Por
12 HORAS DE PUTA
Para esos dĆas no tenĆa ni idea de que serĆa testigo directo de una nota para el noticiero donde trabajaba, en la cual la vĆctima serĆa mi querida compaƱera Valentina, periodista de la sección de entretenimiento y una de las pupilas del director del noticiero.
En ese entonces, mi labor era la de periodista del Ć”rea de crónicas de inmersión, donde ya habĆa realizado distintas crónicas. Se trata de un mĆ©todo en el que el periodista se introduce activamente en el entorno o tema que investiga, viviendo la experiencia en primera persona para narrarla desde dentro. A menudo implica infiltración o adopción de roles para desenmascarar realidades ocultas, utilizando la crónica, el reportaje y la subjetividad. Para ello me infiltro y convivo con el grupo estudiado con el fin de acceder a información de difĆcil acceso sobre cómo era un dĆa en su ambiente, lo bueno para mi es que era un trabajo solitario en general a veces acompaƱando a la distancia de una gente de producción.
En ese momento estaba desarrollando un trabajo de periodismo de inmersión en la zona de tolerancia de la capital, en el barrio Santa Fe, mĆ”s precisamente ubicado en la localidad de Los MĆ”rtires. Esta zona se caracteriza por la alta concentración de trabajo sexual, vida nocturna, comercio sexual y trĆ”fico de estupefacientes (heroĆna, cannabis, cocaĆna y drogas sintĆ©ticas). Sin embargo, lo mĆ”s grave eran las desapariciones de personas, los homicidios, las torturas y otros crĆmenes cometidos por la delincuencia comĆŗn y organizada, como mafias. Mi objetivo era identificar estas estructuras para exponer los hechos a la opinión pĆŗblica.
Todo marchaba segĆŗn lo planeado hasta que un dĆa me llamó mi jefe, el mismo director del noticiero, con la orden de que enviarĆa a Valentina como infiltrada de apoyo. CuestionĆ© la decisión, no tanto por celo periodĆstico, sino por lo peligroso del trabajo, especialmente para ella, que pertenecĆa a la sección de entretenimiento. El jefe, firme, me dio una explicación con carĆ”cter de orden: era una oportunidad para darle a Valentina algo diferente, ya que ella lo habĆa solicitado. Ā”Igual no pude reprochar mĆ”s! Aunque no lo entendĆa del todo, accedĆ. En las próximas horas Valentina se infiltrarĆa; eso fue lo Ćŗnico que supe hasta el momento.
Mi compaƱera Valentina era una periodista de unos 35 aƱos, con amplia experiencia en los medios y profesional en comunicación social. A pesar de su inteligencia, la tenĆan como presentadora de entretenimiento bĆ”sicamente por su apariencia fĆsica. Por ello, desde hacĆa tiempo venĆa solicitando oportunidades en otras secciones del noticiero, pero los dĆas pasaban y nada cambiaba.
A las pocas horas, desde mi fachada de portero en uno de los antros del sector conocido como el āPutiClubā āun burdel de mala reputaciónā, me contactĆ© con alguien de producción. Esta persona me indicó las instrucciones: tenĆa que convencer al contacto interno, una mujer llamada Janette, a quien ya le habĆamos pagado una suma de dinero para que ayudara con mi infiltración y, ademĆ”s, nos ayudara a infiltrar a Valentina.
Por supuesto, Janette se rehusó en principio, pero al pagĆ”rsele otra suma por transferencia, ella āque era la madame o proxeneta del lugarā aceptó con agrado.
En esa charla que tuve con mi partner Jair (coordinador de producción) por mensaje de texto, luego de manifestar mi desacuerdo con el tema de Valentina, me ratificó que era una orden del jefe de jefes. Este estaba cabreado porque, al parecer, Valentina no habĆa querido hacerle el favor al ācuchoā.
AhĆ comprendĆ que todo se trataba de una pequeƱa venganza del jefe de jefes. Ćl estaba acostumbrado a aprovecharse de las mujeres atractivas del noticiero, pero como Valentina habĆa sido esquiva y ademĆ”s insistĆa en nuevas oportunidades, le asignó esta misión que, sin que ella lo supiera, terminarĆa siendo su castigo en vez de una oportunidad.
En los dĆas previos, y en una escapada del barrio Santa Fe, me reunĆ con mi partner Valentina en los estudios del noticiero. Ella, ingenua, no creo que fuera consciente del riesgo que asumirĆamos, y menos aun cuando vio que la caracterización que le habĆan hecho para sumergirnos en las calles era la de una autĆ©ntica bomba sexual.
TenĆa un cuerpo voluptuoso y muy bien proporcionado que roba la atención al instante. Su escote es profundo y generoso, dejando a la vista un par de tetas grandes, redondas y firmes que se aprietan provocativamente contra el vestido ajustado, creando un canalillo jugoso y tentador que invita a perderse entre ellas.
El vestido turquesa con flores fucsia se le pega al cuerpo como una segunda piel, marcando perfectamente su cintura estrecha y resaltando unas caderas anchas y una figura de reloj de arena muy pronunciada. La tela se cruza justo debajo de sus pechos, acentuando su busto y dejando poco a la imaginación.
Su cabello rubio-castaƱo ondulado cae de forma salvaje y sensual sobre sus hombros y pecho, como si acabara de salir de la cama despuĆ©s de un buen polvo. Tiene una cara preciosa: labios carnosos entreabiertos, ojos grandes y expresivos con mirada de āfóllameā, y una expresión que mezcla inocencia y pura lujuria.
Lo que nos dejó, a los pocos que estĆ”bamos presentes en el estudio, con la boca abierta, pues sabĆamos que era linda, pero lejos estĆ”bamos de imaginar que Valentina tenĆa esos atributos tan comestibles.
Segundos despuĆ©s ya estĆ”bamos subidos en el móvil (una furgoneta), de camino a la zona de tolerancia. En la furgoneta solo Ćbamos Jair, Valentina y yo. Ella estaba obnubilada con su primera nota de campo. Aun asĆ, se veĆa tranquila, con esa sonrisa que le marcaba aĆŗn mĆ”s los hoyuelos de las mejillas āuna caracterĆstica de ella que siempre habĆa gustadoā, pero aĆŗn mĆ”s sexy resultaba una pequeƱa peca que resaltaba en su pecho derecho, la cual no conocĆa hasta ese momento al visualizarla por su escote atrevido de pura mujerzuela.
Al llegar, alrededor de las 4:00 p. m., nos parqueamos cerca de la calle 26. AllĆ le colocamos un micrófono con una mini cĆ”mara en el vestido a Valentina. Lo malo era que ella no podrĆa escucharnos ni comunicarse con nosotros. EsperĆ”bamos que fuera suficiente no solo para grabar la nota, sino para actuar en caso de que surgiera alguna dificultad y poder auxiliarla.
Minutos despuĆ©s, solo quedaba esperar a una mujer a la que habĆamos contactado con anterioridad: Janette.
Al llegar, doƱa Janette, Valentina descendió del móvil con confianza. Me solicitó que la acompaƱara para entregarme su abrigo mĆ”s adelante, el que la cubrĆa del frĆo y, por supuesto, ocultaba sus atributos. AccedĆ a acompaƱarlas, aunque Janette no estuvo de acuerdo en que llegĆ”ramos juntos. Mientras caminĆ”bamos se hizo un silencio. El ambiente y las fachadas de los edificios y casas eran estremecedores, por lo que Valentina me tomó la mano (que estaba frĆa) y en su rostro ya se reflejaba el temor. Me apretaba la mano cada vez mĆ”s mientras nos adentrĆ”bamos en el sector del barrio Santa Fe.
Al llegar a la calle 24, doƱa Janette fue clara y, dirigiĆ©ndose a mĆ, me dijo:
– Janette: Hasta aquĆ puede acompaƱarnos.
De allĆ en adelante seguirĆa por su cuenta Valentina. Aunque estarĆamos atentos a ella a la distancia, percibĆ como si estuviera entregando consentidamente una res al matadero. Ella entonces se quitó el abrigo y exclamó con algo de humor:
– Valentina: Robert, como el problema va a ser el frĆo.
Yo, asintiendo con la cabeza, solo recibà el abrigo. Mi instinto de hombre pensó al verla con ese vestido provocativo: «OjalÔ no la dañen». Seguro ella notó mi preocupación y añadió:
– Valentina: No te preocupes, estarĆ© bien, Robert. Igual tĆŗ serĆ”s mi gran protector en la distancia.
A lo que le respondĆ:
– Yo: Seguro, Valentina. AquĆ estaremos pendientes de usted.
Fueron las Ćŗltimas palabras que cruzamos antes de despedirnos para que yo llegara por mi lado al PutiClub.
