Me puso muy caliente un amigo
En el carrete, sentada sobre Sebastián, sentí su verga dura entre mis nalgas con cada bache. Él me guiaba las caderas, restregándome mientras todos hablaban. Me mojé toda, moviéndome disimuladamente hasta temblarle. Llegué al bar con las piernas flojas y la conciencia pesada, pero demasiado caliente.
