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mayo 12, 2026

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12 HORAS DE PUTA

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Para esos días no tenía ni idea de que sería testigo directo de una nota para el noticiero donde trabajaba, en la cual la víctima sería mi querida compañera Valentina, periodista de la sección de entretenimiento y una de las pupilas del director del noticiero.

En ese entonces, mi labor era la de periodista del Ôrea de crónicas de inmersión, donde ya había realizado distintas crónicas. Se trata de un método en el que el periodista se introduce activamente en el entorno o tema que investiga, viviendo la experiencia en primera persona para narrarla desde dentro. A menudo implica infiltración o adopción de roles para desenmascarar realidades ocultas, utilizando la crónica, el reportaje y la subjetividad. Para ello me infiltro y convivo con el grupo estudiado con el fin de acceder a información de difícil acceso sobre cómo era un día en su ambiente, lo bueno para mi es que era un trabajo solitario en general a veces acompañando a la distancia de una gente de producción.

En ese momento estaba desarrollando un trabajo de periodismo de inmersión en la zona de tolerancia de la capital, en el barrio Santa Fe, mÔs precisamente ubicado en la localidad de Los MÔrtires. Esta zona se caracteriza por la alta concentración de trabajo sexual, vida nocturna, comercio sexual y trÔfico de estupefacientes (heroína, cannabis, cocaína y drogas sintéticas). Sin embargo, lo mÔs grave eran las desapariciones de personas, los homicidios, las torturas y otros crímenes cometidos por la delincuencia común y organizada, como mafias. Mi objetivo era identificar estas estructuras para exponer los hechos a la opinión pública.

Todo marchaba según lo planeado hasta que un día me llamó mi jefe, el mismo director del noticiero, con la orden de que enviaría a Valentina como infiltrada de apoyo. Cuestioné la decisión, no tanto por celo periodístico, sino por lo peligroso del trabajo, especialmente para ella, que pertenecía a la sección de entretenimiento. El jefe, firme, me dio una explicación con carÔcter de orden: era una oportunidad para darle a Valentina algo diferente, ya que ella lo había solicitado. ”Igual no pude reprochar mÔs! Aunque no lo entendía del todo, accedí. En las próximas horas Valentina se infiltraría; eso fue lo único que supe hasta el momento.

Mi compañera Valentina era una periodista de unos 35 años, con amplia experiencia en los medios y profesional en comunicación social. A pesar de su inteligencia, la tenían como presentadora de entretenimiento bÔsicamente por su apariencia física. Por ello, desde hacía tiempo venía solicitando oportunidades en otras secciones del noticiero, pero los días pasaban y nada cambiaba.
A las pocas horas, desde mi fachada de portero en uno de los antros del sector conocido como el ā€œPutiClubā€ —un burdel de mala reputación—, me contactĆ© con alguien de producción. Esta persona me indicó las instrucciones: tenĆ­a que convencer al contacto interno, una mujer llamada Janette, a quien ya le habĆ­amos pagado una suma de dinero para que ayudara con mi infiltración y, ademĆ”s, nos ayudara a infiltrar a Valentina.

Por supuesto, Janette se rehusó en principio, pero al pagĆ”rsele otra suma por transferencia, ella —que era la madame o proxeneta del lugar— aceptó con agrado.
En esa charla que tuve con mi partner Jair (coordinador de producción) por mensaje de texto, luego de manifestar mi desacuerdo con el tema de Valentina, me ratificó que era una orden del jefe de jefes. Este estaba cabreado porque, al parecer, Valentina no habĆ­a querido hacerle el favor al ā€œcuchoā€.

AhĆ­ comprendĆ­ que todo se trataba de una pequeƱa venganza del jefe de jefes. Ɖl estaba acostumbrado a aprovecharse de las mujeres atractivas del noticiero, pero como Valentina habĆ­a sido esquiva y ademĆ”s insistĆ­a en nuevas oportunidades, le asignó esta misión que, sin que ella lo supiera, terminarĆ­a siendo su castigo en vez de una oportunidad.
En los días previos, y en una escapada del barrio Santa Fe, me reuní con mi partner Valentina en los estudios del noticiero. Ella, ingenua, no creo que fuera consciente del riesgo que asumiríamos, y menos aun cuando vio que la caracterización que le habían hecho para sumergirnos en las calles era la de una auténtica bomba sexual.

Tenía un cuerpo voluptuoso y muy bien proporcionado que roba la atención al instante. Su escote es profundo y generoso, dejando a la vista un par de tetas grandes, redondas y firmes que se aprietan provocativamente contra el vestido ajustado, creando un canalillo jugoso y tentador que invita a perderse entre ellas.
El vestido turquesa con flores fucsia se le pega al cuerpo como una segunda piel, marcando perfectamente su cintura estrecha y resaltando unas caderas anchas y una figura de reloj de arena muy pronunciada. La tela se cruza justo debajo de sus pechos, acentuando su busto y dejando poco a la imaginación.

Su cabello rubio-castaƱo ondulado cae de forma salvaje y sensual sobre sus hombros y pecho, como si acabara de salir de la cama despuĆ©s de un buen polvo. Tiene una cara preciosa: labios carnosos entreabiertos, ojos grandes y expresivos con mirada de ā€œfóllameā€, y una expresión que mezcla inocencia y pura lujuria.
Lo que nos dejó, a los pocos que estÔbamos presentes en el estudio, con la boca abierta, pues sabíamos que era linda, pero lejos estÔbamos de imaginar que Valentina tenía esos atributos tan comestibles.

Segundos despuĆ©s ya estĆ”bamos subidos en el móvil (una furgoneta), de camino a la zona de tolerancia. En la furgoneta solo Ć­bamos Jair, Valentina y yo. Ella estaba obnubilada con su primera nota de campo. Aun asĆ­, se veĆ­a tranquila, con esa sonrisa que le marcaba aĆŗn mĆ”s los hoyuelos de las mejillas —una caracterĆ­stica de ella que siempre habĆ­a gustado—, pero aĆŗn mĆ”s sexy resultaba una pequeƱa peca que resaltaba en su pecho derecho, la cual no conocĆ­a hasta ese momento al visualizarla por su escote atrevido de pura mujerzuela.
Al llegar, alrededor de las 4:00 p. m., nos parqueamos cerca de la calle 26. Allí le colocamos un micrófono con una mini cÔmara en el vestido a Valentina. Lo malo era que ella no podría escucharnos ni comunicarse con nosotros. EsperÔbamos que fuera suficiente no solo para grabar la nota, sino para actuar en caso de que surgiera alguna dificultad y poder auxiliarla.

Minutos despuƩs, solo quedaba esperar a una mujer a la que habƭamos contactado con anterioridad: Janette.
Al llegar, doña Janette, Valentina descendió del móvil con confianza. Me solicitó que la acompañara para entregarme su abrigo mÔs adelante, el que la cubría del frío y, por supuesto, ocultaba sus atributos. Accedí a acompañarlas, aunque Janette no estuvo de acuerdo en que llegÔramos juntos. Mientras caminÔbamos se hizo un silencio. El ambiente y las fachadas de los edificios y casas eran estremecedores, por lo que Valentina me tomó la mano (que estaba fría) y en su rostro ya se reflejaba el temor. Me apretaba la mano cada vez mÔs mientras nos adentrÔbamos en el sector del barrio Santa Fe.

