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Anónimo

julio 5, 2025

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Vacaciones en la playa: Primera vez en una playa nudista

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Aunque había muchas actividades por hacer en el resort, mi cuñado de vez en cuando le preguntaba al personal del hotel si había más cosas por hacer en los alrededores. El es el tipo de persona que cuando sale de viaje, le gusta buscar experiencias que a veces solo los locales conocen. Eventualmente alguien le dijo que a solo una hora del resort, está una de las playas nudistas más populares.

Me gustaría aclarar que lo que me pasó en esa playa no es algo muy común (hasta donde sé), ya que las playas nudistas NO SON lugares de morbo o para buscar experiencias sexuales y de hecho tienen reglas muy específicas que aclaran eso. Justo eso fue lo que nos explicó el chico del hotel que nos comentó del lugar. Aún así, no fué algo que a todos nos emocionó en seguida. De hecho incluso lo descartamos en ese momento riendonos un poco del tema. Sin embargo, continuamos hablando de ello por uno o dos días y fue evidente para todos que sentíamos curiosidad por esa playa.

En esos días le volvimos a preguntar un par de veces al mismo chico del hotel por el lugar. Nos habló de la experiencia de meternos al mar sin ropa. Sentir la brisa y el agua en todo el cuerpo sin penas, ni pudor. Cada vez nos llamaba más la atención vivir esa experiencia, tanto que mi cuñado empezó a decir «Pues vamos, al menos vivamoslo una vez». Para sorpresa de nadie, el que más se oponía a ir era mi marido, pero tanto mi cuñada como yo, tampoco estábamos locas por la idea al principio, admito que me daba pena pensar que estaría completamente desnuda en público, no solo al rededor de gente desconocida, si no también frente a mí cuñado, pero él parecía muy insistente diciéndonos que todos somos adultos y que las penas no nos dejaban vivir experiencias como esa, entre otras cosas.

Finalmente, tras convencernos a mi cuñada y a mi, mi marido no tardó mucho en aceptar también. Hicimos los planes para rentar un carro por un día y que nuestros hijos se quedarán en el resort donde sabíamos que estarían seguros, aunque el hijo mayor de mi cuñado, que obviamente ya era mayor de edad, también insistió en acompañarnos, lo cuál me puso un poco más nerviosa, pero creo que todos nos sentíamos algo ansiosos y emocionados. Tras una hora y media aproximadamente, llegamos al lugar.

Lo primero que nos llamó la atención fue que, contrario a lo que probablemente todos imaginamos, el lugar no estaba lleno de gente desnuda nadando y corriendo por todos lados. En realidad en la playa había muchísima gente vestida con traje de baño, y solo unas cuantas completamente desnudas y eso era lo único que la diferenciaba de cualquier otra playa que hayamos visitado antes. Otra cosa que me tenía algo nerviosa era que pensaba que ese tipo de playas estarían llenas de gente que quiere y tiene un cuerpo para presumir, pero para mi sorpresa, verdaderamente había todo tipo de personas con todo tipo de físico: personas jóvenes, viejas, gordas, flacas, sin ninguna preocupación por su apariencia, las tallas o proporciones de sus respectivos atributos. Realmente un ambiente súper relajado.

Luego de encontrar un buen lugar para poner nuestras cosas y descansar en la arena, nos tomó mucho tiempo para que alguno se atreviera a quitarse la ropa. Finalmente fue mi sobrino el primero en decir «bueno, a lo que venimos», para después quitarse el bañador y la camisa que traía. Cómo si se tratara de un juego infantil o algo así, todos lo felicitamos y aplaudimos por su valentía. Casi en seguida, mi cuñado hizo lo mismo y convenció a mi marido de hacerlo también. Segundos después, mi cuñada y yo nos volteamos a ver y sin decir una palabra, ambas decidimos hacer lo mismo y quitarnos los trajes de baño. Tras un silencio incómodo de unos cuantos segundos en los que todos nos miramos mutuamente, nuevamente todos nos empezamos a reír, dejando las penas atrás. Finalmente nos pudimos relajar. Luego de unos minutos de platicar y tomar el sol, nos animamos a caminar y meternos al mar.

