marzo 5, 2026

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Vacaciones picantes con mi primer amor

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Soy una mujer de 25 años, piel trigueña, cabello negro, ojos pícaros, labios carnosos, algo pomulosa, estatura 1.60, pecho talla 36, una gran cadera y lo mejor de mí: una cola grande, parada y, según dicen, adictiva. Jeje.

Mi historia es real y me pasó hace unos años. Yo estaba de novia con quien hoy es mi esposo. Y me pasó para un diciembre algo muy picante. Primero, aclaro que yo acostumbraba a viajar todos los años a mi pueblo natal para estas fechas decembrinas, pero fue en mi último viaje que me pasó lo que a continuación les contaré.

Luego de estar allí, en aquel lugar, en casa de mi abuela materna, yo viajé con mi tía desde la ciudad capital. Nos reunimos con mis primas y tías en casa de la abuela, pues solo tuvo hijas y en su mayoría somos nietas. Para el 24 y 25 de diciembre se acordó en común organizar una reunión en casa de mi abuela e invitar a los allegados del pueblo. Todos los invitados fueron llegando.

Recuerdo que yo estrenaba una ropa nada espectacular, sino todo lo contrario, muy normal: una blusa café estraple, un blue jean y unos zapatos de plataforma. Sin embargo, mi pantalón descarado, acompañado de mis caderas, mi pequeña cintura y mi gran culo, fueron centro de atención de varios. Eso lo pude notar. Pero la verdad, yo no tenía interés en causar nada en ninguno, pues todo estaba bien con mi novio.

Luego de unas horas de música y baile, risas y algunos tragos, llegó el protagonista de este relato. Un hombre de 26 años, 1.75 de altura, piel blanca, ojos grises, de buen parecer, y quien fuera mi primer amor. Esos amores de niños, «de manita sudada», al que no veía hacia unos años y que ahora era un hombre muy atractivo. Yo lo vi y no sé qué me pasó, pero quedé petrificada. Él me saludó con una sonrisa que contesté de la misma manera. Y solo fue eso hasta más tarde.

Alguien me sacó a bailar. Estaba bailando con un amigo al que yo llamo «Neke-Neke» de cariño. Él, yo sé que me traía ganas, y pues yo, la verdad, aunque lo sabía, no le daba ninguna ventaja. Pero él intentaba aprovechar el baile para pegarse y tocar más de la cuenta. Yo, de manera delicada, trataba de frenarlo. Aunque el baile era reguetón, y mis movimientos en este tipo de baile, según noté, le causaron una erección, pues al pegarse yo sentía un bulto duro que me rozaba.

Después, alguien gritó: «¡Cambio de pareja!». Y no sé si suerte o destino, pero quedé de pareja con Eilson (así se llama el protagonista de mi relato). Todo normal, solo nos acercamos y empezamos a bailar. Después de un rato, él me invitó a sentarnos y tomar algo para refrescarnos.

Estando allí, se acercaba para hablarme continuamente por el ruido de la música, y en una de esas me dijo que saliéramos de ahí, que quería decirme algo personal. Yo, nada inocente, sabía que sería lo que querría decirme. Y aunque yo estaba comprometida con mi novio y lo quería mucho, dentro de mí algo me inducía a seguirlo y ver qué pasaba.

En un descuido de mi familia, nos fuimos a la parte de la finca donde se guarda la herramienta y otras muchas cosas en estantes. Era una gran habitación en la parte trasera de la casa (que ya de por sí era una gran casa por su tamaño, estilo colonial, de gran tamaño). Estando allí, él se me acercó lo suficiente para estar muy cerca, y así me dijo:

Eilson: «Mira, hace mucho que no te veía y hoy que te veo quedé asombrado. Lo mucho que has cambiado, ahora eres más hermosa y voluptuosa. Estás muy linda.»

Yo: (Con una sonrisa) «¿Por qué dices voluptuosa? Normal.»

Eilson: «No, en serio. Es que de verdad me sorprende tu cuerpo, sobre todo tu cola.»

Yo: «Jajaja, ¡qué lanzado eres, no?»

Eilson:»No, es que se debe reconocer lo que se ve a simple vista. Y tienes que saber que los demás también lo notan y se habla de ello.»

Yo: «¿Cómo? ¿De mi cola? ¿Quiénes? ¿Los hombres? ¿Aquí? O sea, ¿ustedes se reúnen para hablar de nuestros cuerpos? Jajaja.»

Eilson: «Nooo, pues de sus cuerpos no tanto, sino más bien del tuyo, jajaja, que es el que nos deja paralizados.»

Yo: «Jajaja, qué cosa terrible son ustedes. ¿Y eso querías contarme?»

Eilson: «No. La verdad te he traído aquí para decirte que… tú… me gustas mucho y que ya no somos niños. Ahora sabemos lo que queremos y yo te quiero, aunque…»

Así, se me abalanzó a besarme. Yo interpuse mis manos en su pecho evitando que me besara, pues pensaba en mi novio. Él entonces imprimió más fuerza y dijo con voz suave y tierna: «Tranquila». Y logró llegar a mi boca.

