Mi primera vez, mi primer relato.
Mi Primera vez.
Hola, mi nombre es Javiera y les cuento un poco sobre mÃ.
Tengo 27 años, mido 1,60. No soy muy flaca, tampoco gorda, pero siempre han resaltado mis grandes pechos. Tengo el pelo castaño claro, largo hasta la cintura y soy de piel muy blanca. Soy muy sociable, aunque con los hombres un poco tÃmida, pero me fascinan.
Bueno, les quiero contar cómo fue mi primera vez y espero que les guste el relato y que lo disfruten mucho.
TenÃa 20 años y una noche me llama Diego (23), un amigo que me gustaba mucho pero con el que nunca habÃa pasado nada más allá que un par de besos.
-Hola, Javi! Me invitaron a una fiesta y quiero que vayamos juntos…
¡Qué emoción, el niño que me gustaba me estaba invitando a salir!
Mis padres no me dejaban mucho ir a fiestas asà que inventé que iba a casa de una amiga y me junté con Diego. Me puse unos jeans negros ajustados y una polera con un escote que dejaba resaltar mis pechos, sin parecer vulgar. Un poco de perfume, labial y salÃ.
Nos juntamos cerca de mi casa y a penas me vio pude notar que la noche iba a ser especial, me miró e inmediatamente me tomó por la cintura, me acercó hacia él y me besó. Creo que querÃa que en la fiesta no pudiera mirar a otro o en realidad le gustó cómo me veÃa.
Fuimos a la fiesta de su amigo, bailamos un rato y noté que varios me miraban y él sólo me agarraba la mano y me robaba un beso en cuanto podÃa. Se tomó un par de cervezas y más cariñoso se ponÃa. Como yo no tomo alcohol estaba muy consciente de todo, pero asà y todo no vi sus malas intenciones conmigo.
Como a la 1 me dio frÃo, no llevé chaleco. Diego me dijo, vamos a la casa a buscar algo y te abrigas. VivÃa sólo en un departamento. Llegamos y me senté en un sillón mientras él buscaba algo. Se demoraba mucho. Pregunté qué pasaba y me dijo que se habÃa mareado un poco con las cervezas. Colocó música y se sentó a mi lado. Puso su cabeza en mis piernas y comencé a acariciar su pelo.
-Aún tienes frÃo? -Me dijo
-SÃ, un poco, contesté.
Se acercó tomó mi cara entre sus manos y comenzó a besarme suavemente. Me dijo que mis besos le gustaban mucho y que lo tenÃa loco con mi perfume, y yo sólo sonreà y lo besé, ahora con más intensidad. Sentà cómo comenzó a bajar sus labios, y a besar mi cuello y ya no cabÃa duda de qué camino tomarÃamos esa noche. Simplemente no pude resistirme. Mi cuello es mi punto débil. Lo dejé seguir y seguir hasta que los primeros gemidos, tÃmidamente,comenzaron a salirse de mi boca. Sus manos comenzaron a subir desde mi cintura hacia lo que ya sabÃa que era su objetivo: Mis pechos. Lo hacÃa sobre la ropa, pero al primer contacto con ellos mis pezones se endurecieron, y él lo notó.
Tomó mi polera y me la sacó, la tiró al piso y luego me sacó el sostén, la verdad es que casi me lo arrancó y mis enormes pechos quedaron a su disposición. Se abalanzó sobre ellos y comenzó a besarlos. Pasó su lengua sobre mis pezones endurecidos y comenzó a chupar y a chupar y a chupar. Mmmmmmhhh qué rico se sentÃa! No querÃa que parara y sus caricias estaban dando un muy buen resultado porque mi calzón ya estaba mojándose. Mmmmmmmmmmh, mmmmmmmmmmh, era lo único que salÃa de mis labios.
Con una de sus manos en mi espalda me apretó más hacia él y con la otra comenzó a desabrochar mi pantalón. En ese momento me asusté ya que noté que en su pantalón su pene se habÃa endurecido y hacÃa presión sobre mi pelvis. Le dije que parara, que ya era suficiente y que no llegarÃa más lejos.
-Diego, sabes que soy virgen y no quiero.-Mi corazón latÃa a mil…
-Javi, tranquila. Sé que eres virgen, pero no me mientas. Sé que quieres esto tanto como yo, y prometo no hacerte daño.
