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Anónimo

septiembre 12, 2025

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Mi primera orgía

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Cuando comenzó la universidad, justo en plena pandemia, las semanas se me hacían eternas entre las clases virtuales y mi trabajo. La soledad y el aburrimiento eran mis compañeros de cuarto, hasta que por fin levantaron las restricciones y pudimos salir otra vez, aunque fuera con tapabocas. Fue entonces cuando mi mejor amiga, Cecilia, me lanzó la propuesta: alquilar una casa para un fin de semana con su hermana Ana, su mejor amiga Rosa, sus respectivos novios y yo. Desde el principio, el plan tenía un toque picante. Cecilia y yo ya nos habíamos enrollado antes, pero yo le confesé que también quería disfrutar de un pene en la mezcla. Después de darle vueltas, ella aceptó invitar a un tercero, aunque no le dije quién era.

Llegó el día y nos instalamos en la casa. Ana y Rosa se encerraron rápido en sus habitaciones con sus parejas, y Cecilia y yo nos quedamos esperando al invitado especial. Cuando tocaron la puerta, allí estaba él: el ex de Cecilia. No lo conocía, pero por lo que me había contado, sabía que la cosa prometía. Sin perder tiempo, nos fuimos al grano. Él se bajó el pantalón y sacó su verga, que estaba realmente bonita, gruesa y bien cuidada. Nos ordenó que se la chupáramos, y mientras yo lo hacía con entusiasmo —soy fanática de dar mamadas—, Cecilia se quitó el vestido y se abrió de piernas para que él le lamiera su vagina recién rasurada. Verla ahí, morenita y mojada, era un espectáculo que me aceleraba el corazón.

Estuvimos así un rato, cambiando de posiciones, hasta que Cecilia no aguantó más y pidió que la cogieran. Su ex se la metió sin condón, mientras me mamaba el culo y Cecilia y yo nos besábamos con un deseo que parecía no tener fin. Cuando llegó mi turno, les dije que iba por agua y algo de beber. El ex me siguió a la cocina, y allí me empotró contra la nevera, besándome con una urgencia que me dejó sin aire. Sus manos me apretaban las tetas a través del sostén, y yo sentía cómo su verga volvía a endurecerse contra mi muslo.

De repente, apareció el novio de Rosa, buscando algo para tomar. Al verme enredada con el ex de Cecilia, se quedó paralizado un segundo, pero cuando le acerqué la mano para tocar su paquete, no se resistió. Empecé a masturbarlo por encima del pantalón, y luego me arrodillé para chupársela. Justo en ese momento, el ex de Cecilia me penetró por detrás, y los gemidos que salían de mi boca eran cada vez más fuertes.

Rosa apareció en la cocina, y al vernos, primero se molestó, pero luego, con una mirada cómplice, se unió a la fiesta. Entre las dos, le mamamos el pito a su novio hasta que se vino en nuestras bocas. Su semen estaba caliente y dulce, el mejor que he probado. Me lo tragué todo, y Rosa se rio, quejándose de que siempre me lo quedaba yo.

Cecilia, que había salido a buscarnos, nos pilló en pleno trío. En vez de enfadarse, se unió a nosotros, y así comenzó la orgía más salvaje que he vivido. Cecilia recibió una doble penetración: yo por su culo y su ex por delante. Luego, el novio de Ana me cogió con condón —necesitábamos algo de lubricante para su verga gruesa—, y ella misma me montó un rato hasta que acabamos exhaustos. Esas dos noches fueron inolvidables, llenas de sudor, gemidos y fantasías cumplidas.

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