octubre 10, 2025

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Noto como me miran en mi trabajo

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Yo soy V.R, tengo 24 años y trabajo en una clinica, mi puesto es de como asistente y eso, y me toca usar esos scrubs verdes que pa mi parecer me quedan demasiado apretados, pero es lo que hay. La verdad es que no se si los eligen asi a proposito o que vaina, pero este pantalon me marca todo el culo de una manera que parece que lo estoy enseñando a proposito, y la camiseta tambien se me pega a las tetas que las tengo buenas, no me voy a mentir. Todos los dias es la misma historia, llego a trabajar y ya siento las miradas encima, como si me estuvieran desvistiendo con los ojos, y la verdad, aunque no lo creas, a mi me gusta. Me excita saber que todos estos hombres, sean doctores, pacientes o lo que sea, se me quedan mirando el culo cuando paso por los pasillos.

Tipo, el otro dia tenia que llevar unos papeles a la oficina del Dr. Gonzalez, un tipo como de 40 y pico, con anillo de casado y todo, pero que me mira con unos ojos que parecen que me van a comer viva. Entro a su oficina y el esta ahi sentado detrás del escritorio, y yo me paro frente a el para darle los papeles, y siento como sus ojos no me miran a la cara, no, se le van directo a mis tetas que se me marcan mucho con la tela del scrub. Yo hago como que no me doy cuenta y me inclino un poquito mas de la cuenta para dejar los papeles en la mesa, y siento como su respiracion se pone mas pesada. Me dice «gracias, Jestsay» con una voz mas ronca de lo normal, y yo solo me rio por dentro y me doy la vuelta bien lento, sabiendo que me esta mirando todo el culo mientras camino hacia la puerta. Ese dia me fui al baño despues y me toque pensando en eso, en como los hombres casados tambien se calientan con una.

Pero no son solo los doctores, no. Los pacientes tambien se atreven. Una vez estaba atendiendo a un señor mayor, como de 60 años, que vino por unos dolores, y yo tenia que tomarle los signos vitales. Cuando me agache para ajustar el esfigmomanometro en su brazo, el tipo, el muy atrevido, me paso la mano por el culo, rapidito, como si fuera un accidente. Yo me pare de golte y lo mire, y el estaba ahi con una cara de no haber hecho nada, pero yo vi la intencion en sus ojos. El corazón me empezo a latir super rapido, no de susto, sino de excitacion. Me gusto. Me gusto esa sensacion de que se atreviera a tocarme asi, en plena clinica, con mas gente alrededor. Solo me reí y le dije «tenga cuidado, señor», pero en mi cabeza estaba pensando en que si hubiera estado solo el consultorio, capaz y hasta lo dejaba hacer mas.

Hay otro, un familiar de una paciente, un tipo joven, bueno mas o menos de mi edad, que siempre que voy a la habitacion donde esta su abuela, el no para de mirarme. Tiene unos ojos verdes que te penetran, de verdad. El martes pasado, la abuela se habia quedado dormida y el estaba ahi sentado, jugando con el telefono. Yo entre a chequear los signos vitales de la señora, y cuando me agache para ver la maquina, el se levanto y se paro detras de mi, tan cerca que pude sentir el calor de su cuerpo. Yo segui lo que estaba haciendo, temblando por dentro, esperando a ver que pasaba. Y entonces, el, sin decir una palabra, me puso una mano en la cintura, firme, y con la otra mano me bajo un poco el cierre del pantalon del scrub, solo un poquitito, y me metio los dedos por ahi, rozandome la tanguita que tenia puesta. Yo casi me caigo del susto y del placer al mismo tiempo. Me quede congelada, con la respiracion cortada, mientras sus dedos presionaban contra mi tanguita, frotandome justo ahi. Duro como unos diez segundos, que a mi me parecieron una eternidad, hasta que oimos que la abuela se movio en la cama. El retiro su mano rapidamente y volvio a su silla como si nada, y yo me levante con las piernas temblando y la cara colorada, tratando de actuar normal. Salí de esa habitación y tuve que ir al cuarto de almacenamiento a calmarme, porque estaba mojadisima y con ganas de que me dieran duro contra la pared.

Y ni hablar de cuando me toca hacer turnos de noche, que hay menos gente. Esos dias son los mejores, o los peores, no se. La semana pasada, estaba sola en una area de consultorios, organizando unos archivos, y paso el de seguridad, un muchacho nuevo, grandote y con una mirada que te dice todo. Se quedo hablando conmigo un rato, preguntandome como era el trabajo, pero yo notaba que sus ojos no se despegaban de mis tetas. En un momento, me dijo que tenia que revisar una cosa en el cuarto de los servidores, que esta al final del pasillo, y me pregunto si lo acompañaba para que no se sintiera solo, con una sonrisa pícara. Yo, como pendeja, dije que si. Cuando entramos al cuarto, que estaba oscuro y lleno de maquinas ruidosas, el cerro la puerta y no tardo nada en empujarme contra la pared. No dijo ni una palabra, solo me giro y me beso con una fuerza que me dejo sin aire. Yo le respondi de inmediato, abriendo la boca para que metiera su lengua, que sabia a cafe. Sus manos me agarraron las tetas por encima del scrub y las apretó tan fuerte que casi grito. Luego, me bajo el pantalon del scrub hasta las rodillas, junto con mi tanga, y yo senti el aire frio del aire acondicionado en la piel. El se bajo el zipper y saco su verga, que estaba durisima y grande, mucho mas de lo que me imaginaba. No hubo mas preambulo. Me dio la vuelta, me inclino sobre una de las maquinas y me la metio por detras de una. El dolor y el placer se mezclaron de una manera que no puedo explicar. Me empezo a dar duro, agarrándome de las caderas, y los golpes se escuchaban en el cuarto junto con el ruido de los servidores. Yo mordia mi propio brazo para no gritar, pero los gemidos se me salian igual. El no paraba, me decia al oido cosas como «que rico culo tienes» y «te gusta que te den asi, verdad, puta». Yo solo podia asentir, con la cabeza perdida en la sensacion. Cuando senti que se venia, me lo dijo y yo le dije «adentro, echamelo todo adentro», y el gimio y me lleno por dentro. Nos quedamos alli jadeando, pegados contra la maquina, con el olor a sexo en el aire. Despues, el se arreglo y salio como si nada, y yo me quede ahi limpiandome con un papel, con las piernas temblandole y la ropa toda arrugada.

Y asi es mi vida en la clinica, todos los dias es una aventura nueva. Se que esta mal, que no deberia dejar que me pasen estas cosas, pero no puedo evitarlo. La adrenalina de que me miren, de que me toquen, de que me cojan en cualquier rincon es demasiado buena. Cada vez que un paciente me mira con hambre o un doctor me «roza» sin querer, yo me pongo mas caliente. Y cuando llego a mi casa, sola, me meto en la cama y me acuerdo de todo, y me vuelvo a tocar hasta correrme, pensando en quien sera el siguiente que se atreva conmigo. Total, el scrub apretado no lo voy a cambiar por nada del mundo.

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