Al llegar a la calle 24, doƱa Janette fue clara y, dirigiƩndose a mƭ, me dijo:
– Janette: Hasta aquĆ­ puede acompaƱarnos.
De allí en adelante seguiría por su cuenta Valentina. Aunque estaríamos atentos a ella a la distancia, percibí como si estuviera entregando consentidamente una res al matadero. Ella entonces se quitó el abrigo y exclamó con algo de humor:
– Valentina: Robert, como el problema va a ser el frĆ­o.
Yo, asintiendo con la cabeza, solo recibí el abrigo. Mi instinto de hombre pensó al verla con ese vestido provocativo: «OjalÔ no la dañen». Seguro ella notó mi preocupación y añadió:
– Valentina: No te preocupes, estarĆ© bien, Robert. Igual tĆŗ serĆ”s mi gran protector en la distancia.
A lo que le respondĆ­:
– Yo: Seguro, Valentina. AquĆ­ estaremos pendientes de usted.
Fueron las Ćŗltimas palabras que cruzamos antes de despedirnos para que yo llegara por mi lado al PutiClub.
A paso rÔpido me llegué primero, pero igual que Jair, que estaba en el móvil, podíamos escuchar todo lo que pasaba con Valentina, aunque con una sensación de intranquilidad. Recibí un mensaje de Jair que decía y contesté:
– Jair: Va a necesitar mucha suerte la Sta. Valentina, Āæno cree?
– Yo: Seguro que sĆ­. Porque no sĆ© si admirar su valentĆ­a o valorar su brutalidad al meterse en ese sitio vestida asĆ­.
– Jair: SĆ­, la Sta. Valentina, pobrecita. No sabe que se metió a una cueva llena de hienas hambrientas y va a ser vista como una presa muy sabrosa. Porque sĆ­ que estaba buena, Āæno, Robert?
– Yo: SĆ­, va a despertar el apetito en ese lugar por ella.
Mientras tanto, Valentina había comenzado su labor periodística y empezó a preguntarle a Madame Janette sobre su labor y oficio mientras caminaba por la carrera 17:
– Valentina: Janette, quisiera que me cuente algo sobre el negocio.
– Janette: SĆ­, claro, vamos a darte tu inducción, pero es mejor que me llames doƱa Janette.
Esa contestación de Janette no me gustó. Para mí estaba sugiriendo algo mÔs profundo, pero todos lo dejamos pasar. Janette empezó a hablar sin filtro:
– Janette: Las reglas son fĆ”ciles conmigo. AquĆ­ mis chicas no tienen horario, lo importante es que cumplan con una cuota semanal de $150.000 que incluye su pieza (ā€œcuartoā€) y su protección. Por lo que lo que deseen hacer en el servicio no es cuestión mĆ­a, ni tampoco me meto con la tarifa que acuerden con el cliente.
– Valentina: ĀæY cuĆ”nto cobran por lo general?
– Janette: Eso depende del marrano (cliente), jajaja, pero tambiĆ©n depende del tiempo del servicio y el tipo de servicio. Oscila entre $30.000 y $100.000 por servicio, si bien les va.
– Valentina: ĀæY de cuĆ”nto tiempo estamos hablando? ĀæQuĆ© tipo de servicio?
– Janette: Ahora le explica una de las chicas, pues estamos llegando al ā€œPutiClubā€. AcuĆ©rdese: aquĆ­ se cuida sola. Yo no la conozco porque los verdaderos duros del sector son muy celosos con los extraƱos y mucho mĆ”s con periodistas y policĆ­as.
Mientras tanto, Jair y yo permanecƭamos atentos, escuchando. Jair ademƔs podƭa ver por la cƔmara oculta; yo solo podƭa escucharla.
Al llegar a la entrada, se encontraron con las primeras mujerzuelas: unas mayores, pero tambiƩn habƭa unas jovencitas.
– Janette: Saluden, chicas, a su nueva compaƱera Valentina.
– Naomi: Ā”Uhy! Pero esta huele rico. ĀæY cuĆ”l va a ser su pieza, doƱa Janette? Porque las nuevas tienen que estar abajo.
– Valentina: No, tranquilas, no voy a necesitar la pieza.
– Naomi: Ah, no, primor, Āæentonces piensa dar cuca en la calle? Jajajaja.
En ese momento incómodo con una de las trabajadoras (sexy, llamada Naomi), Valentina cayó en cuenta de que tenía que seguir la corriente de su personificación y contestó:
– Valentina: Ā”SĆ­, claro! Me referĆ­a a que no por ahora.
– Naomi: Y estĆ” hablando bonito tambiĆ©n. ĀæDe dónde vienes?
– Valentina: Soy de Manizales, mucho gusto.
Entonces Janette intervino y, cortando la interacción con las chicas, dio la orden:
– Janette: Jazleidy, llĆ©vala a la pieza 11 y hĆ”blenle un poco. ExplĆ­cale lo que quiera saber.
Al entrar a la casa, venía un pasillo estrecho con solo puertas de piezas a lado y lado, hasta llegar a un patio central donde estaba yo. A propósito, para darle confianza, medio nos saludamos allí. Había un lavadero y unas escaleras que subían al segundo y tercer piso, y también bajaban a un sótano donde conducían a Valentina. Al descender, el aire se volvía denso, cargado con una mezcla de humedad persistente, perfumes dulces y el rastro rancio del tabaco. La ausencia de ventanas creaba una desorientación temporal total; allí abajo no existía el día ni la noche. El sonido de los pasos en el piso superior llegaba como un eco sordo, acentuando la sensación de aislamiento y clandestinidad. Los sonidos del sexo se acentuaban con eco de cuando en cuando, provenientes de las habitaciones.

