Por
Anónimo
Vacaciones en la playa: El joven extranjero.
Hace ya algunos años, mi matrimonio se encontraba en una situación delicada, ya que mi marido me confesó que me fué infiel y me tomó mucho tiempo procesarlo y más aún perdonarlo. Se que no es algo que la mayoría haría, más aún cuando años después sabes que sigue manteniendo el contacto con ella y sus esfuerzos por mantener una relación estable conmigo, incluye uno que otro gesto, como por ejemplo, unas vacaciones familiares… No les cuento esto para justificar mis acciones, sino más bien para explicarlas un poco.
Me llamo Maribel, y para que tengan una idea de mi aspecto, debo decir que no tengo un cuerpo que llame demasiado la atención. Soy de baja estatura, piel morena clara, de caderas y muslos algo anchos pero no demasiado, y en general soy algo rellenita, razón por la cuál soy de nalgas y pechos algo grandes también. Sin embargo, no soy alguien que se vista de manera provocadora o que le guste presumir sus atributos en la calle, principalmente porque actualmente, además de estar casada, soy madre de tres maravillosos hijos y pretendo mantener siempre algo de decencia, al menos para los demás.
Hace un tiempo, mi cuñado (hermano mayor de mi marido), consiguió un tiempo compartido en un resort, en una playa muy tranquila y nos invitó a pasar dos semanas por las vacaciones de Semana Santa con él y su familia. A mi marido le pareció buena idea, así que nos fuimos las dos familias juntas. El resort era enorme, todo incluído, con buffetes, tiendas, un parque acuático, campos de juegos y mucho más. Por supuesto, todo pegado a la playa. Había pocos turistas mexicanos, la mayoría eran extranjeros, incluso había un grupo de jóvenes americanos que evidentemente estaban ahí por su «spring break». Algo ruidosos pero no molestaban mucho.
La idea era que el tiempo en familia nos ayudara a mejorar aunque sea un poco nuestra relación. De modo que buscando la manera de pasar un poco de tiempo a solas con mi marido, le propuse que nos levantáramos temprano en las mañanas para ir a caminar a la playa solos y aunque reconozco que mi marido hizo el esfuerzo los primeros dos días, finalmente me dijo que no le gustaba levantarse temprano en sus vacaciones, así que a partir del tercer día, me empecé a levantar a caminar por la playa yo sola. Aunque en realidad no dure mucho tiempo caminando sola…
Me empecé a encontrar varias veces con el mismo chico todas las mañanas. Lo reconocí del grupo de jóvenes americanos que mencioné antes. Por lo general nos los encontrábamos en las albercas del resort o en el área de juegos haciendo escándalo y tomando cerveza, pero este chico en particular parecía compartir mi gusto por las caminatas matutinas por la playa ya que siempre estaba solo. Era un joven de color (afroamericano), con un bello torso joven y limpio de color obscuro y aunque nunca supe su edad, por su aspecto no podría ser mayor a 21 o 22 al igual que todos los que estaban en su grupo. Al principio solo me pareció apropiado saludarlo de lejos y él amablemente me devolvió el saludo. La mañana siguiente me animé a saludarlo y decirle buenos días en su idioma, lo cual pareció sorprenderle un poco, me preguntó sí sabía hablar inglés y le dije que sí, un poco y sin darnos cuenta continuamos caminando juntos y conversando en el camino.
Por supuesto la conversación fue como la que tendrían con cualquier desconocido al principio, llena de preguntas: de dónde vienes?, estás de vacaciones con tu familia/amigos?, que te ha parecido la playa?, etc. Pero debo decir que podía percatarme de su mirada recorriendo mi cuerpo de vez en cuando. Como dije no soy una persona que se vista para provocar, en las mañanas no llevaba más que un vestido de playa con mi traje de baño de una pieza abajo del mismo, pero he escuchado que a algunos chicos de color de E.U., les atraen las mujeres llenitas y las latinas. Yo soy ambas cosas, así que pensé que quizás le llamaba la atención a ese joven y mis dudas se disiparon cuando de regreso al hotel me empezó a hacer comentarios un poquito más coquetos, por no decir morbosos. Me decía cosas como «Qué lástima que viene con su familia, me gustaría invitarla a salir con mis amigos» o «Las mujeres de México son muy lindas, especialmente las mayores» a lo que solo respondía con que otra risa coqueta. Nos despedimos de manera muy casual y regresé al cuarto con mi marido y mis hijos que apenas estaban despertando.
La siguientes mañanas me lo empecé a encontrar de nuevo, incluso cuando bajaba a la playa lo veía ya esperándome para caminar y platicar juntos. No me molestaba, era muy agradable y buena compañía, pero la mañana del sábado de esa semana, el chico me sorprendió invitándome a regresar con él a su habitación para «platicar más agusto». Sus intenciones eran muy evidentes y le dije que me halagaba y se lo agradecía mucho pero no podía hacer eso. Él optó por ser directo y decirme que realmente le parecía atractiva y tenía la ilusión de poder hacer algo conmigo antes de irse ese domingo. Pasaron mil cosas por mi cabeza y por supuesto el chico era de muy buen ver, así que admito que era una tentación muy grande aceptar su invitación. Pero finalmente se lo agradecí y decidí regresar a mi cuarto, no sin antes escucharlo decirme que estaría ahí en la playa caminando por si cambiaba de idea.