A paso rĆ”pido me lleguĆ© primero, pero igual que Jair, que estaba en el móvil, podĆamos escuchar todo lo que pasaba con Valentina, aunque con una sensación de intranquilidad. RecibĆ un mensaje de Jair que decĆa y contestĆ©:
– Jair: Va a necesitar mucha suerte la Sta. Valentina, Āæno cree?
– Yo: Seguro que sĆ. Porque no sĆ© si admirar su valentĆa o valorar su brutalidad al meterse en ese sitio vestida asĆ.
– Jair: SĆ, la Sta. Valentina, pobrecita. No sabe que se metió a una cueva llena de hienas hambrientas y va a ser vista como una presa muy sabrosa. Porque sĆ que estaba buena, Āæno, Robert?
– Yo: SĆ, va a despertar el apetito en ese lugar por ella.
Mientras tanto, Valentina habĆa comenzado su labor periodĆstica y empezó a preguntarle a Madame Janette sobre su labor y oficio mientras caminaba por la carrera 17:
– Valentina: Janette, quisiera que me cuente algo sobre el negocio.
– Janette: SĆ, claro, vamos a darte tu inducción, pero es mejor que me llames doƱa Janette.
Esa contestación de Janette no me gustó. Para mà estaba sugiriendo algo mÔs profundo, pero todos lo dejamos pasar. Janette empezó a hablar sin filtro:
– Janette: Las reglas son fĆ”ciles conmigo. AquĆ mis chicas no tienen horario, lo importante es que cumplan con una cuota semanal de $150.000 que incluye su pieza (ācuartoā) y su protección. Por lo que lo que deseen hacer en el servicio no es cuestión mĆa, ni tampoco me meto con la tarifa que acuerden con el cliente.
– Valentina: ĀæY cuĆ”nto cobran por lo general?
– Janette: Eso depende del marrano (cliente), jajaja, pero tambiĆ©n depende del tiempo del servicio y el tipo de servicio. Oscila entre $30.000 y $100.000 por servicio, si bien les va.
– Valentina: ĀæY de cuĆ”nto tiempo estamos hablando? ĀæQuĆ© tipo de servicio?
– Janette: Ahora le explica una de las chicas, pues estamos llegando al āPutiClubā. AcuĆ©rdese: aquĆ se cuida sola. Yo no la conozco porque los verdaderos duros del sector son muy celosos con los extraƱos y mucho mĆ”s con periodistas y policĆas.
Mientras tanto, Jair y yo permanecĆamos atentos, escuchando. Jair ademĆ”s podĆa ver por la cĆ”mara oculta; yo solo podĆa escucharla.
Al llegar a la entrada, se encontraron con las primeras mujerzuelas: unas mayores, pero tambiĆ©n habĆa unas jovencitas.
– Janette: Saluden, chicas, a su nueva compaƱera Valentina.
– Naomi: Ā”Uhy! Pero esta huele rico. ĀæY cuĆ”l va a ser su pieza, doƱa Janette? Porque las nuevas tienen que estar abajo.
– Valentina: No, tranquilas, no voy a necesitar la pieza.
– Naomi: Ah, no, primor, Āæentonces piensa dar cuca en la calle? Jajajaja.
En ese momento incómodo con una de las trabajadoras (sexy, llamada Naomi), Valentina cayó en cuenta de que tenĆa que seguir la corriente de su personificación y contestó:
– Valentina: Ā”SĆ, claro! Me referĆa a que no por ahora.
– Naomi: Y estĆ” hablando bonito tambiĆ©n. ĀæDe dónde vienes?
– Valentina: Soy de Manizales, mucho gusto.
Entonces Janette intervino y, cortando la interacción con las chicas, dio la orden:
– Janette: Jazleidy, llĆ©vala a la pieza 11 y hĆ”blenle un poco. ExplĆcale lo que quiera saber.
Al entrar a la casa, venĆa un pasillo estrecho con solo puertas de piezas a lado y lado, hasta llegar a un patio central donde estaba yo. A propósito, para darle confianza, medio nos saludamos allĆ. HabĆa un lavadero y unas escaleras que subĆan al segundo y tercer piso, y tambiĆ©n bajaban a un sótano donde conducĆan a Valentina. Al descender, el aire se volvĆa denso, cargado con una mezcla de humedad persistente, perfumes dulces y el rastro rancio del tabaco. La ausencia de ventanas creaba una desorientación temporal total; allĆ abajo no existĆa el dĆa ni la noche. El sonido de los pasos en el piso superior llegaba como un eco sordo, acentuando la sensación de aislamiento y clandestinidad. Los sonidos del sexo se acentuaban con eco de cuando en cuando, provenientes de las habitaciones.
En esa atmósfera, Jazleidy le decĆa a Valentina quiĆ©n era yo:
– Jazleidy: Ćl es Marquitos (mi nombre de infiltrado), es el portero, oficios varios, vos sabĆ©s: aseo, etc., y quien hace mandados si necesitas algo de la calle, Valentina.
Transitando por el corredor del sótano, aĆŗn mĆ”s oscuro y frĆo que arriba, Valentina se encontró con el primer cliente que salĆa acompaƱado de una de las putas despuĆ©s de haber pagado su servicio. Era de apariencia obrera, humilde, bajito, de rasgos indĆgenas. Se quedó mirando a Valentina con lujuria, con esa mirada morbosa que la recorrió por todo el cuerpo, intimidĆ”ndola visiblemente. MĆ”s aĆŗn cuando en voz alta dijo:
ā Mamacita, Āæde dónde saliste? ĀæEres mercancĆa nueva?
Nadie respondió la pregunta. Ellas prosiguieron hacia la pieza 11.
Yo, para disimular, me retirĆ© a limpiar el patio, preocupado por mi compaƱera Valentina, pero debĆa enfocarme en mi trabajo. Sin embargo, estaba pendiente del intercomunicador por donde escuchaba cómo iba todo.
Escuché que Jazleidy, ya dentro de la pieza, le explicaba dónde quedaba el baño (al fondo del pasillo, una letrina) mientras le daba señas de que las duchas quedaban en el segundo piso para el aseo personal, bastante retiradas y todo comunal.
Entonces Valentina, en su labor periodĆstica, empezó a preguntarle cosas a Jazleidy del oficio y de su vida. Jazleidy, sin desconfianza y con Ć”nimo de hablar, comenzó a responder una a una las preguntas:
– Valentina: ĀæCuĆ”nto llevas trabajando aquĆ?
– Jazleidy: Desde los 15 me tocó trabajar en esto y ya tengo 28. Al principio fue duro, pero la plata ayuda. ĀæY usted a quĆ© edad comenzó?
– Valentina: ĀæYo?… pues hace un tiempo. ĀæY cómo cobras? ĀæCuĆ”nto ganas?
– Jazleidy: AquĆ no se cobra mucho por el tipo de cliente de la zona, pero a veces se les puede sacar platica proponiĆ©ndoles, como decimos todos, bien sea porque la dan⦠o porque los carteriamos y ni se dan cuenta. Es saber hacer las cosas.
– Valentina: ĀæLes roban? Entiendo⦠Pero ĀæcuĆ”nto mĆ”s o menos se hacen al dĆa por aquĆ?
– Jazleidy: Pues cada una tiene sus necesidades y metas, si se podrĆa decir, pero con que yo me haga mĆnimo $100.000 estĆ” bien. Eso serĆa mĆ”s o menos tres o cuatro servicios, pero entre mĆ”s, mejor.
– Valentina: ĀæY cuĆ”ntos servicios es lo mĆ”ximo?
– Jazleidy: Pues depende del servicio y como esto es variado, usted sabe. Ellos un dĆa quieren rapidĆn (10 minutos, $30.000), como a veces quieren mĆ”s de una y pues tienen que pagar. Un dĆa me hice mi primer millón en un solo dĆa, pero eso sĆ, al final estaba agotada y me tocó hacer de todo porque necesitaba enviarle unos bolĆvares urgentes a mi mamĆ” y a mi hijito en Venezuela.
– Valentina: ĀæUn millón y cuĆ”ntos servicios fueron?
– Jazleidy: Pues como 8, pero hubo un riquillo que me pagó en dólares ese dĆa, que representó como $400.000. Un caso excepcional, pero pasa.
– Valentina: ĀæMe dijiste hijo?
– Jazleidy: SĆ, un golazo que me hicieron. TĆŗ sabes cómo es esto con los clientes: hay uno que otro que son judĆos, malos.
– Valentina: ĀæCómo asĆ? ĀæFue un hijo de⦠la profesión?
– Jazleidy: SĆ, amiga, me descuidĆ© y algĆŗn malparido me preñó en el servicio. Pero mi Kirlian es mi motivación. Si tienes hijo sabrĆ”s. ĀæTienes hijos?