En esa atmósfera, Jazleidy le decía a Valentina quién era yo:
– Jazleidy: Ɖl es Marquitos (mi nombre de infiltrado), es el portero, oficios varios, vos sabĆ©s: aseo, etc., y quien hace mandados si necesitas algo de la calle, Valentina.
Transitando por el corredor del sótano, aún mÔs oscuro y frío que arriba, Valentina se encontró con el primer cliente que salía acompañado de una de las putas después de haber pagado su servicio. Era de apariencia obrera, humilde, bajito, de rasgos indígenas. Se quedó mirando a Valentina con lujuria, con esa mirada morbosa que la recorrió por todo el cuerpo, intimidÔndola visiblemente. MÔs aún cuando en voz alta dijo:
— Mamacita, Āæde dónde saliste? ĀæEres mercancĆ­a nueva?
Nadie respondió la pregunta. Ellas prosiguieron hacia la pieza 11.
Yo, para disimular, me retiré a limpiar el patio, preocupado por mi compañera Valentina, pero debía enfocarme en mi trabajo. Sin embargo, estaba pendiente del intercomunicador por donde escuchaba cómo iba todo.
Escuché que Jazleidy, ya dentro de la pieza, le explicaba dónde quedaba el baño (al fondo del pasillo, una letrina) mientras le daba señas de que las duchas quedaban en el segundo piso para el aseo personal, bastante retiradas y todo comunal.
Entonces Valentina, en su labor periodística, empezó a preguntarle cosas a Jazleidy del oficio y de su vida. Jazleidy, sin desconfianza y con Ônimo de hablar, comenzó a responder una a una las preguntas:
– Valentina: ĀæCuĆ”nto llevas trabajando aquĆ­?
– Jazleidy: Desde los 15 me tocó trabajar en esto y ya tengo 28. Al principio fue duro, pero la plata ayuda. ĀæY usted a quĆ© edad comenzó?
– Valentina: ĀæYo?… pues hace un tiempo. ĀæY cómo cobras? ĀæCuĆ”nto ganas?
– Jazleidy: AquĆ­ no se cobra mucho por el tipo de cliente de la zona, pero a veces se les puede sacar platica proponiĆ©ndoles, como decimos todos, bien sea porque la dan… o porque los carteriamos y ni se dan cuenta. Es saber hacer las cosas.
– Valentina: ĀæLes roban? Entiendo… Pero ĀæcuĆ”nto mĆ”s o menos se hacen al dĆ­a por aquĆ­?
– Jazleidy: Pues cada una tiene sus necesidades y metas, si se podrĆ­a decir, pero con que yo me haga mĆ­nimo $100.000 estĆ” bien. Eso serĆ­a mĆ”s o menos tres o cuatro servicios, pero entre mĆ”s, mejor.
– Valentina: ĀæY cuĆ”ntos servicios es lo mĆ”ximo?
– Jazleidy: Pues depende del servicio y como esto es variado, usted sabe. Ellos un dĆ­a quieren rapidĆ­n (10 minutos, $30.000), como a veces quieren mĆ”s de una y pues tienen que pagar. Un dĆ­a me hice mi primer millón en un solo dĆ­a, pero eso sĆ­, al final estaba agotada y me tocó hacer de todo porque necesitaba enviarle unos bolĆ­vares urgentes a mi mamĆ” y a mi hijito en Venezuela.
– Valentina: ĀæUn millón y cuĆ”ntos servicios fueron?
– Jazleidy: Pues como 8, pero hubo un riquillo que me pagó en dólares ese dĆ­a, que representó como $400.000. Un caso excepcional, pero pasa.
– Valentina: ĀæMe dijiste hijo?
– Jazleidy: SĆ­, un golazo que me hicieron. TĆŗ sabes cómo es esto con los clientes: hay uno que otro que son judĆ­os, malos.
– Valentina: ĀæCómo asĆ­? ĀæFue un hijo de… la profesión?
– Jazleidy: SĆ­, amiga, me descuidĆ© y algĆŗn malparido me preñó en el servicio. Pero mi Kirlian es mi motivación. Si tienes hijo sabrĆ”s. ĀæTienes hijos?
– Valentina: SĆ­, tres.
– Jazleidy: ĀæTres? ĀæY con distinto papĆ”?
– Valentina: Ā”No! Fueron trillizos.
– Jazleidy: ĀæY dónde los tienes? ĀæQuiĆ©n te los cuida?
– Valentina: Ahora mi mamĆ” o el mismo papĆ”.
– Jazleidy: Tienes pareja? No entiendo.
– Valentina: No, solo que el papĆ” de ellos estĆ” pendiente.
– Jazleidy: Ah, entiendo. Y tĆŗ eres muy bonita, como sofisticada. ĀæDe dónde vienes? ĀæQuĆ© edad tienes?
– Valentina: Ā”Gracias! Tengo 35 aƱos y, como les dije al principio, soy de Manizales.
– Jazleidy: Pues eres muy bonita. Pero te recomiendo tener cuidado porque vas a despertar la envidia de muchas.
En ese momento todos escuchamos la advertencia por los intercomunicadores. Seguro Valentina ya deberĆ­a estar abriendo los ojos sobre en la que se habĆ­a metido.
– Valentina: SĆ­, tendrĆ© cuidado. Pero ven, cuĆ©ntame…
– Jazleidy: No, luego seguimos hablando, amiga. Tengo que trabajar y usted tambiĆ©n… Pero una Ćŗltima recomendación: tambiĆ©n cuĆ­dese de los clientes porque los clientes de la capital no son como los de su tierra.
Al parecer, quedó sola en la pieza Valentina después de su primera entrevista. Entonces ella decidió conversarnos y describirnos su primera impresión:
[Espero, chicos, que estƩn allƭ escuchƔndome. Esto es un mundo muy triste. La verdad me da tristeza escuchar que haya personas llevando esta vida.]
Entonces Valentina, siendo casi las 5:30 p. m., salió de la habitación para dar una vuelta por el lugar. Al llegar a la puerta se encontró con Naomi, que al parecer se creía la líder, y con un comentario displicente y de marcar territorio le indicó:
– Naomi: A ver, la nueva, aquĆ­ no se vaya a parquear a buscar clientes. La veo irse mĆ”s allacito.
Valentina, sin querer generar problemas, hizo caso y decidió dar unos pasos mÔs. Pero casi al instante empezó a llamar la atención de los hombres que pasaban por el lugar. Era la hora de salida de los empleos, por lo que el sector estaba congestionado. La mayoría de los hombres solo querían darse un caldo de ojo, pero otros, claro, buscaban servicio.
Entonces se empezó a oír cómo los hombres piropeaban a Valentina de forma muy vulgar, con comentarios que seguramente nunca había escuchado: piropos sumamente directos, atrevidos y ofensivos.
– Uy, mami, esa concha se te nota que pide verga.
– Mamacita, con esa cara de puta buena seguro que la chupas rico.
– MĆ­rate esas tetas, seguro que te encanta que te las chupen fuerte.
– Con esa carita de santa seguro eres una perra en la cama.
– Te cojo aquĆ­ mismo en la calle, no me importa.
– Mamacita, ĀæcuĆ”nto cobras por dejarme follarte la boca?
– Ā”Me das el placer de daƱarte!
– Joder con esas tetas, parecen dos melones que quiero apretar y morder.
– Me dan ganas de agarrarte esas tetas y usarlas como manijas mientras te follo.
– Ese culazo me pone la verga dura al instante, ven acĆ” que te lo voy a partir.]
Era increíble la cantidad de improperios que le decían a Valentina. Cada hombre que se le acercaba soltaba alguna grosería. Y sin darse cuenta ella estaba se estaba desorientadose en la calle 23 por la cantidad de personas que se ubicaban cerca entre casetas de los comerciantes y hombres que estÔn buscando puta en el sector, desorientada Valentina tal punto que tomó el camino de regreso equivocado cayendo en un callejón que apestaba a orines, basura fermentada y sudor rancio. y cerrado en el fondo menos mal aún no había oscurecido eran casi las 6:20pm por lo que pudo darse cuenta de su error. Pero cuando quiso devolverse un indigente que se encontraba en ese callejón que olía orines le indico;
-Indigente: ¿Amor estÔs perdida?
-Valentina: No, gracias.
Entonces Valentina inteligente negocio su extravío y pretendía devolverse, pero el indigente percibió la indefensión de ella, y aprovechado la oportunidad el tipo le sacó una navaja y amenazando a Valentina la acorralo detrÔs de un cúmulo de basura y alterado le dice:
– Indigente: Haber putica necesito un favor tuyo veo que tienes buenas tetas, hazme una Rusa Ya! y te dejo ir sin rayarte.
– Valentina: No, espere cĆ”lmese.
En ese momento que estamos escuchando y viendo con los micrófonos y cÔmaras ocultas del vestido de Valentina. Jair prendió las alertas y salgo a buscarla por el sector, pero habia mucha gente entonces no era claro ubicarla solo por lo que escuchaba y las señas de Jair que se podía observar.
Mientras tanto escuchaba que Valentina asustada pedía que no la lastimara, pero el indigente insistió, estaba claro que quería de ella. Una PajaRusa.
El viejo indigente de 63 años, completamente desquiciado de lujuria, tenía a Valentina aplastada contra la pared sucia, El viejo, jadeando y ganoso, se bajó los pantalones mugrientos y sacó su polla gruesa, venosa y apestosa, ya completamente tiesa y goteando.
– Valentina: ””Mira esta verga, zorra!! Necesito que esa tetotas la consientan.
Entonces el indigente la agarró brutalmente del pelo y le escupió en el escote. Luego, puso la verga en medio de las tetas de Valentina y con sus manos negras y callosas, apretó con fuerza brutal aquellas tetas calientes y suaves alrededor de su polla palpitante.
– Indigente: ””AsĆ­, puta!! ””Aprieta mĆ”s, carajo!! —gritó poseĆ­do, empezando a embestir las tetas de Valentina.
”PLAP! ”PLAP! ”PLAP! ”PLAP!
El sonido húmedo y obsceno de su polla gruesa follÔndose las tetas de Valentina resonaba en el callejón. Entraba y salía con violencia, dejando hilos pegajosos de semen entre sus pechos.
Valentina lloraba de rabia e indignación, el rostro rojo de furia y humillación:
– Valentina: ””Hijo de puta!! ””SuĆ©ltame, asqueroso!! ””Me das asco, viejo de mierda!! ””No me toques, cerdo!! —gritaba entre sollozos, intentando empujarlo, pero el viejo era sorprendentemente fuerte.
– Indigente: ””CĆ”llate, puta orgullosa!! —rugió Ć©l con mĆ”s pasión todavĆ­a, acelerando el ritmo como un salvaje—. ””Estas tetas son mĆ­as ahora!! ””MĆ­as, carajo!! ””Voy a correrme hasta en tu cara de rica!!
”CHAP! ”CHAP! ”CHAP! ”CHAP!
El indigente follaba las tetas con furia descontrolado, pellizcÔndole los pezones con saña, babeando sobre su cuello y gruñendo como un perro rabioso. Su polla gruesa entraba y salía cada vez mÔs rÔpido, enrojecida y palpitante, mientras Valentina sollozaba de indignación y asco.
– Valentina: ””Te odio, maldito!! ””Eres un animal repugnante!! —gritaba ella con la voz rota.
Pero el viejo perdido en su Ʃxtasis:
– Indigente””SĆ­Ć­Ć­Ć­Ć­, joder!! ””QuĆ© tetas tan calientes, puta!! ””Te voy a llenar toda esa cara bonita de leche, hija de perra!! ””Aaaahhh!!
– Ā”PLAP-PLAP-PLAP-PLAP-PLAP!
– ””Toma, toma, toma!! ””Aaaahhh carajo!!
Aceleró como un salvaje, los huevos sucios golpeando contra su pecho. Su polla palpitaba violentamente dentro del canal caliente que formaban sus tetas.
De repente, el viejo echó la cabeza hacia atrÔs y soltó un rugido gutural:
– ””MEEEEEE CORROOOOO, JODER!! ””Toma toda mi leche, hija de perraaa!! ””AAAAAHHHHH!!
– Ā”PLAP! Ā”PLAP! Ā”PLAP!
El primer chorro grueso y caliente salió disparado con fuerza, salpicando directamente en la cara de Valentina, cubriéndole la mejilla, la nariz y los labios. Luego otro, y otro mÔs, espesos y abundantes, cayendo sobre sus tetas, su cuello y su escote mientras él seguía embistiendo entre sus pechos, exprimiendo hasta la última gota.
– Indigente: ””SĆ­Ć­Ć­Ć­Ć­Ć­!! ””QuĆ© rico, puta!! ””Te marquĆ© toda, zorra!! —gruñó temblando de placer, sacudiendo su polla contra sus tetas manchadas de semen.
Valentina sollozaba con rabia, el rostro y el pecho cubiertos de leche espesa y caliente del viejo, escupiendo y llorando de pura indignación:
– Valentina: ””Usted es un asco… un maldito cerdo!!
El indigente, todavía jadeando y con la polla semierecta entre sus tetas, le dio una última palmada sucia en la cara y sonrió con dientes amarillos.
—Gracias por la paja rusa, mamita… ahora sĆ­ que valió la pena seguirte.
En ese momento lleguƩ yo justo cuando el hombre habƭa terminado y retiraba su verga de los pechos de Valentina y se subƭa esos pantalones asquerosos quƩ poseƭa.
”Claro! Mi anterior recayó en Valentina que estaba aún arrodillada llorando diciéndome:
– Valentina: Ese tipo me ultrajo
Yo pensƩ lo peor por lo que le contestƩ tambiƩn alterado:
– Yo: Ā”Te violo! ĀæAbuso de ti Valentina?
Pero cuando fue mƔs explƭcita me relaje a decir verdad habƭa sido solo una paja un favorcito al cucho.
Entonces la levante y trate de calmarla de explicarle que. Pudo ser peor que mejor se estuviera adentro del PutiClub.
Ella, visiblemente contrariada del susto, solo hizo caso y se dirigió a la entrada del PutiClub pero en la puerta estaba Naomi. Que extrañada, le cerró el paso diciendo:
– Naomi: ĀæQuĆ© pasó? ĀæQuiĆ©n te asustó, primor?
– Valentina: Ā”DĆ©jame entrar!
Naomi cedió el paso a la fuerza. Valentina se encaminó directamente a su pieza, como si fuera su lugar seguro. Fue evidente que ella no estaba lista para eso, por lo que le escribí a Jair, mi productor, para que diera la orden de sacarla de la labor de inmersión. No era necesario que ella continuara, yo podía concluir el trabajo sola.
Pero Jair, luego de consultar con el jefe de jefes, me respondió:
– Jair: No, Robert. El jefe dice que dejemos que desarrolle su labor. Pobrecita, pero toca dejarla seguir.
Esto pintaba mal y la verdad podía ponernos en peligro a los dos. No sabía qué hacer, pero solo quedaba esperar a ver cómo seguían ocurriendo las cosas e improvisar para ayudarla si era necesario.