Cuando regrese a mi cuarto mi marido y mis hijos seguían durmiendo. Pensé en recostarme al lado de mi marido y olvidarme de aquel chico, pero justo, juuuutso en ese momento sonó la alerta de mensaje del teléfono de mi marido que se estaba cargando en el buró. No sé por qué, pero decidí tomarlo y ver de quién era el mensaje y cómo se lo imaginarán, el mensaje era de otra mujer. Ni siquiera sé si era la misma mujer con la que me fué infiel o si incluso era una amiga o compañera del trabajo nada más. Frustrada me levanté y me dirigí directamente a la playa a buscar al chico, el cual apenas encontré ya que estaba a punto de subir también y sin saludarlo ni explicarle nada le dije: ¿»que tenías en mente»?
Volvimos a bajar a la playa que seguía algo desolada y en un abrir y cerrar de ojos nos metimos a unos vestidores con regaderas individuales que estaban ahí mismo en la playa. Y sin perder más tiempo, aquel chico de color me abrazó y me besó, sin embargo la cosa no es tan romántica como suena… En ese momento, aquel chico de color se transformó por completo. Decir que me besó sería poca cosa, en realidad me comió la boca por completo y muy cerdo, metiendo su lengua a mi boca por completo mientras llevó sus manos directo a mis nalgas. Como dije, traía un traje de baño de una pieza, nada revelador, pero él tomó los bordes, los estiró y los metió entre mis nalgas para poderlas agarrar bien. Me apretó las nalgas muy fuerte y mientras seguía devorándome la boca, me empezó a dar nalgadas con ambas manos.
No tardó en encontrar el zipper del traje en mi espalda y desabrocharlo para bajarme el traje de la parte de arriba, dejando caer mis pechos desnudos y expuestos ante ese chico extranjero y desconocido. Bajó un poco su rostro para comenzar a devorarme las tetas como si su vida dependiera de eso. Chupaba con fuerza como si tratara de extraer leche de mis pechos, incluso sentía pequeñas mordidas en mis pezones que me hacían gemir. Comenzó a bajarse el bañador que traía puesto, liberando su enorme miembro que enseguida comenzó a frotarse entre mis piernas y mis muslos. De un fuerte tirón hacia abajo, el chico terminó de quitarme el traje de baño y ambos quedamos completamente desnudos, escondidos en ese pequeño vestidor de playa.
Tomándome de los hombros me bajó para que quedara de rodillas y empezó a frotarme su miembro en toda la cara, susurranndo cosas que ni siquiera podía entender bien. No sé si sea correcto decir esto, pero debo decir que lo que dicen de los hombres de color parece ser completamente cierto o al menos en este caso lo era. Su miembro era grueso y enorme. Sobra decir que aunque me lo metió a la boca, nunca pude metermelo por completo. Incluso tornándose un poco dominante, me agarró fuerte del cabello para tratar de meterla toda, obligándme a darle palmadas en las piernas para que me la sacará, porque simplemente no podía con ella.
Me hizo ponerme de pie y me dio la vuelta pegandome a la pared. En ese momento admito que sentí algo de miedo y le pedí que por favor pararamos ahí mismo. Pero el chico no podía parar. Abrazándome, agarrándome los pechos, besándome los hombros, y frotando su miembro entre mis nalgas, me empezó a rogar directamente al oído que por favor no lo hiciera parar. Me decía que literalmente necesitaba cogerme y no podía parar ahora. Sentía su miembro frotando mis labios vaginales, como si implorara por entrar. Cerrando los ojos y suspirando, apenas susurré un leve «ok» y en seguida sentí ese monstruo penetrándome con fuerza. Una de sus manos dejó de apretar mis pechos con fuerza tuvo para taparme la boca ya que no pude soportar tanto y empecé a gemir con fuerza. Sus embestidas solo se hicieron más y más fuertes y salvajes. El ruido de su cuerpo chocando contra mis nalgas comenzó a resonar con fuerza en los vestidores. :PLAP! PLAP! PLAP! PLAP! PLAP! PLAP!!!: Podía sentir mis pies elevarse levemente del piso con cada embestida, hasta que me provocó un orgasmo muy intenso empapando mis piernas y su miembro.
Al cabo de unos minutos, el chico sacó su miembro justo antes de explotar. Se corrió en mis nalgas y mi espalda llenándomelas de semen. Unos segundos después, tras recuperar su aliento me dio las gracias y me dio una fuerte nalgada, para exactamente después recoger su bañador y salirse dejándome en el vestidor sola. Afortunadamente como mencioné, también era una regadera y pude quitarme el semen del chico antes de vestirme y volver a subir a mi cuarto. Debo decir que el resto del viaje estuve sintiendo algo de culpa por lo que había hecho, pero al mismo tiempo no puedo negar lo mucho que lo disfruté. Además, extrañamente no fue la única experiencia sexual que tuve esas vacaciones.


Deja un comentario
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.