– Valentina: SĆ, tres.
– Jazleidy: ĀæTres? ĀæY con distinto papĆ”?
– Valentina: Ā”No! Fueron trillizos.
– Jazleidy: ĀæY dónde los tienes? ĀæQuiĆ©n te los cuida?
– Valentina: Ahora mi mamĆ” o el mismo papĆ”.
– Jazleidy: Tienes pareja? No entiendo.
– Valentina: No, solo que el papĆ” de ellos estĆ” pendiente.
– Jazleidy: Ah, entiendo. Y tĆŗ eres muy bonita, como sofisticada. ĀæDe dónde vienes? ĀæQuĆ© edad tienes?
– Valentina: Ā”Gracias! Tengo 35 aƱos y, como les dije al principio, soy de Manizales.
– Jazleidy: Pues eres muy bonita. Pero te recomiendo tener cuidado porque vas a despertar la envidia de muchas.
En ese momento todos escuchamos la advertencia por los intercomunicadores. Seguro Valentina ya deberĆa estar abriendo los ojos sobre en la que se habĆa metido.
– Valentina: SĆ, tendrĆ© cuidado. Pero ven, cuĆ©ntameā¦
– Jazleidy: No, luego seguimos hablando, amiga. Tengo que trabajar y usted tambiĆ©n⦠Pero una Ćŗltima recomendación: tambiĆ©n cuĆdese de los clientes porque los clientes de la capital no son como los de su tierra.
Al parecer, quedó sola en la pieza Valentina después de su primera entrevista. Entonces ella decidió conversarnos y describirnos su primera impresión:
[Espero, chicos, que estén allà escuchÔndome. Esto es un mundo muy triste. La verdad me da tristeza escuchar que haya personas llevando esta vida.]
Entonces Valentina, siendo casi las 5:30 p. m., salió de la habitación para dar una vuelta por el lugar. Al llegar a la puerta se encontró con Naomi, que al parecer se creĆa la lĆder, y con un comentario displicente y de marcar territorio le indicó:
– Naomi: A ver, la nueva, aquĆ no se vaya a parquear a buscar clientes. La veo irse mĆ”s allacito.
Valentina, sin querer generar problemas, hizo caso y decidió dar unos pasos mĆ”s. Pero casi al instante empezó a llamar la atención de los hombres que pasaban por el lugar. Era la hora de salida de los empleos, por lo que el sector estaba congestionado. La mayorĆa de los hombres solo querĆan darse un caldo de ojo, pero otros, claro, buscaban servicio.
Entonces se empezó a oĆr cómo los hombres piropeaban a Valentina de forma muy vulgar, con comentarios que seguramente nunca habĆa escuchado: piropos sumamente directos, atrevidos y ofensivos.
– Uy, mami, esa concha se te nota que pide verga.
– Mamacita, con esa cara de puta buena seguro que la chupas rico.
– MĆrate esas tetas, seguro que te encanta que te las chupen fuerte.
– Con esa carita de santa seguro eres una perra en la cama.
– Te cojo aquĆ mismo en la calle, no me importa.
– Mamacita, ĀæcuĆ”nto cobras por dejarme follarte la boca?
– Ā”Me das el placer de daƱarte!
– Joder con esas tetas, parecen dos melones que quiero apretar y morder.
– Me dan ganas de agarrarte esas tetas y usarlas como manijas mientras te follo.
– Ese culazo me pone la verga dura al instante, ven acĆ” que te lo voy a partir.]
Era increĆble la cantidad de improperios que le decĆan a Valentina. Cada hombre que se le acercaba soltaba alguna groserĆa. Y sin darse cuenta ella estaba se estaba desorientadose en la calle 23 por la cantidad de personas que se ubicaban cerca entre casetas de los comerciantes y hombres que estĆ”n buscando puta en el sector, desorientada Valentina tal punto que tomó el camino de regreso equivocado cayendo en un callejón que apestaba a orines, basura fermentada y sudor rancio. y cerrado en el fondo menos mal aĆŗn no habĆa oscurecido eran casi las 6:20pm por lo que pudo darse cuenta de su error. Pero cuando quiso devolverse un indigente que se encontraba en ese callejón que olĆa orines le indico;
-Indigente: ¿Amor estÔs perdida?
-Valentina: No, gracias.
Entonces Valentina inteligente negocio su extravĆo y pretendĆa devolverse, pero el indigente percibió la indefensión de ella, y aprovechado la oportunidad el tipo le sacó una navaja y amenazando a Valentina la acorralo detrĆ”s de un cĆŗmulo de basura y alterado le dice:
– Indigente: Haber putica necesito un favor tuyo veo que tienes buenas tetas, hazme una Rusa Ya! y te dejo ir sin rayarte.
– Valentina: No, espere cĆ”lmese.
En ese momento que estamos escuchando y viendo con los micrófonos y cĆ”maras ocultas del vestido de Valentina. Jair prendió las alertas y salgo a buscarla por el sector, pero habia mucha gente entonces no era claro ubicarla solo por lo que escuchaba y las seƱas de Jair que se podĆa observar.
Mientras tanto escuchaba que Valentina asustada pedĆa que no la lastimara, pero el indigente insistió, estaba claro que querĆa de ella. Una PajaRusa.
El viejo indigente de 63 aƱos, completamente desquiciado de lujuria, tenĆa a Valentina aplastada contra la pared sucia, El viejo, jadeando y ganoso, se bajó los pantalones mugrientos y sacó su polla gruesa, venosa y apestosa, ya completamente tiesa y goteando.
– Valentina: ””Mira esta verga, zorra!! Necesito que esa tetotas la consientan.
Entonces el indigente la agarró brutalmente del pelo y le escupió en el escote. Luego, puso la verga en medio de las tetas de Valentina y con sus manos negras y callosas, apretó con fuerza brutal aquellas tetas calientes y suaves alrededor de su polla palpitante.
– Indigente: ””AsĆ, puta!! ””Aprieta mĆ”s, carajo!! āgritó poseĆdo, empezando a embestir las tetas de Valentina.
”PLAP! ”PLAP! ”PLAP! ”PLAP!
El sonido hĆŗmedo y obsceno de su polla gruesa follĆ”ndose las tetas de Valentina resonaba en el callejón. Entraba y salĆa con violencia, dejando hilos pegajosos de semen entre sus pechos.
Valentina lloraba de rabia e indignación, el rostro rojo de furia y humillación:
– Valentina: ””Hijo de puta!! ””SuĆ©ltame, asqueroso!! ””Me das asco, viejo de mierda!! ””No me toques, cerdo!! āgritaba entre sollozos, intentando empujarlo, pero el viejo era sorprendentemente fuerte.
– Indigente: ””CĆ”llate, puta orgullosa!! ārugió Ć©l con mĆ”s pasión todavĆa, acelerando el ritmo como un salvajeā. ””Estas tetas son mĆas ahora!! ””MĆas, carajo!! ””Voy a correrme hasta en tu cara de rica!!
”CHAP! ”CHAP! ”CHAP! ”CHAP!
El indigente follaba las tetas con furia descontrolado, pellizcĆ”ndole los pezones con saƱa, babeando sobre su cuello y gruƱendo como un perro rabioso. Su polla gruesa entraba y salĆa cada vez mĆ”s rĆ”pido, enrojecida y palpitante, mientras Valentina sollozaba de indignación y asco.
– Valentina: ””Te odio, maldito!! ””Eres un animal repugnante!! āgritaba ella con la voz rota.
Pero el viejo perdido en su Ʃxtasis:
– Indigente””SĆĆĆĆĆ, joder!! ””QuĆ© tetas tan calientes, puta!! ””Te voy a llenar toda esa cara bonita de leche, hija de perra!! ””Aaaahhh!!
– Ā”PLAP-PLAP-PLAP-PLAP-PLAP!
– ””Toma, toma, toma!! ””Aaaahhh carajo!!
Aceleró como un salvaje, los huevos sucios golpeando contra su pecho. Su polla palpitaba violentamente dentro del canal caliente que formaban sus tetas.
De repente, el viejo echó la cabeza hacia atrÔs y soltó un rugido gutural:
– ””MEEEEEE CORROOOOO, JODER!! ””Toma toda mi leche, hija de perraaa!! ””AAAAAHHHHH!!
– Ā”PLAP! Ā”PLAP! Ā”PLAP!
El primer chorro grueso y caliente salió disparado con fuerza, salpicando directamente en la cara de Valentina, cubriĆ©ndole la mejilla, la nariz y los labios. Luego otro, y otro mĆ”s, espesos y abundantes, cayendo sobre sus tetas, su cuello y su escote mientras Ć©l seguĆa embistiendo entre sus pechos, exprimiendo hasta la Ćŗltima gota.
