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Anónimo

septiembre 21, 2025

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Tengo sexting con una amiga de mi mamá

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La espera se está volviendo una tortura deliciosa. Hace meses que esta bomba de 51 años, una mujer casada con tres hijos, me tiene aquí, con la verga dura y la cabeza llena de imágenes que me mandó por WhatsApp. Todo empezó inocentemente, ¿sabes? Ella es amiga de mi mamá, venía a tomar café y a chismosear, hasta que un día me pidió mi número con la excusa de mandarme una receta. ¡Una receta, huevón! Lo que quería era esta verga joven.

Recuerdo esa foto que subí sin playera, después de entrenar, con el abdomen marcado y el sudor brillándome. Ella no tardó ni cinco minutos en escribirme: «Con ese lavadero me lavas toda mi ropa sucia, mijo». Ahí supe que la tenía comiendo de mi mano. Las conversaciones normales se fueron al carajo rápido. Empezó a mandarme fotos de sus pies en la bañera, diciendo que se imaginaba que era mi lengua la que corría entre sus dedos. Luego fueron audios, jadeando mi nombre mientras se tocaba, contándome cómo su marido ya no la calienta como antes, que extraña sentir una verga joven que la llene de verdad.

Uno de sus mensajes más calientes fue cuando me describió cómo quiere que se la dé: «Quiero que me agarres de ese culo que tanto te gusta, que me partas en dos contra la pared mientras me chupas las tetas. Tengo las bragas empapadas, amor, imaginando tu leche corriendo por mis piernas». ¡A la mierda! Eso me hizo venirme como un maldito adolescente. Me manda videos donde se frota por encima de la ropa, mostrándome cómo se le marca la pepa hinchada, pidiéndome que se la coma hasta que se corra en mi boca.

Pero aquí está el problema: siempre hay una excusa para no vernos. «El menor está enfermo», «mi marido sospecha», «me da miedo que nos vean». Y yo, pendejo, aquí me la jalo como un idiota con sus fotos y sus mensajes, que por cierto, ya llenan la carpeta oculta de mi celular. A veces pienso que solo quiere atención, que le gusta sentirse deseada por un veinteañero con el abdomen marcado. Pero cuando me escribe a las 2 de la mañana, diciéndome que está en el baño masturbándose con un duro pensando en mi verga, se me pasa todo el coraje. Solo quiero reventarle ese chocho maduro hasta que no pueda caminar, dejarle mi leche adentro y que recuerde por qué se buscó a un chibolo como yo. La espera puede que sea una mierda, pero sus audios gimiendo mi nombre valen cada maldita paja.

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