Solo minutos despuĆ©s la desgraciada de Naomi hizo una jugada maquiavelica le llevo un hombre a las puertas de la pieza 11 conocido y apodado ā€œCaƱon Negroā€ un maton, sicario de la zona apodado asi por su tez negra, de origen africano y su tamaƱo de dos metros lo represtaba muy bien, pero ademas era un gorila de grande que intimidaba con solo verlo, no hablaba nada de espaƱol y fuera de eso integrante de las mafias del sector.
Este hombre golpeó a la puerta de la pieza de Valentina con claras intenciones de un servicio, por supuesto eso me preocupo, me puso inquieto a tal punto que yo mismo rompiendo los protocolos de mi inmersión llame al jefe de jefes, eran las casi 8:00 pm el jefe estaría en plena emisión de noticiero pero tocaba hacer algo Ya!
– Yo: ĀæJefe, jefe estĆ”n a punto de abusar de Valentina, que hacemos? mande la policĆ­a, la autoridad y sus escoltas yo no se quĆ©?
– Jefe de Jefes: CĆ”lmese, ante todo, ella como profesional sabrĆ” manejar la situación si hacemos algo asĆ­ como plantea esa gente los matan antes que lleguemos.
Y me colgo, yo quedé perplejo en silencio porque sabía que tenía razón, cualquier cosa que hiciera sería muy riesgoso para nuestras vidas. Y mientras pensaba eso escuche los gritos de Valentina por el intercomunicador
– Valentina: Aaaah! Ā”Aaahhh!Ā”Noooo!Ā”Auxiliooo!
Era evidente que el tipo habƭa entrado por supuesto corrƭ a la pieza de Valentina y entra mƔs me acercaba mƔs fuerte escuchaba los gritos de ella, mientras tanto Jair comentaba por el intercomunicador.
– Jair: Parce no vaya es peligroso el hombre estĆ” armando y ya la empeloto a Valentina
Al llegar la puerta estaba entreabierta por lo que pude asomarme para darme cuenta que el hombre con una la verga del tamaño un antebrazo mío, la había arrinconado contra la pared de la pieza apenas unos minutos después de que ella intentara huir, ya Valentina no tenía vestido ni ropa interior de hecho en la entrada de la pieza sus pantys estaban tirados en el suelo ”ya! El tipo músculoso duro como piedra y piel negra brillante de sudor. Valentina, con su cuerpo blanco y delicado, parecía diminuta entre sus enormes manos de este. Que con placer había comenzado su faena por chuparle las tetas, apretÔndoselas como si fueran masmelos. Sin decir casi nada, él la levantó a Valentina como si no pesara nada antes de que él la empalara de una sola estocada brutal, metiendo su verga gruesa y venosa dentro de Valentina que emite un alarido que seguro se escuchó por todas partes La abrió sin piedad, hundiendo mÔs de la mitad de su longitud en un solo movimiento. Empezó a follarla con fuerza salvaje, levantÔndola y bajÔndola sobre su polla como si fuera una muñeca. Cada embestida hacía que sus tetas rebotaran.
Mientras tanto yo estaba paralizado con semejante imagen tan salvaje, y Jair diciƩndome por el intercomunicador:
– Jair. Esta viendo eso, la penetro ese negro hijo de puta y esto apenas comienza para la pobre. Porque si que esta buena esa condenada.
El tipo con sus grandes manos negras apretaban las caderas blancas de Valentina con tanta fuerza que la sometían plenamente, el sonido húmedo y brutal de carne contra carne llenaba la pieza y el pasillo: plap, plap, plap, plap. y Valentina gritaba sin control, hasta que me observo y estirando la mano hacia a mí como pidiendo mi intervención, repetía con su voz entrecortada por la embestía;
– Valentina: Ā”Aaaah! Rob…ert qui….ta…melo. Ā”Bastaaaa! Ā”Uaaaargh! Ā”Ayudaaaaaa!
Pero él no le dio tregua a Valentina, estaba sin control. Le agarró el pelo rubio con una mano, tirando su cabeza hacia atrÔs mientras le metía la verga hasta el fondo. Con la otra mano le apretaba un seno con rudeza, pellizcÔndole el pezón.
La follaba como un animal: rÔpido, profundo y sin compasión. Cada vez que entraba del todo, sus pesados huevos golpeaban contra ella. Valentina parecía perder su conciencia la partía en dos.
De pronto él tipo la levantó otra vez, la cargó en el aire y la sentó sobre su polla, follÔndola de pie mientras caminaba. Valentina se agarraba de sus hombros enormes, lloriqueando y con sonidos vocales poco claros de dolor o de intensidad.
El negro aceleró, gruñendo como una bestia. Sus embestidas se volvieron mÔs cortas y violentas hasta que, con un rugido gutural, la apretó contra él con fuerza y ”se descargó! muy dentro de ella.

Con un último gruñido gutural, el Gigante Negro apretó las nalgas blancas de Valentina con fuerza mientras descargaba las últimas gotas dentro de ella.
Luego, lentamente, comenzó a sacar la verga el negro y Cuando por fin salió de su interior de Valentina con un sonido húmedo y obsceno, un torrente espeso de semen blanco y caliente brotó inmediatamente de su concha de ella grandes hilos de leche espesa le corrieron por los muslos temblorosos, goteando hasta el suelo de la pieza
Valentina apenas podƭa mantenerse consciente. Sus piernas temblaban sin control, abiertas y dƩbiles. Tenƭa la mirada perdida, la boca entreabierta y respiraba con dificultad. PequeƱos espasmos recorrƭan su cuerpo mientras mƔs semen seguƭa escapando de su coƱo dilatado.
El negro la tiró sobre la cama. La miró de arriba abajo, disfrutando del espectÔculo: las tetas marcadas por sus manos, el cabello rubio completamente despeinado le dio una fuerte nalgada que resonó en la habitación y luego le apretó y chupó una teta con rudeza por última vez.