– Indigente: ””SĆĆĆĆĆĆ!! ””QuĆ© rico, puta!! ””Te marquĆ© toda, zorra!! āgruñó temblando de placer, sacudiendo su polla contra sus tetas manchadas de semen.
Valentina sollozaba con rabia, el rostro y el pecho cubiertos de leche espesa y caliente del viejo, escupiendo y llorando de pura indignación:
– Valentina: ””Usted es un asco⦠un maldito cerdo!!
El indigente, todavĆa jadeando y con la polla semierecta entre sus tetas, le dio una Ćŗltima palmada sucia en la cara y sonrió con dientes amarillos.
āGracias por la paja rusa, mamita⦠ahora sĆ que valió la pena seguirte.
En ese momento lleguĆ© yo justo cuando el hombre habĆa terminado y retiraba su verga de los pechos de Valentina y se subĆa esos pantalones asquerosos quĆ© poseĆa.
”Claro! Mi anterior recayó en Valentina que estaba aún arrodillada llorando diciéndome:
– Valentina: Ese tipo me ultrajo
Yo pensƩ lo peor por lo que le contestƩ tambiƩn alterado:
– Yo: Ā”Te violo! ĀæAbuso de ti Valentina?
Pero cuando fue mĆ”s explĆcita me relaje a decir verdad habĆa sido solo una paja un favorcito al cucho.
Entonces la levante y trate de calmarla de explicarle que. Pudo ser peor que mejor se estuviera adentro del PutiClub.
Ella, visiblemente contrariada del susto, solo hizo caso y se dirigió a la entrada del PutiClub pero en la puerta estaba Naomi. Que extrañada, le cerró el paso diciendo:
– Naomi: ĀæQuĆ© pasó? ĀæQuiĆ©n te asustó, primor?
– Valentina: Ā”DĆ©jame entrar!
Naomi cedió el paso a la fuerza. Valentina se encaminó directamente a su pieza, como si fuera su lugar seguro. Fue evidente que ella no estaba lista para eso, por lo que le escribĆ a Jair, mi productor, para que diera la orden de sacarla de la labor de inmersión. No era necesario que ella continuara, yo podĆa concluir el trabajo sola.
Pero Jair, luego de consultar con el jefe de jefes, me respondió:
– Jair: No, Robert. El jefe dice que dejemos que desarrolle su labor. Pobrecita, pero toca dejarla seguir.
Esto pintaba mal y la verdad podĆa ponernos en peligro a los dos. No sabĆa quĆ© hacer, pero solo quedaba esperar a ver cómo seguĆan ocurriendo las cosas e improvisar para ayudarla si era necesario.
Solo minutos despuĆ©s la desgraciada de Naomi hizo una jugada maquiavelica le llevo un hombre a las puertas de la pieza 11 conocido y apodado āCaƱon Negroā un maton, sicario de la zona apodado asi por su tez negra, de origen africano y su tamaƱo de dos metros lo represtaba muy bien, pero ademas era un gorila de grande que intimidaba con solo verlo, no hablaba nada de espaƱol y fuera de eso integrante de las mafias del sector.
Este hombre golpeó a la puerta de la pieza de Valentina con claras intenciones de un servicio, por supuesto eso me preocupo, me puso inquieto a tal punto que yo mismo rompiendo los protocolos de mi inmersión llame al jefe de jefes, eran las casi 8:00 pm el jefe estarĆa en plena emisión de noticiero pero tocaba hacer algo Ya!
– Yo: ĀæJefe, jefe estĆ”n a punto de abusar de Valentina, que hacemos? mande la policĆa, la autoridad y sus escoltas yo no se quĆ©?
– Jefe de Jefes: CĆ”lmese, ante todo, ella como profesional sabrĆ” manejar la situación si hacemos algo asĆ como plantea esa gente los matan antes que lleguemos.
Y me colgo, yo quedĆ© perplejo en silencio porque sabĆa que tenĆa razón, cualquier cosa que hiciera serĆa muy riesgoso para nuestras vidas. Y mientras pensaba eso escuche los gritos de Valentina por el intercomunicador
– Valentina: Aaaah! Ā”Aaahhh!Ā”Noooo!Ā”Auxiliooo!
Era evidente que el tipo habĆa entrado por supuesto corrĆ a la pieza de Valentina y entra mĆ”s me acercaba mĆ”s fuerte escuchaba los gritos de ella, mientras tanto Jair comentaba por el intercomunicador.
– Jair: Parce no vaya es peligroso el hombre estĆ” armando y ya la empeloto a Valentina
Al llegar la puerta estaba entreabierta por lo que pude asomarme para darme cuenta que el hombre con una la verga del tamaƱo un antebrazo mĆo, la habĆa arrinconado contra la pared de la pieza apenas unos minutos despuĆ©s de que ella intentara huir, ya Valentina no tenĆa vestido ni ropa interior de hecho en la entrada de la pieza sus pantys estaban tirados en el suelo Ā”ya! El tipo mĆŗsculoso duro como piedra y piel negra brillante de sudor. Valentina, con su cuerpo blanco y delicado, parecĆa diminuta entre sus enormes manos de este. Que con placer habĆa comenzado su faena por chuparle las tetas, apretĆ”ndoselas como si fueran masmelos. Sin decir casi nada, Ć©l la levantó a Valentina como si no pesara nada antes de que Ć©l la empalara de una sola estocada brutal, metiendo su verga gruesa y venosa dentro de Valentina que emite un alarido que seguro se escuchó por todas partes La abrió sin piedad, hundiendo mĆ”s de la mitad de su longitud en un solo movimiento. Empezó a follarla con fuerza salvaje, levantĆ”ndola y bajĆ”ndola sobre su polla como si fuera una muƱeca. Cada embestida hacĆa que sus tetas rebotaran.
Mientras tanto yo estaba paralizado con semejante imagen tan salvaje, y Jair diciƩndome por el intercomunicador:
– Jair. Esta viendo eso, la penetro ese negro hijo de puta y esto apenas comienza para la pobre. Porque si que esta buena esa condenada.
El tipo con sus grandes manos negras apretaban las caderas blancas de Valentina con tanta fuerza que la sometĆan plenamente, el sonido hĆŗmedo y brutal de carne contra carne llenaba la pieza y el pasillo: plap, plap, plap, plap. y Valentina gritaba sin control, hasta que me observo y estirando la mano hacia a mĆ como pidiendo mi intervención, repetĆa con su voz entrecortada por la embestĆa;
– Valentina: Ā”Aaaah! Robā¦ert quiā¦.taā¦melo. Ā”Bastaaaa! Ā”Uaaaargh! Ā”Ayudaaaaaa!
Pero Ć©l no le dio tregua a Valentina, estaba sin control. Le agarró el pelo rubio con una mano, tirando su cabeza hacia atrĆ”s mientras le metĆa la verga hasta el fondo. Con la otra mano le apretaba un seno con rudeza, pellizcĆ”ndole el pezón.
La follaba como un animal: rĆ”pido, profundo y sin compasión. Cada vez que entraba del todo, sus pesados huevos golpeaban contra ella. Valentina parecĆa perder su conciencia la partĆa en dos.
De pronto él tipo la levantó otra vez, la cargó en el aire y la sentó sobre su polla, follÔndola de pie mientras caminaba. Valentina se agarraba de sus hombros enormes, lloriqueando y con sonidos vocales poco claros de dolor o de intensidad.
El negro aceleró, gruñendo como una bestia. Sus embestidas se volvieron mÔs cortas y violentas hasta que, con un rugido gutural, la apretó contra él con fuerza y ”se descargó! muy dentro de ella.
Con un último gruñido gutural, el Gigante Negro apretó las nalgas blancas de Valentina con fuerza mientras descargaba las últimas gotas dentro de ella.
Luego, lentamente, comenzó a sacar la verga el negro y Cuando por fin salió de su interior de Valentina con un sonido húmedo y obsceno, un torrente espeso de semen blanco y caliente brotó inmediatamente de su concha de ella grandes hilos de leche espesa le corrieron por los muslos temblorosos, goteando hasta el suelo de la pieza
Valentina apenas podĆa mantenerse consciente. Sus piernas temblaban sin control, abiertas y dĆ©biles. TenĆa la mirada perdida, la boca entreabierta y respiraba con dificultad. PequeƱos espasmos recorrĆan su cuerpo mientras mĆ”s semen seguĆa escapando de su coƱo dilatado.
El negro la tiró sobre la cama. La miró de arriba abajo, disfrutando del espectÔculo: las tetas marcadas por sus manos, el cabello rubio completamente despeinado le dio una fuerte nalgada que resonó en la habitación y luego le apretó y chupó una teta con rudeza por última vez.
āBuena puta blanca āgruñó mientras se subĆa los pantalones.
