres mi prima, mi putita, siempre lo has sido,” y yo, en vez de ofenderme, me prendía más. Era verdad, había algo en la prohibición, en el riesgo, que hacía todo mil veces mejor hahaha.
Después de ese round, que me dejó temblando, me puso a cuatro patas en el asiento de atrás. Ahí me dio por detrás, agarrándome del pelo y dándome tan duro que el carro se mecía. Yo gemía contra el asiento, rogándole que no parara, que me llenara. Él me preguntó si me podía venir adentro, y yo, sin pensarlo, le dije que sí. Sentí su chorro caliente dentro de mí, y fue tan intenso que me vine otra vez, casi al mismo tiempo.
Pero el muy gonorrea no se cansaba. Después de un ratito, estaba otra vez duro. Esta vez me pidió algo que nunca me habían pedido. “Quiero venirme en tus tetas,” dijo, y a mí se me salieron los ojos, pero dije que sí, obvio hahaha. Me puse encima de él, en el asiento del copiloto, y me bajé el vestido para sacar mis tetas. Son grandes, la verdad, y él las agarraba y las apretaba mientras yo me movía sobre su verga, que otra vez estaba dentro de mí. Cuando sintió que se iba a venir, me sacó y se puso a jalársela rápido, apuntando a mis pechos. Y ahí fue, un chorro blanco y espeso que me cubrió los pezones y toda la parte de arriba. Fue tan caliente, tan sucio, que casi me vuelvo a venir solo con verlo hahaha.
Nos limpiamos como pudimos con unas toallitas que él tenía en la guantera, y nos arreglamos. El viaje de regreso a mi casa fue en silencio, pero nos tomábamos de la mano, y cada tanto nos mirábamos y sonreíamos como bobos. Cuando me dejó en la puerta, me dio un beso suave en los labios y me dijo: “Esto queda entre nosotros, ¿vale?”. Y yo asentí, pero por dentro estaba volando.
Desde ese día, cada vez que nos vemos en reuniones familiares, intercambiamos miraditas que solo nosotros entendemos, y a veces, cuando nadie ve, me aprieta el culo o me pasa la mano por la cintura. Y yo, la muy inmadura, me derrito, y ya estoy planeando la próxima salida, para ver hasta dónde más podemos llegar con esto hahaha. Es super prohibido, lo sé, pero eso es lo que lo hace tan excitante, ¿no?


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