Se la enterré a mi tía después de un entierro
Hace dos años falleció mi tía abuela. Ella vivía en su casa con una de mis tías y mi tío. Todos fuimos a sus velorios y, posteriormente, a su entierro.
Desde tiempo antes yo ya le traía ganas a esa tía, porque me parecía alguien muy sensual. Siempre usaba pantalones justos que le hacían marcarse muy bien ese culo.
Justo el día del entierro, mi tía tuvo problemas con mi tío. Se enojaron y mi tío se fue con unos compadres que tienen en el pueblo. Mi tía se quedó en su casa.
Yo le dije a mi mamá que me quedaría para ayudarle a recoger unas sillas que habían rentado. Durante el día estuvimos con mis primos, que son unos años menores que yo. Pero después mis primos se fueron con una prima de mi tía y nos quedamos solos.
Mi tía me invitó un café y yo fui a comprar algo para comer. Ya cuando estábamos comiendo empezamos a platicar de cómo iba la vida, cómo me iba en la universidad y cosas por el estilo. Hasta que salió la típica pregunta de tía:
—¿Y cuándo me vas a traer a presentar a tu novia, mijo?
Yo le dije que no tenía novia porque no había tenido la oportunidad, que era algo difícil por la universidad.
—Pero sí has de tener alguien con quién quitarte las ganas una que otra vez, ¿no? —me dijo.
Le dije que tenía una amiga con la que luego nos veíamos, pero que también estaba complicado. Yo, por andar echando a volar mis pensamientos, le solté:
—Si encontrara una mujer mayor que me gustara, a lo mejor estaría más contento.
Ella me preguntó que si me gustaban mayores que yo, y en automático le dije que sí, pero que no había tenido suerte.
—No pues, yo también quisiera tener un colagenito por ahí —dijo—, pero ya ves que tu tío no me deja ni salir y el anda de cabrón.
Al escuchar eso me brillaron los ojos. Le dije:
—No pues, tan guapa, qué chavo no quisiera alguien como usted, tía.
Ella se sonrojó y me dijo que a poco sí pensaba eso. Yo le dije que sí, que es más, si ella quería, yo le ayudaba a probar con eso.
Ella me dijo que mejor para otra ocasión le ayudara a buscarle a alguien, pero yo le insistí:
—Nombre tía, para qué alguien más, mejor alguien cercano.
—¿Y quién va a ser? —preguntó.
Ya bien prendido le dije:
—Pues alguien que está aquí cerca de usted.
Me puse a darle un masaje. Ella me dijo que mejor no, se quiso resistir, pero yo la abracé y le di un beso. Se quiso resistir, pero después solo siguió el beso. La empecé a toquetear y ella me separó, pero le dije:
—Ahora sí vas a saber lo que es bueno.
Empecé a desvestirla. Ella me repetía que no estaba bien, pero no me paraba. Cuando le quité el pantalón y le dejé solo la tanga, me bajé y empecé a lamerle la concha. Ella empezó a soltar suspiros y a jalarme el cabello. Yo estaba tan entrado hasta que me dijo que me esperara, que se iba a venir y aún quería que se la metiera.
Me levanté y me quité el pantalón. Me la saqué y cuando lo hice, ella en automático me puso unos ojos como si me quisiera comer. La agarró y empezó a chuparla.
—Ay cabroncito —dijo—, no sabía que traías escondido esto.
Le dio un beso en la punta. Después me jaló al sillón y se puso en cuatro.
—Dame duro antes de que venga el perro de tu tío —me dijo.
Yo me paré atrás de ella y empecé a darle despacio para irla calentando. Hasta que se volteó y me dijo:
—Ya dame duro que ya tenía tiempo sin sentir una verga.
Empecé a embestirla como pude. Ya le estaba dando y empecé a sentir muy húmedo. Me di cuenta que se estaba viniendo y le seguía dando. Después de unos minutos así me dijo:
—Volteate, que quiero montarme en ti.
Yo obedecí y me senté, pero primero le dije:
—Quítate la playera, perrita, quiero tus tetas en mi boca.
Ella, muy obediente, se la quitó y se me montó. Estuvo saltando y moviendo sus caderas de atrás hacia adelante un rato mientras yo disfrutaba de sus tetas. Hasta que le dije:
—Espérame, me voy a venir.
Ella solo me agarró del cuello y me dijo:
—Vente adentro, ya luego vemos qué hacemos.
Así estuvo hasta que me vine dentro de ella y nos empezamos a besar. Después ya solo se bajó y se sentó junto a mí. Se metió un dedo y me dijo:
—Qué rico me cogiste.
Después de eso se metió a bañar y yo me quedé descansando un rato. Hasta que bajó de nuevo y me dijo que ya me fuera antes de que llegara mi tío. Me dio un beso en la mejilla y me fui.
Después de esa vez, empezamos a tener encuentros cada que teníamos oportunidad.


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