Por
Ted, Jeff y el Escarabajo averiado.
Ted andaba bastante cabreado. QuerÃa haber pasado el dÃa en el campo con Jeff, pero el coche se les habÃa averiado en mitad de la nada. «Maldito escaabajo», pensó refiriéndose al coche. TenÃa el capó abierto y a Jeff sentado en el asiento del conductor.
-¡Jeff! Arranca, a ver si he conseguido arreglarlo.
El otro chico lo intentó, pero nada. A Ted se le escapó un «joder» bien sonoro y se sentó en el suelo. Jeff salió del coche y se sentó a su lado.
-Pues nada, a descansar un ratito, Ted, que tú no trabajas bien en caliente.
Jeff no pudo evitar mirar el rostro sudoroso de Ted, que iba con la camiseta abierta, mostrando su delgado cuerpo al sol. No pudo evitar pensar en las noches en vela, en las que se tocaba lascivamente mientras imaginaba a Ted acariciando todos los rincones de su cuerpo, arañándole la espalda y dejándole ponerse encima para empalarse con su miembro en una sublime mezcla de dolor y placer.
Jeff se mordió el labio inferior, en un intento de calmar sus instintos más salvajes. QuerÃa evitar arrojarse sobre Ted. Inconscientemente, pasó un brazo sobre sus hombros. Ted lo miró. Pero no con cara de asco, si no con cara de…
Jeff nunca lo pudo saber, pues Ted se habÃa abalanzado sobre él, besándole. Sus labios se despegaron.
-¿Acaso no estabas pensando en esto, Jeff?-dejó resbalar en su oÃdo.
Jeff no respondió. Simplemente le devolvió el beso, de forma más pasional. Le terminó de quitar la camisa a Ted, y éste le besó en el cuello, haciendo que Jeff soltara algún gemidillo. Hizo que se levantara un poco para poder quitarle la camiseta y desvelar un torso con un poco de barriguita, cosa que a Ted no le importaba. Sólo pensaba en darle placer al dueño de esa tripa.
Ambos tenÃan un ligero abultamiento en la entrepierna, pero no les importaba. Como pudieron, se quitaron los pantalones entre ellos, quedándose en ropa interior. Ya nada importaba el «Escarabajo» averiado de al lado. No paraban de besarse en la boca y en el cuello, incluso a veces alguna mano se escurrÃa bajo los calzoncillos del otro, haciendo volar gemidos. Entonces, Ted tuvo una idea.
-Jeff, ponte de pie. Tengo una sorpresita para ti.
Ambos se pusieron de pie y Ted fue al maletero a sacar una cosa. La sacó y se puso a espaldas de Jeff. Le habÃa esposado las manos a la espalda. El abultamiento de Jeff se hacÃa aún más notable. Ted apoyó la espalda del esposado contra la pared y le susurró al oÃdo:
-Vas a chillar como una niña de lo bien que te voy a follar hoy.
Empezó a bajar despacio con su lengua, primero recorriendo el cuello de Jeff, para luego bajar a sus pezones. Ahà se decepcionó, pues su «vÃctima» no sentÃa nada ahÃ, asà que decidió cruzar la barriga a través del ombligo para llegar al lÃmite de los calzoncillos. Miró a la cara de Jeff y vio reflejado su deseo de que cruzara aquella frontera, porque estando esposado no podrÃa impedÃrselo.Â
Asà que le terminó de desnudar, dejando a descubierto un miembro bien erecto. Ted empezó a lamer, haciendo que Jeff gimiera un poco. Esos gemidos le volvÃan loco, asà que no pudo evitar quitarse los calzoncillos para empezar a masturbarse.
-¿Ves? Con esos gemidos ya me has puesto a cien, asà que con tu permiso o sin él me voy a tocar.-dijo Ted antes de seguir lamiendo y masturbándose a la vez.Â
Al rato, empezó a felarlo, pues querÃa subir de volumen esos gemidos. Funcionó. Jeff ya sudaba un poco mientras gemÃa algo más fuerte. Sin avisar, Ted se levantó y le dio la vuelta a Jeff, esta vez para apoyar su pecho en el coche. Humedeció uno de sus dedos con saliva y lo introdujo en el ano de Jeff.
-Mmm… Me gusta… -respondió. Asà que Jeff introdujo otro dedo, y luego otro más, hasta que Jeff se quejó un poco de dolor. Ted le hizo entender que no pensara en eso, que lo divertido iba a venir después. Estuvo metiendo y sacando sus dedos durante un rato y escuchando a Jeff gemir de dolor y placer mientras luchaba un poco contra las esposas (cosas que le volvÃan loco).Â
Cuando Ted notó que el ano de Jeff estaba bastante dilatado, empezó a meterle con cuidado el miembro. Éste se quejó un poco de dolor.
-Vaya, Jeff… ¿Asà que tengo el honor de ser el primero que te va a dar por detrás?-dijo Ted antes de darle una palmada en el culo.
Jeff se volvÃa loco. Le daba mucho morbo el estar allà esposado, cumpliendo sus más oscuros deseos dejándose hacer por Ted. Le encantaba sentir su culo relleno por la polla de Ted, que ya habÃa conseguido introducirse pacientemente, y cuyo dueño le estaba pajeando salvaje,ente. Jeff no podÃa evitar gritar salvajemente a dúo con Ted. Ambos se estaban volviendo locos.
-Ted, dame más cachetes en el culo, por favor…
Y Ted le obedecÃa. Adoraba esa ligera sensación de quemazón en el trasero. Apretaba fuertemente los puños esposados. Aquella situación le estaba sacando de sÃ, prácticamente le estaban dando placer por todos lados, y ya casi habÃa olvidado el dolor de la penetración. Se sentÃa bailando en el borde del abismo de la lujuria, y Ted también estaba sintiendo esa sensación.
A veces ambos lloraban de placer extremo que les rodeaba. Si hubiese hecho falta, si sus cuerpos se lo hubiesen pedido, se hubiesen comido entre ellos. Ted masturbaba aún más fuerte a Jeff, hasta que ambos se corrieron a la vez. Se quedaron unos instantes exhaustos, Jeff apoyado en la carrocerÃa del coche y Ted sobre él. Ted salió del cuerpo de Jeff, le quitó las esposas y le invitó a tumbarse sobre la hierba desnudos, apoyando la cabeza sobre su pecho.
3 respuestas
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