Me besó con fuerza me tomó en sus brazos y me llevó hasta su pieza. No pude resistir, me recostó en la cama y continuó, más decidido aún, con sus caricias. Se desnudó y pude ver que estaba en buen estado, y su pene más que grande era grueso, más de lo que imaginé. Mis pechos estaban un poco enrojecidos de tanto que los chupaba pero eso me puso muy caliente. Se sentó sobre mis piernas y desabrochó mi pantalón. Comenzó a bajarlo lentamente y mis caderas impedÃan un poco que saliera, pero lo logró. Acercó su mano a mi calzón y me acarició firmemente y notó lo mojada que estaba.
– ¡Qué rico, Javi. Estás mojadita! Mmmmmmh eso quiero probarlo…
Me arrancó el calzón y se fue directamente con su lengua entre los labios de mi vagina. Aaaaaaaah cómo me tenÃa, su lengua y sus labios parecÃan no cansarse y él sólo repetÃa que mi sabor era exquisito y yo volviéndome loca de placer. No sabÃa qué era un orgasmo real hasta ese momento. Sólo lo que habÃa sentido cuando me masturbaba sola en mi pieza fantaseando.
Aaaaaahhh, mmmmmmmmh, mmmmmh, él siguió con su lengua más rápido dentro de mi vagina y rozando mi clÃtoris que estaba muy hinchado. Lo succionó suavemente una y otra vez y el orgasmo me llevó al cielo.
-Aaaaaaaaaah, aaaaaaaaahhh. Oooooooh mmmmmmm, mhhhhhhhhhhhhh.
Mi cuerpo tembló y yo querÃa más y el lo notó. Su pene estaba aún más duro y grueso que antes. Me miró con sus ojos llenos de deseo y con fuerza separó mis piernas. Yo me asusté un poco, pero no me permitió cerrarlas y las abrió aún con más fuerza. Se recostó sobre mà y pude sentir cómo la cabeza roja de su pene se acercaba a mi vagina.
Comenzó a hacer presión. Pero no podÃa, a pesar de lo mojada que estaba. Lo siguió intentando, e intentando. Sentà cómo ya la cabeza, caliente y mojada, comenzaba a entrar.
-Aaaaaaaaaay, nooooo, por favor paraaaaa!, ¡Para, Diego, por favor! ¡Me dele mucho!
Le rogué mucho, pero parece que eso lo exitó más y sólo sentà como empujó con más fuerza y logró meter el pene casi hasta la mitad y me dijo:
-Lo siento, Javi prometà no hacerte daño, pero estás muy apretadita. Estás tan rica y mojadita. ¿Sientes cómo apenas entra? Sólo dolerá al principio pero pronto lo disfrutarás tanto como yo. Déjate llevar. Relájate y respira profundo.
Con esas palabras y con una mirada entre caliente y malvado se dejó caer sobre mà con todo su peso su pene entró por completo y justo ahà sentà como si me partieran en dos.
-¡Aaaaaaaaaaayyy, aaaaaaaaayyy! ¡Para, para, por fa!
Pero no paró y, por el contrario, comenzó a sacarlo a medias y volver a meterlo fuerte, una y otra vez, una y otra vez. ¡Cómo me dolÃa! Mmmmmmmmmhhhh, mmmmmmmhhh, aaaaaaaaaaay, ayyyyyyyy!
Comencé a sentir cómo lo metÃa y lo sacaba y como su pene provocaba sensaciones exquisitas dentro de mà y el dolor se empezó a convertir en placer. Siguió moviéndose sobre mà y yo comencé a gemir. A gemir como loca. Y le pedà que no parara.
– ¡Por favor sigue, sigue! Ooooooohhhhh, aaaaaaaaah, aaaahhhhhh, aaaahhhh. ¡Quiero sentirte dentro mÃo, Diego!
– ¡Mmmmmmmhhhhh! ¡Qué rico, lo haces, Javi, qué apretadita estás ya no aguanto maaaaaaaás! Y en eso explotó dentro de mà y sentà cómo me llenaba con su semen caliente. Y sentà un orgasmo mejor que el anterior. Siguió hasta que no quedó una gota de semen dentro de su pene, que aún seguÃa durÃsimo. Acabamos los dos a la vez y luego noté como su semen habÃa bajado hasta mis muslos.
Quedamos rendidos, dormimos abrazados y satisfechos. Al despertar notamos que su sábana habÃa quedado manchada con un poco de sangre y me avergoncé un poco, pero me dijo que no me preocupara, que era normal ya que era virgen.
– Es que además estás muy apretadita y rica, Javi. ¡Imagino cómo estará tu culito, preciosa!
…Pero esa es otra historia….
Espero que les haya gustado mi relato, fue el primero, por favor perdón cualquier error y lo novata.
Me comentan, por fa,.
Beistos ricos a tod@s.
Javi.
2 respuestas
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