junio 8, 2026

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Doble cogida en el carro

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Mi compa y yo nos cogimos a dos chavas en mi carro. Fue súper excitante, jajaja. No mames, todavía me acuerdo y se me pone dura otra vez.

Resulta que andábamos en un bar medio culero pero con ambiente bien pesado, de esos donde la música está bien pinche dura y todo mundo anda pedo. Nos topamos a dos morras, bien jóvenes, unas de unos 19 o 20 años, chaparritas las dos pero bien diferentes. Una estaba gordita, nalgona, con unas tetotas enormes que se le salían de la blusa. La otra era flaquita, casi sin culo, pero con una cara de zorra que pedía verga a gritos.

Las dos estaban borrachitas, riéndose de todo, agarrándonos las piernas debajo de la mesa. En un puto momento la gordita me agarró directamente la verga por encima del pantalón y me dijo al oído: «Sácamela». Ahí supe que no había pierde.

Mi compa y yo nos miramos y sin decir nada hicimos la seña de llevárnoslas al carro. Ni siquiera quisieron ir a un hotel, dijeron que así estaba bien, bien putas las dos.

Mi carro es un sedán, no es la gran cosa pero los asientos de atrás se bajan y queda medio camioneta. Nos metimos los cuatro. Yo me fui al asiento del copiloto porque la gordita dijo que ella manejaba, jajaja, pero nomás era para montarse encima.

En lo que mi compa se iba atrás con la flaquita, yo ya tenía a la gordita encima. La muy zorra se sacó las tetas al instante. Unas putas tetotas enormes, blanditas pero bien paradas los pezones, color café oscuro. Me las metió en la cara y yo se las chupé como loco, mordiéndole los pezones mientras ella gemía bien rico. Sentí cómo se mojaba toda sobre mi pierna.

Ella me bajó el cierre del pantalón y me sacó la verga. Ya la tenía bien dura, bien goteando de los puros besos. La gordita no esperó ni madres, se bajó el short y se sentó de golpe encima mío. Se me metió toda, hasta el fondo. Estaba bien caliente y bien apretada. Soltó un gemido bien zorron: «Ay, verga, así mero».

Empecé a cogerla duro desde abajo, agarrándole las caderas bien anchas mientras ella rebotaba. Sus tetotas se movían como locas, chocándome en la cara. Cada que rebotaba, se le escurrían sus jugos por mis bolas. Delicioso.

Mientras tanto, mi compa atrás se había puesto bien salvaje. Tenía a la flaquita en cuatro sobre el asiento de atrás, bien abierta de piernas. Él la estaba cogiendo a toda velocidad, y la morra gritaba como si estuviera pariendo: «¡Métele los dedos en el culo! ¡Pégame, puto, pégame!» Y mi compa obedecía nomás. Le metió dos dedos en el culo mientras se la cogía, y ella chillaba de placer. Le daba nalgadas bien duros que se oían en todo el carro.

La gordita que estaba conmigo al oír eso se prendió más. «También quiero en el culo», me dijo jadeando. Se levantó, se puso en cuatro en el asiento y me mostró ese culo enorme, blanco, suavecito. Le metí la verga empapada en su culo. Estaba bien apretado, casi no cabía. Pero ella empujó hacia atrás toda zorra hasta que se la metí entera.

Nos vinimos todos casi al mismo tiempo. Yo me vine dentro del culo de la gordita, sentí cómo se contraía y ella se vino también gritando «¡leche, leche!» como desquiciada. Mi compa se vino adentro de la flaquita y ella se quedó temblando toda. Todo sin condón, bien sucio, bien delicioso.

Terminamos todos sudados, el carro oliendo a sexo y a perfume barato. Las morras se bajaron riéndose, ni siquiera pidieron que las lleváramos de vuelta. Caminaron bien despistadas por la calle, una casi sin poder caminar.

Yo nomás me limpié la verga con la camisa de mi compa. Valió la pena. Jajaja.

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