Por
Anónimo
Mi esposa se va a chupar otra verga
Hola, es la primera vez que publico por aquí. La cosa es que con mi esposa (tiene 29 años y un cuerpo que me vuelve loco) llevamos un tiempo separados físicamente por mi trabajo. Me tuve que mudar a otra ciudad y estoy fuera de casa como por 3 meses seguidos. Pa’ no morirnos del aburrimiento y de las ganas, empezamos a hacer videollamadas calientes, retos y juegos a distancia. Pero la vaina se puso más interesante hace como 1 año, cuando le propuse entrarle al exhibicionismo.
La idea le gustó. Tanto que hasta creamos un perfil en redes, anónimo, donde ella empezó a subir fotos sugerentes, en tanga, mostrando ese culo que es una obra de arte, y luego ya desnuda completamente. A los dos nos prendía una locura leer los comentarios de los desconocidos, las cosas que le decían, cómo se ponían las pijas duras imaginándose cogérsela. Era nuestro secreto sucio.
Pero no nos quedamos ahí. Ella tiene su WhatsApp, y decidimos llevarlo más lejos. Empezó a poner en sus estados fotos en tanga, en lencería delgadita que no esconde nada, pero solo para un grupo selecto de hombres. Los elegíamos juntos, viendo perfiles, discutiendo cuáles nos parecían interesantes. Y ella, después, me mostraba todo. Cada reacción, cada «😍», cada mensaje privado preguntándole si vendía contenido o pidiéndole más. No me oculta absolutamente nada, y esa confianza es lo que más me prende.
Para ponerle más adrenalina, tenemos un amigo en común. No es de los íntimos, pero nos llevamos bien. Es coach en un gym, tiene nuestra misma edad y, hay que decirlo, el tipo está en forma. A él, con mi consentimiento total, ella le ha ido enviando cosas más fuertes. Fotos íntimas, videos dónde se está masturbando y se le escuchan los gemidos… el tipo debe vivir con la pija parada. Ver las conversaciones, cómo él le responde agradeciéndole el «regalo» y diciéndole lo que le haría, me pone a mil.
Llevo un tiempo sugiriéndole, cada vez más en serio, la idea de un trío. O incluso, que se coja a otro hombre sola. Al principio le daba risa o decía que yo estaba loco, pero en los últimos meses… he notado el cambio. Se le queda callada pensando, y en nuestras llamadas, cuando está tocándose, me pregunta cosas como: «¿Y si lo hiciéramos de verdad? ¿Cómo te sentirías?».
Pues mañana la fantasía se hace realidad. Se organizó todo. A medio día, cuando el gym está casi vacío, ella tiene una «cita» con él. Va a ir y, en su oficina o quizás hasta en el mismo cuarto de pesas, le va a mamar la verga. Va a hacerle un sexo oral como el que me hace a mí, pero a otro. Y yo lo sé. Yo lo aprobé. Los dos estamos temblando de la emoción, hablando de eso hasta altas horas, imaginando cada detalle.
Ella prometió grabar videos. No solo uno, varios, desde distintos ángulos. Quiere que yo lo vea todo: cómo se la saca él, el tamaño, cómo ella se la mete a la boca, su expresión, los sonidos… y después, cuando todo termine, me los va a enviar. Ese va a ser mi material para las próximas semanas, hasta que pueda volver a casa y reclamarla para mí, sintiendo que ahora es aún más mía porque compartió esto conmigo. Mañana es el día. Ya no puedo esperar.


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