Jair, extasiado con lo que habĆa escuchado y con las imĆ”genes que captaba la cĆ”mara oculta del vestido (que habĆa quedado tirado sobre una mesa de la pieza), exclamó:
– Jair: Ā”AsĆ se come a una hembra buena y rica como Valentina! Debe sentirse bien llena⦠Mira cómo la dejó ese hijo de puta.
Yo ni siquiera le prestĆ© atención a los comentarios de Jair, tampoco me di cuenta de que detrĆ”s mĆo habĆa mĆ”s espectadores que fueron atraĆdos por los gritos de Valentina, que yacĆa tirada sobre la cama. Por eso me acerquĆ© para cubrirla con una sĆ”bana de flores que encontrĆ©, pero ella me rechazó. Al verme, su mirada de rabia e indignación me lo dijo todo. Por lo que me marchĆ©, eso sĆ, sacando a los demĆ”s. Entre nos, fue evidente que, mĆ”s allĆ” de solidarizarse con Valentina, disfrutaron verla follada y, a mi parecer, hasta quedaron antojados.
Luego apareció Janette, que apartando a la gente me susurró al oĆdo:
– Janette: Ā”Se la comieron ya! Mmmm⦠es mejor que su amiguita no hable mĆ”s de la cuenta.
Entonces Janette entró a la pieza donde estaba Valentina y cerró la puerta para conversar en privado con ella. Lejos de ayudarla, casi de inmediato le advirtió:
– Janette: Es mejor que usted no haga un escĆ”ndalo de esto. AquĆ no pasó nada de lo que no pasa todos los dĆas.
– Valentina: Pero Janetteā¦
– Janette: Pero nada. Y para usted soy DoƱa Jannette, no se le olvide. AquĆ no pasó nada y no quiero problemas. Porque nos cuesta la vida, usted no sabe con quiĆ©n estamos tratando y lo que le pasó fue un cariƱo comparado con lo que nos puede pasar.
Luego de eso salió Janette de la pieza y entró Jazleidy. Ella sà se acercó a consolarla, por lo que aproveché para entrar también. Pero Valentina, herida en su dignidad, me reclamó:
– Valentina: ĀæPor quĆ© no me ayudaste? ĀæPor quĆ© lo permitiste?
Esto generó extrañeza en Jazleidy, quien preguntó:
– Jazleidy: ĀæSe conocen ustedes de antes?
Yo, casi de inmediato y para no dar sospechas, contestƩ tajantemente:
– Yo: Ā”No! Hasta ahora la conozco. Debe ser que aĆŗn estĆ” confundida o traumatizada.
Por supuesto, me retirƩ luego de negarlo. Aunque vi en sus ojos rabia y tristeza, aparentemente pensaba acatar la sugerencia de Jannette.
DespuĆ©s de un rato, mĆ”s o menos treinta minutos, observĆ© que Valentina, acompaƱada por Jazleidy, se fue a baƱar a las duchas del segundo piso. Eso me dio algo de tranquilidad por ella, pero no duró mucho. Minutos despuĆ©s vi salir a un hombre corriendo, lo que me generó sospecha. DecidĆ ir tras Ć©l y lo alcancĆ© a mitad de cuadra. Estaba agitado y era un hombre cucho, de unos sesenta y dos aƱos, al que ya habĆa visto entrar con una de las putas. Antes de que pudiera cuestionarlo, Ć©l se adelantó y me dijo:
ā Tranquilo, tranquilo⦠Yo pago por la otra puta y ya estĆ”.
En un principio no entendĆ nada. ĀæCómo asĆ āla otra putaā? Aun asĆ, lo llevĆ© donde Janette para aclarar todo. AllĆ el hombre fue mĆ”s claro: habĆa corrido porque se folló a la hembra del baƱo. Al comprender lo que habĆa pasado, salĆ corriendo hacia las duchas del segundo piso. AllĆ estaba nuevamente Valentina, atemorizada y tirada en el suelo, despuĆ©s de haber sido ultrajada por segunda vez en menos de una hora por aquel viejo que aprovechó la oportunidad.
Nuevamente Valentina me suplicó que la auxiliara:
– Valentina: AyĆŗdame, sĆ”came de aquĆā¦
Mientras tanto, se escuchaban risas de las demĆ”s putas. Janette solo le cobró la tarifa mĆnima al cliente ($30.000) y dejó ir al tipo que se habĆa follado a Valentina.
Entonces solo le dije a Valentina que se tranquilizara, que yo la iba a ayudar. Pero la verdad fue solo para callarla y ganar tiempo, porque realmente no sabĆa cómo Ćbamos a salir de esa situación.
Luego de una ducha prolongada, ella se encerró en su pieza. Pero cerca de las 10:00 p.m. llegó otra pesadilla para Valentina.
Un comerciante de la zona llegó con su hijo al puticlub para negociar con Janette un servicio especial para el hijo. Que llamaba Richi y era especial porque sufrĆa de trastorno bipolar. Sus cambios extremos e inusuales en el estado de Ć”nimo, la energĆa, la actividad y la capacidad de pensar lo convertĆan en un individuo difĆcil.
Sin embargo, el seƱor RamĆrez estaba dispuesto a complacer a su hijo y por eso se mostraba dispuesto a pagar muy bien, a pesar del riesgo y el peligro que Ć©l mismo sabĆa que podĆa ocurrir. Aun asĆ, parecĆa negarse a aceptarlo.
Janette, siempre prĆ”ctica, decidió mostrarle la mercancĆa y mandó llamar a todas las chicas disponibles al patio para que el Richi pudiera escoger. Pero Richi, que actuaba de forma extraƱa, disperso, con una hiperactividad y un entusiasmo poco usuales, las miró con detenimiento a todas las putas. No se sintió atraĆdo por ninguna; por el contrario, mostró una clara reacción de desagrado e irritabilidad. Como quien escoge un videojuego, indicó con desdĆ©n que mejor se fueran a otro prostĆbulo.
Janette, seducida por el dinero y la avaricia, se sacó un as bajo la manga:
– Janette: Tengo una nueva, pero es mayorcita para usted. EstĆ” mĆ”s para tu padre, pero de pronto le gusta a tu pirulo.
– Sr. RamĆrez: Miremos, hijo. De pronto lo tuyo son las mayorcitas.
Entonces fueron hasta la pieza de Valentina. Como Janette sabĆa que ella no iba a acceder fĆ”cilmente, entró primero y le propuso un negocio:
– Janette: Valentina, tengo la forma de sacarte de aquĆ, pero tienes que colaborar. Afuera hay un hombre poderoso de la zona con su hijo. Quiere que seas cariƱosa con su hijo y lo hagas todo un varón. Si lo complaces, estoy segura de que este tipo podrĆa interceder con los duros para dejarnos salir de la zona sin problemas. Pero antes tienes que hacer tu tarea con el hijo y dejarlo satisfecho.
– Valentina: Yo no soy puta, no sea miserable.
– Janette: Ah, bueno⦠entonces no respondo por su suerte.
– Valentina: Espere⦠¿Me da su palabra de que si colaboro me va a ayudar a salir de aquĆ?
– Janette: SĆ, claro. Igual es un pelado el hijo, no creo que tengas problema para complacerlo.
– Valentina: De acuerdo⦠confĆo en usted.
Con las manos juntas cerca de la cintura, lo que hacĆa que sus brazos empujen sus tetas aĆŗn mĆ”s hacia arriba, ofreciĆ©ndolas. y su vestir era el tipo de mujer que te pone cachondo con solo mirarla: curvas peligrosas, tetas espectaculares y una cara de inocencia de mujer buena. Una hembra diseƱada para volver locos a los hombres con ese cuerpo tan follable.
Y yo, que habĆa escuchado todo por el micrófono oculto, me di cuenta de que Janette habĆa sido muy sagaz y no le habĆa contado que Richi era bipolar.
Entonces se abrió la puerta y salió Valentina, visiblemente nerviosa, parada junto al marco. Casi de inmediato, Richi abrió los ojos con un gusto evidente y se acercó para admirarla en detalle. Valentina, sacando coraje, le mantuvo la mirada.
Pero Richi, muy cerca de ella, se saboreó al verle las tetas. Valentina, instintivamente avergonzada, intentó cubrir su pecho con los brazos para que Ć©l perdiera interĆ©s; sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Richi mostró aĆŗn mĆ”s interĆ©s en una peca que tenĆa en la teta derecha. Con algo de fuerza, retiró el brazo de Valentina porque querĆa apreciarla mejor. Luego, con el dedo, empezó a presionar con curiosidad esa peca y exclamó:
– Richi:PapĆ”, mira, tiene un punto pintado.