Para entonces, ya me había rendido. Él también me gustaba un resto. Y no sé si los tragos y la música de fondo ayudaban, pero no me pude contener y me dejé llevar. Nos besamos un buen rato.

Él comenzó a tocar y a manosear, algo que me puso caliente porque yo quería que me tocara. Y él lo sabía hacer: subiendo desde mi cadera hasta mi pecho, masajeaba mis pechos y volvía a bajar por mi espalda hasta mi culo, y era allí donde se detenía más tiempo.

Sin embargo, él quería más. Comenzó a levantar la blusa, logró subirla lo suficiente para llegar a mi sostén y así a mis pechos. Después, más fácilmente, pasó sus brazos por detrás de mí para soltar aquel sostén de color azul rey con bordes de encaje. Quedaron al descubierto mis pechos y pezones que, con el clima, estaban duros.

Él comenzó a tocarlos y luego a besarlos, mientras nuestras respiraciones se aceleraban junto con nuestros corazones, porque sabíamos que iba a pasar luego. Y ambos lo deseábamos.

Bajó sus manos mientras continuaba besando mi cuello para soltar mi pantalón, el que pronto desabrochó y empezó a deslizar suavemente. Mientras lo hacía, acariciaba mis caderas por encima de unas bragas de encaje azul rey, tipo cachetero, que marcaban muy bien mi vagina y que en muy poco cubrían mi gran trasero.

Así, también él se bajó los pantalones. Y sí, en aquella habitación donde no había cama o silla, sino estantes y herramientas, como también poca luz, él bajó mi ropa interior y la suya, dejando ver aquel miembro poco tímido. De un tamaño considerable, más grande que el de mi novio, aunque no igual de grueso, y sin duda también más cabezón.

Poniendo sus manos sobre mis hombros, me indicaba lo que seguía a continuación. Yo, ansiosa por verlo más de cerca, accedí a inclinarme. Bajé y él era espectacular, se veía delicioso y provocativo. Pronto lo puse en mi boca y él solo gemía cada que yo lo introducía y se lo lamía. También se lo pajeaba para excitarlo más, y volvía a metérmelo a la boca. Él cogía mi cabeza para empujarla a llevarlo más al fondo, pero por su gran tamaño no podía resistir tenerlo todo adentro.

Luego me levantó y me volteó contra la pared. Me besaba ferozmente el cuello y restregaba su verga en mi trasero. Yo ya quería que me lo introdujera, que me penetrara y me hiciera gemir cual perra en celo. Y quizás él me leía la mente, pues me hizo recostar hacia la pared quedando inclinada. Yo, mostrando voluntad, empiné mi culo llamando su atención e invitándolo a que me partiera.

Fue así como puso sus manos en mi cadera y acercó su miembro a mi vagina. Después de introducir su cabeza suavemente, de un solo empujón la metió toda, sin piedad. Se deslizó muy bien porque mis jugos hicieron fácil que resbalara hasta el fondo, causándome un gran placer. Con ritmo acelerado, comenzó a penetrar continuamente, haciéndome sumisa del placer y a placer de él. Estaba detrás de mí y podía empujar cuanto quisiera y las veces que quisiera. Y lo hacía fuertemente.

Me hacía gemir como perra:

Yo: «¡Aahaa, aahaa! ¡Siii! ¡Qué rico! ¡Aahaa, aaaahaa!»

Tal vez mis gemidos lo excitaron más, porque comenzó a hablarme sucio y a tratarme sucio, cosa que me encanta, me pone full caliente.

Eilson: «¡Siii! ¿Te gusta? ¿Te gusta mi verga? ¿Te gusta sentirla? A mí me encanta penetrarte, me encanta ese culo duro y suave.»

Yo:»¡Siii! ¡Más, máaasss! ¡Dame más! ¡Siii, me gusta! ¡Está rica esa verga! ¡Quiero que des más con esa verga! ¡Me encanta que me partas el culo con esa verga!»

Eilson: «¡Siii! ¿Quieres que te parta el culo? ¡Siii, quieres!»

Yo: «¡Siii!»

Eilson: «¡Toma! ¡Tomáaa! ¡Me encanta partir ese culo, PERRA! ¡Me encanta tu culo, mami! ¡Wooooo!»

Yo: «¡Sí! ¡Cógeme el culo, sí! ¡Llénaloooo!»

Quizás eso lo llevó al clímax, pues después de que le pedí que me llenara, expulsó su semen, se vino a chorros. Yo lo sentía dentro de mí y yo también me corrí delicioso. En medio de suspiros y gemidos un poco reprimidos, se recostó hacia mí y terminamos.

Luego, él se vistió y yo también comencé a vestirme. Después que me puse mis cacheteros y mi pantalón, sentí cómo su semen comenzó a salir y a mojar mis cacheteros. Así, sin mediar mayor palabra, salimos a destiempo y nos incorporamos a la fiesta, haciendo de cuenta como que no había pasado nada. Y estoy segura de que nadie lo notó.

Espero les haya gustado. Escríbanme si así fue. También deben saber que si este relato les gusta, tengo pensado publicar una segunda parte, e incluso contarles otras intimidades mucho más picantes.

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