—Buena puta blanca —gruñó mientras se subĆ­a los pantalones.
Jair, extasiado con lo que había escuchado y con las imÔgenes que captaba la cÔmara oculta del vestido (que había quedado tirado sobre una mesa de la pieza), exclamó:
– Jair: Ā”AsĆ­ se come a una hembra buena y rica como Valentina! Debe sentirse bien llena… Mira cómo la dejó ese hijo de puta.
Yo ni siquiera le presté atención a los comentarios de Jair, tampoco me di cuenta de que detrÔs mío había mÔs espectadores que fueron atraídos por los gritos de Valentina, que yacía tirada sobre la cama. Por eso me acerqué para cubrirla con una sÔbana de flores que encontré, pero ella me rechazó. Al verme, su mirada de rabia e indignación me lo dijo todo. Por lo que me marché, eso sí, sacando a los demÔs. Entre nos, fue evidente que, mÔs allÔ de solidarizarse con Valentina, disfrutaron verla follada y, a mi parecer, hasta quedaron antojados.
Luego apareció Janette, que apartando a la gente me susurró al oído:
– Janette: Ā”Se la comieron ya! Mmmm… es mejor que su amiguita no hable mĆ”s de la cuenta.
Entonces Janette entró a la pieza donde estaba Valentina y cerró la puerta para conversar en privado con ella. Lejos de ayudarla, casi de inmediato le advirtió:
– Janette: Es mejor que usted no haga un escĆ”ndalo de esto. AquĆ­ no pasó nada de lo que no pasa todos los dĆ­as.
– Valentina: Pero Janette…
– Janette: Pero nada. Y para usted soy DoƱa Jannette, no se le olvide. AquĆ­ no pasó nada y no quiero problemas. Porque nos cuesta la vida, usted no sabe con quiĆ©n estamos tratando y lo que le pasó fue un cariƱo comparado con lo que nos puede pasar.
Luego de eso salió Janette de la pieza y entró Jazleidy. Ella sí se acercó a consolarla, por lo que aproveché para entrar también. Pero Valentina, herida en su dignidad, me reclamó:
– Valentina: ĀæPor quĆ© no me ayudaste? ĀæPor quĆ© lo permitiste?
Esto generó extrañeza en Jazleidy, quien preguntó:
– Jazleidy: ĀæSe conocen ustedes de antes?
Yo, casi de inmediato y para no dar sospechas, contestƩ tajantemente:
– Yo: Ā”No! Hasta ahora la conozco. Debe ser que aĆŗn estĆ” confundida o traumatizada.
Por supuesto, me retirƩ luego de negarlo. Aunque vi en sus ojos rabia y tristeza, aparentemente pensaba acatar la sugerencia de Jannette.
Después de un rato, mÔs o menos treinta minutos, observé que Valentina, acompañada por Jazleidy, se fue a bañar a las duchas del segundo piso. Eso me dio algo de tranquilidad por ella, pero no duró mucho. Minutos después vi salir a un hombre corriendo, lo que me generó sospecha. Decidí ir tras él y lo alcancé a mitad de cuadra. Estaba agitado y era un hombre cucho, de unos sesenta y dos años, al que ya había visto entrar con una de las putas. Antes de que pudiera cuestionarlo, él se adelantó y me dijo:
— Tranquilo, tranquilo… Yo pago por la otra puta y ya estĆ”.
En un principio no entendĆ­ nada. ĀæCómo asĆ­ ā€œla otra putaā€? Aun asĆ­, lo llevĆ© donde Janette para aclarar todo. AllĆ­ el hombre fue mĆ”s claro: habĆ­a corrido porque se folló a la hembra del baƱo. Al comprender lo que habĆ­a pasado, salĆ­ corriendo hacia las duchas del segundo piso. AllĆ­ estaba nuevamente Valentina, atemorizada y tirada en el suelo, despuĆ©s de haber sido ultrajada por segunda vez en menos de una hora por aquel viejo que aprovechó la oportunidad.
Nuevamente Valentina me suplicó que la auxiliara:
– Valentina: AyĆŗdame, sĆ”came de aquí…

Mientras tanto, se escuchaban risas de las demÔs putas. Janette solo le cobró la tarifa mínima al cliente ($30.000) y dejó ir al tipo que se había follado a Valentina.
Entonces solo le dije a Valentina que se tranquilizara, que yo la iba a ayudar. Pero la verdad fue solo para callarla y ganar tiempo, porque realmente no sabía cómo íbamos a salir de esa situación.

Luego de una ducha prolongada, ella se encerró en su pieza. Pero cerca de las 10:00 p.m. llegó otra pesadilla para Valentina.
Un comerciante de la zona llegó con su hijo al puticlub para negociar con Janette un servicio especial para el hijo. Que llamaba Richi y era especial porque sufría de trastorno bipolar. Sus cambios extremos e inusuales en el estado de Ônimo, la energía, la actividad y la capacidad de pensar lo convertían en un individuo difícil.
Sin embargo, el seƱor Ramƭrez estaba dispuesto a complacer a su hijo y por eso se mostraba dispuesto a pagar muy bien, a pesar del riesgo y el peligro que Ʃl mismo sabƭa que podƭa ocurrir. Aun asƭ, parecƭa negarse a aceptarlo.

Janette, siempre prÔctica, decidió mostrarle la mercancía y mandó llamar a todas las chicas disponibles al patio para que el Richi pudiera escoger. Pero Richi, que actuaba de forma extraña, disperso, con una hiperactividad y un entusiasmo poco usuales, las miró con detenimiento a todas las putas. No se sintió atraído por ninguna; por el contrario, mostró una clara reacción de desagrado e irritabilidad. Como quien escoge un videojuego, indicó con desdén que mejor se fueran a otro prostíbulo.
Janette, seducida por el dinero y la avaricia, se sacó un as bajo la manga:

– Janette: Tengo una nueva, pero es mayorcita para usted. EstĆ” mĆ”s para tu padre, pero de pronto le gusta a tu pirulo.
– Sr. RamĆ­rez: Miremos, hijo. De pronto lo tuyo son las mayorcitas.
Entonces fueron hasta la pieza de Valentina. Como Janette sabía que ella no iba a acceder fÔcilmente, entró primero y le propuso un negocio:
– Janette: Valentina, tengo la forma de sacarte de aquĆ­, pero tienes que colaborar. Afuera hay un hombre poderoso de la zona con su hijo. Quiere que seas cariƱosa con su hijo y lo hagas todo un varón. Si lo complaces, estoy segura de que este tipo podrĆ­a interceder con los duros para dejarnos salir de la zona sin problemas. Pero antes tienes que hacer tu tarea con el hijo y dejarlo satisfecho.
– Valentina: Yo no soy puta, no sea miserable.
– Janette: Ah, bueno… entonces no respondo por su suerte.
– Valentina: Espere… ĀæMe da su palabra de que si colaboro me va a ayudar a salir de aquĆ­?
– Janette: SĆ­, claro. Igual es un pelado el hijo, no creo que tengas problema para complacerlo.
– Valentina: De acuerdo… confĆ­o en usted.
Con las manos juntas cerca de la cintura, lo que hacía que sus brazos empujen sus tetas aún mÔs hacia arriba, ofreciéndolas. y su vestir era el tipo de mujer que te pone cachondo con solo mirarla: curvas peligrosas, tetas espectaculares y una cara de inocencia de mujer buena. Una hembra diseñada para volver locos a los hombres con ese cuerpo tan follable.
Y yo, que había escuchado todo por el micrófono oculto, me di cuenta de que Janette había sido muy sagaz y no le había contado que Richi era bipolar.
Entonces se abrió la puerta y salió Valentina, visiblemente nerviosa, parada junto al marco. Casi de inmediato, Richi abrió los ojos con un gusto evidente y se acercó para admirarla en detalle. Valentina, sacando coraje, le mantuvo la mirada.
Pero Richi, muy cerca de ella, se saboreó al verle las tetas. Valentina, instintivamente avergonzada, intentó cubrir su pecho con los brazos para que él perdiera interés; sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Richi mostró aún mÔs interés en una peca que tenía en la teta derecha. Con algo de fuerza, retiró el brazo de Valentina porque quería apreciarla mejor. Luego, con el dedo, empezó a presionar con curiosidad esa peca y exclamó:
– Richi:PapĆ”, mira, tiene un punto pintado.
– Sr. RamĆ­rez:SĆ­, hijo, es como una borona de tu brownie de mamĆ” —ía, jajaja
– Richi:AhĆ­ sĆ­, papĆ”
Ella, mortificada por la situación, no reaccionó, lo que le dio pie a Richi para que prosiguiera. Agarró las tetas de Valentina con plenitud, ejerciendo presión y ā€œespichĆ”ndolasā€ como si estuviera testeando su llenura y suavidad. Luego aƱadió:
– Richi: PapĆ”, con ese vestido parecen sandĆ­as de la finca.
El señor Ramírez también estaba degustando la belleza de Valentina con gestos depravados, mientras ella, sorprendida e inmóvil, al parecer aún no entendía la condición de Richi.
– Sr. RamĆ­rez:SĆ­, hijo, sus tetas se ven grandes, redondas y muy jugosas. ĀæLa quieres?
– Richi:SĆ­ la quiero.
– Sr. RamĆ­rez:Pues gozala, hijo.
Y mientras Richi no le soltaba las tetas a Valentina, ella miraba hacia el techo, con lƔgrimas que se le escurrƭan por las mejillas, como si su coraje se estuviera acabando poco a poco.
Y de golpe impulsivamente Richi se abalanzó sobre Valentina que sorprendida la empujó hacia la cama dentro de la pieza, las manos de Richi fueron directamente a donde habían estado antes: sus pechos. Los tomó con ambas manos por encima del vestido, apretÔndolos con firmeza, sintiendo su peso y suavidad. Valentina soltó un gemido ahogado cuando Richi bajó la cabeza y hundió la cara entre sus senos, respirando profundamente su olor.
– Richi: Huelen rico… —murmuró Ć©l con voz ronca, casi infantil en su honestidad.
Con impaciencia, Richi le bajó los tirantes del vestido de un tirón. Los pechos de Valentina saltaron libres, pesados y redondos, coronados por pezones rosados y grandotes. Ɖl los miró fascinado, especialmente la pequeƱa peca en el derecho, y la besó allĆ­ antes de devorarla. Su boca era ansiosa: chupaba, lamĆ­a y mordisqueaba sin delicadeza, mientras sus manos amasaban la carne con fuerza, dejando marcas en su piel blanca.
Valentina trató de pararlo pues sentía cómo la excitación de Richi crecía rÔpidamente.Estaba devorando los pechos de ella, mientras el Sr. Ramirez lo alentaba orgulloso que su campeon estuviera probando hembra por primera vez.
– Sr.Ramirez: AsĆ­, hijo, chĆŗpale bien las tetas —lo alentó con voz ronca—. No seas suave, muerde y succiona fuerte. Mira cómo se le ponen duritos los pezones… esas sandĆ­as son tuyas, disfrĆŗtalas. AgĆ”rralas bien, apriĆ©talas, que para eso pagamos. Ā”ChĆŗpalas rico, Richi!
Richi, animado por las palabras de su padre, succionó con mÔs fuerza el pezón de Valentina, mordisqueÔndolo y tirando de él mientras Valentía persistía en detenerlo mano tirando a Richi y este no dejaba de apretar y moldear sus pechos con rudeza,Valentina soltó un gemido ahogado, mezcla de vergüenza y excitación, mientras Richi seguía devorando sus tetas con hambre.
Entonces todos estĆ”bamos siendo testigos de semejante ultraje lo cual para entonces debo reconocer que estaba disfrutando al igual que Jair que desde la furgoneta ā€œMobilā€l festejaba el espectĆ”culo
– Jair: Ā”Esto es full porno!
Y a su vez Valentina pedĆ­a ayuda para detenerlo, pero era ignorada por todos que por intereses diferentes creo que no querĆ­amos, ni nos convenĆ­a, al contrario, el Sr Ramirez querĆ­a consumarlo.
– Sr. Ramirez: Vamos hijo es el momento que se lo metas
Al escuchar las palabras del padre, Valentina se desesperó aún mas y arrepentida de su aceptación previa, comenzó a darle pelea a Richi, que le arrancaba el vestido con furia de ella, pero Valentina estaba muy arisca y no daba tregua para que Richi entrarÔ en ella por lo que cruelmente el Sr. Ramirez intervino y peor aún pidió mi ayuda para agarrar uno de los brazos a ella. Entonces bajo ese clímax visiblemente excitado y con la respiración agitada Richi se bajó los pantalones, dejando ver su miembro completamente erecto. se colocó entre sus piernas de Valentina, Sin perder tiempo,Richi metió la mano entre sus muslos, apretando con dominio e indicio claro a ella que iba entrar en su humanidad. Valentina pataleo, pero Sr. Ramirez alentó a su hijo a que la penetrara pronto para calmarla.
– Sr.Ramirez: Vamos hijo a penetrar ya! para que la calmes a esta perra! Ahora mĆ©tela, hijo. PenĆ©trala. No tengas miedo, mĆ©tela toda de una vez. Ā”ClĆ”vale esa verga bien profundo! AsĆ­, fuerte, como en la pelĆ­cula. Es toda tuya, gozala duro.
Richi, obedeciendo al instante, agarró sus caderas y la penetró de un solo empujón brutal hasta el fondo. Valentina me apretó mi brazo el cual la agarraba soltó un gemido fuerte, arqueando la espalda. Richi comenzó a embestir con esa energía descontrolada y salvaje que lo caracterizaba, Sin darle tiempo a adaptarse, Richi no paraba de follarla con fuerza salvaje, embistiendo como un animal descontrolado, gruñia mientras la taladraba sin piedad. y las manos de Richi y su boca buscaba las las tetas de ella con fuerza, estrujÔndolas mientras seguía clavÔndola sin descanso.
– Richi: Ā”Toma, puta! Ā”Toda mi verga! —exclamaba entre jadeos, acelerando el ritmo y con carĆ”cter de macho macho.
Mientras el Sr.RamĆ­rez seguĆ­a animando orgulloso de su hijo.
– Sr.Ramirez:Ā”Muy bien, hijo! Ā”LlĆ©nala toda! Ӄchale toda tu leche a esa puta! Vamos campeón como Ć©l la pelĆ­cula, hazla tuya!
Para ese momento Richi ya tenía el control sobre Valentina había dejado forcejear con este, por lo que el Sr. Ramirez tomo distancia y yo aunque le solté el brazo a Valentina ella apretaba mi brazo y me miraba pero no me miraban pues sus ojos estaban perdidos en sus sensaciones por eso su cuerpo temblaba sin control. El placer mezclado con la humillación la estaba llevando al límite.
– Sr.Ramirez:””MĆ­rala, hijo! Ā”La puta se estĆ” corriendo! —gritaba el seƱor RamĆ­rez riendo—. Ā”Dale mĆ”s duro, que se le note!
Valentina apretó mi brazo con fuerza como si fuera parte de la cama, Y aparecieron los gemidos de Valentina que se volvieron mÔs agudos y desesperados. De repente, un orgasmo intenso y devastador la atravesó como una ola violenta.