– Sr. RamĆrez:SĆ, hijo, es como una borona de tu brownie de mamĆ” āĆa, jajaja
– Richi:AhĆ sĆ, papĆ”
Ella, mortificada por la situación, no reaccionó, lo que le dio pie a Richi para que prosiguiera. Agarró las tetas de Valentina con plenitud, ejerciendo presión y āespichĆ”ndolasā como si estuviera testeando su llenura y suavidad. Luego aƱadió:
– Richi: PapĆ”, con ese vestido parecen sandĆas de la finca.
El seƱor RamĆrez tambiĆ©n estaba degustando la belleza de Valentina con gestos depravados, mientras ella, sorprendida e inmóvil, al parecer aĆŗn no entendĆa la condición de Richi.
– Sr. RamĆrez:SĆ, hijo, sus tetas se ven grandes, redondas y muy jugosas. ĀæLa quieres?
– Richi:SĆ la quiero.
– Sr. RamĆrez:Pues gozala, hijo.
Y mientras Richi no le soltaba las tetas a Valentina, ella miraba hacia el techo, con lĆ”grimas que se le escurrĆan por las mejillas, como si su coraje se estuviera acabando poco a poco.
Y de golpe impulsivamente Richi se abalanzó sobre Valentina que sorprendida la empujó hacia la cama dentro de la pieza, las manos de Richi fueron directamente a donde habĆan estado antes: sus pechos. Los tomó con ambas manos por encima del vestido, apretĆ”ndolos con firmeza, sintiendo su peso y suavidad. Valentina soltó un gemido ahogado cuando Richi bajó la cabeza y hundió la cara entre sus senos, respirando profundamente su olor.
– Richi: Huelen rico⦠āmurmuró Ć©l con voz ronca, casi infantil en su honestidad.
Con impaciencia, Richi le bajó los tirantes del vestido de un tirón. Los pechos de Valentina saltaron libres, pesados y redondos, coronados por pezones rosados y grandotes. Ćl los miró fascinado, especialmente la pequeƱa peca en el derecho, y la besó allĆ antes de devorarla. Su boca era ansiosa: chupaba, lamĆa y mordisqueaba sin delicadeza, mientras sus manos amasaban la carne con fuerza, dejando marcas en su piel blanca.
Valentina trató de pararlo pues sentĆa cómo la excitación de Richi crecĆa rĆ”pidamente.Estaba devorando los pechos de ella, mientras el Sr. Ramirez lo alentaba orgulloso que su campeon estuviera probando hembra por primera vez.
– Sr.Ramirez: AsĆ, hijo, chĆŗpale bien las tetas ālo alentó con voz roncaā. No seas suave, muerde y succiona fuerte. Mira cómo se le ponen duritos los pezones⦠esas sandĆas son tuyas, disfrĆŗtalas. AgĆ”rralas bien, apriĆ©talas, que para eso pagamos. Ā”ChĆŗpalas rico, Richi!
Richi, animado por las palabras de su padre, succionó con mĆ”s fuerza el pezón de Valentina, mordisqueĆ”ndolo y tirando de Ć©l mientras ValentĆa persistĆa en detenerlo mano tirando a Richi y este no dejaba de apretar y moldear sus pechos con rudeza,Valentina soltó un gemido ahogado, mezcla de vergüenza y excitación, mientras Richi seguĆa devorando sus tetas con hambre.
Entonces todos estĆ”bamos siendo testigos de semejante ultraje lo cual para entonces debo reconocer que estaba disfrutando al igual que Jair que desde la furgoneta āMobilāl festejaba el espectĆ”culo
– Jair: Ā”Esto es full porno!
Y a su vez Valentina pedĆa ayuda para detenerlo, pero era ignorada por todos que por intereses diferentes creo que no querĆamos, ni nos convenĆa, al contrario, el Sr Ramirez querĆa consumarlo.
– Sr. Ramirez: Vamos hijo es el momento que se lo metas
Al escuchar las palabras del padre, Valentina se desesperó aĆŗn mas y arrepentida de su aceptación previa, comenzó a darle pelea a Richi, que le arrancaba el vestido con furia de ella, pero Valentina estaba muy arisca y no daba tregua para que Richi entrarĆ” en ella por lo que cruelmente el Sr. Ramirez intervino y peor aĆŗn pidió mi ayuda para agarrar uno de los brazos a ella. Entonces bajo ese clĆmax visiblemente excitado y con la respiración agitada Richi se bajó los pantalones, dejando ver su miembro completamente erecto. se colocó entre sus piernas de Valentina, Sin perder tiempo,Richi metió la mano entre sus muslos, apretando con dominio e indicio claro a ella que iba entrar en su humanidad. Valentina pataleo, pero Sr. Ramirez alentó a su hijo a que la penetrara pronto para calmarla.
– Sr.Ramirez: Vamos hijo a penetrar ya! para que la calmes a esta perra! Ahora mĆ©tela, hijo. PenĆ©trala. No tengas miedo, mĆ©tela toda de una vez. Ā”ClĆ”vale esa verga bien profundo! AsĆ, fuerte, como en la pelĆcula. Es toda tuya, gozala duro.
Richi, obedeciendo al instante, agarró sus caderas y la penetró de un solo empujón brutal hasta el fondo. Valentina me apretó mi brazo el cual la agarraba soltó un gemido fuerte, arqueando la espalda. Richi comenzó a embestir con esa energĆa descontrolada y salvaje que lo caracterizaba, Sin darle tiempo a adaptarse, Richi no paraba de follarla con fuerza salvaje, embistiendo como un animal descontrolado, gruƱia mientras la taladraba sin piedad. y las manos de Richi y su boca buscaba las las tetas de ella con fuerza, estrujĆ”ndolas mientras seguĆa clavĆ”ndola sin descanso.
– Richi: Ā”Toma, puta! Ā”Toda mi verga! āexclamaba entre jadeos, acelerando el ritmo y con carĆ”cter de macho macho.
Mientras el Sr.RamĆrez seguĆa animando orgulloso de su hijo.
– Sr.Ramirez:Ā”Muy bien, hijo! Ā”LlĆ©nala toda! Ā”Ćchale toda tu leche a esa puta! Vamos campeón como Ć©l la pelĆcula, hazla tuya!
Para ese momento Richi ya tenĆa el control sobre Valentina habĆa dejado forcejear con este, por lo que el Sr. Ramirez tomo distancia y yo aunque le soltĆ© el brazo a Valentina ella apretaba mi brazo y me miraba pero no me miraban pues sus ojos estaban perdidos en sus sensaciones por eso su cuerpo temblaba sin control. El placer mezclado con la humillación la estaba llevando al lĆmite.
– Sr.Ramirez:””MĆrala, hijo! Ā”La puta se estĆ” corriendo! āgritaba el seƱor RamĆrez riendoā. Ā”Dale mĆ”s duro, que se le note!
Valentina apretó mi brazo con fuerza como si fuera parte de la cama, Y aparecieron los gemidos de Valentina que se volvieron mÔs agudos y desesperados. De repente, un orgasmo intenso y devastador la atravesó como una ola violenta.
– Valentina: Ā”Aaaahhā¦! Ā”yaaaaaā¦! āgritó ella con la voz rota, sin poder contenerse.
Todo su cuerpo se tensó: las piernas le temblaban, su espalda se arqueó violentamente y sus tetas se balanceaban con cada espasmo. Chorros de su excitación le empaparon los muslos mientras su orgasmo la hacĆa convulsionarse sin control. Siguió gimiendo fuerte, casi sollozando de placer, mientras Richi bajaba la intensidad y solo haciendo sostenidos de llenado.
Valentina terminó corriĆ©ndose con todo su cuerpo, sacudida por fuertes oleadas de placer que la dejaron sin aliento, con los ojos en blanco y lĆ”grimas corriendo por sus mejillas. Y al parecer Richi ya habĆa terminado pero el coƱo de Valentina seguĆa apretando la verga de Richi tal vez sacando la Ćŗltima gota de semen.
– Richi:Papa, Āæno me suelta?. Perra! suĆ©ltame!
Lo cual fue gracioso porque el tipo querĆa quitarse de encima de ella como quien acaba el juego y Ā”ya! Pero Valentina, entregada a Richi y agotada, aĆŗn no se reponĆa para recuperar la consciencia.
Hubo que esperar unos segundos mĆ”s para que Richi saliera de dentro de Valentina, que yacĆa exhausta en la cama. Simplemente cerramos la puerta. Luego Janette facturó y obtuvo su buena paga.
Pero el Sr. RamĆrez, visiblemente inquieto o mĆ”s bien antojado, le dice a Janette:
– Sr. RamĆrez: Esa hembrita no es puta, Āæcierto?
– Janette: Claro que sĆ, seƱor. ĀæPor quĆ© lo dice?
