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Anónimo

diciembre 12, 2013

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Mis hermanas, mis amantes

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Título: MIS HERMANAS, MIS AMANTES

AUTOR. GALLEGO VERDE

Cuando fallecieron mis padres y mi cuñado Raúl en un accidente de circulación, me quedé, a mis veintidós años, a cargo de mi hermana Sonia, que acababa de cumplir los veinte.

Los dos tras los funerales y pasada una semana del fatal evento nos reunimos en el salón de la casa paterna y decidimos que teníamos que rehacer nuestras vidas juntos. Sonia que es una mujer muy guapa, morena y de ojos negros, con un rostro muy hermoso y un cuerpo muy bien modelado, con las curvas precisas para cautivar a un hombre, me abrazó con lágrimas en los ojos nos besamos con dolor y tristeza, hasta que al mover la cabeza mis labios y los suyos se juntaron y antes de que pudiera separarme de esa boca preciosa y sensual, nuestras lenguas se unieron en un beso de enamorados.

No sé qué pasó, pero antes de que mi moral y mis prejuicios me pararan los pies y me hicieran ver que Sonia era un fruto prohibido para mi concupiscencia, le solté los botones de la blusa negra, de luto, luego el sujetador de encaje, y esos pechos de diosa del placer, ni grandes, ni pequeños, preciosos y excitantes, fueron lamidos por mi lengua traviesa y sus pezones de azúcar chupados, absorbidos, mordisqueados suavemente, mientras ella me soltaba la correa de los vaqueros y luchaba por abrirme la bragueta.

Cuando quise reaccionar mi hermana estaba desnuda, mostrándome impúdica su pubis cubierto de un penacho bien cuidado de vellos ensortijados y dejando adivinar su rajita húmeda y hambrienta por atrapar mi pene, olvidándose, ella, la juiciosa Sonia, que esa verga grande y gruesa de su hermano, de acuerdo con las leyes de la moral y la Religión, jamás podría penetrar en su cadito íntimo, sin cometer el pecado del incesto.

Cuando al fin conseguí liberarme de los vaqueros, y mi hermana se apoderó de mi verga larga y gruesa, me olvidé de nuestra recién estrenada orfandad, y de que esa hermosa mujer, tan sensual y ardiente que me masturbaba suavemente con una de sus manos pequeñas, de dedos largos y finos y muy suaves, era mi hermana.

Sus caricias me volvían locos, y cerré los ojos de deseo y disfruté cuando con su otra mano, Sonia, jugaba a ponerme cachondo, sopesando y sobando mis mis testículos grandes y llenos de semen, que deseaba expulsar para apagar el deseo sexual que me enloquecía.

Mi hermana sabía cómo volver loco de deseo a un hombre y por la forma en que apretaba mi verga, como subía y bajaba su mano por todo el tronco y por los suspiros y gemidos que daba, pensé que era una experta en pajear a novios, amigos, o, que tal vez, su experiencia masturbando la había aprendido viendo películas porno.

De repente pensé que podía al mismo tiempo que ella me pajeaba, acariciarle sus tetas y excitarme mucho más acariciando esos meloncitos suaves, de carne rosada, pezón y areola oscura, que me excitaban de una manera muy especial. Y Sonia, embebida en su misión de masturbarme, fingió no darse cuenta de cómo le acariciaba sus pechos.

No sé cómo pasó, pero mi hermana que estaba loca de deseo, se arrodilló ante mí y puso su cara preciosa junto a mi pene que estaba a punto de estallar. Después sentí el roce de sus labios carnosos en mi glande y antes de que me diera cuenta ella se había tragado gran parte de mi verga.

Casi grité de júbilo cuando la posó en su lengua, la ensalivó y comenzó un carrusel de absorciones y expulsiones, de mordisquitos y lamidas. Era una felatriz consumada, una mamona excepcional. Yo estaba ante sus caricias bucales en el séptimo cielo y noté que mis testículos iban a soltar su carga de leche, de un momento a otro, si esa belleza seguía comiéndose mi polla.

�Si..Si..Sigue, Sonia�Chupa�chúpame..¿Que bien me la chupas!…¡Te adorooo!�gritaba henchido de placer, mientras le sujetaba su cabeza para que siguiera metiéndose mi pene hasta la campanilla, olvidándome de que podía asfixiarla, o cuando menos provocarle arcadas.