– Valentina: Ā”Aaaahh…! Ā”yaaaaa…! —gritó ella con la voz rota, sin poder contenerse.
Todo su cuerpo se tensó: las piernas le temblaban, su espalda se arqueó violentamente y sus tetas se balanceaban con cada espasmo. Chorros de su excitación le empaparon los muslos mientras su orgasmo la hacía convulsionarse sin control. Siguió gimiendo fuerte, casi sollozando de placer, mientras Richi bajaba la intensidad y solo haciendo sostenidos de llenado.
Valentina terminó corriéndose con todo su cuerpo, sacudida por fuertes oleadas de placer que la dejaron sin aliento, con los ojos en blanco y lÔgrimas corriendo por sus mejillas. Y al parecer Richi ya había terminado pero el coño de Valentina seguía apretando la verga de Richi tal vez sacando la última gota de semen.
– Richi:Papa, Āæno me suelta?. Perra! suĆ©ltame!
Lo cual fue gracioso porque el tipo quería quitarse de encima de ella como quien acaba el juego y ”ya! Pero Valentina, entregada a Richi y agotada, aún no se reponía para recuperar la consciencia.
Hubo que esperar unos segundos mÔs para que Richi saliera de dentro de Valentina, que yacía exhausta en la cama. Simplemente cerramos la puerta. Luego Janette facturó y obtuvo su buena paga.
Pero el Sr. Ramƭrez, visiblemente inquieto o mƔs bien antojado, le dice a Janette:
– Sr. RamĆ­rez: Esa hembrita no es puta, Āæcierto?
– Janette: Claro que sĆ­, seƱor. ĀæPor quĆ© lo dice?
– Sr. RamĆ­rez: La carita de muƱeca buena que se gasta no parece de puta, pero igual no importa. Quiero quitarme la gana. Cóbrese un servicio extra con ella.
Para ese momento yo estaba al lado y solo cruzamos miradas con Janette. Tanto ella como yo estÔbamos sorprendidos por las palabras del Sr. Ramírez. Por supuesto, al son del dinero, Janette aceptó.
Entonces, segundos después, el Sr. Ramírez fue a darse gusto. Solo habían transcurrido a lo sumo 10 minutos del coito con el hijo y ahora el padre, el Sr. Ramírez, se iba a dar el gustico. En este caso sí entró en la habitación de Valentina en privado y, al cerrar la puerta, solo pude escuchar por el intercomunicador el primer grito agónico de Valentina que decía:
– Valentina: Ā”BASTA! Ā”NO MƁS!
Pero la suerte de Valentina ya estaba echada y solo fue cuestión de trÔmite lo que vino después vino los sonidos propios del sexo salvaje Se escuchaban los golpes fuertes de piel contra piel, los jadeos roncos de él y los gemidos entrecortados de ella:
– Valentina: Ā”Ahh! Ā”Ahh! Ā”Por favor…! — suplicaba Valentina con la voz quebrada.
Pasaron unos minutos y, con un fuerte grito, el Sr. Ramírez llamó a su hijo Richi, que estaba conmigo en la sala. Cuando entramos a la habitación, el hombre aún no había acabado. Solo quería presumir de su dominio.
Valentina estaba de rodillas frente a Ć©l, completamente desnuda y con el rostro contrariado. Su larga melena castaƱa ondulada caĆ­a desordenada sobre sus hombros y pechos. Esa carita de muƱeca que tanto destacaba por sus hoyuelos muy atractivos —esos que normalmente aparecĆ­an cuando sonreĆ­a con dulzura, ahora eran borrados por la Felación ā€œMamamadaā€ que hacĆ­a con esfuerzo con la boca.
El Sr. Ramírez tenía una mano firmemente agarrada en su cabello, guiÔndola con brusquedad. Valentina, exhausta y sin fuerzas para resistirse, tenía los labios estirados al mÔximo alrededor del miembro grueso del hombre. Cada vez que él empujaba profundo, sus hoyuelos se acentuaban de manera perversa, contrastando brutalmente con su expresión de sumisión y lÔgrimas.
– Sr.Ramirez: Eso es… asĆ­, mamita — gruƱƭa el Sr. RamĆ­rez con voz ronca, empujando sus caderas hacia adelante —. Miren esa carita de Ć”ngel con hoyuelos… Ā”quĆ© puta tan linda chupando!
Valentina emitĆ­a sonidos hĆŗmedos y ahogados:
– ā€œGluck… gluck… nghhā€¦ā€
Sus ojos grandes estaban llenos de lƔgrimas, pero los hoyuelos seguƭan marcƔndose en sus mejillas cada vez que su boca se cerraba con fuerza alrededor del grosor. Gruesos hilos de saliva corrƭan por su barbilla y caƭan sobre sus pechos. El Sr. Ramƭrez le dio una palmada suave en la mejilla, obligƔndola a mirarlo mientras seguƭa chupando.
– Valentina: MĆ”s profundo, muƱeca… te voy a llenar esos hoyuelos sexys — empujando con mĆ”s fuerza.
Valentina soltó un gemido ahogado y obedeció, tragando mÔs de lo que podía soportar. Las lÔgrimas rodaban por sus mejillas, pero sus atractivos hoyuelos seguían visibles, dÔndole a su rostro ese toque inocente y perverso al mismo tiempo.
El señor Ramírez respiraba cada vez mÔs agitado. Sus dedos se enredaron con fuerza en el cabello de Valentina mientras aceleraba el ritmo de sus embestidas, follÔndole la boca sin piedad. El sonido obsceno de su garganta llenaba la habitación.
– Sr.Ramirez:Joder… quĆ© boca tan perfecta —gruñó con la voz ronca—. Me voy a correr…
Valentina lo miró con los ojos vidriosos, sin apartar la vista, como si estuviera rogando por ello. Eso fue suficiente para llevarlo al límite.
Con un gemido gutural, el señor Ramírez empujó hasta el fondo y se quedó allí, enterrado completamente en su garganta. Su polla latió con fuerza y comenzó a eyacular con chorros gruesos y calientes directamente dentro de ella.
– Sr.Ramirez:TrĆ”gatelo todo… eso es, buena chica —jadeó mientras seguĆ­a corriĆ©ndose.
Valentina hizo lo que pudo, tragando desesperadamente, pero era demasiado. Parte del semen espeso escapó por las comisuras de sus labios, mezclÔndose con la saliva que ya le cubría la barbilla y goteaba sobre sus tetas. Tosió ligeramente cuando él por fin se retiró un poco, dejando que los últimos hilos de semen cayeran sobre su lengua y sus hoyuelos.
El señor Ramírez respiraba con dificultad, mirando hacia abajo con satisfacción. Acarició con el pulgar la mejilla manchada de Valentina, admirando cómo su rostro inocente estaba completamente empapado y lleno de su semen.
– Sr.Ramirez:Buena perra!… —murmuró con voz satisfecha.
Y Richi, que estaba allí, superó la ansiedad y sin pedir permiso. Era evidente que había estado observando. Sus ojos brillaban de excitación y su pantalón ya mostraba una notable erección.
– Richi:PapÔ… —murmuró con la voz cargada de deseo—. No aguanto mĆ”s.
Sin esperar respuesta, Richi se acercó rÔpidamente y se bajó los pantalones de un tirón. Su polla, gruesa y completamente dura, saltó libre frente al rostro de Valentina.
– Richi: Me toca a mĆ­ ahora —dijo con urgencia.
Valentina apenas tuvo tiempo de reaccionar. Richi agarró su cabeza con ambas manos y empujó su miembro entre sus labios, metiéndoselo hasta la mitad de un solo movimiento. Ella emitió un gemido ahogado y sorprendida.
– Gluck… Ā”nghh!
Richi no fue suave. Ansioso y excitado por lo que acababa de ver, empezó a follarle la boca con movimientos rÔpidos y profundos a Valentina. Las caderas de Richi se movían con prisa, golpeando contra los labios de Valentina
El señor Ramírez se quedó a un lado, observando con una sonrisa satisfecha mientras se acariciaba lentamente. Valentina, aún con restos de semen de su padre en la lengua, ahora recibía la polla del hijo con la misma intensidad. LÔgrimas frescas corrían por sus mejillas de Valentina, pero lejos de apartarse no tenía otro remedio que acomodarse al ritmo frenético de Richi.
Los sonidos húmedos y obscenos llenaban la habitación de nuevo:
– Ā«Gluck… gluck… gluck…»
Richi respiraba agitado, follÔndole la boca con desesperación. No duró mucho. El morbo de la situación lo tenía al límite.
Agarró con mÔs fuerza la cabeza de Valentina y empujó hasta el fondo. Su polla latió violentamente y descargó chorros calientes de semen directamente en su garganta. Valentina tragó como pudo, aunque parte del semen escapó por las comisuras de sus labios, uniéndose al desastre que ya cubría su rostro y pecho.
Richi se quedó unos segundos mÔs dentro de su boca, temblando de placer, antes de retirarse lentamente. Un grueso hilo de semen quedó colgando de los labios de Valentina.
Valentina, con la respiración entrecortada y el rostro completamente manchado, miró a padre e hijo alternadamente, con los ojos vidriosos y los hoyuelos aún visibles entre tanto semen.
Y así terminó el servicio. Para entonces yo estaba extasiado, invadido por emociones contradictorias. Lo que Valentina estaba viviendo era aterrador, sorprendente y, al mismo tiempo, fantÔstico.
