diciembre 7, 2025

438 Vistas

diciembre 7, 2025

438 Vistas

MI tío me tocó el coño y se la chupé

0
(0)

Mi tío es de esos hombres serios, callados, que siempre parece que está pensando en cosas importantes. Tiene como cuarenta y tantos, el pelo con algunas canas, y una mirada que te atraviesa. No es feo, para nada. Tiene ese aire de hombre maduro que a una a veces le da curiosidad.

Vino con su esposa, mi tía Clara, a pasar unos días en casa. Todo normal, comidas familiares, charlas aburridas. Hasta que un día me puse un short deportivo, de esos bien cortos que me marcan el culo y se me suben cuando me agacho. Era para ir al gimnasio, pero al pasar por la sala, lo sentí. Su mirada. Era rápida, disimulada, pero la sentí clavarse en mis piernas, en mis nalgas. No era la mirada de un tío. Era la mirada de un hombre.

Algo se encendió dentro de mí. Una chispa rara, prohibida. Me gustó. Me gustó mucho. Así que al día siguiente, me puse otro short, aún más corto, y una camiseta ajustada sin sostén. Aproveché para agacharme frente a la tele a buscar un control, sabiendo que él estaba sentado justo detrás de mí. Sentí el calor de su atención como un fogonazo en la piel.

Los días siguientes fueron un juego. Yo, provocando sutilmente. Él, mirando, pero siempre con esa máscara de seriedad. El aire en la casa se fue poniendo espeso, cargado de algo que no se decía. Hoy, mis papás y mi tía Clara salieron al jardín a hablar de no sé qué. Yo estaba en la cocina, lavando unos vasos, con el mismo short corto y una blusa de tirantes. Él entró. Se quedó parado en el marco de la puerta, y yo sentí su presencia antes de verlo.

Me sequé las manos, me giré lentamente, y ahí estaban sus ojos. No había disimulo esta vez. Me miraba fijo, con una intensidad que me secó la boca. No dijo nada. Solo dio dos pasos hacia mí, cerró la distancia, y de repente, su mano estaba en mi nuca, fuerte, posesiva. Me inclinó hacia él y sus labios se estrellaron contra los míos.

Fue un beso duro, voraz, lleno de una urgencia que me hizo temblar. No besaba como los chicos de mi edad. Besaba como un hombre que sabe lo que quiere. Yo me dejé llevar, le respondí con la misma hambre, enredando mis dedos en su pelo. Su lengua invadió mi boca y supo a café y a peligro. Un gemido se me escapó.

“Calladita, perrita”, me susurró contra los labios, y esa palabra, dicha con su voz grave, me electrizó. Su mano soltó mi nuca y bajó, sin prisa, por mi cuello, mi pecho, rozando mi pezón duro a través de la tela, y siguió. Metió su mano bajo mi short, sin encontrar resistencia porque no llevaba nada debajo. Sus dedos, ásperos, encontraron mi sexo. Yo estaba empapada. Grité bajito en su boca cuando su dedo medio se deslizó sobre mi clítoris.

“Tan mojada para”, murmuró, y empezó a frotar, círculos precisos y rápidos que me hicieron ver estrellas. Yo me aferré a sus hombros, mareada, perdida en la sensación y en la locura de lo que estaba pasando. “Eres una putita, ¿verdad? Te gusta que te toque tu tío”. Yo solo podía gemir asintiendo.

Sus dedos dejaron de frotar y uno, luego dos, se hundieron dentro de mí. Un ardor agudo y extraño se mezcló con el placer. Grité, pero él me tragó el grito con otro beso. “Shhh, tranquila, mi niña”, dijo, pero sus dedos no se detuvieron. Se movían dentro de mí, explorando, encontrando un ritmo que hizo que el dolor se transformara en una necesidad brutal.

Con su otra mano, se desabrochó el pantalón. Lo oí más que lo vi. Luego agarró mi mano y la puso sobre su verga. Era enorme, dura, palpitante y caliente. La piel era suave como la seda pero la presión debajo era de acero. Me quedé paralizada un segundo, sintiendo su tamaño.

“Ven”, dijo, retirando sus dedos de mí, dejándome vacía y temblorosa. Me agarró de la mano y me llevó hacia el baño de visitas, el que está al fondo del pasillo. Cerró la puerta con llave. El espacio era pequeño, íntimo, y solo se escuchaba nuestra respiración agitada. Me empujó contra la puerta y bajó su boca a mi cuello, mordisqueándome mientras su mano volvía a mi sexo.

“No deberíamos llegar tan lejos…”, logré decir, con la voz quebrada por el placer y el miedo.

Él se detuvo un segundo, me miró. “No te la voy a meter. Pero quiero tu boca, perrita. ¿Me la vas a chupar?”

Asentí, incapaz de negarme. Me arrodillé frente a él en el frío piso de cerámica. Su verga estaba a la altura de mis ojos, imponente, con la cabeza morada y brillante. Olía a él, a hombre, a algo masculino y dominante que me mareaba. La agarré con la mano, notando su peso, y acerqué mis labios.

No sabía muy bien cómo hacerlo. Le di un lametón torpe en la cabeza y luego intenté metérmela a la boca. Era demasiado grande. La apreté con los labios y traté de chupar, pero mis dientes rozaron su piel. Él hizo un sonido de dolor y me agarró del pelo. “Cuidado con los dientes, zorra”, gruñó, pero no me detuvo. Empecé a mover la cabeza, aprendiendo sobre la marcha, usando la lengua como podía. Él gemía, maldecía, y empujaba suavemente mis caderas para que me frotara contra su pierna mientras lo hacía. La combinación era increíble. El sabor salado de su piel, la textura, su mano en mi pelo, y la presión contra mi sexo… estaba a punto de explotar.

“Así… así… te voy a usar la boquita siempre que quiera”, jadeaba él. Su respiración se volvió más errática, sus gruñidos más profundos. “Me voy a correr… en tu carita de puta”.

No pude ni asentir. Unos segundos después, su cuerpo se tensó y un chorro caliente y espeso salió de su verga, pegándome en la mejilla, en los labios, en la barbilla. Siguió y siguió, manchándome. Yo seguía moviéndome contra su pierna, y el solo hecho de sentir su leche en mi piel me hizo venir con un temblor violento y silencioso, ahogando mis gemidos en el aire viciado del baño.

Nos quedamos así un momento, los dos jadeando. Él se limpió con un pedazo de papel y se subió el pantalón. Me miró desde arriba, con esa seriedad de siempre, pero ahora sus ojos brillaban con satisfacción. “Límpiate”, dijo, y salió del baño sin mirar atrás.

Yo me quedé ahí, arrodillada, con su semen enfriándose en mi cara, el sabor a sal en mis labios, y un huracán de emociones dentro de mí. Miedo, sí. Pero sobre todo, una excitación enferma y deliciosa que sabía que iba a querer repetir.

¿Que te ha parecido este relato?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este relato.

Deja un comentario

También te puede interesar

busco amogas

anonimo

25/10/2013

busco amogas

Me pude coger a una tiktoker de mi ciudad

anonimo

17/03/2025

Me pude coger a una tiktoker de mi ciudad

Experiencia sexual en público

cristinar

07/04/2025

Experiencia sexual en público
Scroll al inicio