Le movía la cabeza al ritmo de su felación. Me olvidé de que ella era mi hermana menor, una mujer a la que debía respeto y cariño, pero nunca mi compañera sexual, mi amante.

No pude avisarle, pues en una de las absorciones, sentí un escalofrío recorriendo mi columna vertebral, un temblor y fue como si se hubiera abierto la compuerta de mis testículos. De improviso una catarata de semen brotó de mi polla y mi hermana, casi se ahogó intentando tragar toda la leche, que como un geiser brotaba de mis testículos, rumbo a su boca y garganta.

Cuando mi hermana levantó la vista un hilillo de lefa salía de las comisuras de sus labios y caía sobre sus pechos, mojando esos dulces y hermosos atributos femeninos, que acababa de disfrutar, con mis caricias y lamidas incestuosas. Tenía que premiar a mi hermana, Sonia, por su mamada increíble y a fe que lo hice.

Levanté a mi hermana con dulzura y le pedí que se sentase en el sofá, donde yo había estado mientras ella me hacía la felación. Obedeció, abrió las piernas, siguiendo mis instrucciones y yo me arrodillé ante ella, hasta que su chochito quedó al alcance de mis dedos y de mi lengua.

Abrí con los dedos su rajita, y vi que brotaba aún de su coñito una catarata de jugos femeninos, consecuencia directa de la excitación que sentía. Olí su vagina y me embriagué con su aroma a hembra ardiente, caliente, y separé con atrevimiento sus labios mayores para ver el interior de su estuche femenino tan erótico. Luego superé la barrera de los labios menores e introduje mi lengua que barrió todos los pliegues de su coño fraternal. Me di un banquete con su chochito limpio, cálido, agradable.

Sonía estaba a mi merced, se dejaba chupar, acariciar, lamer, como una esclava sexual sin voluntad. Yo me sentí su dueño, el amo de ese cuerpo de mujer preciosa y sensual.

Mi hermana sintió un calambre, como una descarga eléctrica con mis caricias dactilares y linguales y al sorber de nuevo ese penecito pequeño, ese botoncito erecto de su clítoris, que hasta mordisqueé con cuidado para no hacerle daño, ella no aguantó más y me regó la boca con un chorro enorme de flujo femenino, y quedó desmadejada, ahíta de placeres sobre el sofá, con los ojos cerrados y relamiéndose los labios en los que conservaba unas gotitas de mi semen.

Después de su super-orgasmo y como era consciente de que su coñito estaba muy lubricado, me senté en el sillón con el miembro erecto y le pedí que se sentase sobre mi verga. Sonia obedeció y poco después noté el roce de su rajita con la cabeza gordísima de mi glande.

Se fue sentando despacio y su rajita se abrió dando vía libre a mi pollón que se fue incrustando en su sexo, buscando la frontera de su útero. Cuando su pubis rozó mis testículos e nuevo llenos, me di cuenta de que ese pedazo de polla ya estaba dentro de su vagina y fui consciente de que me estaba follando a mi hermana menor.

Tenía el coño calentito y muy estrecho y temí que las dimensiones de mi miembro viril le hicieran daño, pero sucedió todo lo contrario. Sonia gemía, gritaba mi nombre y me pedía que la follase con fuerza. Y diciendo esto comenzó a cabalgarme a un ritmo alocado y noté y escuché el chapoteo de mi pene en su coño encharcado y disfruté a tope. Jamás había gozado tanto jodiendo a una mujer.

Yo jugaba con sus tetas, con sus pezones, mientras ella, ensartada con mi cipote, movía las caderas como una batidora, o saltaba como si fuera amazona sensual y excitada, volviéndome loco de placer inenarrable, y sintiéndome el hombre más afortunado del mundo por poder follar con esa hembra tan hermosa.

También apretaba sus nalgas rollizas, apetitosas e incluso le metí un dedo en el culito. Ella se retorcía de tanto gozar y de sus orgasmos, pues era multiorgásmica, como me confesó, mientras la follaba.

Sonia tuvo un orgasmo y aceleró su cabalgada, mi pene entraba y salía por ese túnel de los placeres, por ese nido caliente y prohibido para un hermano.

�Sonia�¡No aguanto más, me voy a correr!…¿saco mi picha de tu chochito?

�¿Nooo, Lolo, sigue jodiéndome!…¡Llena de leche el coñito de tu nena!

�¿Y si te dejo embarazada?

