una sorpresa
Eran las 10 de la mañana de un sábado del mes de mayo del 2010, Sonó el teléfono. Una de mis follamigas, Sonia, me llamaba, eufórica,
diciéndome que habÃa conseguido un trabajo como secretarÃa en una gestorÃa cerca de casa. Además de decirme una y otra vez lo contenta
que estaba, me comentó que fuera ese mismo dÃa a comer a su casa para celebrarlo. Yo dije que irÃa con mucho gusto y le recordé lo bien
que me lo habÃa pasado dos noches antes en su casa. Nos despedimos. ConocÃa a Sonia desde hace mucho tiempo, ya que vivÃamos cerca uno
del otro, pero llevábamos follando unos meses. Ella es espectacular: rubÃa, ojos marrones, con unas tetas grandes con los pezones
bastante grandes y mirando hacÃa arriba, caderas algo anchas con un culete redondeado. Es algo menor que yo; tiene 26 años. Tardé casi
un mes en convencerla de que follásemos, pero desde que la convencà lo hemos estado haciendo todos los dÃas que nos vemos. Al principio
pensé que era un poco tÃmida, pero en este poco tiempo me ha demostrado que es una verdadera putita: le encanta comerme la polla
mientras ella se pajea con sus dedos; un dÃa, mientras yo conducÃa, se subió la faldita que llevaba, retirándose un poco el tango
comenzó a masturbarse, otro dÃa me la comió en las escaleras de la comunidad donde vivo, etc.
Llegué a su casa a las dos de la tarde. Me abrió la puerta LucÃa, su compañera de piso. Tiene unos 27 años y también está buenÃsima; de
hecho, cuando vuelvo de piso en muchas ocasiones no dejaba de hacerme pajas pensando en ella. Me cruzaba con ella por la calle, nos
saludábamos, y cuando llegaba a casa me masturbaba como un bestia. Desde que follo con Sonia se me ha pasado un poco esa fiebre, aunque
no del todo. LucÃa es más morena que Sonia, siempre está perfectamente bronceada y tiene un cuerpo increÃble: tetas más grandes que las
de Sonia, curvas de escándalo y una boca enorme con labios muy sensuales que parecen pedir una polla para chupar. Lleva tiempo sin
novio y en el barrio siempre ha tenido fama de algo putilla. Me dio dos besos y me mandó pasar. Llevaba un vestido de verano con gran
escote y tirantes. Pasé al comedor, donde estaba Sonia.
Ella se levantó del sofá y me besó en los labios. Nos pusimos a comer; siempre que iba a su casa me sorprendÃa la naturalidad con que
hablaban de cualquier tema, cosa que no me pasa con otras follamigas: si salÃa algún tipo bueno en la tele, LucÃa comentaba sin reparos
que «ya le podÃa hacer a ese un buen trabajito» y después se reÃa. A las cinco de la tarde, Sonia me dijo que habÃa quedado con Marta,
una amiga suya inaguantable, para comentarle lo del nuevo trabajo. Yo dije que me iba a casa a echar la siesta, pero en ese momento
LucÃa intervino diciendo que me quedase allÃ, que a ella no le molestaba. Miré a Sonia y asintió, asà que acepté.
Me tumbé en la cama, con bastante sueño y un poco excitado por quedarme solo con LucÃa. Unos minutos más tarde me desperté. Se oÃan en
el comedor un montón de gemidos. Me levanté, con la polla totalmente tiesa. Me asomé sigilosamente al comedor y vi que LucÃa estaba
viendo una pelÃcula porno en la que un negro con una polla enorme se la metÃa a una tÃa negra con unas tetas enormes y unos labios
(superiores e inferiores) muy carnosos. LucÃa estaba con el vestido levantado hasta la cintura, bragas negras bajadas y con un vibrador
metido en el coño. MovÃa las caderas ligeramente y con una mano se sobaba las tetas por debajo del vestido. TenÃa el coño afeitadito,
dejándose sólo unos pelitos en la zona central de su monte de Venus. GemÃa algo, aunque mucho menos que los que estaban en pantalla.
Unos segundos más tarde, se sacó el vibrador negro de la vagina y se lo metió en la boca, lamiéndolo completamente. Yo me habÃa sacado
la polla del chándal que llevaba y me la estaba meneando; estaba a punto de correrme. En ese momento supuse que lo estaba haciendo
adrede sabiendo que yo estaba en su casa y estábamos solos. Asà que me lancé. Me subà el chándal, pero se notaba un bulto impresionante
en mi paquete y entré en el comedor. Nada más entrar, ella me miró sin hacer más.
