Por
Anónimo
MI ESPOSA BIEN LO MERECE (2ª PARTE)
Pasaron unos días. La invasión de los sentidos que sacudió a Marta tras confesarle mi posible solución fue amainando y ella se mostró poco a poco más calmada y receptiva para, al menos, poder entablar una conversación como personas adultas.
Una mañana de domingo, le serví su taza de café solo, largo, sin azúcar y con un hilo de agua que hacía remitir su astringencia. Nos miramos y le expliqué que debíamos (al menos) hablar sobre el tema y no dejar que ello afectara a nuestra relación. Somos adultos y debemos hablar de todo moleste o no.
Ella, rápidamente, se apresuró a argumentar que no entendía cómo había podido llegar a imaginar semejante situación, que si para mí era una fulana cualquiera que puede folllarse al primero que entre por la puerta. No pude más que darle la razón, que entendía perfectamente que pensase así, pero que de ninguna manera ella era para mí una tía fácil ni predispuesta a follar con un semental por muy apuesto que fuese.
Me costó mucho hacerle entender que no perseguía ese destino para ella.
– «Yo solo deseo que seas feliz, que disfrutes y que tengas en tu vida aquello que no puedo darte y sé que también deseas»
Aquello la dejó pensativa.
-«¿Acaso crees que voy a salir corriendo para conocer otros hombres?»
– «Por supuesto que no, es más, es algo que debe hacerse siempre según tu predisposición y disponibilidad, nada más lejos de lo más lógico y coherente».
No se adelantó mucho, pero al menos sirvió para reconducir aguas, calmar los ánimos y que ella captara la idea de algo que podía ayudar en la pareja.
Unas noches más tarde, Marta se había que dado viendo una serie de estas inacabables por sus decenas de capítulos en una conocida plataforma de TV. Alrededor de las 4 de la madrugada me despertó un murmullo, un ligero ruido que venía del salón. Me quedé unos minutos atento, entreabrí la puerta del dormitorio y aquel tenue murmullo se convertía en un sutil gemido. Me asomé despacio y advertí que se frotaba el coño con las manos, las piernas bien abiertas sujetas en la mesa de centro y en la pantalla una polla descomunal abría el coño de una mujer. El «chapoteo» se hacía cada vez más evidente hasta que ahogó en un cojín el orgasmo que dejaba sus piernas temblando.
Me fui a la cama con un evidente «calentón» por la escena presenciada y busqué la forma de aprovechar esa situación a favor de mi teoría. Hasta que di con ella, e iba a ser esa misma mañana el momento de ponerla en práctica.
– «Buenos días cariño, ¿qué tal la serie? Te atrapó en el sofá anoche…» mientras sacaba el café y algo de desayuno para ese sábado que disfrutaríamos en casa.
– «Pues la verdad es que bien, finalmente me quedé dormida… Me pudo el sueño, ¿tú qué tal dormiste?»
Ese era el momento…
– «Pues la verdad bastante revuelto, me desvelé un rato, daba vueltas en la cama y fui a verte al sofá, pero llegué y no quise interrumpir la escena tan maravillosa que pude contemplar…»
Se sintió azorada, tartamudeaba, no sabía cómo salir del atolladero, pero fui un poco más allá, como echándole un cable…
-«No debes avergonzarte, en tu situación es lógico y hasta normal que te veas obligada a masturbarte, yo no te puedo satisfacer como antes y te llevas la peor parte. ¿Te puedo hacer una pregunta?»
– «Claro, ya lo sabes…»
– «¿A que deseaste anoche tener dentro de tus entrañas un pollón que te follara duro y largo tiempo mientras te matabas con tu mano?»
– «Qué cosas dices…»
-«Marta, es fácil de responder, sí o no»
– «Pues claro, es lógico, sentía la necesidad de que me agarrasen la cintura y me clavarsen de perrito durante horas una buena polla, hay noches que me corro solo con imaginarlo en sueños…»
– «¿Entonces? ¿Vas a seguir toda la vida deseando eso sin tenerlo?
A continuación me explicó que ella no lo veía tan sencillo, que no se podría sacar a alguien de la nada así como así, que cómo iba ella a conocer a alguien y más para meterse en la cama… La calmé.
Tras tranquilizar su estado le expuse que no hay que hacer nada especial. Lo primero debía ser proponer un contacto, sin prisas, gestionar un correo en el que conectar con buscar personas afines a lo que se buscaba y dejando muy claro la finalidad: alguien serio, educado, con saber estar y dispuesto a crear una relación de continuidad por motivos obvios. Todo, claro está, con total discreción y respeto.
Se mostró pensativa, no contestó nada de primeras. Le continué con la invitación a que ella misma echase un vistazo a un portal conocido en el que se pondría el anuncio. Dentro del portal hay diferentes apartados en los que la gente demanda y oferta según sus gustos y necesidades. Le expliqué que lo haríamos del modo más simple, sin buscar páginas en las que se ofrecían servicios de chulos, prepotentes, pajilleros o «empotradores». Finalmente aceptó que me hiciera cargo, pero que la mantuviera al corriente de todo lo que se escribía y de los que contestaban.
– «Naturalmente cariño, ma hago cargo, nada se hará sin que tu sepas y aceptes lo que se lea y proponga…»
El camino había empezado a andarse.
Una respuesta
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