Aún cuando sabíamos que la playa no era para alimentar morbos ni mucho menos, estoy segura que muchos no pueden controlar sus pensamientos en ese lugar, incluyéndome a mí. Me da algo de pena admitir que no pude evitar notar el miembro de mi cuñado, que era obviamente más grande que el de mi marido y si, también el de mi sobrino, sorprendentemente desarrollado, especialmente al caminar, al saltar las olas del mar y jugar voleibol en las aguas poco profundas. De igual manera era muy consciente de la manera en la que mis pechos saltaban y se columpiaban durante las mismas actividades. Pero no parecía molestarle a nadie y realmente vivimos la experiencia liberadora de la que nos habló aquel chico del hotel.

Luego de un par de horas, un grupo de 3 jóvenes (que se veían en 20s o 30s) que estaba cerca y que por su acento y apariencia estamos seguros de que eran locales, se acercaron y se sentaron con nosotros en la playa a platicar. Quizá no haga falta decirlo, pero los 3 chicos estaban completamente desnudos. Aunque se acercaron a nosotros mucho, eran muy agradables y amables. Quizá lo que incomodó a mi marido es que por un lado todos tenían lentes oscuros y creo que era muy obvio que nos estaban viendo en todo momento a mí y a mi cuñada y por otro es que aunque no tenían cuerpos muy esculturales o bien formados, los 3 estaban muy bien desarrollados y tanto yo como mi cuñada no pudimos evitar que se desviaran nuestras miradas a su dirección más de una vez, cosa que seguramente ellos también notaron.

Nos invitaron a volver al agua para jugar nuevamente voleibol pero ahora, como éramos 8 personas contándolos a ellos, nos dividimos en 2 equipos de 4. Mi marido, mi cuñada, uno de los chicos y mi sobrino en un equipo y en el otro mi cuñado, los otros dos chicos y yo. El juego con ellos fue un poco más brusco, tanto que inevitablemente chocamos más de una vez unos con otros. Más de una vez, pude sentir los miembros, no solo de aquellos chicos, si no también de mi cuñado, rozar mis nalgas y mis piernas bajo el agua varias veces. Lo mismo le pasó a mí cuñada con el chico que estaba en su equipo y algo me dice que esa era la intención desde el principio. Mi marido, visiblemente incómodo decidió parar el juego y decir que ya nos teníamos que retirar, lo cual era cierto, ya que como habíamos acordado, debíamos regresar a buena hora para alcanzar a bañarnos y salir a cenar todos juntos.

Los tres jóvenes se despidieron muy amablemente de nosotros y nos dijeron que si queríamos volver, ellos estarían ahí porque parece que los 3 trabajaban en unas cabañas cercanas. Antes de irnos, quisimos enjuagarnos la arena de los cuerpos, pero las regaderas públicas estaban ocupadas y con mucha gente al rededor. Ellos amablemente nos dejaron usar los baños de las cabañas que mencionaron, que además de ser cerradas, eran mucho más limpias. Aceptamos y dos de ellos se adelantaron para «preparar los baños» y el resto caminamos hacia donde estaban. Para ahorrar tiempo mi cuñada y yo decidimos entrar juntas primero y para nuestra sorpresa, los dos chicos que se habían adelantado estaban esperándonos ahí adentro.

No supe cómo reaccionar, pero mi cuñada parecía más abierta a la situación… prendimos las regaderas y aquellos dos chicos nos «asistieron» a bañarnos. Nos abrazaron, nos frotaron y manosearon a ambas, jugando con y chupando nuestros pechos, apretando nuestras nalgas, haciéndonos frotar nuestros cuerpos juntos. Todo lo que deseaban hacernos en la playa, lo estaban haciendo bajo el agua caliente de las regaderas. Sin saber muy bien porqué, ambas nos dejamos llevar por completo e hicimos todo lo que esos chicos nos pidieron: besarnos entre nosotras, acariciarnos mutuamente entre las piernas y finalmente, ponernos de rodillas y hacerles a ambos el mejor sexo oral que pudimos darles. Cuando ambos dijeron estar cerca de «terminar», nos pusieron a ambas contra la pared y agarrandonos de las caderas, nos penetraron con gran fuerza y energía. No tardaron mucho en llegar a un orgasmo y nosotras tampoco. Luego de eso ellos salieron por una puerta de metal que estaba en la parte de atrás de las regaderas y nosotras, salimos por la misma entrada. Nos vestimos como si nada hubiese pasado y esperamos a que nuestros esposos y mi sobrino salieran.

Regresamos al hotel, y mi cuñada y yo, ahora cómplices de nuestros actos, decidimos guardar el secreto y hacer como si nunca hubiese pasado nada. Unos cuantos días después las vacaciones terminaron y regresamos a casa a la vida de siempre.

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