El primer encuentro en la moto
Conocí a una chica en redes hace tiempo. Aunque éramos del mismo municipio, nunca nos habíamos visto en persona; yo vivía en aquel entonces en otro estado por motivos de trabajo, pero creo que esa distancia nos dio la oportunidad de abrirnos más. Ella es muy inteligente, pero también muy sexual. Nuestras pláticas solían durar horas; podía estar yo en el transporte o caminando, pero siempre terminaba tan excitado que me resultaba imposible ocultarlo.
Ella me mantenía en ese estado por mucho tiempo. Yo terminaba muy excitado, con esa sensación intensa en la que sientes que el pene no podría crecer más; sentía el latido en el glande con cada palpitación mientras se iba humedeciendo. Me daban tantas ganas de que ella estuviera ahí para que lo apretara con todas sus fuerzas y pudiera sentir las venas, la dureza y el tamaño que alcanza cuando hay tanto deseo. En esos momentos, solo necesitaba que sintiera lo caliente de mi eyaculación.
Cuando intercambiábamos videos, yo podía mostrarle mis reacciones y ella, a su vez, me enseñaba de lo que es capaz una mujer cuando está excitada. Siempre fue complaciente; nunca me dejó con las ganas de verla experimentando o usando juguetes que yo, por morbo, le sugería. Estoy seguro de que ella lo disfrutaba tanto como yo. En algún momento empezamos a fantasear con nuestro primer encuentro: la propuesta era que ella llevara un vestido sin ropa interior y me la chuparía en algún lugar público.
Así quedó el plan. Aunque no sucedió exactamente de esa forma, algo igual de intenso pasó. Fui a su casa con la idea de dar una vuelta en mi moto. Se subió y, en cuanto sentí sus manos tocar mi espalda para abrazarme, no pude evitar tomar una de sus manos para dirigirla hacia abajo, buscando mi entrepierna. En cuanto me sintió tocar su mano, ella no tardó nada; como si también lo estuviera buscando, recorrió mi abdomen hasta encontrar la línea del pantalón. Metió la mano, me sujetó y empezó a jugar conmigo de una manera deliciosa.
Le pedí que me apretara fuerte. Ella, con la otra mano, me sacó completamente el pene del pantalón; con una mano me sostenía los testículos y con la otra empezó a masturbarme con tal ritmo que, de un momento a otro, ya estaba eyaculando sobre sus manos. Ella no se detuvo. Esa sensación del pene mojado y su mano resbalosa me hizo gozar de verdad. Me quedé más que complacido y, justo cuando pensé que el momento no podía mejorar, ella empezó a chuparse los dedos y saboreándolos me hizo ver qué también le gustó mucho habernos conocido..


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