Qué tienes ahà escondido- dijo señalándome el bulto. Qué haces tú con el coño al aire y chupando ese consolador- le respondÃ. Hace
mucho que no me echan un buen polvo, y hoy que tengo un macho en casa no lo pienso desaprovechar. Sonia llega siempre muy contenta a
casa después de estar contigo, asà que también me deberÃas contentar, Yo le dije que lo harÃa con mucho gusto. Me bajé el chándal y le
mostré mi polla, no tan larga como los de la peli porno, pero bastante gruesa. Ella sonrió y me dijo que me acercara al sofá. Agarró mi
polla por la base y le dio un lengüetazo. Estaba a mil. Se la metió en su gran boca y la succionaba, moviendo continuamente la lengua y
exprimiéndome los huevos con la otra mano. Yo bajé las manos y empecé a sobarle las tetas; le bajé los tirantes y ella, moviéndose un
poco en el sofá, se quitó el vestido por abajo. Saqué mi polla de su boca contra su voluntad para contemplar el espectáculo.
Estaba ahà tumbada en el sofá completamente desnuda, con el coño y las tetas al aire; tenÃa unos pezones enormes, bastante más grandes
que los de Sonia, al igual que las tetas, muy bronceadas y aunque un poco caÃdas pero con ese tamaño es bastante normal, pero
totalmente excitantes. Me acerqué otra vez a ella y volvà a meter mi polla en su boca. Su excitante boca con gruesos labios la volvió a
chupar; me masajeaba constantemente los cojones con su mano izquierda… Estaba a punto de correrme. Me sacó la polla de la boca, me la
acarició con una mano mientras con la otra me pajeaba frenéticamente, hasta que me corrà en su cara, descargue una lefada que la cubrió
toda la cara, llegándole la leche a la frente y al pelo. Me sonrió y siguió machacándomela hasta que se puso otra vez dura.
Comentó que «ahora querÃa gozar de verdad». Me pidió que cogiera una loción solar que tenÃa allà al lado y que se la diera en su
culito. Le abrà las nalgas lo que pude, dejándome ver su agujerito totalmente. Le aplique la crema en cÃrculos; su agujero se fue
dilatando y le metà un dedo; ella gimió de gusto. Saqué el dedo y le metà mi polla exultante. Me dijo que la dolÃa un poco y que hacÃa
mucho tiempo que no se la metÃan por el culo. Me puse muy burro y empecé a encularla lo más fuerte que pude. Ella gritaba y echaba las
manos hacÃa atrás agarrándome del cuello. Se corrió rápidamente y poco después lo hice yo, notando como mi esperma salÃa a borbotones
dentro de su culo, bañándola entera por dentro hasta los intestinos. Nos quedamos en esa situación unos minutos, recuperándonos.
Cuando nos recuperamos me propuso un juego que no pude rechazar. Me dijo que le encantarÃa que la follase mientras la metÃa yo un
vibrador en su culo. Estaba tan excitado que no me lo pensé ni un segundo. La puse crema en el culo: La metà primero uno y luego 2
dedos mientras gemÃa; retire los dedos y metà el consolador. Me sentÃa como en medio de una peli porno. Ella lo puso a funcionar y
empezó a moverse en su interior. Estaba superempalmado; LucÃa me puso un condón con la boca, lo que todavÃa me excitó más. Se sentó
encima mÃa y empezó a moverse arriba-abajo. GemÃa cada vez más alto y sus tetas se bamboleaban de forma increÃble; cogà una con mi mano
y me metà el pezón en la boca. Lo lamÃa sin cesar. Ella dijo que se corrÃa y metió un grito enorme. Al momento me corrà yo. Nos
quedamos tumbados en el sofá con mi polla aun dentro de su coñito y el vibrador en su culo. se sacó el vibrador y me conseguà levantar
aunque me temblaban las piernas, me quité el condón y eché toda la leche que tenÃa por sus tetas. Ella se la restregó por todo el
cuerpo. Nos vestimos. Eran las nueve y medÃa de la noche. La besé en los labios y la metà la lengua. Me despedà de ella hasta la
próxima. Me dijo que lo repitiera cuando quisiera aunque Sonia jamás deberÃa enterarse, que también me follaba a su compañera de piso.
Espero que os guste, iré subiendo algunas de mis experiencÃas sexuales con algunas de mis follamigas, si son bien recibidas iré
escribiendo sobre otras
2 respuestas
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