Pero Janette, al ver el éxito de Valentina, se llenó de ambición. Como dice el dicho: «Untado el dedo, untada la mano».Y Después de una larga conversación cruda y cruel, Janette le expuso a Valentina la dura realidad en la que se encontraba. Le dejó claro que su situación podía empeorar mucho si no aceptaba colaborar con ella. Su intención era reclutarla como puta clase A, es decir, una trabajadora sexual de lujo o escort de alta gama. Eso implicaría otro estatus, mejor trato, protección y mayores comodidades.
Al final, según observé, Valentina terminó aceptando su nueva realidad. Lo confirmé en el momento en que salió de la habitación y me arrojó con fuerza la cÔmara y el micrófono oculto a la cara. Su mirada fue clara: no quería saber nada mÔs de nosotros y había aceptado su suerte. Eso me entristeció profundamente, pero ya no había nada que hacer.
Sin embargo, Valentina no debió confiar en Janette. Pronto esta comenzó a comercializarla sin piedad, sabiendo que tenía que aprovechar al mÔximo ese cuarto de hora de fama. La novedad de una ex-presentadora convertida en puta con cara de muñeca no duraría mucho. Por eso, casi de inmediato le subieron otro cliente. No sé si mejor o peor que los anteriores, solo sé que era un individuo gordo con pinta de traqueto que seguramente pagó bien por el rato.
Veinte minutos después, el traqueto salió de la habitación de Valentina ajustÔndose la gruesa cadena de oro que le colgaba sobre el pecho peludo. Tenía la camisa desabotonada hasta la mitad, dejando ver su enorme panza sudada que apenas cabía dentro del pantalón de marca. Con una sonrisa satisfecha, vociferaba mientras contaba a los demÔs:
– Traqueto: Esa hembra es muy fina, pero vale cada peso. Un poco arisca al principio, pero compensa con esas tetas estupendas. Me atendió como si yo fuera su ternero.
Por supuesto, sus comentarios despertaron de inmediato la curiosidad de otros hombres. Animados, comenzaron a reservar turno para follar y fornicar con Valentina. Habƭa de todo tipo: obreros, comerciantes, vagos y hasta seƱores mayores. La tarifa de $30.000 por 20 minutos era mƔs que asequible para casi todos los extractos sociales, por lo que tambiƩn se movƭa bastante la venta de preservativos.
Para las 4:30 a. m. yo ya había perdido la cuenta de los hombres que habían subido al tercer piso. Todos salían hablando maravillas de Valentina o, simplemente, con la cara de satisfacción y saciados. Mal contados, había atendido cerca de una docena de hombres y Janette seguía repartiendo turnos sin parar.
Intrigado y preocupado, le preguntƩ:
– Janette, Āæpor quĆ© no dejas descansar un rato a Valentina?
No puedo, seƱor Robert —respondió ella sin inmutarse—. Necesito sacarle la mayor plata posible, y lo antes posible.
En ese preciso momento llegó un grupo de seis negros de unos 27 años que interrumpieron la conversación. Habían llegado por referencia y fueron directo al grano con Janette:
– Negros: Necesitamos el servicio especial para una despedida de soltero, pero con Valentina, la presentadora que ahora es puta. Esa es la que queremos: una blanquita de cara bonita y fina, pero con oficio de puta. Ā”Uff!
Janette ni siquiera se esforzó por negarlo. Al contrario, solo les dijo el precio y que valía mÔs que las demÔs. Definitivamente, como dice el dicho, tenía en sus manos a la gallina de los huevos de oro: Valentina.
Sin pensarlo mucho los negros, compraron seis condones. Los hombres subieron entusiasmados, ansiosos por comerse a su presentadora favorita, ahora convertida en puta.
Los seis negros subieron las escaleras entre risas, gritos y empujones, excitados como animales en celo. El futuro novio, un tipo alto y musculoso llamado Marlon, iba primero con una botella de aguardiente en la mano. Apenas Janette abrió la puerta del cuarto de Valentina, entraron como una manada.
Yo aun preocupado subí detrÔs de los hombres y me quedé parado en el pasillo oscuro del tercer piso, justo al lado de la puerta. El volumen de la música de abajo llegaba amortiguado, pero no lo suficiente para tapar lo que estaba pasando adentro.
Apenas cerraron la puerta, empezaron los gritos y las risas fuertes de los seis negros.
– Ā”Buenas, puta! Ā”Hoy te vamos a partir! —se escuchó claramente la voz del que iba primero, el novio
– Ā”ChĆŗpamela, hija de puta! Ā”AsĆ­, toda!
– Ā”MĆ©tela toda, Marlon! Ā”Que se atragante esa ex-presentadora de mierda!
– Ā”CĆ”llate y abre las piernas, puta!
Los otros lo animaban entre risas:
– Ā”Dale, que maƱana te casas! Ā”Esta noche destroza a la blanquita!
Valentina suplicaba, rogaba y clamaba una y otra vez que pararan!
Pero no le hicieron caso. Los gritos de Valentina se volvieron mƔs agudos, mientras los negros proliferaban insultos a ella:
– Esto es lo que mereces, puta. MaƱana yo estarĆ© en mi boda y tĆŗ seguirĆ”s aquĆ­ abriendo las piernas para cualquiera.
– Ā”Toma, puta! Ā”Dos vergas negras para ti!
– Ā”QuĆ© culo tan rico tiene la hijueputa!
– Ā”TrĆ”gatela toda mientras te cogemos!
Para entonces yo estaba inquieto estaba seguro que ya era demasiado para Valentina y no se lo merecĆ­a, pero era cobarde y no actuaba.
De repente, el pasillo se llenó de gritos y botas pesadas. Voces fuertes retumbaron por las escaleras:
– Ā”PolicĆ­a! Ā”Redada! Ā”Todo el mundo quieto!
Se escucharon golpes fuertes contra varias puertas. Mi corazón se aceleró. Antes de que pudiera reaccionar, varios agentes uniformados subieron corriendo al tercer piso y se detuvieron frente a la habitación de Valentina.
Sin esperar, derribaron la puerta de una patada.
– Ā”PolicĆ­a Nacional! Ā”Manos arriba!
Lo que vieron los dejó congelados por un segundo.
Valentina estaba en el suelo, completamente desnuda y en cuatro sobre el piso sucio de la habitación. Tenía el culo en pompa y la cara pegada al suelo, gimiendo como una perra en celo. DetrÔs de ella, un negro alto y musculoso la estaba follando con fuerza, metiéndole la verga gruesa hasta el fondo con nalgadas brutales. El sonido húmedo de carne chocando seguía escuchÔndose claramente.
Debajo de ella, otro negro estaba acostado boca arriba, chupƔndole las tetas con hambre: le succionaba los pezones con fuerza, los mordisqueaba y los apretaba con las dos manos, mientras Valentina gemƭa sin control.
Los otros cuatro negros estaban completamente desnudos alrededor de ellos, esperando un nuevo turno. Dos se masturbaban lentamente mirando la escena, otro se fumaba un cigarro con la verga todavĆ­a semi-dura, y el Ćŗltimo tenĆ­a el celular grabando.
La habitación olía a sexo, sudor, semen y marihuana. Había condones usados tirados por el piso, ropa regada y las sÔbanas de la cama completamente revueltas.
– Agente: Ā”QuĆ© mierda es esto! —gritó uno de los policĆ­as, incrĆ©dulo.
Valentina, todavía con la verga del negro dentro de ella, levantó la mirada con los ojos vidriosos, el maquillaje corrido y el pelo pegado a la cara por el sudor. Tenía semen seco en las mejillas y el pecho.
El negro que la estaba penetrando no se detuvo de inmediato, dio un par de embestidas mƔs antes de sacar la verga lentamente, brillando de fluidos.
– Oficial… solo estamos celebrando una despedida de soltero —dijo uno de los negros con una sonrisa arrogante, sin soltar su verga.
Valentina, aún en cuatro y respirando agitada, solo alcanzó a murmurar con voz ronca y quebrada:
– ĀæQuĆ© pasa ahora? Ā”No mĆ”s! Basta!!! son muchos!
Los policías se miraron entre sí, claramente sorprendidos de encontrar a la famosa ex-presentadora Valentina en esa situación tan degradante: siendo usada como puta barata por seis negros en pleno gangbang, en el suelo como una perra.
El oficial al mando, se notaba que ni Ć©l mismo se creĆ­a del todo lo que estaba viendo—. Todos contra la pared. Esto se acabó.
Valentina intentó incorporarse, pero sus brazos temblaban y las piernas apenas la sostenían. Tenía el coño rojo e hinchado, chorreando, y marcas de manos y mordidas en las tetas.
Los seis negros empezaron a vestirse entre risas y maldiciones, mientras Valentina permanecĆ­a arrodillada en el suelo, desnuda y expuesta, mirando al vacĆ­o con la cara de quien ya era muy tarde.
Y así fue que Valentina terminó humillada, ultrajada por mÔs de una docena de hombres clientes del sector de barrio santa fe en menos de 12 horas de periodismos de inmersión, acabando con su carrera en los medios

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