Nombre del autor:manum

Erotismo y amor

Una noche en Palermo

Salí a Palermo a cazar carne y encontré una petiza sin ropa interior. Se la comí toda en mi casa y al final le pinté la cara con mi leche.

Poesía erótica

El camino a casa

Volvíamos desnudos de la playa y tuve orgasmos espontáneos en el camino. Al final me corrí en su pierna y la follamos contra un pino. Fue increíble.

Hetero: General

La pasante perfecta

Mi pasante de 18 años, gordita y deliciosa, ya no aguantaba los mensajes. Terminé follándola sobre mi escritorio. Ahora el olor a sexo y complicidad llena la oficina.

Poesía erótica

La esposa de mi hermano

La deseé desde que era un crío. Este verano, por fin, la poseí en la cama que comparte con mi hermano. Sus gemidos eran poesía viva; su cuerpo, un ritual prohibido. Ahora escribo versos nuevos, manchados con el sabor de su piel ajena.

Fantasías eróticas

Espejos y secretos en un hotel de paso

La conocí en un bar de mala muerte y subimos a un hotel con un espejo enorme. La empujé contra el cristal frío y la desnudé lentamente mientras nos observábamos reflejados. La comí frente a ese testigo mudo, follándola con una furia que hizo crujir la cama. Gemía pidiéndome más, hasta que nos derrumbamos exhaustos, sabiendo que ese espejo guardaría para siempre el secreto de cómo una desconocida me vació por completo.

Poesía erótica

Bajo la lluvia de vapor

Te llevé bajo la ducha y con jabón de sándalo exploré cada centímetro de tu piel. El vapor fue testigo de cómo te llevé al éxtasis contra la pared, follándote con una urgencia animal hasta que ambos gritamos de placer en el agua que se enfriaba.

Sexo con maduras

La mujer es como el vino

Encontré a una diosa de sesenta años en un bar. Su boca escribió poemas en mi cuerpo y su experiencia me hizo olvidar mi nombre. Ahora busco en cada copa de vino su perfume perdido.

Interracial

La marroquí que me robó el aliento

Amina llegó a mi oficina como una buena chica marroquí. Dos semanas después, la tenía a cuatro patas en mi cama, gimiendo que era mi puta. Ahora sigue trabajando para mí, y cuando nadie ve, repite su «horario extra».

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