abril 16, 2026

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De vez en cuando dejo a mi sobrino mirarme de más

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La mañana estaba helada, lloviznando. Salí a correr igual, como siempre antes de las 6am. Volví empapada de sudor y lluvia, el cuerpo caliente y el olor a sobre exigirme pegado a la piel. Me gusta ese olor en general. Me calienta. Entré a la cocina todavía con la ropa de running y los calcetines mojados.

Mi sobrino ya estaba ahí, preparando café. Me senté en la silla alta del mesón, las piernas me pesaban. Me pasó una taza sin decir nada. Se sentó al lado mío y, como si fuera lo más normal, me levantó las piernas y las puso sobre su regazo. Sentí el calor de sus muslos bajo mis pantorrillas.

-Estás sudada -murmuró.

Empezó a masajearme los pies con los calcetines todavía puestos. Presionaba fuerte con los pulgares en la planta. Yo renegué un poco, moviendo los dedos.

-Ay, no, déjame, están asquerosos…

Pero no los saqué. Él siguió, oliendo el sudor a través de la tela, respirando más profundo. Bebí mi café y me perdí imaginando cómo sería si me agarrase fuerte y me acostara en la mesa. Me abriría las piernas y me comería el coño ahí mismo?, sin piedad, como un animal. Sacudí la cabeza y volví a la realidad.

Me levanté a llenar la taza con agua fría. Apenas di dos pasos las piernas me temblaron, casi me caigo. Él se levantó rápido, me sujetó por la cintura y me levantó como si no pesara nada. Me sentó en el mueble de la cocina. Me abrazó fuerte, pegando su cara a mi cuello. Yo lo empujé un poco.

-Estoy toda sudada, déjame…

Él respiró hondo contra mi piel y dijo bajito, casi ronco:

-Tu olor me atrae, como si fuese un animal.

hice una cara de disgusto que no vio, pero comenzó a esnifar exagerado, primero la axila, lo rechacé, después subió el cuello, me derretí. Yo intentaba apartarlo, pero la verdad es que me estaba gustando. Me perdí imaginando como me quitaría el short de un tirón y me empotraría sobre el mueble, esperaba haber dejado condones cerca. Subió despacio hasta la oreja, deslizando la nariz por mí sudor. Su mano subió por mi muslo húmedo. Cuando me lamió el cuello completo, me desperté. Lo empujé firme y me bajé del mueble.

-Voy a bañarme. -dije tambaleante y me fui al baño.

Llené la tina. El agua caliente me relajó, pero las piernas seguían flojas. Quería que me consintieran. Vi la bomba de sales en el estante alto y supe que no llegaba. Lo llamé.

Entró y se quedó unos segundos mirándome bajo el agua. Yo tiré la bomba rápido para que no viera todo y me reí. Él se dio vuelta para irse, pero lo llamé de nuevo. Se giró emocionado, como si lo estuviera invitando a algo más. Le pedí que apagara la luz. Quedamos solo con la claridad de la ventana.

Le mostré un pie fuera del agua, en señal clara. Él se sentó al lado de la tina y empezó a masajearlo, lento, con las dos manos. Yo cerré los ojos y me perdí imaginando que me agarraba del pelo y me follaba la boca mientras me metía los dedos. Sacudí la cabeza otra vez.

-Dame tu mano.- le dije bajito.

La agarré y la llevé bajo el agua. La pasé por mi abdomen, por el pubis y la dejé justo en mi coño. Él entendió. Cerré los ojos y el empezó a tocarme despacio, primero el clítoris, después metiendo un dedo, después dos. Yo me mordí el labio y dejé que jugara. El agua tapaba el sonido. Me corrí apretando su muñeca, temblando, sin hacer ruido. Fue largo y profundo.

Después le pedí que me ayudara a salir. Me senté desnuda en el borde de la tina. Él me secó las piernas con la toalla, despacio, casi con reverencia. Yo terminé de secarme el resto. Me puso la bata y me tomó en brazos como si fuera algo frágil. Me llevó hasta el sillón del living y me dejó ahí, arropada.

Me quedé acostada ahí, el con mis pies en su regazo, se ofreció a pintarme las uñas, accedí. Lo hizo durante un rato. Mientras lo hacía, me perdí en mis pensamientos, en cómo desabrochar su pantalón con mis pies y masturbarlo con ellos. Quería sentir sus fluidos en mí, no llegar a más, ya estaba cansada. Deseaba que se corriese sobre mi, sobre mis pies. Llegué a la conclusión de que era bastante fácil, solo debía esperar que se secase el esmalte. Una pequeña siesta y me lanzo.

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