�Sería nuestro hijo. Yo después de esto que me has regalado, no quiero joder con ningún otro hombre. Desde hoy tú serás además de mi hermano, mi amante, mi marido.

No pude seguir hablando pues de nuevo me corrí, pero esta vez dentro del coñito de Sonia. Mi leche salía a borbotones, regando la vagina estrecha y cálida de mi hermana. La besé con un morreo de amantes, mientras ella temblaba víctima de una cadena de orgasmos seguidos y yo seguí un buen rato vaciándome en su conejito, que llené de leche.

De repente oímos un grito y nos encontramos con nuestra hermana, Mariló, que cargada con una cesta llena de alimentos entró en el salón y nos encontró follando.

Mariló tras la muerte de su esposo, Raúl, a los 32 años era una mujer preciosa. Alta, rubia natural, de ojos verdes, con un cuerpo de supervedette, pleno de curvas era un monumento femenino.

Estaba preciosa totalmente enlutada, pero sus pechos grandes, voluminosos y redondos, eran una dulce tentación para mí que desnudo acababa de eyacular en el coño de nuestra hermana menor. Me fijé en la cara tan bonita de Mariló, en esos labios golosos, carnosos y pintados de rouge fuerte, como a mi me gustan.

Me fijé en su cintura estrecha y deseé follar su culo, que siempre me había excitado. Lo tenía más gordito que Sonia, con unas nalgas respingonas y pellizcables, que ella bamboleaba con picardía y sensualidad.

�¡Sois unos cerdos!…¿cómo se os puede ocurrir la marranada de echar un polvo en casa de nuestros difuntos padres?�Gritó encolerizada y fue entonces cuando, Sonia, se levantó desnuda, con el chocho rebosante de semen y de fluidos femeninos y la abrazó contra su cuerpo, amarrándola con todas sus fuerzas.

�¡Lolo, ayúdame a desnudarla!…¡Esta viudita necesita una buena polla como la tuya, mi amor!

Sin pensármelo dos veces y mientras Mariló, trataba de liberarse del placaje de su hermana, que es una experta en artes marciales, yo me puse a su espalda y le bajé con deseo la cremallera de su vestido negro, de luto.

Poco después y pese a sus pataleos nuestra hermana estaba en bragas y sin sujetador, con esos pechos enormes, como cántaros de miel, lamidos y sobados por Sonia, que gozaba con unas caricias lésbicas a su hermana mayor.

Yo le arranqué la braga y ese culazo grande, excitante se quedó ante mi vista, ofrecido e indefenso, ya que Sonia la tenía bien sujeta e inmovilizada. Le hicimos doblarse y dejamos su culo expuesto, a la vez que nos mostraba su chochito húmedo y abierto, por la excitación, que le provocaba nuestra agresión sexual, por muy fraternal que ésta fuera.

Sin pensármelo dos veces y mientras le tocaba también una de sus tetas enormes, que mostraba al tacto el pezón erguido, con la otra mano le conduje mi polla a su coño depilado y de una embestida se la clavé entera hasta los testículos.

Mientras me la follaba, pensé en lo que se había perdido mi difunto cuñado, Raúl, al moririse tan joven, dejando ese bombón de mujer expuesto a que un cerdo y miserable como yo, la estuviera follando a lo bestia y en contra de su voluntad.

�¿Siiiii!…!siii!…¡Jódeme mi amor!…¡Folla a tu perritaaa!

Inesperadamente mi hermana, Mariló, estaba gozando mientras la follaba. Ya era una mujer sometida a mis deseos. Ahora ya tenía a dos amantes jóvenes y hermosas, dispuestas a follar conmigo y a ser sometida a toda clase de juegos eróticos, que yo quisiera.

La jodí con furia, notando el chapoteo de su chocho, que me daba un gusto muy especial y cierto morbo, al ser lampiño como el de una jovencita. Nuestra hermana, Sonia, mientras tanto la estaba morreando al mismo tiempo que yo la follaba.

�Ahhh�ahhh�ufff�urrgghh �jadeaba mi hermana, Mariló, mientras yo la embestía hasta dejarla totalmente empalada, notando sus nalgas en mi pubis.

Al rato ya no pude aguantar más y me corrí en su coñito, llenando su grutita íntima con mi semen. Mi hermana, Mariló, tuvo un superorgasmo.

�Chicos ¿por qué no nos vamos a follar a la cama de nuestros difuntos padres?�dijo Sonia con picardías, abriendo las piernas para que viera su chocho hambriento de polla.