– Sr. RamĆrez: La carita de muƱeca buena que se gasta no parece de puta, pero igual no importa. Quiero quitarme la gana. Cóbrese un servicio extra con ella.
Para ese momento yo estaba al lado y solo cruzamos miradas con Janette. Tanto ella como yo estĆ”bamos sorprendidos por las palabras del Sr. RamĆrez. Por supuesto, al son del dinero, Janette aceptó.
Entonces, segundos despuĆ©s, el Sr. RamĆrez fue a darse gusto. Solo habĆan transcurrido a lo sumo 10 minutos del coito con el hijo y ahora el padre, el Sr. RamĆrez, se iba a dar el gustico. En este caso sĆ entró en la habitación de Valentina en privado y, al cerrar la puerta, solo pude escuchar por el intercomunicador el primer grito agónico de Valentina que decĆa:
– Valentina: Ā”BASTA! Ā”NO MĆS!
Pero la suerte de Valentina ya estaba echada y solo fue cuestión de trÔmite lo que vino después vino los sonidos propios del sexo salvaje Se escuchaban los golpes fuertes de piel contra piel, los jadeos roncos de él y los gemidos entrecortados de ella:
– Valentina: Ā”Ahh! Ā”Ahh! Ā”Por favorā¦! ā suplicaba Valentina con la voz quebrada.
Pasaron unos minutos y, con un fuerte grito, el Sr. RamĆrez llamó a su hijo Richi, que estaba conmigo en la sala. Cuando entramos a la habitación, el hombre aĆŗn no habĆa acabado. Solo querĆa presumir de su dominio.
Valentina estaba de rodillas frente a Ć©l, completamente desnuda y con el rostro contrariado. Su larga melena castaƱa ondulada caĆa desordenada sobre sus hombros y pechos. Esa carita de muƱeca que tanto destacaba por sus hoyuelos muy atractivos āesos que normalmente aparecĆan cuando sonreĆa con dulzura, ahora eran borrados por la Felación āMamamadaā que hacĆa con esfuerzo con la boca.
El Sr. RamĆrez tenĆa una mano firmemente agarrada en su cabello, guiĆ”ndola con brusquedad. Valentina, exhausta y sin fuerzas para resistirse, tenĆa los labios estirados al mĆ”ximo alrededor del miembro grueso del hombre. Cada vez que Ć©l empujaba profundo, sus hoyuelos se acentuaban de manera perversa, contrastando brutalmente con su expresión de sumisión y lĆ”grimas.
– Sr.Ramirez: Eso es⦠asĆ, mamita ā gruƱĆa el Sr. RamĆrez con voz ronca, empujando sus caderas hacia adelante ā. Miren esa carita de Ć”ngel con hoyuelos⦠”quĆ© puta tan linda chupando!
Valentina emitĆa sonidos hĆŗmedos y ahogados:
– āGluck⦠gluck⦠nghhā¦ā
Sus ojos grandes estaban llenos de lĆ”grimas, pero los hoyuelos seguĆan marcĆ”ndose en sus mejillas cada vez que su boca se cerraba con fuerza alrededor del grosor. Gruesos hilos de saliva corrĆan por su barbilla y caĆan sobre sus pechos. El Sr. RamĆrez le dio una palmada suave en la mejilla, obligĆ”ndola a mirarlo mientras seguĆa chupando.
– Valentina: MĆ”s profundo, muƱeca⦠te voy a llenar esos hoyuelos sexys ā empujando con mĆ”s fuerza.
Valentina soltó un gemido ahogado y obedeció, tragando mĆ”s de lo que podĆa soportar. Las lĆ”grimas rodaban por sus mejillas, pero sus atractivos hoyuelos seguĆan visibles, dĆ”ndole a su rostro ese toque inocente y perverso al mismo tiempo.
El seƱor RamĆrez respiraba cada vez mĆ”s agitado. Sus dedos se enredaron con fuerza en el cabello de Valentina mientras aceleraba el ritmo de sus embestidas, follĆ”ndole la boca sin piedad. El sonido obsceno de su garganta llenaba la habitación.
– Sr.Ramirez:Joder⦠quĆ© boca tan perfecta āgruñó con la voz roncaā. Me voy a correrā¦
Valentina lo miró con los ojos vidriosos, sin apartar la vista, como si estuviera rogando por ello. Eso fue suficiente para llevarlo al lĆmite.
Con un gemido gutural, el seƱor RamĆrez empujó hasta el fondo y se quedó allĆ, enterrado completamente en su garganta. Su polla latió con fuerza y comenzó a eyacular con chorros gruesos y calientes directamente dentro de ella.
– Sr.Ramirez:TrĆ”gatelo todo⦠eso es, buena chica ājadeó mientras seguĆa corriĆ©ndose.
Valentina hizo lo que pudo, tragando desesperadamente, pero era demasiado. Parte del semen espeso escapó por las comisuras de sus labios, mezclĆ”ndose con la saliva que ya le cubrĆa la barbilla y goteaba sobre sus tetas. Tosió ligeramente cuando Ć©l por fin se retiró un poco, dejando que los Ćŗltimos hilos de semen cayeran sobre su lengua y sus hoyuelos.
El seƱor RamĆrez respiraba con dificultad, mirando hacia abajo con satisfacción. Acarició con el pulgar la mejilla manchada de Valentina, admirando cómo su rostro inocente estaba completamente empapado y lleno de su semen.
– Sr.Ramirez:Buena perra!⦠āmurmuró con voz satisfecha.
Y Richi, que estaba allĆ, superó la ansiedad y sin pedir permiso. Era evidente que habĆa estado observando. Sus ojos brillaban de excitación y su pantalón ya mostraba una notable erección.
– Richi:PapÔ⦠āmurmuró con la voz cargada de deseoā. No aguanto mĆ”s.
Sin esperar respuesta, Richi se acercó rÔpidamente y se bajó los pantalones de un tirón. Su polla, gruesa y completamente dura, saltó libre frente al rostro de Valentina.
– Richi: Me toca a mĆ ahora ādijo con urgencia.
Valentina apenas tuvo tiempo de reaccionar. Richi agarró su cabeza con ambas manos y empujó su miembro entre sus labios, metiéndoselo hasta la mitad de un solo movimiento. Ella emitió un gemido ahogado y sorprendida.
– Gluck⦠”nghh!
Richi no fue suave. Ansioso y excitado por lo que acababa de ver, empezó a follarle la boca con movimientos rĆ”pidos y profundos a Valentina. Las caderas de Richi se movĆan con prisa, golpeando contra los labios de Valentina
El seƱor RamĆrez se quedó a un lado, observando con una sonrisa satisfecha mientras se acariciaba lentamente. Valentina, aĆŗn con restos de semen de su padre en la lengua, ahora recibĆa la polla del hijo con la misma intensidad. LĆ”grimas frescas corrĆan por sus mejillas de Valentina, pero lejos de apartarse no tenĆa otro remedio que acomodarse al ritmo frenĆ©tico de Richi.
Los sonidos húmedos y obscenos llenaban la habitación de nuevo:
– Ā«Gluck⦠gluck⦠gluckā¦Ā»
Richi respiraba agitado, follĆ”ndole la boca con desesperación. No duró mucho. El morbo de la situación lo tenĆa al lĆmite.
Agarró con mĆ”s fuerza la cabeza de Valentina y empujó hasta el fondo. Su polla latió violentamente y descargó chorros calientes de semen directamente en su garganta. Valentina tragó como pudo, aunque parte del semen escapó por las comisuras de sus labios, uniĆ©ndose al desastre que ya cubrĆa su rostro y pecho.
Richi se quedó unos segundos mÔs dentro de su boca, temblando de placer, antes de retirarse lentamente. Un grueso hilo de semen quedó colgando de los labios de Valentina.
Valentina, con la respiración entrecortada y el rostro completamente manchado, miró a padre e hijo alternadamente, con los ojos vidriosos y los hoyuelos aún visibles entre tanto semen.
Y asà terminó el servicio. Para entonces yo estaba extasiado, invadido por emociones contradictorias. Lo que Valentina estaba viviendo era aterrador, sorprendente y, al mismo tiempo, fantÔstico.
Pero Janette, al ver el Ć©xito de Valentina, se llenó de ambición. Como dice el dicho: Ā«Untado el dedo, untada la manoĀ».Y DespuĆ©s de una larga conversación cruda y cruel, Janette le expuso a Valentina la dura realidad en la que se encontraba. Le dejó claro que su situación podĆa empeorar mucho si no aceptaba colaborar con ella. Su intención era reclutarla como puta clase A, es decir, una trabajadora sexual de lujo o escort de alta gama. Eso implicarĆa otro estatus, mejor trato, protección y mayores comodidades.
