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enero 9, 2026

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Mi fetiche con la leche

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Okey, te voy a confesar algo. No se lo he contado a nadie, ni a mi mejor amiga. Es algo que me da un poco de pena, pero que al mismo tiempo me prende como loca. Llevo como dos meses con esto en la cabeza y no para.

Todo empezó una noche que no podía dormir. Me puse a navegar por internet, en esos sitios que uno visita cuando está aburrida y caliente. Y de repente, me apareció un video. Decía algo de ‘MilkyTits’. Yo, por curiosidad, le di click.

Y no mames. Fue como un golpe. En el video salía una mujer, con unas tetas enormes, perfectas. Y de sus pezones salía leche. Un chorrito blanco, espeso. Ella se los agarraba y se los apretaba, y la leche salía más fuerte. Después, un tipo se acercaba y se la chupaba. Se tomaba toda esa leche.

Yo me quedé viendo la pantalla, con la boca abierta. Sentí algo raro en la panza. Un calor que me bajó hasta la entrepierna. Antes de que me diera cuenta, ya me estaba tocando. Me saqué la tanga y me puse a manosearme, viendo cómo esa mujer le daba de mamar al tipo. Me vine en menos de cinco minutos, gimiendo bajito para no despertar a mi roomie.

Desde esa noche, es mi cosa. Mi fetiche raro. No puedo evitarlo. Cada vez que veo tetas, ahora pienso en eso. En si les sale leche. En cómo se vería. Me meto a ver más videos y me pierdo por horas. Hay de todo. Mujeres solas, exprimiéndose. Mujeres con sus parejas, dándoles de tomar. Hasta videos donde la leche sale a chorros, como si fueran fuentes.

No sé por qué me pone así. Quizás porque a mí siempre me han gustado las tetas. Las mías no son pequeñas, pero me encanta ver otras. Me excitan. Y ahora, con esto de la leche, es como si se juntaran dos cosas que me vuelven loca. La sensualidad de un pecho, y algo más… maternal, quizás, pero sucio. Prohibido.

Empecé a fantasear conmigo. En tener un hijo, en sentir esa sensación. En que un hombre me chupara las tetas y se tomara mi leche. Pero luego pienso que no quiero hijos aún, y la fantasía se vuelve más simple. Solo un hombre, cualquiera, chupándome y tomándose lo que sale.

Una vez, en el trabajo, se me escapó. Estaba en la cafetería y una compañera llegó con su bebé. Tuvo que sacarse leche porque se le estaban poniendo duras. Yo la vi desde lejos, yendo al baño con su extractor, y se me mojó la pantaleta al instante. Tuve que ir al baño también, a calmarme. Fue una locura.

Le mandé un mensaje a mi ex, con el que todavía a veces nos escribimos cosas calientes. Le puse: «¿Alguna vez te ha dado curiosidad chupar tetas con leche?». Él me contestó: «Jaja, ¿qué te traes? Pero sí, la neta, una vez lo vi en un porno y se me antojó». Esa respuesta me prendió más. Al menos no soy la única rara.

Pero la fantasía se me está saliendo de control. Ayer fui al super. En la fila delante de mí había una señora con un bebé. El niño lloraba y ella, sin pena, se subió la blusa y se sacó una teta para darle de comer. Yo la vi. Vi su pezón, grande y oscuro. Vi cómo el bebé se prendía. Y vi, clarito, una gotita de leche que se le resbaló por el lado de la boca.

Me tuve que agarrar del carrito del mandado. Se me nubló la vista. Sentí que me ardía toda. Tuve que irme, dejar la fila, y salir a mi carro. Ahí, en el estacionamiento, con las ventanas arriba, me levanté la falda y me toqué. Estaba empapada. Pensé en la señora. Pensé en que era yo. En que esa teta era mía, y que en vez del bebé, era un hombre grande, con barba, el que me la estaba chupando. Me vine tan fuerte que mordí mi propia mano para no gritar.

Llegué a mi casa y me encerré en mi cuarto. Ya no aguantaba. Necesitaba hacer algo más que ver videos. Necesitaba… no sé. Sentirlo de verdad.

Entré a una de esas páginas de citas, de las que son para cosas casuales. Creé un perfil, pero no puse mi foto. Solo puse una descripción. Puse: «Mujer busca hombre con curiosidad por la lactancia. Algo discreto, nada serio.»

No pensé que fuera a funcionar. Pero a las dos horas, ya tenía como veinte mensajes. Algunos eran bien raros, asquerosos incluso. Pero uno me llamó la atención. Era un tipo, su foto era solo de su torso. Se veía que hacía ejercicio. Su mensaje decía: «Siempre he tenido esa curiosidad. Si eres real y estás lactando, me gustaría conocerte.»

