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Anónimo

octubre 16, 2025

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Mis inicios

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Cuando era muy joven tenía un noviecito de mi edad. Hacía un par de años que empecé la secundaria y todo era tranquilo. Con mi novio empecé a darme besitos en los labios y caminar de la mano, no más que eso. Era una niña todavía, inocente y sin malicia.

Después de un tiempo, una noche que fui al baño, pasé por el cuarto de mi hermana mayor y escuché ruidos extraños para mí. La puerta de su pieza no cerraba bien; a veces quedaba apenas encajada. Con un empujón sin querer, la puerta se abrió un poco y pude verla a ella, arrodillada, chupándole la verga al novio. En ese momento me latió fuerte el corazón, me dio vergüenza, pero también una curiosidad que no podía explicar. Me fui rápido, con la imagen grabada en la cabeza.

Unos días después, tuvimos clases de Gimnasia. Terminando la clase, antes de volver a casa, le dije a mi noviecito que nos metiéramos en uno de los baños, que quería probar algo. Fue la primera vez que vi y chupé una pija. No sabía si lo hacía bien, la verdad, pero al ser la primera vez que a él le hacían eso, se corrió en mi cara en unos minutos. Temblaba como una hoja.

Después de eso, mi novio, no sé si por orgullo o por bobo, le contó a unos amigos lo que pasó. El rumor se esparció en el curso y en toda la secundaria como un reguero de pólvora. De repente, todos sabían mi nombre.

Un día fui al cumpleaños de una compañera y asistieron algunos chicos un par de años más grandes que yo. Uno de ellos me parecía super lindo; era del mismo instituto pero de los últimos años, todas pensábamos que era el más guapo. Él se acercó y, sin rodeos, me confesó que le habían contado que yo era «buena petera». Palabra por palabra. Terminamos en el baño de la casa y esta vez fue diferente. Él me agarraba la cabeza y me guiaba, me metía la verga hasta el fondo de mi garganta y me daba instrucciones de cómo usar la lengua. A diferencia de mi noviecito, no duró unos minutos; me tuvo un buen rato ahí, sometida, aprendiendo.

Después de ese evento, corté con mi novio y empecé a salir con muchos chicos del instituto, la mayoría más grandes que yo. Prácticamente no lo hacía con ninguno de mis compañeros de curso. Los chicos me compraban cosas, como pulseras, collares, aritos, y a mí me gustaba sentirme la reina de todo. Claro que el precio siempre era el mismo: terminaba con una verga en la boca. Esto hizo que las chicas de mi curso me llamaran zorra, sobre todo cuando alguna que otra, que estaba de novia, era dejada porque su novio prefería que yo se la chupara.

La única que se llevaba bien conmigo era mi amiga. Un día, un chico nos dijo que si nos dábamos un beso nos daba plata. Me pareció algo estúpido, pero besé a mi amiga y a partir de ahí empezamos a besarnos más seguido. Al principio eran besitos tiernos, pero después, cuando ella venía a dormir a mi casa, se convertían en besos más apasionados. Ella fue la primera que se atrevió a tocarme la entrepierna. Nos exploramos, nos metimos los dedos la una a la otra, y hasta empezamos a chupar verga juntas, turnándonos con algunos chicos.

Y así, apenas fue mi comienzo para ganarme la fama de petera y zorrita de la escuela. Esos rumores llegaron no sólo a oídos de mis compañeros, sino también, para mi sorpresa, a los de algunos profesores. Pero la historia de cómo un profesor me rompió el culito por primera vez… bueno, esa será para la próxima, creo.

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