Al final, segĆŗn observĆ©, Valentina terminó aceptando su nueva realidad. Lo confirmĆ© en el momento en que salió de la habitación y me arrojó con fuerza la cĆ”mara y el micrófono oculto a la cara. Su mirada fue clara: no querĆa saber nada mĆ”s de nosotros y habĆa aceptado su suerte. Eso me entristeció profundamente, pero ya no habĆa nada que hacer.
Sin embargo, Valentina no debió confiar en Janette. Pronto esta comenzó a comercializarla sin piedad, sabiendo que tenĆa que aprovechar al mĆ”ximo ese cuarto de hora de fama. La novedad de una ex-presentadora convertida en puta con cara de muƱeca no durarĆa mucho. Por eso, casi de inmediato le subieron otro cliente. No sĆ© si mejor o peor que los anteriores, solo sĆ© que era un individuo gordo con pinta de traqueto que seguramente pagó bien por el rato.
Veinte minutos despuĆ©s, el traqueto salió de la habitación de Valentina ajustĆ”ndose la gruesa cadena de oro que le colgaba sobre el pecho peludo. TenĆa la camisa desabotonada hasta la mitad, dejando ver su enorme panza sudada que apenas cabĆa dentro del pantalón de marca. Con una sonrisa satisfecha, vociferaba mientras contaba a los demĆ”s:
– Traqueto: Esa hembra es muy fina, pero vale cada peso. Un poco arisca al principio, pero compensa con esas tetas estupendas. Me atendió como si yo fuera su ternero.
Por supuesto, sus comentarios despertaron de inmediato la curiosidad de otros hombres. Animados, comenzaron a reservar turno para follar y fornicar con Valentina. HabĆa de todo tipo: obreros, comerciantes, vagos y hasta seƱores mayores. La tarifa de $30.000 por 20 minutos era mĆ”s que asequible para casi todos los extractos sociales, por lo que tambiĆ©n se movĆa bastante la venta de preservativos.
Para las 4:30 a. m. yo ya habĆa perdido la cuenta de los hombres que habĆan subido al tercer piso. Todos salĆan hablando maravillas de Valentina o, simplemente, con la cara de satisfacción y saciados. Mal contados, habĆa atendido cerca de una docena de hombres y Janette seguĆa repartiendo turnos sin parar.
Intrigado y preocupado, le preguntƩ:
– Janette, Āæpor quĆ© no dejas descansar un rato a Valentina?
No puedo, seƱor Robert ārespondió ella sin inmutarseā. Necesito sacarle la mayor plata posible, y lo antes posible.
En ese preciso momento llegó un grupo de seis negros de unos 27 aƱos que interrumpieron la conversación. HabĆan llegado por referencia y fueron directo al grano con Janette:
– Negros: Necesitamos el servicio especial para una despedida de soltero, pero con Valentina, la presentadora que ahora es puta. Esa es la que queremos: una blanquita de cara bonita y fina, pero con oficio de puta. Ā”Uff!
Janette ni siquiera se esforzó por negarlo. Al contrario, solo les dijo el precio y que valĆa mĆ”s que las demĆ”s. Definitivamente, como dice el dicho, tenĆa en sus manos a la gallina de los huevos de oro: Valentina.
Sin pensarlo mucho los negros, compraron seis condones. Los hombres subieron entusiasmados, ansiosos por comerse a su presentadora favorita, ahora convertida en puta.
Los seis negros subieron las escaleras entre risas, gritos y empujones, excitados como animales en celo. El futuro novio, un tipo alto y musculoso llamado Marlon, iba primero con una botella de aguardiente en la mano. Apenas Janette abrió la puerta del cuarto de Valentina, entraron como una manada.
Yo aun preocupado subà detrÔs de los hombres y me quedé parado en el pasillo oscuro del tercer piso, justo al lado de la puerta. El volumen de la música de abajo llegaba amortiguado, pero no lo suficiente para tapar lo que estaba pasando adentro.
Apenas cerraron la puerta, empezaron los gritos y las risas fuertes de los seis negros.
– Ā”Buenas, puta! Ā”Hoy te vamos a partir! āse escuchó claramente la voz del que iba primero, el novio
– Ā”ChĆŗpamela, hija de puta! Ā”AsĆ, toda!
– Ā”MĆ©tela toda, Marlon! Ā”Que se atragante esa ex-presentadora de mierda!
– Ā”CĆ”llate y abre las piernas, puta!
Los otros lo animaban entre risas:
– Ā”Dale, que maƱana te casas! Ā”Esta noche destroza a la blanquita!
Valentina suplicaba, rogaba y clamaba una y otra vez que pararan!
Pero no le hicieron caso. Los gritos de Valentina se volvieron mƔs agudos, mientras los negros proliferaban insultos a ella:
– Esto es lo que mereces, puta. MaƱana yo estarĆ© en mi boda y tĆŗ seguirĆ”s aquĆ abriendo las piernas para cualquiera.
– Ā”Toma, puta! Ā”Dos vergas negras para ti!
– Ā”QuĆ© culo tan rico tiene la hijueputa!
– Ā”TrĆ”gatela toda mientras te cogemos!
Para entonces yo estaba inquieto estaba seguro que ya era demasiado para Valentina y no se lo merecĆa, pero era cobarde y no actuaba.
De repente, el pasillo se llenó de gritos y botas pesadas. Voces fuertes retumbaron por las escaleras:
– Ā”PolicĆa! Ā”Redada! Ā”Todo el mundo quieto!
Se escucharon golpes fuertes contra varias puertas. Mi corazón se aceleró. Antes de que pudiera reaccionar, varios agentes uniformados subieron corriendo al tercer piso y se detuvieron frente a la habitación de Valentina.
Sin esperar, derribaron la puerta de una patada.
– Ā”PolicĆa Nacional! Ā”Manos arriba!
Lo que vieron los dejó congelados por un segundo.
Valentina estaba en el suelo, completamente desnuda y en cuatro sobre el piso sucio de la habitación. TenĆa el culo en pompa y la cara pegada al suelo, gimiendo como una perra en celo. DetrĆ”s de ella, un negro alto y musculoso la estaba follando con fuerza, metiĆ©ndole la verga gruesa hasta el fondo con nalgadas brutales. El sonido hĆŗmedo de carne chocando seguĆa escuchĆ”ndose claramente.
Debajo de ella, otro negro estaba acostado boca arriba, chupĆ”ndole las tetas con hambre: le succionaba los pezones con fuerza, los mordisqueaba y los apretaba con las dos manos, mientras Valentina gemĆa sin control.
Los otros cuatro negros estaban completamente desnudos alrededor de ellos, esperando un nuevo turno. Dos se masturbaban lentamente mirando la escena, otro se fumaba un cigarro con la verga todavĆa semi-dura, y el Ćŗltimo tenĆa el celular grabando.
La habitación olĆa a sexo, sudor, semen y marihuana. HabĆa condones usados tirados por el piso, ropa regada y las sĆ”banas de la cama completamente revueltas.
– Agente: Ā”QuĆ© mierda es esto! āgritó uno de los policĆas, incrĆ©dulo.
Valentina, todavĆa con la verga del negro dentro de ella, levantó la mirada con los ojos vidriosos, el maquillaje corrido y el pelo pegado a la cara por el sudor. TenĆa semen seco en las mejillas y el pecho.
El negro que la estaba penetrando no se detuvo de inmediato, dio un par de embestidas mƔs antes de sacar la verga lentamente, brillando de fluidos.
– Oficial⦠solo estamos celebrando una despedida de soltero ādijo uno de los negros con una sonrisa arrogante, sin soltar su verga.
Valentina, aún en cuatro y respirando agitada, solo alcanzó a murmurar con voz ronca y quebrada:
– ĀæQuĆ© pasa ahora? Ā”No mĆ”s! Basta!!! son muchos!
Los policĆas se miraron entre sĆ, claramente sorprendidos de encontrar a la famosa ex-presentadora Valentina en esa situación tan degradante: siendo usada como puta barata por seis negros en pleno gangbang, en el suelo como una perra.
El oficial al mando, se notaba que ni Ć©l mismo se creĆa del todo lo que estaba viendoā. Todos contra la pared. Esto se acabó.
Valentina intentó incorporarse, pero sus brazos temblaban y las piernas apenas la sostenĆan. TenĆa el coƱo rojo e hinchado, chorreando, y marcas de manos y mordidas en las tetas.
Los seis negros empezaron a vestirse entre risas y maldiciones, mientras Valentina permanecĆa arrodillada en el suelo, desnuda y expuesta, mirando al vacĆo con la cara de quien ya era muy tarde.
Y asà fue que Valentina terminó humillada, ultrajada por mÔs de una docena de hombres clientes del sector de barrio santa fe en menos de 12 horas de periodismos de inmersión, acabando con su carrera en los medios


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