Le contesté. «No estoy lactando. Pero me gustaría simularlo. ¿Te interesa?».

Él respondió rápido. «Sí. ¿Cómo?»

Le expliqué. Le dije que había leche de fórmula, que se podía calentar, que se podía poner en una jeringa sin aguja… me puse a investigar mucho. Le mandé links. Él dijo que le parecía excitante. Quedamos en vernos.

Alquilé un cuarto de hotel por unas horas. Llevé todo. Una bolsa térmica con la leche tibia. Unas jeringas grandes. Me puse un vestido fácil de quitar, sin bra.

Él llegó. En persona se veía mejor que en la foto. Alto, moreno, con unos brazos que se le marcaban bajo la camisa. Se veía nervioso. Yo también lo estaba.

«Hola,» dije.

«Hola,» dijo él.

No hubo mucha plática. La tensión se sentía en el aire. Le mostré la bolsa. «Es leche de fórmula. Está tibia.»

Él asintió.

«Quítate la camisa,» le dije, y mi voz sonó más segura de lo que me sentía.

Él se la quitó. Tenía un pecho ancho, con un poco de vello. Me acerqué y puse mis manos en sus pectorales. Eran duros.

«Acuéstate en la cama,» le ordené, y él obedeció.

Yo me quité el vestido. Me quedé en bra y pantaleta. Me subí a la cama, a horcajadas sobre él, pero hacia su cabeza. Así, mis tetas quedaban sobre su cara.

Me quité el bra. Mis tetas cayeron, pesadas. Él las miró, con los ojos abiertos.

«¿Listo?» pregunté.

«Sí,» dijo, y su voz era ronca.

Agarre una jeringa llena de leche tibia. Me puse sobre él, apoyando mis manos en la cabecera. Puse la punta de mi pezón cerca de su boca. Con la jeringa, apreté un chorro de leche sobre mi pezón, y dejé que escurriera hacia sus labios.

Él abrió la boca y lo tomó. Un hilito blanco que conectaba mi pezón con su lengua.

«Chupa,» le dije.

Él obedeció. Se llevó mi pezón a la boca y empezó a succionar. Al mismo tiempo, yo apretaba la jeringa, inyectando más leche en su boca, simulando que salía de mí.

El sonido era lo mejor. Un sonido húmedo, de succión. Él cerraba los ojos y chupaba fuerte, como si de verdad estuviera tomando leche. Yo sentía su lengua en mi pezón, caliente, viva. Y la sensación de la leche tibia saliendo… no mames, era increíble.

Me cambié al otro pecho. Hice lo mismo. Él no se despegaba. Tomaba y tomaba. A veces se le escapaba un poco de leche por la comisura de los labios, y eso me prendía más.

En un momento, yo ya no pude más. La calentura me estaba matando. Me bajé de encima de él y me quité la pantaleta. Estaba chorreando.

«Ahora yo,» le dije, y me acosté a su lado.

Él se bajó los pants. Tenía la verga parada, enorme, morada. Se subió sobre mí, pero en vez de metérmela, bajó la cabeza a mis tetas otra vez.

«Sigue,» le dije, y le pasé otra jeringa llena.

Mientras él chupaba, yo metí mi mano entre mis piernas y me toqué. Gemí. Él chupaba más fuerte. Con mi otra mano, agarré su verga y se la empecé a jalar. Estaba caliente, palpitando.

«Quiero que te vengas en mis tetas,» le dije.

Él asintió, sin soltarse. Yo aceleré el movimiento de mi mano en su verga. Él empezó a gemir también, con la boca llena de mi pezón y leche falsa.

«Ya… ya voy…» dijo, y entonces sacó su verga de mi mano.

Se puso de rodillas sobre mí y se la siguió jalando, apuntando a mis pechos. Yo apreté mis tetas juntas, ofreciéndoselas.

El primer chorro me pegó en el cuello. Caliente, espeso. El siguiente, en la barbilla. Y el resto, en mis tetas. Blanco sobre blanco, mezclándose con la leche de fórmula que todavía tenía.

Jadeamos los dos. Él se dejó caer a un lado. Yo me quedé mirando al techo, sintiendo su leche escurriéndome entre los pechos.

Fue raro. Fue intenso. Fue exactamente lo que quería.

Nos limpiamos y él se fue. No intercambiamos números. Fue lo que acordamos.

Ahora, mientras te cuento esto, estoy otra vez en mi cuarto. Y adivina qué estoy viendo en la computadora. Y adivina cómo tengo la tanga.

No sé si algún día tendré un hijo de verdad. Pero por ahora, mi fetiche raro me tiene atrapada. Y la neta, no quiero que se acabe.

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