Morbo a mi hermanita
Tengo una hermana, Laura, siete años menor que yo. Cuando nos mudamos a España, ella vino unos meses después. Yo ya estaba instalado con mi negocio de cerramientos, soltero, con mi depa y mi rutina.
Laura es todo lo que yo no soy. Estudiosa, seria, con su novio que es un buen tipo, la verdad. Pero hay algo en ella que siempre me volvió loco. No se si es lo prohibido, o que la vi crecer y de repente era una mujer. Tiene ese pelo castaño que le llega hasta la cintura, unos ojos verdes que parecen transparentes, y un cuerpo que no es de modelo, pero es… mujer. De esos que saben que son atractivos sin necesidad de enseñar mucho.
La cosa empezo hace como seis meses. Ella estaba pasando una mala racha con el novio y se vino a quedar conmigo un tiempo. Al principio era todo normal, hermanos compartiendo techo. Pero yo empece a notar cosas. Como se vestia en casa, con esos shorts cortos que se le marcaba todo el culo, o esas blusas sin sostén donde se le transparentaban los pezones.
Una noche, llegue de andar en bici, todo sudado. Ella estaba en el sofa viendo una peli. Me sente a su lado y empezo la conversacion tonta de siempre. Pero en un momento, se levanto para ir por algo a la cocina y cuando paso frente a mi, rozó mi pierna con la suya. Fue un contacto fugaz, pero me dejo la verga dura al instante. Me miro y sonrio, una sonrisa que no era de hermana. Era otra cosa.
Los dias pasaron y la tension crecio. Empece a encontrar su ropa interior en el baño compartido. Tangas negras, encajes. Y yo, el marrano, me ponia a olerlas. Una vez, encontre una que estaba aun humeda. Me la lleve a la nariz y olia a ella, a su sexo. Ese olor me vuelve loco. Me la puse en la cara y me jale la verga hasta correrme, imaginando que era su concha lo que estaba oliendo.
Pero lo peor vino hace un mes. Yo tenia una cita, una mujer que conoci en el gimnasio. Llegue a casa y Laura estaba en el living, con una amiga. Las dos parecian haber tomado algo, se reian mucho. La amiga se fue pronto y Laura quedo tirada en el sofa, medio dormida.
La lleve a su cuarto en brazos. Ella se aferro a mi cuello y me susurro al oido: «Eres el mejor hermano del mundo». Su aliento olia a vino y a mujer. La acoste en la cama y cuando me iba, me agarro de la mano.
«No te vayas», dijo. Sus ojos verdes me miraban fijo, con una intensidad que me quemo.
Me sente en el borde de la cama. Ella se incorporo y me abrazo. Podia sentir sus tetas contra mi pecho, sus piernas alrededor de mis caderas. Empezo a besarme el cuello, suavemente al principio, luego con mas hambre.
«Laura, esto no esta bien», intente decir, pero las palabras se me atoraron en la garganta.
«Callate», me dijo, y me beso en la boca.
Fue un beso profundo, con lengua, lleno de una desesperacion que nos consumia a los dos. Mis manos fueron a sus tetas, que estaban duras bajo la blusa de seda. Las apreté y ella gimió en mi boca.
«Quiero sentirte», jadeó, y empezó a bajar mi short. Mi verga saltó libre, dura como una piedra, palpitando. Ella la agarró con su mano y la apretó.
«Dios, Ezekiel… es enorme», susurró.
Esa frase me volvió loco. La tumbé sobre la cama y le quité la blusa y el sostén. Sus tetas eran perfectas, redondas, con pezones rosados y erectos. Me bajé y me puse a chupárselas, primero una, luego la otra, mientras mis manos le bajaban el short y las bragas.
Cuando por fin la vi completamente desnuda, me quedé sin aliento. Su concha era depilada, solo un pequeño triangulo de vello arriba. Estaba empapada, brillando bajo la luz de la lampara de noche.
«Por favor, hermano… metemela», suplicó, abriendo las piernas.
No pude resistirme. Me puse sobre ella y acerqué la punta de mi verga a su entrada. Estaba tan mojada que resbalé facilmente. Cuando entré, los dos gemimos al mismo tiempo. Estaba increiblemente apretada, caliente.
Empecé a moverme, lento al principio, luego mas rapido. Ella se enganchó las piernas alrededor de mi cintura y me jalaba mas adentro con cada embestida.
«Si, asi… dame mas duro, hermano», gemÃa en mi oÃdo.
Esa palabra, «hermano», en ese contexto, me excitó mas de lo que quiero admitir. Empecé a darle con toda mi fuerza, sintiendo como su cuerpo se estremecia bajo el mio. El sonido de nuestra piel chocando llenaba la habitacion.
La cambié de posición y la puse a cuatro patas. Desde atrás, podÃa ver como mi verga entraba y salÃa de su concha, que ahora estaba aún mas mojada. Agarré sus caderas y la follé sin piedad, mientras le apretaba las nalgas.
«Eres mi puta ahora, ¿verdad?» le gruñÃ.
«Si, soy tu puta, tu zorra… solo tuya», gimió, enterrando la cara en la almohada.
Eso me llevó al borde. «Me voy a correr», avisé.
«Adentro… quiero tu leche adentro», suplicó.
Esas palabras fueron mi perdición. Con un gruñido, solté todo dentro de ella, bombeando mi semen caliente mientras ella también se venÃa, gritando mi nombre.
Nos quedamos ahÃ, jadeando, cubiertos de sudor. La realidad empezó a caer sobre nosotros. Lo que habiamos hecho. El tabú que habiamos roto.
Ella se dio la vuelta y me miró. HabÃa lágrimas en sus ojos, pero también algo mas. Algo que parecÃa… satisfacción.
«Esto no puede volver a pasar», dijo, pero su mano seguÃa acariciando mi espalda.
AsentÃ, pero en el fondo sabÃa que era mentira. El genio estaba fuera de la botella.
Desde entonces, hemos repetido tres veces. Siempre cuando su novio cree que esta con amigas. Y cada vez es mas intenso. La ultima vez, me pidió que se la diera por el culo. Fui el primero, como me gusta a mi. Ver su cara de dolor y placer mientras le abrÃa ese agujero virgen… no hay nada que se compare.
Se que esto esta mal. Que si alguien se entera, serÃa un escándalo. Pero no puedo parar. Es como una droga. Ver a mi hermana, la mujer que deberÃa proteger, convertirse en mi amante secreta… es el mayor morbo que he experimentado en mi vida.
Y lo peor es que se que a ella le pasa lo mismo. Me busca con la misma desesperación. Nos estamos destruyendo el uno al otro, pero la sensación es tan buena que no queremos parar.
Ahora mismo, mientras escribo esto, se que ella esta en su cuarto, probablemente pensando en la proxima vez que podamos estar juntos. Y yo aqui, con la verga dura, esperando ese momento. Soy un enfermo, lo se. Pero por ahora, no quiero curarme.


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