mayo 14, 2026

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Bragas sudadas...

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La cámara del teléfono, apoyada sobre el tocador, captaba la luz cálida de la tarde. Ana respiró hondo; su pulso estaba acelerado y sentía el coño palpitar. No era solo el dinero —aunque importaba—, era la idea misma lo que la había puesto tan cachonda: un desconocido pagando por sus bragas usadas.

Suspiró y revisó a su alrededor y lo que había decidido ponerse: solo llevaba una camiseta holgada recortada irregular con tijeras, apenas le tapaba el culo. El escote en V muy pronunciado mostrando que estaba sin sostén, y sin nada abajo. Se sentó en el borde de la cama, abrió las piernas y pulsó el botón rojo de “grabar”.

—Hola… soy Ana —dijo con voz ronca y temblorosa, sonriendo con picardía—. Este es mi primer video y estoy muy nerviosa… pero también tengo el coño empapado solo de estar haciéndolo.

Se mordió el labio y levantó con dos dedos las bragas blancas de algodón que había usado todo el día. Mientras hablaba, sin proponérselo, su otra mano bajó lentamente entre sus muslos y empezó una suave caricia por encima del coño; tenía los labios cerrados todavía.

—Mmm… ¿ven esto, muchachos? ¡Ojalá pudieran percibir su aroma! —susurró, acercando el puente de las bragas a su nariz e inhalando profundamente.

Su dedo índice comenzó a frotar su clítoris hinchado en círculos lentos, suaves, naturales. Como si no pudiera evitarlo.

—Estas son las bragas que llevé todo el puto día… Fue un día largo y caluroso. —mostró a la cámara una leve mancha café.

Volvió a oler con fuerza, esta vez dónde va el culo, cerrando los ojos y metiendo la nariz entre la tela. Su mano se movía más rápido, deslizando dos dedos entre los labios mojados, abiertos como pétalos de una rosa.

—Fui al gym y sudé como una perra… sentadillas profundas, cardio intenso. En la bicicleta fija, el maldito algodón se metió entre la raya del culo rozando contra la tela. Después cargué bolsas en el mercado bajo el sol, caminando rápido, sintiendo cómo se me empapaba de sudor líquido, pegajoso. Por último fui a la escuela por mi niño. Todavía con las putas bragas pegadas, chorreando sudor y excitación porque me decidí a venderlad.

Separó las bragas con los dedos y las mostró bien cerca de la cámara. La entrepierna estaba asquerosa: manchas amarillentas de sudor, una franja más blanca de flujo seco y una ligera mancha café.

—Miren cómo quedaron las malditas… bien usadas, bien sucias. Me atormentó este modelo, siempre uso tanga, pero para ustedes use esta: bragas de algodón. De tanto roce contra mi clítoris hinchado, imaginar cómo van a lamer, oler, ver, tocar… Casi me corro cuando la maestra de la escuela me explicaba la tarea.

Mientras hablaba, inhalaba una y otra vez, enterrando la cara en la tela. Su mano derecha no paraba: dos dedos ya entraban y salían lentamente de su coño, haciendo ruidos húmedos y obscenos que se escuchaban claramente en la grabación.

—Y antes de grabar… me masturbé pensando en ustedes. Me corrí como una puta. ¿Ven esta mancha blanca y cremosa de aquí? —Señaló con el dedo mientras seguía oliendo—. Esa es mi leche squirt seca… me vine tan fuerte que me chorreó hasta por el culo y me sequé con ella.

Dejó escapar un gemido largo y sincero, casi un gruñido de placer. Sus dedos se hundían más profundo, follándose frenéticamente mientras seguía hablando.

—Huelen brutal… a coño usado todo el día,

a sudor ácido de mujer cachonda,

a corrida fresca y espesa.

Ese olor fuerte, denso, casi animal que se pone después de horas de vida real. Me pone tan perra olerlas… joder…¡Ahh… Ahhhhh..! ¡Agh!

Ana miró directamente a la cámara, con las mejillas ardiendo y los ojos vidriosos de excitación. Su mano seguía trabajando entre sus piernas, ahora frotando el clítoris con movimientos más rápidos y desesperados, hasta alcanzar el orgasmo y squirt.

Después de muchos segundos de respiración agitada. Ana preguntó a la cámara.

—¿Les gusta ver esto? ¿Les pone duros oler mis bragas sucias a través de la pantalla? ¿Quieren que les cuente cómo me sentía todo el día, con la tela mojada y pegada a mi clítoris, caminando y sintiendo cómo me chorreaba?

Se llevó las bragas otra vez a la nariz, aspirando con fuerza sacando los dedos de su coño.

—¿O prefieren que me las ponga ahora mismo, las moje todavía más con mi corrida fresca?

Díganme en los comentarios, hijos de puta…

Porque esto recién empieza y estoy muy, muy cachonda.

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