noviembre 18, 2025

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Mi tía y sus mascarillas especiales

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Mano, te voy a contar esta locura que me está pasando con mi tía. La cosa empezó hace como tres meses, cuando ella me pidió que le pintara la casa. Mi tía tiene como 35 años, está bien buena, con un culo que no te miento, parece de those instagram models, y unas tetas que se le salen de cualquier blusa. Ese día ella había salido a trabajar, pero como solo trabaja medio día, sabía que iba a regresar pronto.

Yo ahí, pintando como un pendejo, con el calor de Texas que te derrites. Ya solo me faltaba su habitación. Entro y lo primero que veo es el cesto de la ropa sucia. Y ahí, encima de todo, estaba esa tanga morada, tan pequeña que parecía un hilo. De pura curiosidad, la agarré. La tela era suave, y olía a su perfume mezclado con algo más… algo que me prendió al instante. No pude evitarlo, mano. Me saqué la verga y empecé a jalármela con una mano mientras olía su tanga con la otra. Estaba en mi propio mundo, imaginándome que era su culo lo que estaba tocando.

De repente, escucho la puerta. «Antonio, ¿cómo vas con la pintura?» Era ella. Entró a la habitación y me vio ahí, con su tanga en una mano y mi verga bien parada en la otra. Nos quedamos viendo como dos pendejos, y yo ya me estaba cagando de miedo, pensando que me iba a gritar o que le iba a contar a mi mamá.

Pero no, mano. Ella no se enojó. Se quedó mirando mi verga, que todavía estaba palpitando, y luego me miró a los ojos con una sonrisa que no era de enojo. «Antonio,» dijo, con una voz más suave de lo normal, «si no le cuentas a nadie lo que pasó, especialmente a tu mamá, yo te doy un premio».

Yo, todo nervioso, le dije que sí, lo que fuera. Y entonces ella me soltó la bomba. «Quiero que te corras en mi cara».

No lo podía creer, mano. Mi propia tía, pidiéndome eso. Pero la calentura me pudo más que el miedo. Me acerqué a ella, con la verga en la mano, y empecé a jalármela más rápido. Ella se arrodilló frente a mí, con los ojos cerrados, como esperando. Cuando sentí que me iba a venir, se lo dije, y ella asintió. «Sí, Antonio, vente en mi cara». Y así fue, mano. Me corrí por todo su rostro, blanco y espeso, y ella solo sonreía, con mis mecos chorreándole por las mejillas y la barbilla.

Desde ese día, las cosas cambiaron. Ella me empezó a invitar a quedarme a dormir en su casa los viernes. «Para que hagamos nuestra little routine», me decía. Y nuestra routine era exactamente eso: los sábados en la mañana, yo me despertaba con ella sentada en el borde de mi cama, mirándome. «Antonio, mi piel está un poco seca,» me decía, y yo ya sabía lo que quería.

Me levantaba, me sacaba la verga, y me la jalaba frente a ella. A veces, ella se acercaba y me la agarraba, ayudándome a terminar. «Más rápido, Antonio, quiero tu crema,» me susurraba al oído, y eso me prendía una barbaridad. Cuando me venía, ella cerraba los ojos y yo le embadurnaba toda la cara. Luego, se frotaba mi leche como si fuera una mascarilla, diciendo que le ponía la piel suave. «Es el mejor tratamiento, Antonio, lleno de proteínas,» me decía, riéndose, mientras se limpiaba con una toallita.

Si me quedaba el sábado también, el domingo en la mañana pasaba lo mismo. A veces, incluso, me pedía que me corriera en sus tetas. «Necesito hidratación extra aquí,» decía, señalándose los escotes. Y yo, como el pendejo caliente que soy, lo hacía encantado.

Pero últimamente, he estado notando que las cosas se están poniendo más intensas. La semana pasada, por ejemplo, cuando fui a quedarme, ella ya no estaba con ropa normal. Se puso un camisón transparente, sin nada debajo. Se veía todo, mano. Sus tetas, sus pezones duros, el vello de su pepa. Yo me quedé mirando como un idiota, con la verga ya dura al instante.

«Antonio,» me dijo, «hoy quiero probar algo diferente». Se acostó en la cama y se abrió las piernas. «¿Quieres ver dónde realmente me gustaría tu crema?».

No me lo podía creer. Ahí estaba, mostrándome su pepa, depilada y rosadita, mojada como si alguien ya la hubiera excitado. «Puedes tocarla, si quieres,» me dijo, y su voz temblaba un poco.

Yo, con manos temblorosas, me acerqué y puse mis dedos en su entrada. Estaba caliente, y resbalosa. Ella gimió cuando la toqué. «Sí, así,» jadeó. «Pero hoy solo tocar, ¿okay? Es para que te antojes para la próxima».

Mano, esa noche no pude dormir. Me la pasé jalándomela como tres veces, pensando en su pepa mojada, en cómo gimió cuando la toqué. Y desde entonces, cada vez que voy, las cosas escalan un poco más.

El otro día, mientras me corría en su cara, ella tomó un poco de mi leche con sus dedos y se la metió a la boca. «Mmm, rico,» dijo, y me miró directamente a los ojos. Eso me volvio loco, mano. Casi me corrí otra vez al verlo.

Y el último viernes, fue aún más heavy. Después de que me vine en sus tetas, ella no se limpió de inmediato. En vez de eso, se puso encima de mí, restregando sus tetas llenas de mi leche contra mi pecho. «¿Te gusta cómo se siente, Antonio?» me preguntó, y yo solo podía gemir. Su cuerpo estaba caliente, y podía sentir sus pezones duros a través del camisón. «La próxima vez,» susurró, «quizás puedas poner tu crema directamente donde la necesito».

Eso me dejó claro, mano. Ella quiere más. Quiere que se la meta. Y yo, la verdad, no veo la hora. Cada vez que me voy a quedar, paso la semana entera contando los días, jalándomela como un desesperado pensando en lo que podría pasar.

A veces, cuando estamos en la sala viendo la tele, se sienta muy cerca de mí, y su mano «accidentalmente» roza mi entrepierna. O se inclina para recoger algo, enseñándome el culo sin tanga. Son pequeñas cosas, pero me están volviendo loco.

La próxima vez que me quede, voy a intentar dar el siguiente paso. Voy a besarla. A ver qué pasa. Porque si ella se deja, entonces, mano, esto se va a poner aún más salvaje. Y si no, al menos seguiré teniendo mis mañanas de sábado con mi tía pidiéndome que le de mi «crema facial». Pero algo me dice que sí va a pasar. La manera en que me mira, cómo me toca… esa mujer quiere que se la folle, y yo estoy más que listo para dárselo.

Qué locura, ¿no? Mi propia tía, usando mi leche como si fuera crema de belleza. Y lo mejor es que esto solo está empezando. Si la cosa sigue así, pronto les estaré contando cómo me la follé por primera vez. Estén pendientes, cabrones.

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