�De acuerdo�dijo Mariló sonriente, mientras se tapaba el chochito para que no se derramase la catarata de semen que había vaciado en su coñito.

�Pues por mí que no quede. No todos los hombres tienen la suerte de poder follar con dos bellezones como son mis hermanitas.

Los tres cogidos por la cintura y ellas dos sujetándome a mí, con sus manos suaves por el pene, que ya estaba erecto otra vez, ansioso por penetrar los agujeros íntimos de esas dos mujeres tan guapas, avanzamos por el pasillo hasta llegar al dormitorio conyugal de mis padres.

Mariló abrió la cama, quitó la cubierta y se echó abierta de piernas mostrándome su sexo abierto y provocativo. Yo me eché sobre ella, nuestros torsos se unieron y la besé en la boca, metiéndole la lengua hasta rozar la suya, en un morreo impactante.

Mariló me atrapó el pene y se lo metió en su coño, hasta que mis testículos rozaron su pubis. Se había engullido mi verga hasta los testículos y puso entonces sus pies en mi cuello, atrapándome para que no pudiera huir de esa cárcel de sexo y placeres, cálido estuche muy húmedo, y yo en premio la bombeé con furia la follé con todas mis ganas.

Mientras, jodíamos como dos amantes excitadísimos, Sonia, sentada en la butaquita se masturbaba, se metía los dedos en su chumino y gozaba viéndonos follar como dos animales en celo.

Mi polla recorría toda la vagina fraternal, y ella gemía de gusto, me besaba en la boca, me acariciaba y el colchón mullido de sus tetas, me volvía loco, por lo que no pude contenerme, y sin pedirle permiso, ni avisarle me corrí de nuevo en y deposité mi semen en lo más profundo de la vagina de mi hermana mayor, la viuda, que sin casarse, para no perder su pensión de viudedad, tendría siempre una polla dispuesta para follarla por todos los agujeros de su lindo cuerpo.

Mariló no pudo aguantar tanto placer y tuvo un sinfín de orgasmo. También en ese momento descubrí que mi hermana mayor, al igual que le pasaba a Sonia, eran multiorgásmicas.

Entonces, Sonia, cogió un bote de vaselina que había en la mesilla de mi madre, y me dijo que nuestra progenitora y mi padre practicaban el sexo anal y ella los había espiado muchas veces. Dicho esto se pudo sobre la cama de rodilla, se colocó una almohada bajo el vientre y me pidió que le embadurnase el ano con la crema de mamá.

Lo hice y le fui metiendo uno y hasta dos dedos en el esfínter, para que este se dilatase y admitiese mi polla dentro. Mariló desnuda se sentó en la butaquita que había ocupado Sonia, y se quejó, mimosa, de que estaba mojada de semen y de caldos de mujer.

Poco a poco, como ella al parecer era virgen por el ano, le fui metiendo el pene para no hacerle daño, ante la atenta mirada de nuestra hermana mayor, que al parecer tampoco conocía los placeres del sexo anal, pero que�según nos dijo� estaba dispuesta a ser una buena alumna y aprenderlo.

Cuando conseguí introducirle a Sonia, todo el miembro en su estuche posterior, la cogí de las tetas y la follé duramente. Ella gritaba de dolor, de placer y pidió poco después que la embistiera con toda mi alma. Lo hice y mientras Mariló se colocaba sobre la cama y le besaba la boca, dándose recíprocamente un morreo lésbico, yo eyaculé en el interior de su culo y rellené de leche sus intestinos.

Follamos mucho rato los tres juntos, ellas me hicieron una doble mamada y yo les lamí las dos vaginas y las hice aullar de placer.

Posteriormente, Mariló alquiló su piso, vino a vivir con nosotros y en tres años que llevamos juntos, hemos disfrutado de todos los placeres sexuales que un hombre puede tener con una mujer, o mejor dicho, con dos mujeres y ellas además practican, entre si, el sexo lésbico.

Nuestra familia ya cuenta con dos bebés, pues ambas quedaron embarazadas de mí, y la viuda, Mariló, le cargó el niño a su difunto y la paternidad del hijo de Sonia y mío, la asumió un exnovio gay de mi hermana, que quiere ocultar ante su familia su condición sexual. De ahí que esté muy feliz sintiéndose el padre de nuestro bebé y además contribuye económicamente a su manutención,. Miel sobre hojuelas.

FIN


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2 respuestas

  1. nindery

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